miércoles, 17 de diciembre de 2008

LAS FANTASÍAS VINCULADAS AL SUR: Mitos y verdades


Hogar encendido, perro, gato, ventanal, nieve...

Desde la famosa leyenda de La Ciudad de los Césares –
una quimera del siglo XVIII que le costó la vida a muchos –
hay un inconsciente romántico colectivo, que nos hermana
con aquellos aventureros, en la búsqueda de un lugar acorde
a nuestros sueños. Mucho más modestos, por cierto, que los
que desvelaban a nuestros precursores en el sur. Para empezar
ya no esperamos encontrar ni oro, ni plata, ni piedras preciosas.
Sin embargo no hace mucho, en la zona de El Maitén,
localidad vecina a El Bolsón, todavía se hablaba del tesoro
del cacique Foyel y de un paisano que vivía como ermitaño
en uno de los cerros, sin necesidad de trabajar, porque había
encontrado ese oro.
Y cada tanto aparece alguien con algún proyecto delirante,
como el banquero suizo que hace unos años enterró en un campo
de su propiedad, en Cuyín Manzano, una bolsa de cuero con
monedas de oro; premio de un concurso que organizó para
jóvenes aventureros, con búsqueda del tesoro incluída.
Y es que aquí, en el Sur, hay algo en el aire. Algo que en
el interminable trayecto por la estepa patagónica, hace volar tu
imaginación.
Tus fantasías son modestas de todos modos: un par de leños
chisporroteando alegremente en la chimenea... un perro o
un gato, un gran ventanal, nieve...
Sí, no hay nada más lindo y acogedor que un gran hogar
encendido. Cenar, charlar y muchas otras cosas a la luz de las
llamas ¿quién se resiste...?
A lo que uno termina resistiéndose es a tener que encender
el fuego todos los días (y no te digo nada cuando la leña está
húmeda...) o a sacar la ceniza que se acumula en la chimenea.
Por eso, tratá de que “el gran hogar encendido” no sea el
único sistema de calefacción de tu casa y un consejo: apilá la
leña bajo techo.
Tampoco es agradable depender de un calefactor a
kerosene. Nosotros teníamos uno en nuestra primera casa
(pasamos por varias antes de instalarnos en la actual) porque
en esa época había red de gas sólo en el sector céntrico de
Bariloche.
Se podían utilizar tubos o garrafas, pero resultaba carísimo,
entonces recurrimos al calefactor a kerosene. Y me
acostumbré a sentir ese olor hasta en la sopa. Sí, mi perfume
no era Chanel N°5 precisamente.
Las colas para comprar el dichoso combustible que
padecimos... muchas veces bajo la nieve. Pero sí o sí había
que hacerlo para que los chicos no pasaran frío.
Hoy, que en Bariloche la red se ha extendido hasta Llao
Llao, lo más práctico y barato es la calefacción a gas, apretás
una tecla y listo. Importante: no sólo es obligatorio – sino
fundamental – que la instalación te la haga alguien
responsable y matriculado. Fundamental porque tu vida
puede correr peligro por la pérdida de anhídrido carbónico
si no está bien hecha. No es joda, se han producido accidentes
irreparables a causa de esto por lo que también, si alquilás
una vivienda, te recomendamos hacer revisar la instalación
de gas.
Otra fantasía que acompaña la del gran hogar encendido
es la de un gran perro a tus pies (¿todo grande, viste?). Un
perrazo que se convertirá en tu compañero inseparable y
guardián de tu casa. Un pastor alemán, si es posible, aunque
ahora abundan los dobermans, huskys y rottweilers, que no
te recomiendo porque al menor descuido te arrancan a vos –
o al pobre que te tenga de vecino – un brazo, una pierna, o
lo que sea...
Y la mayoría de los pleitos entre vecinos – me lo contó un
amigo abogado – es por problemas con perros y gatos. Que
ladran a la madrugada, que están en celo, que siempre mean
y cagan en la casa del otro y lo más grave, que atacan y
muerden.
Pero dejemos a los vecinos y sus peleas de perros y gatos y
vayamos al ventanal, que por supuesto imaginás con vista a
un lago, enmarcado de árboles milenarios y a lo lejos las
montañas nevadas.
Porque también hay nieve en la imaginaria “tarjeta postal”.
Mucha nieve. Y trineos. Y árboles de Navidad. Y renos (acá
no hay, pero no importa). Y es mágico ver nevar. A mí me
hipnotiza.
Sin dejar de lado las atrayentes imágenes que te dicta la
imaginación, o el deseo – poderoso motor de tu proyecto de
cambio de vida – también vas a descubrir otras cosas además
(o en lugar) de las que imaginaste.
Por ejemplo, algo inesperado que yo encontré en la
montaña, es su carácter de escultura. Para ver una escultura
tenés que rodearla, tenés que girar alrededor de ella y la
escultura va cambiando. Con la montaña es lo mismo. Vos
vas por un camino de montaña y todo va cambiando a medida
que vas subiendo o bajando; a diferencia del paisaje de la
llanura que tiene una belleza más estática.
Pienso que la diferencia de la montaña con la llanura, es
como a la diferencia de las tres dimensiones de la escultura
respecto a las dos dimensiones de la pintura.
Por otra parte, muchas veces nuestra verdadera ubicación
en un lugar montañoso es relativa, por ejemplo uno está
convencido de que está abajo y en realidad está arriba.
Entonces ¿qué es arriba y qué es abajo en la montaña?
Tal vez la confusión nace en los caminos de montaña, esas
espirales de ripio que en cada una de sus curvas y hondonadas
dan lugar a nuevas mesetas, aisladas de las anteriores, con sus
propios valles y colinas.
Otra cosa interesante es que los pueblos andino-patagónicos
están situados justo entre la estepa y la zona boscosa. Justo donde
la inmensidad, el viento constante y la piedra ceden
ante los enormes bosques de cipreses y coihues.
Por ejemplo toda la zona del aeropuerto (a 20 km. de
Bariloche) y el municipio de Dina Huapi (a 40 km.) son estepa
patagónica y muchas veces, mientras las tormentas que vienen
del Pacífico nos encierran en una burbuja de lluvia o nieve,
allí brilla el sol en todo su esplendor.
También descubrí que me gusta la estepa. Se impone
con una intensidad diferente, pero con tanta grandeza como
la zona de bosques y lagos.
Y el aire diáfano y el azul nítido (con buen tiempo, claro)
del cielo del Sur...
Y los larguísimos días de verano... son las diez de la noche
y todavía hay luz.
Pero más allá de estas disquisiciones estéticas, topográficas
y climáticas, la vida en una ciudad como Bariloche te ofrece,
como en la mayoría de las ciudades del interior, algo muy
simple, concreto y al mismo tiempo extraordinario: más
tiempo para vos mismo/a. Podés ir a tu casa al mediodía y
aprovechar ese rato para bajar al lago, o hacer una caminata,
o para cualquier hobby que tengas, porque entre la una y
media y las tres o cuatro de la tarde, prácticamente toda la
actividad se paraliza.
Y si has formado una familia, disfrutás más la compañía
de tu pareja y de tus hijos. Los chicos gozan criándose al aire
libre y aquí los vas a ver crecer felices.
Y si te instalás en una localidad turística ya no vas a sentir
esa horrible sensación de “domingo a la tarde”, porque el
lunes, aunque labures, lo hacés en un lugar privilegiado. En
cambio vas a sentir ese placer insano de quedarte, mientras
los turistas – cumplida su ración de vacaciones – se tienen
que ir.

jueves, 11 de diciembre de 2008

martes, 9 de diciembre de 2008

Nazis en Bariloche

Después de la 2° guerra mundial, muchos nazis lograron
escapar de Europa y vinieron a la Argentina con la ayuda
de Perón y el Vaticano. Y muchos se refugiaron
en el Sur, especialmente en Bariloche.
Cuando nosotros llegamos, a fines de los ‘70, pensábamos
ingenuamente que ya no había más nazis. Que debían estar
muy viejos o muertos, como Ronald Richter, el seudo
“científico” a quien Perón alojó en la Isla Huemul para que
fabricara la bomba atómica.
Ilusos, Bariloche combina perversamente la imagen de
una paradisíaca tarjeta postal con una ominosa atmósfera de
refugiados nazis.
En 1992 el gobierno argentino abrió los
archivos secretos de las décadas 1940/50, referidos a los nazis,
y en 1994 un periodista estadounidense de televisión descubrió
al ex agente de inteligencia alemán, Reinhard Kops, y al ex
SS y criminal de guerra Erich Priebke, que en el momento
de su detención presidía la Asociacion Germano Argentina
de Bariloche y que actualmente cumple prisión en Roma.
En los libros “Los nazis en la Argentina” y “Odessa al sur”
– editados por Planeta en 1992 y 1995 respectivamente – el
escritor y periodista Jorge Camarassa confirma que en
Bariloche estos nefastos personajes festejaban todos los 20 de
abril el aniversario de Adolf Hitler, en un residencial del
barrio Belgrano de Bariloche.
En la actualidad hasta se vende la Guía: “Bariloche Nazi”
escrita por el periodista Abel Basti. Según Basti “aunque
se puede asegurar que por una cuestión biológica ya no quedan
nazis, solamente unos pocos longevos,todo alemán que recaló en
Bariloche, aún antes de la 2° guerra mundial, fue nazi, o adhería
al nacionalsocialismo” e incluye a Hitler y Eva Braun, entre los
que se refugiaron en la Patagonia.
Por su parte, Patrick Burnside, autor de “El escape de Hitler”,
afirma haber pasado diez años investigando hasta descubrir dónde
murió el Führer. Según el periodista Sergio Kiernan : “Lo que en
realidad hizo Burnside fue creerse cada bola que le rodara cerca y
adjudicarle a Hitler una temporada en la estancia de cada alemán
rico que pudo encontrar al pie de los Andes...” *
Además de los libros mencionados, podés encontrar más
información sobre este tema en el documental “Pacto de
silencio” de Carlos Echeverría y en los libros:
“El cuarto lado del triángulo”, Ronald Newton,
Sudamericana, 1995.
“El último nazi”, Elena Llorente y Martino Rigacci,
Sudamericana, 1998
“La ruta de los nazis en tiempos de Perón”, Holger M.
Meding, Emecé, 1999.

* Kiernan Sergio (2004) La literatura nazi en la Argentina, Buenos Aires, Página
12, 14/3.

martes, 2 de diciembre de 2008

La inserción en la comunidad

La mayoría de los que vivimos en Bariloche venimos de
otros lugares. Somos una población que ha migrado y este
rasgo común es tal vez el que más nos define como comunidad.
Un diálogo bastante habitual es:
–¿Sos de acá?
–No.
–¿De dónde sos?
Al principio te va a dar rabia que te traten como turista,
por no haber acreditado, al menos, un par de años de
residencia. Otra pregunta usual es:
–¿Hace cuánto que llegaste?
–Dos meses.
–Ah, te falta pasar las lluvias...
Y no te creas que vas a ganar algo cuando al “¿Hace cuánto
que llegaste?” puedas contestar “Un año”, porque no va a
faltar quien te retruque:
–Tuviste suerte, este invierno fue muy suave...
Esta actitud casi “tanguera” y como el tango muy
“argentina” por lo escéptica es, en el mejor de los casos, una
defensa emocional.
En algún momento, estos residentes que ya tienen
“ciudadanía acreditada” en el lugar, se hicieron muy amigos
de algún recién llegado/da como vos. Y él o la recién llegada
se instaló aquí, pero sólo un tiempo. De pronto, o no le fue
bien laboralmente, o extrañó la familia y los amigos que dejó,
o se separó de su pareja. El asunto es que se volvió a su lugar
de origen y muchas veces no sólo clavó a mucha gente que le
salió de garante para compromisos (alquileres, etc) que dejó
sin pagar, sino que también dejó el tendal emocional.
Es que aquí, al estar lejos de la familia y los amigos
entrañables, los nuevos compromisos afectivos no son joda. Y
entonces, esta primera barrera de escepticismo que ponen
los lugareños, por lo general es simplemente miedo. Miedo a
encariñarse con vos, a que tus hijos, si los tenés, se hagan
amigos de los suyos y que un buen día “chau, si te he visto no
me acuerdo”. Pasa eh, a nosotros nos pasó justamente con las
dos parejas que más nos ayudaron a instalarnos...
Por otra parte, lo mejor para relacionarse es compartir una
actividad.
A nosotros nos ayudó el hecho de que mi marido, había
estudiado y hecho teatro en Buenos Aires, algo que siguió
haciendo en Bariloche durante años.
También mi actividad literaria. Cuando me vine, traje mi
primer libro de poemas, “Materia Viva”, recién sacado del
horno. Y me contacté con los que en Bariloche, aman la
literatura y escriben. Aunque, por razones obvias, recién
pudimos reunirnos de una manera más orgánica y convocar
gente, en los ’80, después de la dictadura.
En ese primer grupo de taller participó Esteban Buch,
autor del libro “El pintor de la Suiza Argentina”, editado en
1991 por Sudamericana, que es la biografía de Toon Maes,
pintor belga y colaboracionista de los nazis durante la 2°
guerra Mundial, que enseñaba pintura en Bariloche y
vivía en el barrio La Cumbre, hoy muy populoso.
En este pintor se inspiró Antonio Dal Masetto para el personaje
de “Juan”, el pintor, que tiene un rol preponderante en su novela
“Siete de oro.”