lunes, 15 de septiembre de 2014

Una despedida



Macky Corbalán terminó con dos peleas: una que había empezado meses atrás contra una enfermedad cruel y otra que llevaba años, casi los suyos, contra la normalidad establecida que la intentaba someter. Tuvo una herramienta poderosa que utilizó sin descanso, pese a que su dolencia en los últimos meses casi le impedía utilizarla: su voz estaba agotada.

La palabra nunca la dejó. Ella la exprimió hasta que la poesía saliera, como del mármol Miguel Ángel sacó "La Piedad". Pero para ella no hubo piedad. Era una alegre guerrera; sabía que tenía pocas pero hondas alegrías: el amor, la amistad, la poesía, en orden diverso según la época, pero siempre coexistiendo.

Tampoco abandonó la pasión por Cutral Co: siempre supo que allí estaba su raíz y que allí estaba su oasis, agua de fuego para abrevar cuando las cosas se ponían duras, adversas, feas. El viento era su hogar, la arena su lecho.

Macky Corbalán era fundamentalmente poeta: una de las mejores, una de las mayores y una de las (pocas) únicas. Ese nombre llenó ayer el aire de Neuquén y la brisa de la primavera lo llevó hasta donde el sol nace y donde la luna se duerme. Tuvo una existencia que fue una epifanía para muchos. 

La ausencia será un trago difícil de aceptar.

Su búsqueda fue contra los entresijos del poder, las estructuras, los sistemas, las normas. Así militó en la vereda de las víctimas, de las mujeres, de los desposeídos, de quienes no tienen nombre o les falta un casillero que llenar en las planillas de los registros. En ese camino, siempre se lanzó hacia lo prohibido, deseó lo que se niega y halló teorías para demoler normalidades.

Por eso quizás marcó una vanguardia: todavía está, en el horizonte, su poesía por ser descubierta, por ser leída, por ser amada. Esos poemas son una caricia que no puede dejarse de lado.
Gerardo Burton

lunes, 8 de septiembre de 2014

ALDEA INFANTIL BARILOCHE por Fabián Piqué *

 Una Aldea que ayuda a los niños a vivir mejor. 
La fundó Nelly Panizza en el barrio El Vivero de Bariloche.

Energía que contagia y emociona, que moviliza por el sólo hecho de ver en acción a esta increíble mujer de "apenas" 81 años, que habla y ríe como una jovencita, pero que transmite con sus ojos una profundidad y experiencia que obliga a centrase y estar atento.
Nada resulta indiferente ante la sola cercanía de Nelly.

La Aldea Infantil pasó a ser un lugar conocido y querido desde que su relato me llevó a conocer cómo fue su gestación, hace más de 15 años. Con el tiempo, las anécdotas sobre su larga y prolífica vida fueron relatadas mientras compartíamos largas tardes y varias tazas de té.

Costurera, peluquera, comerciante, oficios varios que le permitieron viajar, criar a sus hijas y finalmente establecerse en un pequeño Bariloche allá por 1970…
–¿El nombre de la mercería "Al divino botón" se te ocurrió a vos?
–No, ya estaba. Una vecina me vendió el fondo de comercio y se lo dejé, me llamaba la atención y me caía bien. Fue mi primer negocio en Bariloche, estuvimos como 20 años allí, arreglando ropa, vendiendo artículos de mercería y usando el local como lugar de reuniones cuando hacia falta.
–Tu relación con la escuela y la educación viene de lejos y además es un tema familiar, siendo que tus hijas son maestras.
–Sí, una de ellas, Pilar, es maestra de plástica y profesora de inglés. Y la otra, Gabriela, ya tiene tantos títulos que me sorprende, fue maestra en Ñirihuau, directora del Colegio del Sol y trabaja ahora en el Instituto de Formación Docente.
–Te mueve una profunda espiritualidad. ¿Siempre sentiste cercanía con Jesús? ¿Rezás mucho?
–Rezar no, yo hablo con Jesús. Desde que tomé la primera comunión, sentí que me enamoraba de Él, y ese sentimiento me dura hasta hoy. Yo le hablo, ¡Y Él me contesta! Está siempre presente.
–Te referís a Él como "La Voz".

–Es así, es la voz que me habla ¡incluso a veces me reta! Me guía y me sacó de muchas situaciones muy bravas. Pero hay que saberle escuchar y estar convencido de que está ahí, tenerle fe.
–¿Qué son para vos los chicos de Aldea Infantil?
–Los chicos de la escuela, los de todo el barrio, son como mis hijos. De joven quise siempre tener como seis hijos, pero nos quedamos en dos con mi marido. Y ahora sólo en la escuela tengo 106, los disfruto un montón.














–¿Es cierto que el proyecto creció de la nada? ¿Qué fue deseado e imaginado cuando no existía edificio alguno y luego con el tiempo gestaron lo que vemos hoy?
–Nació de un trauma, algo muy feo, cuando nos enteramos con un grupo de mujeres de una situación que había en el barrio El Vivero. Ello nos movilizó para acercarnos personalmente y allí nos comentan entre otras cosas de la necesidad de contar con una escuela (que no tenían) para que los chicos no tuvieran que viajar tanto para ir a la primaria. Ese fue el comienzo, gestionamos una tierra con el municipio y luego empezamos el largo camino de conseguir elementos y donaciones para tener el edificio y habilitarlo con el Ministerio.
–Donaciones que vinieron de mucha gente, de aquí y del extranjero, según veo.
–Sí, la gente de Bariloche apoyó muchísimo, algunas empresas comenzaron a aportar cosas que hacían falta. Y del extranjero, cuando podíamos, hacíamos gestiones, algunas medio "locas". Pero fueron buenas ¡incluso Paul Newman colaboró enviando un cheque!
–¿Cómo se puede colaborar con la Aldea Infantil como voluntario?
–Sí, tenemos incluso algunos voluntarios que llegan del extranjero. Llegan para contarles cuentos a los chicos, enseñarles idioma inglés, juegan con ellos y las maestras tienen así un apoyo adicional muy lindo. Se puede ayudar de muchas formas, siempre que haya ganas.
–¿Tenés algo entre manos ahora?
–Trabajar con los padres y madres de los chicos que van a la escuela. Acercarles ideas que los ayuden a valorar lo que tienen y que mejoren sus condiciones de vida, así de paso los chicos reciben más calidad de vida.
 –La clave está en la entrega, que dando se recibe.
–Sí, el servicio, la entrega, es lo que te alimenta. Pienso todo el tiempo en cómo hacer para ayudar, y siempre creo que hago poco. Escuchando a la gente y entregando amor es como aparecen las cosas.

Escuela Kailen Barrio “El Vivero”
Casilla de correo Nº 539 (8400) San Carlos de Bariloche - Río Negro
Tel.: 02944 443421 Cel.: 15536965

*Publicado en Diario Río Negro 12/07/10

viernes, 5 de septiembre de 2014

Descubren en Santa Cruz los huesos de un dinosaurio "colosal"


 Un equipo de paleontólogos presentó en una revista científica a un dinosaurio gigantesco que vivía hace 77 millones de años en la Patagonia argentina, cuyo esqueleto es "el más completo" que se ha encontrado hasta ahora.

Vivió hace 77 millones de años; era hervíboro y pesaba unas 60 toneladas, siete veces más que un Tiranosaurio Rex; es casi tan grande como un Boeing 737

Este nuevo dinosaurio, cuya descripción publica este jueves la revista Scientific Reports, pertenece a la familia de los titanosaurios, unos dinosaurios herbívoros, numerosos en el Cretácico Superior, en la región en la que se descubrió en 2005 este fósil: la provincia de Santa Cruz. La Patagonia argentina es el lugar donde habitaron los dinosaurios más grandes de la Tierra.

El grupo de científicos que trabajó en el lugar bautizó al animal con el nombre de "Dreadnoughtus schrani". El descubrimiento, anunciado hoy, habla de un fósil bastante completo del dinosaurio y bien conservado, que pesaba unas 60 toneladas y medía 26 metros de largo, con un cuello de 11,3 metros y una cola de 8,7 metros, según se estimó. Además, su esqueleto muestra que cuando murió aún no había terminado de crecer.

Durante cuatro campañas de excavaciones, entre 2005 y 2009, los palentólogos lograron hallar más de 70% de la osamenta, excluyendo los huesos de la cabeza, o sea más de 45% del conjunto del esqueleto. Según los investigadores, es mucho más que en los demás titanosaurios descubiertos anteriormente.

Los científicos también tiene prácticamente todos los huesos de los miembros inferiores y superiores, incluyendo un fémur de 1,80 metros y un húmero. Esto permite describir detalladamente al animal y calcular de modo confiable sus impresionantes medidas.

Kenneth Lacovara, de la universidad estadounidense de Drexel (Filadelfia), dirigió al equipo que estudió al fósil. Sus principales colaboradores fueron Matthew C. Lamanna, del también estadounidense Museo Carnegie de Historia Natural (Pittsburgh), y Lucio M. Ibiricu, del Centro Nacional Patagónico, en la provincia argentina de Chubut.

Este dinosaurio fue bautizado Dreadnoughtus schrani, ya que "dreadnought" significa "no le teme a nada" en inglés antiguo. El término "schrani" rinde homenaje al empresario Adam Schran, quien brindó su apoyo a las investigaciones.

El "Dreadnoughtus" pesaba más que una manada entera de elefantes africanos. Siete veces mayor que el tiranosaurio rex, conseguía que la célebre amenaza norteamericana -que también vivió en el Cretácico- pareciera diminuta. Según Lacovara, el "Dreadnoughtus" tenía "el mayor peso calculable de forma fiable" de cualquier animal terrestre conocido, dinosaurio o de otro tipo.

Pese a ser vegetariano, el Dreadnoughtus no era una presa fácil. Con su tamaño y una cola que podría haber aplastado a un depredador lo suficientemente valiente como para atacarlo, probablemente no tenía nada que temer ni siquiera de los mayores dinosaurios carnívoros.
 Los científicos hallaron los restos de dos especímenes de "Dreadnoughtus", uno de ellos con el esqueleto completo al 45 por ciento, algo poco habitual. El estudio fue publicado en la revista Scientific Reports de Nature.

"Es por lejos el mejor ejemplo que tenemos de todos los animales más gigantescos que caminaron alguna vez por el planeta", declaró Lacovara.

Para su estudio, el fósil de Dreadnoughtus fue trasladado a Estados Unidos para ser analizado en la universidad de Drexel y en el Museo Carnegie de Historia Natural.

La universidad de Drexel indica en un comunicado que el fósil, que pertenece al gobierno federal argentino y debe permanecer en la provincia de Santa Cruz, donde se lo descubrió, habrá de ser devuelto al Museo Padre Jesús Molina en Río Gallegos en 2015.




miércoles, 20 de agosto de 2014

Kallfv mapu Tierra azul



Graciela Huinao:

LA VOZ DE MI PADRE

En lenguaje  indómito
Nacen mis versos
De la prolongada noche
Del exterminio

LÁGRIMAS

La lluvia
Penetra huesos
Al sur de mi mirada

LA LAGARTIJA

Ante mí
Entibia su carne
Con sol
De cada día.

Graciela  Huinao fue la primera mujer indígena en publicar un libro de poesía, de relatos, en ser traducida al inglés. “Pero no es que mis anteriores generaciones de mujeres no hayan tenido capacidad”, dice Graciela, sino que la discriminación es tan grande que a veces nos acobardamos ante este flagelo”. Algunas de sus obras: Walinto, La nieta del brujo, Hilando en la memoria.

Leonel  Lienlaf:

 MAMAYEJA

Tus manos
Acariciaron estos sueños
y tu nombre
lo dijo mi boca
como un canto:
Mamayeja
tu Mamayeja.
Entonces me escondí
En tus brazos
Cansados por los años.
Allí,
en un rincón de tu ruka
siguen durmiendo nuestros sueños
con tus hilados
Mamayeja.

SE HA DESPERTADO EL AVE DE MI CORAZÓN

Se ha despertado el ave de mi corazón
Extendió sus alas y se llevó mis sueños
Para abrazar la tierra

Leonel Lienlaf  nació en la comunidad mapuche de Alepue – Valdivia, Chile, en 1969, el día del Año Nuevo mapuche. Traducido al inglés y honrado con distinciones como el Premio Municipal de Literatura de Santiago, algunos de sus libros son: Pewma Dungu, Se ha despertado el ave de mi corazón, Voces mapuches.

De Kallfv mapu (Tierra azul) Antología de la poesía mapuche contemporánea.

 Selección de Néstor Barron. Prólogo de Osvaldo Bayer.
Ediciones Continente

Cliquear:

martes, 12 de agosto de 2014

EQUIPO ARGENTINO DE ANTROPOLOGÍA FORENSE: Nuestra tarea es reconstruir la vida de una persona


Extractos de la entrevista al doctor Luis Fondebrider realizada por Magdalena Ruiz Guiñazú*

A treinta años de su fundación, el presidente del Equipo Argentino de Antropología Forense destacó la recuperación de 1.200 cuerpos y la identificación de 620 desaparecidos durante la dictadura militar. Su legado en América Latina, Africa y Europa del Este. El trabajo con las víctimas de los narcotraficantes en México.

Aquellos primeros meses de la democracia recuperada son inolvidables. Y uno de los hechos relevantes fue, en mayo de 1984, la formación del Equipo Argentino de Antropología Forense, que hoy recorre el mundo con las más altas muestras de estima y respeto.

—En aquel momento –recuerda el doctor Luis Fondebrider– nos convocó el doctor Clyde Snow (famoso antropólogo recientemente fallecido) para las exhumaciones que se iban a realizar en el Gran Buenos Aires, particularmente en la zona de San Isidro.

Clyde Snow llegaba a la Argentina precedido por la fama mundial que rodeaba las identificaciones de restos famosos, como en el caso del conocido nazi Mengele.

—Snow había sido convocado por la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) y por las Abuelas de Plaza de Mayo –explica Fondebrider–.  En aquel momento el traductor de la delegación, un colaborador de Abuelas, le advierte que tiene un grupo de amigos que están terminando la carrera de Antropología. Cuando nos avisan que “hay un gringo que quiere hacer exhumaciones” varios nos acercamos a Snow. Y de este modo, bajo su dirección, realizamos la primera exhumación científica en Argentina.

—¿Hay muchos equipos en el mundo que realizan la tarea que cumplen ustedes hoy?

—Hay equipos que están trabajando en sus propios países. Por ejemplo, en Guatemala, la Fundación de Antropología Forense guatemalteca que, en 1992, nosotros ayudamos a crear y a entrenarse. Luego, en años posteriores, se creó el equipo de Perú. También una organización en Bosnia, en los Balcanes. Hay un equipo en Estados Unidos, pero somos los más antiguos en habernos dedicado totalmente al área de investigación en este tipo de casos de violencia política, étnica y religiosa y violaciones a los derechos humanos.

—¿En este momento ustedes están trabajando también en México?

—Sí, allí empezamos en 2004 en Ciudad Juárez y Chihuahua donde, desde 1993, cientos de mujeres no identificadas han sido asesinadas. Hemos logrado identificar a 33 mujeres y también hemos comenzado a trabajar en un proyecto muy grande, el Proyecto Frontera, sobre migrantes desaparecidos. Este proyecto se relaciona con la identificación de cuerpos de ciudadanos mexicanos o centroamericanos que, en su camino hacia los Estados Unidos, han desaparecido o han sido asesinados.

—¿Las causas de estas muertes han quedado establecidas?

—En muchos casos la causa de muerte permanece indeterminada. Trabajamos con patólogos forenses a los que hemos invitado a colaborar con el equipo y revisamos la causa de muerte.

—Sin duda el trabajo de un antropólogo forense requiere mucha paciencia. Tenemos entendido que para identificar un cuerpo los tiempos son largos.

—Sí, hay casos en Argentina que han requerido veinte o veinticinco años para ser identificados. Y esto tiene que ver con que, por un lado, lo que encontramos son huesos y no cadáveres. Es decir que no hay huellas dactilares. No hay una cara para reconocer. Encontramos entonces señales mucho más específicas en los huesos. Por ejemplo, una enfermedad o alguna fractura. También en los dientes y, últimamente, en la genética. Pero al mismo tiempo esto implica entender cómo desaparece una persona. Lo que significa para nosotros, en el caso de Argentina, reconstruir cómo funcionaba el Estado en los años 70; qué área de las Fuerzas Armadas hacía tal o cual cosa; qué área de la policía. También cómo se dividió el país, y esto porque debemos desentrañar la “logia” que existía para hacer desaparecer a las personas. De esta manera podemos trazar hipótesis acerca de quién o quiénes pueden estar en una sepultura determinada.

—En estos casos, ¿cómo es el camino a seguir?

—Es rastrear lo que ha dejado el Estado. Por ejemplo, una huella dactilar en un expediente judicial, un libro de ingreso de cadáveres en el cementerio, certificados de defunción. Es decir que, al igual que en la Alemania nazi, cuando llegaba un tren a un campo de exterminio había un señor, un burócrata, que tomaba nota de cuántas personas había en cada vagón. Aquí sucedía algo parecido: también había un funcionario que tomaba nota de los cuerpos que aparecían en la calle o cuándo ingresaban en un cementerio. Es decir, mientras una parte del Estado mataba casi clandestinamente, otra parte del Estado, oficial, procesaba esas muertes. Esta documentación es la que permite, en Argentina y también en otros países, seguir la línea de lo que sucede desde el momento en que desaparece una persona hasta que encontramos sus restos en una sepultura.

—Ustedes también intervinieron en los casos de la gente que fue arrojada al Río de la Plata desde aviones militares. Recuerdo, por ejemplo, en el caso de las monjas francesas, que una de ellas fue encontrada en las orillas del Río de la Plata.

—Entre 1976 y 1978 aparecieron en las costas uruguayas y argentinas alrededor de setenta cuerpos de personas que, se presume, fueron arrojadas desde helicópteros o aviones en el Río de la Plata y luego, transportadas por las mareas, llegaron a la orilla del lado argentino. De esos cuerpos se sacaron fotos, muchas veces huellas dactilares y, en el caso de Uruguay, fueron enterrados en los cementerios de Colonia, Rocha, en diferentes lugares. Y, en el caso argentino, en todo el Municipio de la Costa. Se recuperaron, en algunos cementerios, alrededor de 25 cuerpos de los cuales cinco correspondían a personas que fueron vistas secuestradas en la ESMA. Por ejemplo, el caso de Léonie Duquet, una de las religiosas francesas, y cuatro miembros de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo. A estas últimas pudimos recuperarlas, en el año 2005, en un cementerio de General Lavalle. Fue posible identificarlas, restituir los restos a sus familiares y aportar evidencia científica en los procesos judiciales que se siguen realizando contra los responsables.

—Incluso, entre estos casos, recuerdo el de un chico: Floreal Avellaneda.

—Sí, el caso de Floreal, un chico muy jovencito, no fue parte de nuestro trabajo pero el cuerpo de ese chico asesinado fue encontrado en su momento en el Río de la Plata.

—Volviendo a la creación del Equipo Argentino de Antropología, es importante recordar que, cuando se fundó, ustedes eran tan jóvenes que incluso algunos no habían terminado la carrera. Les faltaban una o dos materias para recibirse, ¿no?

—En 1984 yo era estudiante de primer año en la facultad, pero mis compañeros iniciales estaban más avanzados. Hice la excavación inicial con el doctor Snow y con la presencia de Hernán Vidal, un compañero que ya era arqueólogo recibido. Básicamente se puede decir que durante los tres primeros años Snow estuvo con nosotros en la Argentina, manifestando así una enorme generosidad, casi sin recibir un salario específico y, reitero, fue la persona que nos formó y nos entrenó en algo que, más allá del estudio específico de un esqueleto, nos enseñó que el científico tiene una responsabilidad social y debe contar con una visión mucho más amplia que va más allá del cuerpo. Tiene que saber interpretar y buscar los datos, los documentos que ha dejado el Estado, y unir todo eso en una investigación.

—Sí, lo que vos mencionabas recién: a veces una huella dactilar es todo un camino. ¿En qué archivos encontraron datos importantes?

—Por ejemplo, en el caso de las Madres que aparecieron en el Río de la Plata. Había varios expedientes correspondientes al momento en el que levantan esos cuerpos en diciembre de 1977. Venían de la ESMA y quedaron en esa zona de la costa. Había un expediente policial normal, sacaron fotos de los cuerpos. También encontramos una autopsia y una huella en mal estado de una de esas personas. Años después, lo que hicimos fue, con autorización judicial, pedirle al Registro Nacional de las Personas todas las huellas dactilares de las personas desaparecidas y las comparamos con todos los cuerpos. Por ejemplo, esto era el indicio de que esa persona que había sido secuestrada en el grupo de la iglesia de la Santa Cruz no era otra persona. Este es el tipo de datos que nos permiten acotar la búsqueda y comparar un cuerpo con todos los desaparecidos de la Argentina.

—Una tarea de una dedicación y una paciencia impresionantes. Por eso, a veces, ha llevado años.

—Sí, lleva años porque no es fácil encontrar los documentos. Con el paso del tiempo nosotros hemos armado una base de datos con elementos informáticos y un poco más de paciencia, que implica una visión más amplia de lo que es un rompecabezas. A veces esto nos ha permitido unir un dato, que aparecía en el medio de miles de otros datos, y darle una continuidad hasta llegar a una sepultura específica. Como recordaba recién, en abril de 1985 comienzan los juicios a las tres primeras juntas de la dictadura militar. Snow declara en ese mes de abril acerca de dos casos en los que trabajamos con él. El caso de Liliana Pereyra, que estaba embarazada. Luego, su madre recuperó aquel bebé. El testimonio del doctor Snow marcó una bisagra en el sentido de que se estaban aportando elementos más allá de los testimonios y de los escritos. Las Fuerzas Armadas sostenían que había sido un enfrentamiento cuando, en realidad, se trataba de una persona que había sido ejecutada a sangre fría. Esto permitió el análisis científico que hizo Snow y que describió en el juicio.

—¿Cuánta gente hay hoy en el Equipo Argentino?

—En este momento, contando todas las oficinas, somos cincuenta personas y, en Argentina, alrededor de treinta básicamente en Buenos Aires, en Córdoba y en Rosario, donde tenemos otras dos oficinas que nos permiten cubrir toda la demanda argentina y también algunos trabajos fuera del país.

—De los antropólogos fundadores, ¿quiénes han quedado trabajando?

—Quedamos Mercedes Doretti, Patricia Bernardi y yo, pero muy rápidamente se fue incorporando otra gente, y quizás el cambio más grande fue cuando, hace 12 o 13 años, comenzó a trabajar con nosotros una camada de unos 15 jóvenes que son un poco la cadena de transmisión y de recambio que tiene el equipo. Hoy son científicos con una experiencia interesante, y siguen trabajando con nosotros.

—Además, en el mundo han surgido nuevas víctimas y nuevos victimarios. Me refiero, por ejemplo, al tema del narcotráfico.

—Sí, también nos enfrentamos con eso. Pero, volviendo a la Argentina, en estos treinta años hemos recuperado unos 1.200 cuerpos, de los cuales 620 ya han sido identificados.

* Diario Perfil 06/07/2014


martes, 5 de agosto de 2014

Hoy todos somos Estela de Carlotto - Ricardo Gil Lavedra


 
Me tocó presidir la Cámara cuando declaró Estela de Carlotto en el marco del Juicio a las Juntas. Y es imposible no recordar ese momento hoy, cuando escucho sobre la recuperación de su nieto tras tantos años de búsqueda.


Siempre me impresionó su fortaleza y su compromiso para trascender su dolor individual

Siempre me impresionó su fortaleza y su compromiso para trascender su dolor individual en una empresa colectiva, que significaba la búsqueda de todos los nietos de desaparecidos.


Hay una lucha incansable que acaba de encontrar su fin. El primer sentimiento es de una emoción inmensa. Un rayo de justicia nos ha iluminado a todos con esta noticia.


La aparición del nieto de Carlotto abre un camino de esperanza y nos demuestra que es necesario seguir buscando a todos los que aún falta recuperar.


Todo se puede obtener desde el amor, la valentía y la perseverancia.


Hoy todos somos Estela de Carlotto. Todos compartimos su alegría.

viernes, 1 de agosto de 2014

1914 JULIO CORTÁZAR 2014


 Continuidad de los parques

Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restañaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.
Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.

Julio Cortázar (Final del juego)