miércoles, 17 de diciembre de 2008

LAS FANTASÍAS VINCULADAS AL SUR: Mitos y verdades


Hogar encendido, perro, gato, ventanal, nieve...

Desde la famosa leyenda de La Ciudad de los Césares –
una quimera del siglo XVIII que le costó la vida a muchos –
hay un inconsciente romántico colectivo, que nos hermana
con aquellos aventureros, en la búsqueda de un lugar acorde
a nuestros sueños. Mucho más modestos, por cierto, que los
que desvelaban a nuestros precursores en el sur. Para empezar
ya no esperamos encontrar ni oro, ni plata, ni piedras preciosas.
Sin embargo no hace mucho, en la zona de El Maitén,
localidad vecina a El Bolsón, todavía se hablaba del tesoro
del cacique Foyel y de un paisano que vivía como ermitaño
en uno de los cerros, sin necesidad de trabajar, porque había
encontrado ese oro.
Y cada tanto aparece alguien con algún proyecto delirante,
como el banquero suizo que hace unos años enterró en un campo
de su propiedad, en Cuyín Manzano, una bolsa de cuero con
monedas de oro; premio de un concurso que organizó para
jóvenes aventureros, con búsqueda del tesoro incluída.
Y es que aquí, en el Sur, hay algo en el aire. Algo que en
el interminable trayecto por la estepa patagónica, hace volar tu
imaginación.
Tus fantasías son modestas de todos modos: un par de leños
chisporroteando alegremente en la chimenea... un perro o
un gato, un gran ventanal, nieve...
Sí, no hay nada más lindo y acogedor que un gran hogar
encendido. Cenar, charlar y muchas otras cosas a la luz de las
llamas ¿quién se resiste...?
A lo que uno termina resistiéndose es a tener que encender
el fuego todos los días (y no te digo nada cuando la leña está
húmeda...) o a sacar la ceniza que se acumula en la chimenea.
Por eso, tratá de que “el gran hogar encendido” no sea el
único sistema de calefacción de tu casa y un consejo: apilá la
leña bajo techo.
Tampoco es agradable depender de un calefactor a
kerosene. Nosotros teníamos uno en nuestra primera casa
(pasamos por varias antes de instalarnos en la actual) porque
en esa época había red de gas sólo en el sector céntrico de
Bariloche.
Se podían utilizar tubos o garrafas, pero resultaba carísimo,
entonces recurrimos al calefactor a kerosene. Y me
acostumbré a sentir ese olor hasta en la sopa. Sí, mi perfume
no era Chanel N°5 precisamente.
Las colas para comprar el dichoso combustible que
padecimos... muchas veces bajo la nieve. Pero sí o sí había
que hacerlo para que los chicos no pasaran frío.
Hoy, que en Bariloche la red se ha extendido hasta Llao
Llao, lo más práctico y barato es la calefacción a gas, apretás
una tecla y listo. Importante: no sólo es obligatorio – sino
fundamental – que la instalación te la haga alguien
responsable y matriculado. Fundamental porque tu vida
puede correr peligro por la pérdida de anhídrido carbónico
si no está bien hecha. No es joda, se han producido accidentes
irreparables a causa de esto por lo que también, si alquilás
una vivienda, te recomendamos hacer revisar la instalación
de gas.
Otra fantasía que acompaña la del gran hogar encendido
es la de un gran perro a tus pies (¿todo grande, viste?). Un
perrazo que se convertirá en tu compañero inseparable y
guardián de tu casa. Un pastor alemán, si es posible, aunque
ahora abundan los dobermans, huskys y rottweilers, que no
te recomiendo porque al menor descuido te arrancan a vos –
o al pobre que te tenga de vecino – un brazo, una pierna, o
lo que sea...
Y la mayoría de los pleitos entre vecinos – me lo contó un
amigo abogado – es por problemas con perros y gatos. Que
ladran a la madrugada, que están en celo, que siempre mean
y cagan en la casa del otro y lo más grave, que atacan y
muerden.
Pero dejemos a los vecinos y sus peleas de perros y gatos y
vayamos al ventanal, que por supuesto imaginás con vista a
un lago, enmarcado de árboles milenarios y a lo lejos las
montañas nevadas.
Porque también hay nieve en la imaginaria “tarjeta postal”.
Mucha nieve. Y trineos. Y árboles de Navidad. Y renos (acá
no hay, pero no importa). Y es mágico ver nevar. A mí me
hipnotiza.
Sin dejar de lado las atrayentes imágenes que te dicta la
imaginación, o el deseo – poderoso motor de tu proyecto de
cambio de vida – también vas a descubrir otras cosas además
(o en lugar) de las que imaginaste.
Por ejemplo, algo inesperado que yo encontré en la
montaña, es su carácter de escultura. Para ver una escultura
tenés que rodearla, tenés que girar alrededor de ella y la
escultura va cambiando. Con la montaña es lo mismo. Vos
vas por un camino de montaña y todo va cambiando a medida
que vas subiendo o bajando; a diferencia del paisaje de la
llanura que tiene una belleza más estática.
Pienso que la diferencia de la montaña con la llanura, es
como a la diferencia de las tres dimensiones de la escultura
respecto a las dos dimensiones de la pintura.
Por otra parte, muchas veces nuestra verdadera ubicación
en un lugar montañoso es relativa, por ejemplo uno está
convencido de que está abajo y en realidad está arriba.
Entonces ¿qué es arriba y qué es abajo en la montaña?
Tal vez la confusión nace en los caminos de montaña, esas
espirales de ripio que en cada una de sus curvas y hondonadas
dan lugar a nuevas mesetas, aisladas de las anteriores, con sus
propios valles y colinas.
Otra cosa interesante es que los pueblos andino-patagónicos
están situados justo entre la estepa y la zona boscosa. Justo donde
la inmensidad, el viento constante y la piedra ceden
ante los enormes bosques de cipreses y coihues.
Por ejemplo toda la zona del aeropuerto (a 20 km. de
Bariloche) y el municipio de Dina Huapi (a 40 km.) son estepa
patagónica y muchas veces, mientras las tormentas que vienen
del Pacífico nos encierran en una burbuja de lluvia o nieve,
allí brilla el sol en todo su esplendor.
También descubrí que me gusta la estepa. Se impone
con una intensidad diferente, pero con tanta grandeza como
la zona de bosques y lagos.
Y el aire diáfano y el azul nítido (con buen tiempo, claro)
del cielo del Sur...
Y los larguísimos días de verano... son las diez de la noche
y todavía hay luz.
Pero más allá de estas disquisiciones estéticas, topográficas
y climáticas, la vida en una ciudad como Bariloche te ofrece,
como en la mayoría de las ciudades del interior, algo muy
simple, concreto y al mismo tiempo extraordinario: más
tiempo para vos mismo/a. Podés ir a tu casa al mediodía y
aprovechar ese rato para bajar al lago, o hacer una caminata,
o para cualquier hobby que tengas, porque entre la una y
media y las tres o cuatro de la tarde, prácticamente toda la
actividad se paraliza.
Y si has formado una familia, disfrutás más la compañía
de tu pareja y de tus hijos. Los chicos gozan criándose al aire
libre y aquí los vas a ver crecer felices.
Y si te instalás en una localidad turística ya no vas a sentir
esa horrible sensación de “domingo a la tarde”, porque el
lunes, aunque labures, lo hacés en un lugar privilegiado. En
cambio vas a sentir ese placer insano de quedarte, mientras
los turistas – cumplida su ración de vacaciones – se tienen
que ir.

jueves, 11 de diciembre de 2008

martes, 9 de diciembre de 2008

Nazis en Bariloche

Después de la 2° guerra mundial, muchos nazis lograron
escapar de Europa y vinieron a la Argentina con la ayuda
de Perón y el Vaticano. Y muchos se refugiaron
en el Sur, especialmente en Bariloche.
Cuando nosotros llegamos, a fines de los ‘70, pensábamos
ingenuamente que ya no había más nazis. Que debían estar
muy viejos o muertos, como Ronald Richter, el seudo
“científico” a quien Perón alojó en la Isla Huemul para que
fabricara la bomba atómica.
Ilusos, Bariloche combina perversamente la imagen de
una paradisíaca tarjeta postal con una ominosa atmósfera de
refugiados nazis.
En 1992 el gobierno argentino abrió los
archivos secretos de las décadas 1940/50, referidos a los nazis,
y en 1994 un periodista estadounidense de televisión descubrió
al ex agente de inteligencia alemán, Reinhard Kops, y al ex
SS y criminal de guerra Erich Priebke, que en el momento
de su detención presidía la Asociacion Germano Argentina
de Bariloche y que actualmente cumple prisión en Roma.
En los libros “Los nazis en la Argentina” y “Odessa al sur”
– editados por Planeta en 1992 y 1995 respectivamente – el
escritor y periodista Jorge Camarassa confirma que en
Bariloche estos nefastos personajes festejaban todos los 20 de
abril el aniversario de Adolf Hitler, en un residencial del
barrio Belgrano de Bariloche.
En la actualidad hasta se vende la Guía: “Bariloche Nazi”
escrita por el periodista Abel Basti. Según Basti “aunque
se puede asegurar que por una cuestión biológica ya no quedan
nazis, solamente unos pocos longevos,todo alemán que recaló en
Bariloche, aún antes de la 2° guerra mundial, fue nazi, o adhería
al nacionalsocialismo” e incluye a Hitler y Eva Braun, entre los
que se refugiaron en la Patagonia.
Por su parte, Patrick Burnside, autor de “El escape de Hitler”,
afirma haber pasado diez años investigando hasta descubrir dónde
murió el Führer. Según el periodista Sergio Kiernan : “Lo que en
realidad hizo Burnside fue creerse cada bola que le rodara cerca y
adjudicarle a Hitler una temporada en la estancia de cada alemán
rico que pudo encontrar al pie de los Andes...” *
Además de los libros mencionados, podés encontrar más
información sobre este tema en el documental “Pacto de
silencio” de Carlos Echeverría y en los libros:
“El cuarto lado del triángulo”, Ronald Newton,
Sudamericana, 1995.
“El último nazi”, Elena Llorente y Martino Rigacci,
Sudamericana, 1998
“La ruta de los nazis en tiempos de Perón”, Holger M.
Meding, Emecé, 1999.

* Kiernan Sergio (2004) La literatura nazi en la Argentina, Buenos Aires, Página
12, 14/3.

martes, 2 de diciembre de 2008

La inserción en la comunidad

La mayoría de los que vivimos en Bariloche venimos de
otros lugares. Somos una población que ha migrado y este
rasgo común es tal vez el que más nos define como comunidad.
Un diálogo bastante habitual es:
–¿Sos de acá?
–No.
–¿De dónde sos?
Al principio te va a dar rabia que te traten como turista,
por no haber acreditado, al menos, un par de años de
residencia. Otra pregunta usual es:
–¿Hace cuánto que llegaste?
–Dos meses.
–Ah, te falta pasar las lluvias...
Y no te creas que vas a ganar algo cuando al “¿Hace cuánto
que llegaste?” puedas contestar “Un año”, porque no va a
faltar quien te retruque:
–Tuviste suerte, este invierno fue muy suave...
Esta actitud casi “tanguera” y como el tango muy
“argentina” por lo escéptica es, en el mejor de los casos, una
defensa emocional.
En algún momento, estos residentes que ya tienen
“ciudadanía acreditada” en el lugar, se hicieron muy amigos
de algún recién llegado/da como vos. Y él o la recién llegada
se instaló aquí, pero sólo un tiempo. De pronto, o no le fue
bien laboralmente, o extrañó la familia y los amigos que dejó,
o se separó de su pareja. El asunto es que se volvió a su lugar
de origen y muchas veces no sólo clavó a mucha gente que le
salió de garante para compromisos (alquileres, etc) que dejó
sin pagar, sino que también dejó el tendal emocional.
Es que aquí, al estar lejos de la familia y los amigos
entrañables, los nuevos compromisos afectivos no son joda. Y
entonces, esta primera barrera de escepticismo que ponen
los lugareños, por lo general es simplemente miedo. Miedo a
encariñarse con vos, a que tus hijos, si los tenés, se hagan
amigos de los suyos y que un buen día “chau, si te he visto no
me acuerdo”. Pasa eh, a nosotros nos pasó justamente con las
dos parejas que más nos ayudaron a instalarnos...
Por otra parte, lo mejor para relacionarse es compartir una
actividad.
A nosotros nos ayudó el hecho de que mi marido, había
estudiado y hecho teatro en Buenos Aires, algo que siguió
haciendo en Bariloche durante años.
También mi actividad literaria. Cuando me vine, traje mi
primer libro de poemas, “Materia Viva”, recién sacado del
horno. Y me contacté con los que en Bariloche, aman la
literatura y escriben. Aunque, por razones obvias, recién
pudimos reunirnos de una manera más orgánica y convocar
gente, en los ’80, después de la dictadura.
En ese primer grupo de taller participó Esteban Buch,
autor del libro “El pintor de la Suiza Argentina”, editado en
1991 por Sudamericana, que es la biografía de Toon Maes,
pintor belga y colaboracionista de los nazis durante la 2°
guerra Mundial, que enseñaba pintura en Bariloche y
vivía en el barrio La Cumbre, hoy muy populoso.
En este pintor se inspiró Antonio Dal Masetto para el personaje
de “Juan”, el pintor, que tiene un rol preponderante en su novela
“Siete de oro.”

martes, 25 de noviembre de 2008

¿Nacidos Y Criados en el Sur o Por Propia Decisión?





No sé si sucede en otras localidades patagónicas, pero en
Bariloche se pueden detectar los NYC y los PPD.
Los NYC son los barilochenses Nacidos Y Criados en
Bariloche.
Los PPD, los barilochenses Por Propia Decisión, entre los
cuales nos encontramos vos y yo.
Por lo general los NYC alardean, como los andinistas, de
un enfoque de la vida ligado al sacrificio.
Los PPD que tienen handicap de años en el lugar también.
Por ejemplo: cuanto más sufras, más amortizarás tu derecho
de piso patagónico. Pero lleva su tiempo. A nosotros nos costó.
Con los NYC ni hablar, lo cual era previsible. Pero también
nos costó con los PPD que nos habían precedido.
Recuerdo el primer cumpleaños de mi hijo en Bariloche,
cumplía 4 años y hacía seis meses que estábamos instalados.
Repartí invitaciones entre sus compañeritos de jardín, preparé
la torta con velitas, adorné con globos la casa que habíamos
alquilado, pero no vino ningún chico.
¿La razón? Además de que era un soleado domingo de
julio, plena temporada de esquí y a los invitados sus papás los
llevaron al cerro Catedral, yo todavía no me había relacionado
de una manera más personal.

martes, 18 de noviembre de 2008

AYER Y HOY EN BARILOCHE ¿Todo tiempo pasado fue mejor?



A Santiago Galván y Juan Inostroza, de Paso de los Molles,
que mañana deberán juntar los caballos.

Luciano Painete comunica a Nerio Chandia, de Traful Norte,
que no consiguió el camión para el traslado de lana.

A Segundo Painefil, de Pichi Leufu, que Jorge viajará mañana jueves,
y solicita lo esperen con caballos en el puente en horas de la mañana.

A Antonio Colitripay, de Mencué, que hoy va carta en el transporte
«El Torito» que le envía su hijo Jerónimo, y por ese mismo medio envíe contestación.


Boletín del Servicio Social de LRA 30 Radio Nacional


La mayoría de las veces que evocamos el pasado, olvidamos
o minimizamos las cosas malas y rescatamos las buenas. Esta
operación depuradora de nuestra memoria tiende a hacernos
creer que todo tiempo pasado fue mejor.
En Bariloche, los viejos pobladores se la pasan añorando
la época en que “la Mitre” (la calle principal) tenía asfaltadas
sólo dos primeras cuadras después de los arcos del Centro
Cívico y todavía no se había construído ese engendro que es
el edificio del Bariloche Center.
También recuerdan nostálgicos cuando esquiaban en “La
viborita” actual calle Rolando entre Elflein y Moreno. De
ese pasado, en el cual la única comunicación era la radio,
sobrevive el boletín del Servicio Social, que se transmite todos
los días por Radio Nacional y que sigue siendo utilizado por
pobladores de parajes aislados.
Pero, por otra parte, hace cincuenta años no se cuestionaba
la campaña de Roca contra los indios y ni remotamente se
pensaba en reivindicaciones y devolución de tierras a los
descendientes de mapuche.
Hoy día, en cambio, el monumento a Roca ubicado en la
“Plaza Expedicionarios del Desierto” (explanada también
conocida como el “Centro Cívico”) es blanco de cuanta
inscripción se te ocurra, desde el tradicional “hijo de puta”,
hasta epítetos más actuales como “Roca=Videla” o “genocida”.
Y así como los nombres elegidos entonces para muchas
calles y barrios de Bariloche fueron de militares, como
Rolando, Villegas, Palacios, O’Connor, Levalle, Sobral, etc.
hoy muchos vecinos exigen su derecho a nombrar las calles
donde viven y así han surgido barrios enteros con nombres
de plantas, flores, caciques mapuche, constelaciones, poetas
y escritores.
También hace cincuenta años, los chicos que terminaban
la escuela primaria y querían continuar sus estudios tenían
que emigrar a otras ciudades.
Mucho más cerca en el tiempo, a mi sobrino (de quien te
conté en el capítulo anterior) también le sorprendió, una vez
pasado el verano, el éxodo de las chicas y muchachos de su
edad. Porque hasta hace unos años, en Bariloche por lo menos,
la mayoría de los chicos que terminaban el secundario y querían
seguir una carrera terciaria o universitaria se iban a Neuquén,
Gral. Roca, Mendoza, Córdoba, Rosario o Buenos Aires.
Pero ahora el panorama ha cambiado, está el Centro
Regional de la Universidad del Comahue, con sede en
Neuquén y se han abierto universidades y carrreras terciarias
en el ámbito privado. De manera que el éxodo es mucho
menor y esto no sólo favorece el intercambio entre la gente
joven que se queda y la que llega, como vos. También abre
posibilidades de capacitación para todos, ofreciendo carreras
cortas en áreas como turismo, gastronomía, hotelería o
piscicultura.

lunes, 10 de noviembre de 2008

¿Qué ropa me sirve?

Además de no venir en bolas respecto al tema laboral y
habitacional, también es importante no venir “literalmente”
en bolas.
Y una de las razones por las cuales te conviene visitar el
lugar elegido durante el invierno, mínimo una vez antes de
instalarte (y si tenés chicos, con más razón) es para equiparte
bien en cuanto ropa.
Yo, por ejemplo, no me equipé bien porque antes de
radicarnos, lo más cercano a un invierno que pasé en Bariloche
fue el mes de mayo y aunque nevó, no es lo mismo.
Entonces traje ropa y calzado que no me sirvieron y un
gamulán, que no abrigaba tanto y era pesado. Al poco tiempo,
los tres nos tuvimos que comprar camperas de duvet.
Equiparte bien no quiere decir llenarte de ropa que
después no vas a usar. Quiere decir invertir en una buena
campera, que no le pase el agua. Y en un buen calzado
patagónico, que no le pase el agua. Después con jeans y medias
y guantes, zafás. Pero la campera: abrigada, liviana e
impermeable, es fundamental.
También son buenos los polar y la ropa térmica en general.
Son prendas livianas y las podés meter en el lavarropas. Pero
no son impermeables. Una opción barata es el polar y arriba
un rompevientos impermeable.
En cuanto a calzado, yo he descubierto que lo más cómodo
y menos caro es un buen par de zapatillas. Las de gamuza o
cuero abrigan bastante y las de tela, si se mojan, se secan rápido.
Tanto para mujeres como para varones es útil, sobre todo
bajo la lluvia incesante, un sombrero de ala ancha que podés
agenciarte en el lugar.
Y si sos mujer, te cuento que a causa del frío, pollera y
tacos no vas a usar practicamente nunca y otra cosa que vas a
notar (esto a los varones no les importa demasiado) es que la
ropa se ensucia menos que en otros lados, tal vez porque aquí
el clima es muy seco y se transpira menos.

Resumiendo:

1 Vení conociendo el lugar.
2 Tratá de conseguir un laburo antes de largarte
definitivamente.
3 Venite con un currículum y repartilo.
4 Si te interesa trabajar en turismo, repartilo en agencias y
hoteles. Si sabés idiomas (inglés y portugués) tendrás más
chances.
5 Si te ofrecen algo que no es tu ideal de laburo, agarralo
como una primera opción, ya tendrás tiempo de dejarlo si te
surge algo mejor.
6 Vení teniendo resuelto el alquiler o préstamo de una
vivienda. Si te ofrecen algo que no es tu ideal de vivienda,
agarrala, para no venir en bolas.
7 Si tenés una propiedad en tu lugar de origen, no la
vendas. Date tiempo, no quemes naves de entrada.

domingo, 2 de noviembre de 2008

No vengas en bolas


Vení en lo posible con un laburo concertado previamente.
Mucha gente se viene en bolas pensando que aquí va a
conseguir facilmente. Y no es tan así.
En las ciudades andino-patagónicas que cuentan con
centros de esquí, es posible enganchar algo durante la alta
temporada, tanto en invierno como en verano.
Pero no siempre. Si la temporada vino floja, sonaste.
Además, como ya te dije, aquí también hay desocupación
y muchísima gente depende de planes para jefes y jefas de
hogar sin trabajo.
Y también tené en cuenta que en el interior los sueldos
siempre son más bajos que en Capital Federal. En
contrapartida, en Bariloche por ejemplo – como en cualquier
ciudad turística – los alquileres, la comida y la ropa son más
caros.
Los docentes ganan poco, como en todos lados, aunque
en el Sur cobran un plus por “zona” . Si sos docente, podés
averiguar previamente las fechas de inscripción en Neuquén,
Río Negro y Chubut.
Un sobrino mío se vino a los 22, 23 años, con idea de
quedarse y pasó por varios laburos: productor en una radio
FM, vendedor en el Video Club de un amigo y en una
estación de servicio.
Después de dos años de insistir se volvió a Buenos Aires,
porque aquí no consiguió ningún trabajo interesante. Si bien
no concretó su deseo de quedarse, la experiencia fue buena;
le ayudó a objetivar su situación personal y a definir sus
intereses laborales.

jueves, 23 de octubre de 2008

EL DESPEGUE ¿Quemamos naves?

Si, nosotros quemamos naves. Y no me arrepiento, pero si
querés que te diga la verdad, cometimos algunos errores.
Nada grave, pero conocerlos te puede servir a vos para no
repetirlos. Como te conté en el Capítulo 1, mi marido y yo
habíamos venido al Sur, concretamente a Bariloche, unas
cuantas veces antes de la definitiva. Eso nos ayudó mucho y
te recomiendo que lo hagas. Aunque hayas venido ya alguna
vez, volvé a tomar contacto con el lugar antes de largarte.
Ya sé, estás pensando que soy una pesada insistiendo con
esto, porque vos estás reconvencido o reconvencida y no
necesitás evaluar más tu decisión, pero creéme, ante cambios
grossos también es importante dudar.
Nosotros, por ejemplo, estábamos tan convencidos de que
nuestra decisión de venir al Sur era acertada, que vendimos
“el techo” que teníamos en Buenos Aires.
Y desde ya que venirnos fue una decisión acertada. Y no
sólo no nos arrepentimos sino que lo volveríamos a hacer.
¿Entonces...? te preguntarás.
Entonces, que no debimos haber quemado naves
vendiendo nuestra única propiedad. Hubiera sido mucho
más piola conservarla y alquilarla para obtener un ingreso. Y
hace unos años, cuando nuestros dos hijos se fueron a estudiar
a Buenos Aires, se habrían podido alojar allí.
Todo esto sin considerar la cantidad de gente que viene
al Sur con idea de quedarse y al cabo de un tiempo – que
puede variar entre uno y diez años – regresa a su lugar de
origen por diferentes motivos (acordate de lo que te digo
en el Capítulo 1 acerca de las crisis personales).
Entonces, segundo consejo: si tenés un techo propio,
te sugiero no desprenderte, sobre todo si es tu única
propiedad. Para vender siempre hay tiempo, y conservarla
te puede permitir arrepentirte de tu decisión sin mayores
costos.
Cuando nosotros nos vinimos a Bariloche, mi marido
viajó primero para instalarse en la casa que alquilamos y
recibir el camión de la mudanza que yo despachaba desde
Buenos Aires.
El tema es que yo no estaba sola, sino con mi hijo
chiquito, que vio como unos señores desconocidos
vinieron, se llevaron todas las cosas y la casa quedaba vacía.
Yo no imaginé lo que podría pasar por su cabecita de
tres años, la inseguridad que podría transmitirle que se
llevaran todo, incluídos sus juguetes y ver su casa, hasta
ese momento su mundo conocido, totalmente despojada.
Pero tomé conciencia cuando, durante el viaje en tren,
se descompuso y comenzó a renguear porque le dolía una
pierna...
El asunto es que llegué con el chico enfermo y ¿quién
fue la primera persona que visitamos en Bariloche...? El
pediatra. Porque en cuanto salimos de la estación
rumbeamos para su consultorio. Después de revisarlo y
hacernos un par de preguntas decretó: “Es la renguera del
perro. Llévenlo a casa y desempaquen todas sus cosas, sus
juguetes, su cama y acomódenlas en su pieza.”
Previsor, mi marido ya había hecho eso para recibirnos
con calidez y en cuanto nuestro hijo vió sus “chiches” se puso
a jugar. Al rato ya no rengueaba.

sábado, 18 de octubre de 2008

La distancia




Otra cosa que va a surgir cuando comentes tu decisión es
el tema de la distancia. Claro, no te vas ahí nomas, te vas a
una terra incógnita a miles y miles de kilometros de tu terruño.
Al sur del mundo, que es en realidad el fin del mundo.
Hablando claro y pronto: al culo del mundo. Allí, donde te
caes del mapa...
Y es muy probable que oigas este lamento: “¡Ay nena...!”
o: “¡Ay nene! tan lejos te vas...”
Cuando nos vinimos yo me consolaba pensando que
cualquier cosa me subía a un avión y listo. Pero era una idea
abstracta, no conté con que me iba a dar miedo volar ni que
el avión cuesta una fortuna. Conclusión: lo utilizo sólo en
caso de extrema urgencia.
Por otra parte, también es absurdo que Bariloche esté tan
lejos de Viedma –la capital de su provincia –como de la
Capital Federal; lo lógico sería que su capital fuera Neuquén,
a 400 kilometros. Pero las provincias patagónicas se dividieron
arbitrariamente sin tener en cuenta accidentes geográficos e
intereses comunes.
Sin embargo el progreso, tan nefasto a veces para la
preservación del medio ambiente, también tiene aspectos
positivos y hoy el avance de las comunicaciones subsana en
gran medida el tema de la distancia.
De esta distancia, y de que la Patagonia es realmente un
país dentro de otro, tomé realmente conciencia durante uno
de los tantos viajes en auto que hicimos desde Buenos Aires a
Bariloche. Los primeros años íbamos y veníamos en auto (con
el tiempo empezamos a hacerlo en colectivo; en los coches
cama se viaja bien y es más descansado que manejar 1700
kilómetros).
Una vez, creo que era mayo o junio, el asunto es que hacía
un frío de aquellos... Veníamos en un Renault 6 con nuestro
hijo mayor que tendría cuatro años y de pronto, a la tardecita,
en la ruta desértica, después de pasar un letrero despintado
en el que todavía se adivinaba la palabra “CHELFORO”, el
auto claudicó. Con el último envión en punto muerto
consintió en dejarse arrimar a un caserío perdido en medio
de la nada.
Una de las casas tenía aspecto vagamente civilizado.
Entramos; era un bar con piso de tierra y cancha de bochas.
Algunos paisanos jugaban a las bochas bajo la luz fluorescente.
Detrás del mostrador había un tipo con pinta de dueño;
mi marido preguntó si todavía faltaba mucho para Chelforó.
– Esto es Chelforó – dijo, ofendido. Le preguntamos
dónde podíamos conseguir un mecánico.
– Mecánico no, pero aquí al lado hay una gomería y el
pibe algo entiende.
Fuimos a buscar al gomero que abrió el capó, se sumergió
adentro y empezó a desarmar. No teníamos idea qué
desarmaba, pero él a cada rato se asomaba y nos sonreía, como
para tranquilizarnos.
– Estoy probando – nos decía, contentísimo como chico
con juguete nuevo. Anocheció y seguía desarmando.
Mi marido no entiende nada de mecánica y miraba con
desconfianza el motor, que ya se acumulaba en infinidad de
minúsculas piezas sobre los guardabarros.
No quise ponerlo más nervioso y me instalé en el bar con
mi hijo. Por el vidrio sucio de una ventana se filtraba el último
resplandor del desierto. De pronto se levantó una ráfaga
violenta que hizo temblar las chapas. El viento mordió las
paredes y se filtró por las aberturas.
Esto es la Patagonia, me dije: piedra, viento, coirones. En
ese momento, en medio de esa intemperie terrosa, tomé
conciencia de la distancia y la soledad. No me gustaba para
nada la posibilidad de tener que quedarme en esa inmensidad
mientras mi marido iba a buscar un repuesto quién sabe
adónde.
Por suerte, cuando ya me había resignado a pasar el resto
de mis días allí, jugando a las bochas, volvió y anunció:
–Ya está, dice que a Regina llegamos.

lunes, 13 de octubre de 2008

La familia...

Cualquiera sea el lugar del Sur que hayas elegido:
Bariloche, El Bolsón, San Martín de los Andes o Esquel, esto
también te da cierto prestigio entre tu familia y amigos.
“Se va a la Patagonia...” comentan tus abuelos (si los tenés)
exagerando la movida, como si estuvieramos en la época del
Perito Moreno.
Al anunciar tu decisión tal vez tus padres se mostraron
escépticos, o un poco melancólicos, sobre todo tu madre.
Pero también es probable que tu padre se entusiasme ante la
posibilidad de visitarte y pescar unas truchas, o conocer por
fin algunos lugares del Sur donde nunca estuvo.
Nosotros barajamos todo esto y mucho más al comentar
nuestra decisión.
Está bien, eran otras épocas, ahora todos están
más desestructurados. Pero me acuerdo del comentario de
una tía: “Vamos a ver si aguanta allá, sin ningún estímulo
cultural...” y también lo que me dijo mi suegra cuando,
ya decididos a emigrar, mi marido me alentó a tomar clases
de conducir: “Vos nunca vas a aprender a manejar”.
¿Optimista no? Y a manejar aprendí.
Bueno, al principio, cuando nos vinimos, me caí en unas cuantas zanjas...
Pero nunca me sentí más halagada que cuando un muchacho me
hizo dedo en una ruta llena de curvas y me felicitó por cómo manejaba.
Y de lo que tomé conciencia frente al escepticismo de los
demás y lo admito, frente a mi propia desconfianza, fue que
el Sur proponía y todavía propone desafíos, justamente
porque no está todo hecho y en muchos lugares siguen
faltando “estímulos culturales”.

lunes, 6 de octubre de 2008

Los amigos



Tus amigos, al principio, se van a quedar de una pieza
¿cómo es que vos que sos un animal del asfalto vas a dejar
Buenos Aires o Córdoba o Rosario, o cualquiera sea la ciudad
que te vio nacer? ¿cómo vas a sobrevivir lejos de la urbe?
Pero sobre todo y esto es más válido, ¿cómo vas a sobrevivir
sin ellos? ¿cómo es que los vas a abandonar así como así...?
“Vengansé ustedes también” les proponés. “No es tan fácil”
contestan.
Y aquí es donde la mayoría de tus amigos se replantea
interiormente por qué, si vos tomaste esta sabia decisión, ellos
no hacen lo mismo...
Pero es cierto, no es fácil y todos encuentran mil
justificaciones, válidas, acertadas; pero son sus razones, no las
tuyas.
Aunque por ahí, en una de esas, alguno te sigue. Ojo, eso
puede funcionar si en las malas no te hace responsable de su
decisión.
Porque en todo cambio, y viene bien que te hagas a la
idea, hay buenas y malas.
Llegados a este punto es importante, como te digo en el
capítulo anterior, que tengas en claro por qué querés venir al
Sur. Por lo menos tan claro como las razones que –
invariablemente – se van a sentir obligados a dar tus amigos
para no hacer lo mismo: el trabajo, la profesión, el
psicoanalista, los colegios de los hijos (porque piensan que en
el Sur no hay escuelas), el paisaje de la montaña los deprime,
la mujer (yo me iría, pero ella no quiere), el marido (yo me
iría, pero él no quiere), los respectivos padres (no podemos
dejarlos) etc.
Tus convicciones valdrán mucho más si resisten la
confrontación. Porque cuando empieces a contarlo, todos tus
amigos te van a enumerar todas las razones por las cuales ellos
NO vienen al Sur. Vos ni siquiera les has insinuado que se
vengan, pero ellos – no me preguntes por qué – se justifican
y empiezan a elaborar, como si pensaran en voz alta, por qué
no.
Todo un tema. Los vas a extrañar. Pero si son amigos de
verdad no dejan de serlo nunca.
Además vas a hacer otros nuevos y buenos, pero tené en
cuenta que la AMISTAD, así, con mayúsculas, tiene sus ritos,
tenés que darle tiempo porque, como dice la canción de María
Elena Walsh: “un amigo nuevo no es lo mismo, te quiere por
la mitad...”
Y dado que esos ritos son necesarios “hay que ser muy
paciente” y “preparar el corazón”, tal como le advirtió el zorro
al principito en el libro de Saint Exupery.

martes, 23 de septiembre de 2008

ME VOY A VIVIR AL SUR - La decisión

Ya está. Tomaste la decisión. Vos sabés por qué.
Lo que no sabés son la reacciones en cadena que vienen ahora.
¿Viste el efecto dominó? Bueno, eso.
Por un lado es como si toda la gente a la cual se lo contás se
replanteara la vida entera a partir de tu decisión y todos
empiezan a darte explicaciones de por qué no hacen lo mismo.
Y vos no querés eso.
Vos estás feliz con tu proyecto y querés compartirlo.
También vas a comprobar que para muchas personas
nuestro país termina en la Avenida Gral. Paz y entonces te
escuchan con cara de “qué locura” y no faltan gestos agoreros
tipo “ya va a volver a la realidad”.
Tampoco faltan los que te dicen horrorizados: “yo jamás
podría irme a vivir fuera de Buenos Aires...”
Pero felizmente también hay gente que reacciona “normal”
digamos y te felicita y te desea suerte e incluso te ofrece algún
contacto que te puede interesar, porque conoce a alguien
que se vino.
Y a pesar de aquellas voces pesimistas, toda esta etapa es
muy estimulante, porque todo lo que hacés tiene que ver con
tu proyecto. Es la etapa de “enamoramiento”. Yo me acuerdo
que por un lado pensaba en cosas prácticas como, por
ejemplo, el abrigo que tendríamos que traer y por otro en
cosas poéticas, como que iba a cumplir la leyenda del Limay.
También luchaba con una contradicción, en mi caso era
que siendo muy urbana y gustándome la ciudad y todo lo
que te ofrece, me iba a un lugar que me atraía mucho y donde
me había sentido muy bien, pero donde te caes del mapa...
Y lo que me decidió en esos momentos de duda fue mi
hijo de dos años. Era muy fiero el clima que se vivía en Buenos
Aires por aquellos tiempos y si algo tuve claro fue que no
quería que se criara en ese ambiente de violencia y temor.

sábado, 13 de septiembre de 2008

Por la calidad de vida


Recuerdo que a nosotros, independientemente de los motivos
para venirnos que ya te conté, también nos rondaba cada tanto
la idea de vivir en un lugar con más “calidad de vida”.
La primera vez que escuché esa frase dicha por mi marido,
una frase tan de arquitecto o de ecólogo, no pude dejar de pensar
lo bien que definía eso que estábamos buscando. Y buscar “calidad
de vida” tiene que ver con estar en armonía con uno mismo.
A nosotros la vida en el Sur nos robó cosas, por ejemplo
los afectos que quedaron en Buenos Aires, pero nos dio
armonía.
Hay momentos que son una síntesis de esta armonía, como
una caminata por el bosque de ñires y lengas del Challhuaco
en medio de todos los colores del otoño.
O como cuando nos deslizamos en un gomón, con un
grupo de amigos y nuestros respectivos hijos, sorteando saltos
y remolinos río abajo por los rápidos del Limay.
Protegidos por obligatorios salvavidas y conducidos por tres
avezados guías y navegantes, salimos una mañana, bien temprano
y pudimos ver las primeras brumas suspendidas sobre el agua,
en las que el sol producía efectos iridiscentes. El ritmo natural
del río conducía la embarcación como si fuera un tronco flotante,
llevándola al encuentro de los torbellinos. Desde el bote veíamos
las figuras esculpidas por el viento en los murallones de piedra
del Valle Encantado: El dedo de Dios, Los dos marineros, El
obispo, Los amantes, La pianista, La montura chilena.
Pero toda esa belleza fue antes de que hicieran la represa
de Alicura, cuyo embalse tapó parte del Valle Encantado e
hizo desaparecer los rápidos. Por eso los que vivimos en esta
región no queremos que hagan más represas ni que se exploten
minas a cielo abierto y apoyamos a los habitantes de Esquel,
quienes a través de una consulta popular se negaron, por
amplia mayoría, a la explotación de una mina que pone en
peligro la salud de la población y destruye la naturaleza.
Y si hay algo que debés saber, vos que venís al Sur atraído
justamente por sus bellezas, es que la lucha para conservarlas
no termina nunca.
También recuerdo las sensaciones de otro momento
mágico ligado al río Limay. Fue la noche que acampamos
con nuestros hijos a la orilla de uno de sus remansos, para ver
el paso del cometa Halley en 1986.
Imposible dormir. No quisimos. No tanto por el cometa,
que era una luz remota, como por el rumor y el fluir
centelleante del río en la oscuridad, que nos hacía sentir, como
a Siddhartha en la novela de Hermann Hesse, parte de su
misterio: ...aquella agua fluía y fluía sin cesar, y a la vez estaba
siempre ahí, ¡era siempre la misma aunque se renovara a cada
instante! ¿Quién podía entender ese misterio?(...) se sentaban
en el tronco a orillas del río, por la noche, y escuchaban en
silencio al agua, que para ellos no era agua, sino la voz de la
vida, la voz de lo que es, de lo que eternamente deviene...

jueves, 4 de septiembre de 2008

Por la inseguridad

La inseguridad, sí. Pero en general uno no toma la decisión
a partir de una teoría, o de una idea abstracta, o de un
entusiasmo poético. Casi siempre hay un detonante puntual.
Por ejemplo, nosotros nos vinimos al Sur en 1977 porque
llegó un momento en que no aguantamos más el clima de
violencia que se vivía en Buenos Aires. Detonantes puntuales
fueron: la tarde que mi marido en un embotellamiento de
tránsito en pleno centro vio bajar del auto que iba delante
suyo a un tipo de civil, con pinta de gangster, enarbolando
una metralleta para que le abrieran paso. Otro detonante
fue estar en la calle con mi hijo de dos años en su cochecito y
enterarme que a una cuadra acababa de estallar una bomba.
Recuerdo que pensamos en ir a España, pero todavía
gobernaba Franco y no nos decidimos.
Tal vez pensamos en Bariloche por la sensación de que al
sur del Río Colorado empezaba otro país, (y era como irnos,
pero no del todo).
Y además estaba aquel viaje premonitorio en que me había
despedido “provisoriamente” del Limay...
Poco tiempo después del golpe del ’76, mi marido renunció
al trabajo que desempeñaba en el Ministerio de Bienestar
Social por temor a integrar una lista de “prescindibles” (en
aquel momento eso equivalía a un denuncia seguida de
secuestro y desaparición) y esto fue la gota que desbordó el
vaso y nos obligó a concretar nuestra venida al Sur.
Y esa fue la tercera vez que vine, antes de radicarnos. Que
vinimos, porque en esta oportunidad lo hicimos por primera
vez juntos, para tomar contacto de nuevo con el lugar y
averiguar el tema de la vivienda que entonces era bastante
problemático.
La cuarta vez volvimos con nuestro hijo mayor que
entonces tenía dos o tres años. Unos amigos de amigos nos
prestaron una cabaña de piedra y madera, algo precaria, sobre
el lago Gutierrez. Era mayo y la primera vez que yo vi nieve,
porque nevó y la única calefacción de la cabaña era la cocina
a leña (que estaba tapada) y una gran chimenea... Pero me he
olvidado de todos los inconvenientes y lo recuerdo como algo
abolutamente romántico. A la noche hacía tanto frío en el
dormitorio que arrastrábamos los colchones de los tres frente
a la chimenea y dormíamos iluminados por el resplandor de
las llamas.
Yo no sé cuales son tus razones para querer venir al Sur.
Pero no me extrañaría que me dijeras que es porque te han
robado al salir del cajero, o porque algun familiar o amigo
tuyo padeció un secuestro express.
Cuando nosotros vinimos a Bariloche, en 1977, la
inseguridad provenía de las fuerzas armadas y la ingenua
sensación inicial – en medio de estos lagos y montañas – de
haber emigrado a otro pais, se esfumó rápidamente cuando
se produjo el secuestro y la desaparición del estudiante
universitario barilochense, Juan Herman (sobre su
desaparición, el director Carlos Echeverría filmó el
documental “Juan, como si nada hubiera sucedido”).
Otro hecho, que nos hizo volver a asumir rápidamente
nuestro destino sudamericano, fue que al año de llegar se
declaró la guerra con Chile.
Y para que te quede claro que muchas veces las cosas no
son precisamente como uno espera, de pronto nos
encontramos tapando las ventanas de nuestra casa con papel
negro, porque los milicos hacían simulacros de bombardeo .
También requisaron los camiones y las estaciones de servicio,
construyeron mangrullos para mirar la lontananza (en medio
de las montañas...), pintaron una enorme cruz blanca sobre
el techo del hospital y se dispusieron a despachar muertos a
diestra y siniestra, porque a la estación de Bariloche llegaron
macabros trenes con los vagones repletos de brillantes ataudes
de aluminio. ¿Qué tal? Nosotros que huíamos de la violencia,
que queríamos vivir en paz…
Han pasado 32 años desde entonces, esa guerra se evitó,
por suerte, no así la de Malvinas y finalmente recuperamos
algo que nunca debimos haber perdido: la democracia. Pero
la poblacion creció muchísimo y la desocupación ha
incrementado también aquí la delincuencia y si bien no se
puede comparar con lo que sucede en una gran ciudad como
Buenos Aires, está claro que al sur del Río Colorado no
empieza otro país, sigue el que tenemos, con sus bolsones de
pobreza y su secuela de delitos. Con su impunidad y su
corrupción.
Tambien pienso que los asaltos y los robos a mano armada
y los crímenes y los secuestros actuales son, en gran parte,
consecuencia de la violencia de los '70, sobre todo del
terrorismo de estado durante la dictadura, cuando nuestras
vidas no valían nada.
Pero a lo mejor vos tenés otras razones para venir.

Porque estoy en un momento de crisis

Venís escapando de algún conflicto personal; por ejemplo
no te bancás más a tu familia o en tu pareja se está gestando
una crisis.
Hay quienes se vienen porque no se bancan a la madre, al
padre o a la suegra (no sé qué misteriosa piedad deja a los
suegros siempre a salvo) o porque los abandonó su pareja...
Pero no entremos en detalles, porque de todas maneras te
cuento que las crisis personales no se solucionan en el Sur.
Lo que sí te puede aportar la movida es ver con más
claridad el conflicto y probablemente acelerar un proceso.Y
en ese caso lo más probable es que definas una situación.
“Movida”, fijate que la palabra misma te lo está diciendo:
todo se mueve (piso incluído) en una “mudanza”, otra
palabreja clave porque quiere decir cambio: mudás, mutás.
Y además aquí empiezan a funcionar otros factores que de
alguna manera ayudan a definir situaciones: el hecho de que
ya no tenés un entorno familiar y social que “amortigüe” y de
alguna manera atenúe tu conflicto. Aquí estás vos solo/a. O
vos y tu pareja. Y en un primer momento no podés recurrir a
ese eco afectivo como en tu lugar de origen.
No hay la infinidad de distracciones (teatros, cines,
shoppings, etc) que podés encontrar en las grandes ciudades
para ahogar tu malestar.
Estás más expuesto/a. Sos más vulnerable.
Y como dice una amiga mía: “aquí o te arreglás o te
arreglás” y si no lo lográs es que no hay vuelta.

jueves, 21 de agosto de 2008

¿POR QUÉ ME QUIERO IR A VIVIR AL SUR?



Porque hace tiempo que una idea te da vueltas en la cabeza,
entonces ayer, mientras ibas como salchicha envasada en el
subterráneo que te lleva todas las mañanas a la oficina, te
preguntaste ¿por qué no? ¿por qué no cambiar de vida ya, en
vez de pasarme la vida añorando cambiarla?
Para empezar ya no te bancás más la mala onda en el laburo,
o simplemente en las calles de Buenos Aires o Rosario o
cualquiera sea tu ciudad de origen. Trasladarte de tu casa a la
oficina te lleva gran parte del día y te carga de tensiones y estás
podrida/o de tanto cemento gris que no te deja ver el cielo.
Además ¡qué calor! Querés respirar...
Añorás el clima seco que disfrutaste el verano pasado en
la montaña y ese cálido olorcito a madera de la cabaña en
que te alojaste. Por otra parte, la ciudad que te vio nacer se ha
vuelto peligrosa y además unos amigos ya se vinieron y te
hablan maravillas de Bariloche, o San Martín de los Andes, o
cualquiera sea el lugar del Sur en que se instalaron.
Este preámbulo se debe a que es importante que tengas
en claro por qué querés venir a vivir al Sur. ¿Por qué es
importante? Porque si lo que te impulsa tiene verdadero
fundamento, es lo que te va a sostener en los momentos
difíciles y lo que te va ayudar a persistir ante las dificultades.
Yo vine al Sur cuatro veces, antes de la definitiva. La
primera fue un deslumbramiento, pero ni soñaba con un
futuro aquí.
La segunda, unos años después, vine por más tiempo,
acampando con amigos. Pero esta vez ya tomé conciencia.
Tenía 26, 27 años y recuerdo que me dije a mí misma: este es
EL LUGAR, así, con mayúscula y pensé: yo quiero envejecer
aquí... Al regresar, paramos en el Valle Encantado y nos
detuvimos al borde del Limay para despedirnos de tanta
belleza.
“Una leyenda dice que si te bañás en el Limay seguro volvés
a este lugar” dijo medio en broma, medio en serio, uno de
mis amigos.
Por supuesto nos sentamos en la orilla, nos sacamos los
zapatos y sumergimos los pies en el agua trasparente y helada
hasta que nos quedaron los dedos duros. Fue un momento
profético...

sábado, 2 de agosto de 2008

BIENVENIDOS

A este blog y a la Patagonia.

No sé si aquí vas a encontrar lo que estás buscando.
No sé si sos varón o mujer, si estás solo/a o en pareja, si
tenés hijos o no.

Tampoco sé si sos joven y tu venida es un proyecto que empieza,
o si tu decisión de venir es una “asignatura pendiente”.
Pero, coincidas o no con alguno de estos perfiles, creo que
si tenés intenciones de emigrar al sur, lo que cuento aquí, te puede
interesar.

Soy una “ex – porteña” que hace 33 años, a comienzos del
’77, decidió vivir en San Carlos de Bariloche.
Al principio, la idea de radicarnos en este lugar, comenzó
a germinar en mi marido y en mí como una búsqueda de
“calidad de vida”, después fuimos empujados por la violencia
imperante durante “los años de plomo”.

Nos vinimos con un hijo de tres años (nuestro segundo
hijo nació aquí) y lo que te cuento está basado en vivencias
reales y concretas.

Vas a encontrar anécdotas, comentarios y reflexiones que
tienen que ver con el traspaso desde un habitat absolutamente
urbano (vivíamos en pleno centro de Buenos Aires) al entorno
natural de bosques y lagos.

Una suerte de “manual de instrucciones” para los que quieren
emigrar a la Patagonia: desde cómo conducir en rutas con nieve
y hielo hasta qué tener en cuenta para decidir la construcción,
compra o alquiler de una vivienda.

Si bien es cierto que no hay dos lugares iguales, también es
cierto que Junín y San Martín de los Andes o La Angostura en
Neuquén, Bariloche y El Bolsón en Río Negro y El Hoyo,
Epuyén y Esquel en Chubut – localidades patagónicas adonde
está emigrando mucha gente – presentan características
comunes como el hecho de tener clima y paisajes parecidos,
ser lugares turísticos y contar con centros de esquí. Por lo tanto,
si vos también estás pensando radicarte en la región, creo
que lo que te voy a contar de nuestra vida en Bariloche, te
puede servir.