jueves, 21 de agosto de 2008

¿POR QUÉ ME QUIERO IR A VIVIR AL SUR?



Porque hace tiempo que una idea te da vueltas en la cabeza,
entonces ayer, mientras ibas como salchicha envasada en el
subterráneo que te lleva todas las mañanas a la oficina, te
preguntaste ¿por qué no? ¿por qué no cambiar de vida ya, en
vez de pasarme la vida añorando cambiarla?
Para empezar ya no te bancás más la mala onda en el laburo,
o simplemente en las calles de Buenos Aires o Rosario o
cualquiera sea tu ciudad de origen. Trasladarte de tu casa a la
oficina te lleva gran parte del día y te carga de tensiones y estás
podrida/o de tanto cemento gris que no te deja ver el cielo.
Además ¡qué calor! Querés respirar...
Añorás el clima seco que disfrutaste el verano pasado en
la montaña y ese cálido olorcito a madera de la cabaña en
que te alojaste. Por otra parte, la ciudad que te vio nacer se ha
vuelto peligrosa y además unos amigos ya se vinieron y te
hablan maravillas de Bariloche, o San Martín de los Andes, o
cualquiera sea el lugar del Sur en que se instalaron.
Este preámbulo se debe a que es importante que tengas
en claro por qué querés venir a vivir al Sur. ¿Por qué es
importante? Porque si lo que te impulsa tiene verdadero
fundamento, es lo que te va a sostener en los momentos
difíciles y lo que te va ayudar a persistir ante las dificultades.
Yo vine al Sur cuatro veces, antes de la definitiva. La
primera fue un deslumbramiento, pero ni soñaba con un
futuro aquí.
La segunda, unos años después, vine por más tiempo,
acampando con amigos. Pero esta vez ya tomé conciencia.
Tenía 26, 27 años y recuerdo que me dije a mí misma: este es
EL LUGAR, así, con mayúscula y pensé: yo quiero envejecer
aquí... Al regresar, paramos en el Valle Encantado y nos
detuvimos al borde del Limay para despedirnos de tanta
belleza.
“Una leyenda dice que si te bañás en el Limay seguro volvés
a este lugar” dijo medio en broma, medio en serio, uno de
mis amigos.
Por supuesto nos sentamos en la orilla, nos sacamos los
zapatos y sumergimos los pies en el agua trasparente y helada
hasta que nos quedaron los dedos duros. Fue un momento
profético...

sábado, 2 de agosto de 2008

BIENVENIDOS

A este blog y a la Patagonia.

No sé si aquí vas a encontrar lo que estás buscando.
No sé si sos varón o mujer, si estás solo/a o en pareja, si
tenés hijos o no.

Tampoco sé si sos joven y tu venida es un proyecto que empieza,
o si tu decisión de venir es una “asignatura pendiente”.
Pero, coincidas o no con alguno de estos perfiles, creo que
si tenés intenciones de emigrar al sur, lo que cuento aquí, te puede
interesar.

Soy una “ex – porteña” que hace 33 años, a comienzos del
’77, decidió vivir en San Carlos de Bariloche.
Al principio, la idea de radicarnos en este lugar, comenzó
a germinar en mi marido y en mí como una búsqueda de
“calidad de vida”, después fuimos empujados por la violencia
imperante durante “los años de plomo”.

Nos vinimos con un hijo de tres años (nuestro segundo
hijo nació aquí) y lo que te cuento está basado en vivencias
reales y concretas.

Vas a encontrar anécdotas, comentarios y reflexiones que
tienen que ver con el traspaso desde un habitat absolutamente
urbano (vivíamos en pleno centro de Buenos Aires) al entorno
natural de bosques y lagos.

Una suerte de “manual de instrucciones” para los que quieren
emigrar a la Patagonia: desde cómo conducir en rutas con nieve
y hielo hasta qué tener en cuenta para decidir la construcción,
compra o alquiler de una vivienda.

Si bien es cierto que no hay dos lugares iguales, también es
cierto que Junín y San Martín de los Andes o La Angostura en
Neuquén, Bariloche y El Bolsón en Río Negro y El Hoyo,
Epuyén y Esquel en Chubut – localidades patagónicas adonde
está emigrando mucha gente – presentan características
comunes como el hecho de tener clima y paisajes parecidos,
ser lugares turísticos y contar con centros de esquí. Por lo tanto,
si vos también estás pensando radicarte en la región, creo
que lo que te voy a contar de nuestra vida en Bariloche, te
puede servir.