sábado, 18 de mayo de 2013

Comparto:


MARTIN BLASZKO III 
un film de Ignacio Masllorens*


Sábados 18 y 25 de mayo - 18:00 hs.
En el MALBA - Avda. Figueroa Alcorta 3415

Notas y críticas:

ESCRIBIENDO CINE



*Ignacio Masllorens. Su infancia y adolescencia transcurrieron en San Carlos de Bariloche. Estudió Diseño de Imagen y Sonido en la UBA. Dirigió varios documentales, obras en video y más de veinte videoclips para bandas y músicos independientes. Entre sus films se encuentran Martin Blaszko III, los telefilms Alabanza a la papa, Pablo Dacal y el misterio del lago Rosario y el documental El Humor (Pequeña Enciclopedia Ilustrada), este último en colaboración con Mariano Llinás.  En 1999 participó en la creación de El Cineambulante, un proyecto itinerante de exhibición gratuita de cine en pueblos del interior del país. En 2003 fundó la editorial artesanal La Frambuesa Perversa y el fanzine Wife. En 2008 crea la productora El Rayo Verde, con la que ha realizado la mayoría de sus films. También es fotógrafo y dibuja mapas apócrifos.





jueves, 16 de mayo de 2013

NEUQUÉN, UNA CULTURA CIMARRONA por Gerardo Burton*

 
Puestos a buscar en la historia argentina modelos de intelectuales que expresen la vida cultural de Neuquén, es posible recurrir, sin temor a equivocarse, por lo menos a tres: Sarmiento, Arlt y Walsh. Por una cuestión de sexo, de género –literario- y por su efectivo influjo en éstas que alguna vez fueron playas, habría que añadir a Pizarnik. Los cuatro coinciden en pertenecer a las orillas en sus respectivos tiempo y espacio. Cada uno construyó, a su manera, la periferia. Y en eso son modelo para los residentes –nacidos o no- en Neuquén.

Sarmiento, Arlt y Walsh fueron hacedores: desde la construcción de la Nación, desde el descubrimiento de la angustia del hombre actual y desde la revolución   y sus urgencias respectivamente. Pero en los tres existió la voluntad de crear un mundo desde las cenizas del anterior. Con Pizarnik irrumpe la mirada consciente sobre la palabra, sobre el objeto artístico y sobre el lugar incómodo que ocupa, en su caso la poesía, como cualquier arte.

La incomodidad es el andarivel que permite la expresión cultural en una provincia signada por la explotación petrolera y su riqueza traducidas en una ficción de bonanza de estilo texano.
La ascendencia intelectual invocada sirve para proyectar una mirada sobre Neuquén, una ciudad nunca fundada que, de caserío en torno de una estación ferroviaria, se convirtió por decreto en capital.

Aquí existe una sociedad plural que no respeta las aristocracias de cuna, de fortuna ni de historia, ni las tolera. Es una sociedad plebeya como no pueden serlo las comunidades del Norte argentino, irrespetuosa con las ciudades cosmopolitas consolidadas en el siglo XIX y cimarrona como ninguna otra sociedad sudamericana.

En ellas el protagonismo cultural se debe a factores externos: la función que se desempeña en la sociedad por familia o por patrimonio, o la relación con los sectores del poder oficial –medios de comunicación, instituciones académicas, sociedades de artistas, biografías y familias fundacionales.
Neuquén carece de un cuerpo de requisitos, no hay un canon consagratorio y eso devuelve a la voluntad la posibilidad de generar y definir qué es el talento, de instalarlo y de mantenerlo. Así los fragmentos son casi individualidades y los resultados dependen más que de la respuesta del público, de los lectores o de las audiencias, del trabajo y del rumbo que cada uno se trace.

Eso atenta contra la formación de grupos o movimientos perdurables, salvo en el caso de algunos elencos de teatro históricos -la compañía Lope de Vega y el grupo Río Vivo en Neuquén capital y el grupo Hueney en Zapala. En poesía, pueden citarse la editorial Limón y el grupo Celebriedades.
El resto responde a la voluntad de reunirse con un fin determinado, en acciones prácticamente modulares que nunca constituyen un programa.

Entonces, los fragmentos. Todo comienza con los primeros pobladores, esos habitantes arquetípicos invocados en cada acto protocolar y creados por la hagiografía oficial, que constituyen la base criolla y paisana de la provincia y generan, en literatura, una obra dispersa en narrativa, poesía, canciones y artes plásticas vinculada estrechamente con la estética regionalista.

Las comunidades mapuches produjeron un proceso inverso y antagónico a la globalización durante la década de 1990. Mientras todo se universalizaba y la provincia adhería sin reservas a un menemismo que aún cultiva, ellos afirmaban y consolidaban su identidad particular mediante la reivindicación de sus derechos sin arredrarse por el contrincante que se les enfrentara en cada conflicto. Así surgió un nuevo espacio de discusión cultural.

Desde la década de 1960, con los proyectos de las grandes obras hidroeléctricas llegaron sucesivas oleadas migratorias de argentinos de otras latitudes en una especie de exilio cultural, social, laboral o político. Los equipajes fueron diversos en cada caso, y se expresan en las diversas hablas de la recién nacida cosmópolis.

Mapuches y criollos recibieron también un doble influjo desde el lado occidental de la Cordillera de los Andes: en fuga de las dictaduras y del desempleo, la provincia absorbió su mano de obra y sus costumbres y deseos. Desde hace unos años, cinco quizás aunque puede ser más, se afianza un sector muy movilizado nacido al calor de las luchas en defensa de los derechos humanos que en Neuquén se dieron en forma ininterrumpida desde mediados de la década de 1970. Se trata de las mujeres, que constituyeron grupos, asociaciones y entidades de afirmación, discusión, desarrollo y difusión de teorías, arte y cultura femeninos. 

Lo curioso es que, como los mapuches, las mujeres establecieron una tendencia de pensamiento y son una presencia en la vida social y cultural de la provincia. Cierto, son minorías cuya suma no expresa el total. Tampoco son contenidas por los organismos oficiales de cultura, excepto de modo parcial y donde el concepto de espectáculo se inmiscuye de manera peligrosa

En 1990, cuando Irma Cuña decidió retornar a Neuquén, inventó un término para amputar su obra del anaquel de lo “regional” donde el centro y las academias colocan la producción cultural de las provincias. Lo suyo, dijo entonces, era “literatura querencial”, porque habla de la querencia, de ese lugar al que uno pertenece no sólo por nacimiento sino también por elección y por construcción de relaciones, historias, raíces y ramas.

Fue ella la primera que se despegó de la estética al modo tradicional que caracteriza a los artistas, grupos y tendencias de  Tucumán, Salta, Mendoza, Córdoba, Santiago del Estero y otras provincias. Inclusive en su obra la poesía se despojó de lo escrito en la Patagonia hasta la década de 1970: avanzó en el sesgo cosmopolita –por universal-, le quitó el equipaje telúrico que la adensaba sin remedio y le otorgó un nivel equiparable por su calidad y originalidad con el de cualquier otra región del país.

La literatura había salido de la dictadura con un grupo nucleado en torno de la revista Coirón, nombre de un arbusto autóctono batido por el viento. Su antecedente inmediato fue el Centro de Escritores Patagónicos y derivó luego en Poesía en Trámite, acaso la primera expresión de cosmopolitismo en la provincia. Algunos nombres: Ricardo Fonseca, Raúl Mansilla, Macky Corbalán, Aldo Novelli, Mariela Lupi, Héctor Ordóñez, Eduardo Palma Moreno, Oscar Cares, Ricardo Costa. Con escasos recursos se organizaron lecturas, presentaciones de libros, recitales y un encuentro binacional que demuestra cómo en esta ciudad y en esta provincia los hacedores culturales –o al menos los poetas- miran más a Chile y al sur patagónico que a, por ejemplo, al resto del Alto Valle, aunque en muchos casos se busque la aceptación de los círculos porteños, cordobeses o de las metrópolis de otros países americanos –por caso México.

En Neuquén también se reproduce el centralismo nacional: faltan los poetas y escritores del interior: Ricardo Ortiz, Carlos Blasco entre otros.

Y vale para la poesía lo mismo que para las otras artes: la práctica domina, el hacer marca los rumbos, la intuición se ejercita en la senda, no en el gabinete. En un mismo escenario coexisten la única delegación del Museo de Bellas Artes en provincias, este verano con grabados de Picasso, con los conciertos de rock en la fábrica Zanon gestionada desde hace tres años por sus obreros. En ese mismo tablado figuran artistas plásticos, dramaturgos, actores, directores de coros y de orquesta, músicos populares con los poetas herméticos, los neobarrocos y los concretos.

Esa contemporaneidad de estéticas no implica mixtura. El único dato común es la falta de respeto por las aristocracias y por el talento adjudicado por la cultura oficial. Las élites no despiertan ni imponen unción; las academias los tienen sin cuidado; si la universidad no los cobija, no sirve. Los neuquinos se niegan a aceptar jerarquías, son cerriles y bizarros. Los organismos oficiales de cultura hacen su tarea, pero es raro que puedan imponer el quehacer cultural. Ni la cultura como espectáculo ni la cultura en la torre de marfil.

Nadie se olvida que Neuquén es la provincia donde se escuchó por primera vez, en 1995, la palabra piquetero. Es la orilla de un país que está en la periferia. Es el mundo de los bizarros que se imponen por su voluntad, por su ruido, por su perseverancia y por su insolencia.


*Gerardo Burton nació en Buenos Aires, Argentina,  en 1951. Publicó hasta la fecha: Poemas iniciales (Botella al mar, 1979); 18 poemas azules para María y Con la esperanza delante (de la Unidad, 1981); Los juegos ocultos (La lámpara errante, 1985); Infierno sin umbral, Aire de penumbras  y radiofotos  (Último Reino, 1988, 1995 y 2004, respectivamente). Previamente, en 2001 realizó una edición limitada a 50 ejemplares de “voces cerca del cristo verde”, que fue realizada de manera artesanal. En 1993 editó una plaqueta denominada 4 sonetos y participó en ediciones colectivas, antologías, muestras de poesía, etc. En 2003 publicó un poema-afiche con el título “corazón perdido”, y en 2004, “radiofotos”.

Publicado en http://escritorespatagonicos.8m.com/patag2.html

jueves, 9 de mayo de 2013

Acerca de MARTÍN BLASZKO III - Un film de Ignacio Masllorens * - por Mariano Llinás





Acerca de Martin Blaszko III
por Mariano Llinás

Desde hace muchos años, casi desde que somos amigos, mantenemos con Ignacio Masllorens la misma discusión. El objeto de la discusión es, curiosamente, él mismo, y los avatares de su obra.
Yo, ciertamente, ocupo el lugar más antipático: una y otra vez lo trato de irresponsable. “Un cineasta de tu talla”, le digo, “no puede permitirse no hacer películas. Tenés que tomar el toro por las astas y entregarte a la gran obra que tenés por delante”. Él, con su particular diplomacia, sonríe, asiente y hace como si mis argumentos lo convencieran, pero después se va, olvida todo lo que le dije y continúa produciendo esa obra dispersa y aleatoria, compuesta de mínimas piezas de genio, que parecen sobrevolar el cine, planear sobre su superficie como aves exóticas para después volver, sonrientes y orgullosas, a los suburbios. Yo, al enfrentarme a cada una de ellas, a la inexorable felicidad que deparan a quien las ve, me digo que estaba equivocado, y que en cualquiera de esos fragmentos secretos hay más cine que en la mayoría de los films que, año tras año, abastecen los festivales del mundo. Que su carácter voluntariamente pequeño no las disminuye sino que constituye la clave de su nobleza y de su gracia. “Y sin embargo…” me dice el conservador que anida en mí, “si algún día se decidiera…”.

Martin Blaszko III es, en ese debate, una feliz novedad.  Es un film de Ignacio, mantiene la irreverencia y la inasible anarquía de sus películas chicas, pero se atreve a una profundidad y a una contundencia que hace que nadie pueda considerarlo un “film menor”. En él, asistimos al retrato de un artista, pero en lugar de detenernos en su obra, en sus opiniones o en su biografía, lo que nos es mostrado es la íntima comedia de su vida, la forma en que pasa su tiempo, su desaforada cotidianidad. Un gran artista, parecería decir el film, es un gran artista siempre. Su genio se ve a cada momento, en cada uno de sus gestos o de sus palabras. Es un atributo tan evidente como la belleza o el coraje. La obra es solo una manifestación más de ese carácter.

En efecto, las esculturas de Blaszko son, en el film, apenas entrevistas; tenemos que adivinarlas en los resquicios que nos permite atisbar la arrolladora personalidad de su autor. La obra de Blaszko, para el film, podría no existir. Basta con Blaszko mismo. Basta con verlo discutir, dar órdenes a diestra y siniestra, controlarlo todo a su paso, tomar el universo que lo rodea y darlo vuelta como si fuese un guante para comprender que es un hombre de genio. El film, con elegancia ejemplar, evita subrayar cualquiera de esos rasgos; evita opinar sobre su descomunal personaje. Simplemente se deja invadir por él.

Con esta delicada obra maestra, Ignacio, una vez más, ha ganado la partida.


Base Vicecomodoro Marambio, Antártida
Febrero 2012


*

*Ignacio Masllorens: su infancia y adolescencia transcurrieron en San Carlos de Bariloche. Actualmente vive y trabaja en Buenos Aires. Estudió Diseño de Imagen y Sonido en la UBA. Dirigió varios documentales, obras en video y más de veinte videoclips para bandas y músicos independientes. Entre sus films se encuentran Martin Blaszko III, los telefilms Alabanza a la papa, Pablo Dacal y el misterio del lago Rosario y el documental El Humor (Pequeña Enciclopedia Ilustrada), este último en colaboración con Mariano Llinás.  En 1999 participó en la creación de El Cineambulante, un proyecto itinerante de exhibición gratuita de cine en pueblos del interior del país. En 2003 fundó la editorial artesanal La Frambuesa Perversa y el fanzine Wife. En 2008 crea la productora El Rayo Verde, con la que ha realizado la mayoría de sus films. También es fotógrafo y dibuja mapas apócrifos.

domingo, 5 de mayo de 2013

MÚSICA Y DICTADURA, UN CRUCE CON RUIDO



Publicado en Diario Rio Negro  05/05/2013 

ENTREVISTA A ESTEBAN BUCH  por Luisa Peluffo

Podría comenzar esta nota escribiendo: "Esteban Buch inaugura el ciclo "Cultura en Prensa, dando la Nota" con la charla: 'La música en la Argentina durante la última dictadura militar' y aclarando que Esteban nació en Buenos Aires y residió en Bariloche a partir de los años 70 y bla, bla, bla…". Pero dado el bien ganado prestigio de mi entrevistado, creo que todo eso merece ir aparte (ver Vida y obra*).

Conozco a Esteban hace mucho, y recuerdo especialmente una época, en 1984 creo, justo después de la dictadura, en que fuimos parte de un grupo amante de la literatura. Nos reuníamos una vez por semana en la sala de lectura de la Biblioteca Sarmiento. Algunos ya no están. Aunque sí, porque no han muerto en el recuerdo.

Pasó el tiempo, Esteban obviamente ya no es el muchacho tímido y espigado de aquellas tardes. Tampoco el joven periodista que con notable percepción y ajustado análisis, dedicó dos notas ("Escribir a Manos Vacías" y "El espejo de las Conspiraciones") a dos libros míos.

El Esteban con quien me reencuentro hoy es, con la solidez que dan los años y la experiencia, un hombre joven y encantador, que contesta afectuosamente el mail que le envío para concertar una entrevista y que me recibe, recién llegado de Buenos Aires, en la calidez de la casa de sus padres, en el barrio Melipal, rodeado de su familia.

"Lo que presento con "La música en la Argentina durante la última dictadura militar" –me anticipa– es un resumen de lo que estuve dando la semana pasada, en un seminario en Buenos Aires en donde tomé y puse en serie, digamos, varios temas sobre los cuales estuve trabajando a lo largo de los años. En torno a música y dictadura, me encontré una primera vez al trabajar sobre el himno, el himno argentino…

–Es tu tema: las relaciones entre la música, la política y la ideología.

–Sí, claro, pero en particular el período de la dictadura, de la última dictadura, que es relativamente poco estudiado y reconocido. Me lo encontré una primera vez al trabajar sobre el himno, porque la cuestión del uso de los símbolos patrios por la dictadura fue por supuesto muy intensa y en cierto modo me quedé siempre con una especie de memoria dolorosa de eso. Ahora acabo de reeditar el libro sobre el himno y empiezo recordando hasta qué punto el malestar frente al himno durante la dictadura fue un disparador de ese trabajo que era como un tratar de entender por qué.

Una cosa que a mí me llama mucho la atención retrospectivamente es que las Madres de Plaza de Mayo, por ejemplo, no cantaron el himno. Por lo menos en aquella época, a partir del 77, y tampoco lo denunciaron. Simplemente hicieron otra cosa, que fue armar una nueva práctica política en torno al reclamo por los desaparecidos, naturalmente, pero también en torno a un movimiento de ronda que en cierto modo era como lo contrario de la situación militar de gente firmes cantando el himno, por ejemplo.

Trabajé de manera más directa sobre el tema música y dictadura también hace unos años cuando hice el libro sobre la censura de "Bomarzo" por Onganía, en el 67, pero el libro donde cuento eso, que es "The Bomarzo affair. Ópera, perversión y dictadura" prolonga el relato hasta el retorno de la democracia en el año 84. Porque "Bomarzo" se dio en el Colón como una especie de símbolo de resistencia a la dictadura por parte de una alta cultura y en el medio de esas dos Bomarzo, el del 67 o el del 72 que fue cuando se estrenó bajo Lanusse, y el reestreno del 84, está el período de la dictadura del proceso.

Lo que me interesó es ver cómo el teatro Colón había funcionado como un lugar muy ambiguo. Porque por un lado la gente que trabajaba en aquella época hablaba de "una isla" y la idea era que ir al Colón era de algún modo estar fuera del clima de violencia del país, y por otro lado Videla iba de vez en cuando al Colón. Trabajé mucho sobre Ginastera en ese contexto, que viene invitado dos veces de manera oficial y que incluso compone una obra para el cuarto centenario de la fundación de la ciudad de Buenos Aires por encargo de (Osvaldo) Cacciatore (militar argentino que gobernó la ciudad de Buenos Aires entre 1976 y 1982) o sea que el Colón es como una especie de resumen de muchas ambigüedades en torno al rol de la cultura y de la música en particular durante esos años, no?

También trabajé sobre músicos exiliados en Francia y la relación del tango como una especie de estética del exilio en torno a Gustavo Beytelmann y Tomas Gubitsch en particular y esta semana pasada en Buenos Aires discutimos también la situación del rock nacional.

–¿Es cierto que cuando prohibieron el rock en inglés durante la guerra de las Malvinas, se produjo un auge del rock nacional?

–No hay polémica en torno a eso. El tema del rock nacional es muy interesante, porque se ha instalado una especie de idea general de que el rock fue una práctica de resistencia durante la dictadura…

–¿Y lo fue?

–Y esa es una pregunta muy difícil porque, primero hay que ponerse de acuerdo sobre qué significa resistir. Y después ver efectivamente en qué momento fue reprimido, porque la represión del rock no fue una. La represión del rock o por lo menos de los roqueros, o por lo menos de los recitales…

Pero esto fue muy cambiante, entonces hay que hacer un trabajo más, seguir el recorrido. Por un lado hay una situación de represión, de gente que se llevaba presa al salir de los recitales y también hay muchas letras por ejemplo de Charly García y de otros que son, leídas retrospectivamente, una especie de mensaje en clave de una posición crítica. La canción más linda y la que más resume eso creo que es "Alicia en el país", una canción de Serú Girán compuesta por Charly García que tiene imágenes como "un río de cabezas aplastadas por el mismo pie". Por otro lado está la represión de los recitales, la idea de que ir a un recital de rock no era en sí una manera de manifestar contra el régimen, era simplemente una manera de estar en otro lugar que no sea el espacio controlado por el régimen.

También es cierto que, efectivamente como vos lo recordaste llega Malvinas, y hay una utilización nacionalista descarada por parte del régimen y que muchos roqueros aceptan ese juego. Eso da por ejemplo un recital que se llamó "El festival de la Solidaridad Latinoamericana" en plena guerra de Malvinas, donde por un lado uno lo puede leer como un ponerse en otro lado, porque ahí aparece también León Gieco cantando "que la guerra no me sea indiferente" que es una manera de no adherir en principio a la guerra, pero a la vez está claramente en el marco de todo el fondo patriótico, y de todas las manifestaciones de apoyo. O sea que son objetos muy ambiguos.

–¿Cual fue tu experiencia personal en la adolescencia, respecto a la música que escuchabas entonces? ¿Tenés alguna anécdota, algún recuerdo particular?

–Hace poco escribí un texto de 35 páginas sobre eso. Sí, por supuesto la música siempre fue muy importante, ya acá en casa y después durante mi adolescencia…

–¿Y en esa época calibraste que alguna vez ibas a escribir algo sobre el tema?

–Sí y no, me acuerdo de lo importante que fue el rock nacional, justamente cuando yo estaba acá en el colegio secundario, era como mí música, nuestra música. Claramente una música que no era la que el régimen esperaba que hiciéramos. Y el interés por la música clásica, que es más una cosa de familia, lo tenía acá. Yo tenía una veta musical, me gustaba la música y hacía crítica en el diario como vos sabés, y después ocurrió lo de la película "Juan, como si nada hubiera sucedido", y el hecho de cruzar esas dos cosas, mi interés por la música y por la estética musical y la experiencia de la película de Juan es un poco lo que me hace pensar como junto esas dos cosas. Y el trabajo sobre el himno fue la respuesta en cierto modo.

* Vida y obra 

Esteban Buch nació en Buenos Aires y residió en Bariloche a partir de los años 70, donde trabajó en radio y fue periodista de la corresponsalía Bariloche del diario "Río Negro". Desde hace más de veinte años vive en Francia, es "Maître de Conférences de la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales" de París, y se especializó en la historia política de la música. Entre sus libros que relacionan música y política también se cuentan: "O juremos con gloria morir. Historia de una épica de Estado", "La novena de Beethoven. Historia política del himno europeo", "The Bomarzo affair. Ópera, perversión y dictadura" e "Historia de un secreto. Sobre la Suite Lírica de Alban Berg". Especialmente recordada es su participación en el documental "Juan, como si nada hubiera sucedido", dirigida por Carlos Echeverría estrenado en 1987. En 1991 publicó "El pintor de la Suiza Argentina".

martes, 30 de abril de 2013

PARA TODO HAY UN COMIENZO: la fundación oficial de Bariloche *

Para todo hay un comienzo: la fundación oficial de Bariloche no conoce un origen heroico, sino un oscuro acto administrativo: el decreto del 3 de mayo de 1902 por el cual el presidente  Roca reserva algunos lotes del “denominado San Carlos” para la fundación de un pueblo en la colonia agrícola del Nahuel Huapi. Se “legaliza” así un proceso de poblamiento iniciado unos años antes, y que ya suma varios centenares de habitantes.

En ese momento, se fija el trazado del en damero para el centro de la ciudad, de graves consecuencias urbanísticas para el futuro, y se recibe la noticia del laudo del rey de Inglaterra, asegurando la pertenencia del Nahuel Huapi al territorio argentino. Por esa época, los súbditos del rey ya están prosperando con las estancias de la región.

Pero 1902 es un año clave en la historia de Bariloche por otra razón: es cuando llega el italiano Primo Capraro, joven buscador de oro que en algunos años va a convertirse en el “capo” indiscutido de la comunidad, hasta entonces hegemonizada por alemanes. Con él llegan otros italianos, que junto a suizos, españoles, ingleses, belgas, sirio-libaneses, completarán el aire peculiar de Bariloche: crisol de razas, dirán algunos; enclave extranjero, protestarán otros.

Capraro construye casas, ésas que hoy están desapareciendo. Pero no se limita a eso. Luego de actuar como gerente de la Chile-Argentina, en 1871 la compra (junto a su socio Roth) e impulsa una de las empresas más multifacéticas del sur argentino. Tiene ganado, aserradero, carpintería, cultivos, molino, usina eléctrica, taller mecánico, herrería, astillero, muelle, barcos, comercio. Es agente de YPF, de la Ford, del Banco de Italia, de Pirelli, de la West Indian Oil Co., de la Compañía de Seguros Buenos Aires. Es corresponsal de La Nación y de La patria degli Italiani. Es cónsul italiano, y presidente del Concejo Municipal. Se disfraza de Martín Fierro en los carnavales, forma una banda musical. Cada mañana despierta al pueblo con su vozarrón. Muchos lo odian, pero todos dependen de él en alguna medida, y nada se hace si él no quiere.

El 4 de octubre de 1932, se pega un tiro. Extraña historia la de Bariloche, signada por un pionero suicida.

Bajo la influencia de Capraro, Bariloche descubre poco a poco su perfil futuro: centro turístico. La suiza Argentina bautizada por Moreno. En 1931 se funda el Club Andino Bariloche, con Otto Meiling como figura precursora, y vocero del “mens sana in corpore sano” aún promovido en el club. En 1934 llega la primera locomotora, tras décadas de viajes largos e inseguros.



*Esteban Buch (texto extraído de “Un escenario para una historia” Edición Museo de la Patagonia, San Carlos de Bariloche) Investigación: Tam Muro y Esteban Buch



martes, 23 de abril de 2013

¿CÓMO ESCRIBEN LOS ESCRITORES?


Publicado en Diario Río Negro 14/4/13  

VÍSTETE DE COLORADO por Luisa Peluffo

 Una consigna de taller de escritura propone: “Vístete de colorado y escribe”. Nunca la probé, pero no descarto sentarme un día frente a mi notebook  toda vestida con “el curioso color del colorado” (la definición es de Borges) y esperar a ver qué pasa.

Mis rituales son mucho más simples. Prefiero escribir a la tarde y corregir a la mañana siguiente. Y comprobar qué poco de lo producido queda…

Escribo directamente en el teclado, imprimo y la primera corrección la hago manuscrita con una lapicera de tinta negra tipo roller, de trazo ni muy fino ni muy grueso.

Rompo esos primeros borradores de papel o utilizo el reverso para hacer la lista del supermercado o mi agenda diaria.  Conservo hace años una de esas hojas en la que mi hijo menor, de chico, hizo un dibujo bellísimo alrededor de un verso desechado.

A veces voy caminando por la calle y se me ocurren cosas, o me suceden frases, imágenes. Entonces rebusco en mi cartera y como nunca fui ordenada y sistemática en cuanto a tener siempre disponible una libreta,  anoto lo que apareció en el primer papel que encuentro, porque lapicera siempre llevo.

Soy lenta en mi proceso de escritura. No soy de los que tienen todo imaginado y pensado y después lo escriben. Yo voy descubriendo adónde voy mientras escribo.  Eso me gusta, es una aventura.

Me gusta laburar en mi escritorio, con la biblioteca a mano. Sobre la mesa, la compu y dos talismanes: la escultura de una gata egipcia y una brújula que señala el sur en lugar del norte. Tengo otras cábalas, pero son secretas y no las cuento.

También me gusta laburar con música, pero sólo cuando paso en limpio, si no, me distrae. Cuando  pasé en limpio “Nadie baila el tango” ponía un CD de tangos tocados al piano por Arminda Canteros (una genia) tienen un clima entre melancólico y canyengue que me gusta mucho.

Y cuando retocaba “Se llaman valijas”  me gustaba escuchar  “Sonho Meu” y  “Nosotros”, temas que aparecen en dos de los cuentos.

He comprobado que los viajes cortos activan mis  ideas y me ayudan a resolver encrucijadas que se presentan al escribir, porque constantemente hay que tomar decisiones y resolver (es lo que más me “estresa”).

Hay gente que pregunta ¿cuánto tiempo te llevó escribir tal novela?  Yo no puedo contestar eso, porque a lo mejor escribí duro y parejo unos meses y después dejé y  retomé al año siguiente…

Escribí mis primeros libros de poemas, mis dos primeras novelas y un libro de cuentos en una época en que no existía la computadora. Bendigo la computadora y la posibilidad de corregir las veces que quiero sin tachaduras ni enmiendas. Sin tener que rehacer páginas por haber modificado una oración.

Con los poemas no había problema porque eran muy breves.  Pero con los cuentos y las novelas me acuerdo que recortaba las frases o párrafos que no iban y armaba un collage en hoja oficio, que después fotocopiaba para tener una copia legible.

Idem cuando en el ’67, 68 era notera en Panorama  y tenía que presentar mi informe a alguno de los redactores que podían ser, entre otros, Carlos Ulanovsky, Paco Urondo o Juan Gelman.