lunes, 13 de octubre de 2008

La familia...

Cualquiera sea el lugar del Sur que hayas elegido:
Bariloche, El Bolsón, San Martín de los Andes o Esquel, esto
también te da cierto prestigio entre tu familia y amigos.
“Se va a la Patagonia...” comentan tus abuelos (si los tenés)
exagerando la movida, como si estuvieramos en la época del
Perito Moreno.
Al anunciar tu decisión tal vez tus padres se mostraron
escépticos, o un poco melancólicos, sobre todo tu madre.
Pero también es probable que tu padre se entusiasme ante la
posibilidad de visitarte y pescar unas truchas, o conocer por
fin algunos lugares del Sur donde nunca estuvo.
Nosotros barajamos todo esto y mucho más al comentar
nuestra decisión.
Está bien, eran otras épocas, ahora todos están
más desestructurados. Pero me acuerdo del comentario de
una tía: “Vamos a ver si aguanta allá, sin ningún estímulo
cultural...” y también lo que me dijo mi suegra cuando,
ya decididos a emigrar, mi marido me alentó a tomar clases
de conducir: “Vos nunca vas a aprender a manejar”.
¿Optimista no? Y a manejar aprendí.
Bueno, al principio, cuando nos vinimos, me caí en unas cuantas zanjas...
Pero nunca me sentí más halagada que cuando un muchacho me
hizo dedo en una ruta llena de curvas y me felicitó por cómo manejaba.
Y de lo que tomé conciencia frente al escepticismo de los
demás y lo admito, frente a mi propia desconfianza, fue que
el Sur proponía y todavía propone desafíos, justamente
porque no está todo hecho y en muchos lugares siguen
faltando “estímulos culturales”.

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