domingo, 27 de diciembre de 2009

Y…

Podrás entablar relación con ancianitos alemanes, pero no se te ocurra hacerlo con aquellos que llegaron a Bariloche “justo después de la 2° guerra mundial”; es muy posible que sean nazis... (aunque por suerte, con el correr de los años, más remota será esta posibilidad).

Hablando de monstruos... podrás ver el del lago Nahuel Huapi (¿por qué no?) pero no seas cursi, no lo llames “Nahuelito” !!!

Podrás haber haber tenido la suerte, un verano, de un tiempo magnífico. Pero no te guíes por eso para decidir instalarte definitivamente. Explorá también otros momentos del año, especialmente mayo y junio.

Y por último, podrás adquirir (después de 3 años de residencia como mínimo) ese feo vicio de ciudadanía que consiste en protestar por “la invasión” de los que vienen a instalarse; pero acordate que vos también fuiste uno de ellos.

¡FELICES FIESTAS!

martes, 15 de diciembre de 2009

Y...




Podrás enamorarte de un instructor de esquí, pero acordate
que cuando termina la temporada va sin equipo y no tiene la
montaña nevada de fondo.

Podrás hacer muchos asaditos durante el verano; pero por
favor hacelos en tu casa que si no, nos vamos a quedar sin
bosques.

Acordate que con el clima seco patagónico, una lata,
un pedazo de vidrio, entran facilmente en combustión y un
bosque que se incendia tarda mínimo cincuenta años en
recuperarse.

Podrás atiborrarte de chocolate, waffles, dulces caseros,
frambuesas con crema y helados artesanales, pero después
no te quejes si bajás rodando la montaña.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Y otra cosa...





Podrás tener una batata o un 4x4, lo importante es que
ande y te impida mojarte cuando llueve y pasar frío cuando
nieva. Preferible con tracción delantera. Por las subidas…

Podrás ser Fangio al volante – no lo dudo – pero cuando
nieva, haceme caso: no saques el auto.

Podrás hacer cumbre en algún cerro y agrandarte de
manera insoportable. Lo que no debés hacer jamás es andar
solo en la montaña. Es muy fácil perder la orientación, o
lastimarse. Un simple esguince puede hacerte pasar un mal
rato si estás solo y tenés que recorrer un largo trecho de regreso.

Tampoco te largues a cualquier hora y sin asesoramiento.
Consultá siempre al guardaparque, o al Club Andino del lugar
en que te encuentres, antes de emprender un paseo y avisá que
saliste y la hora en que pensás regresar, y acordate de que el
tiempo que te lleva de ida la excursión, lo tenés que computar
para el regreso.

lunes, 23 de noviembre de 2009

También recordá que...




Podrás estar solo/a o en pareja, que aquí lo de en las buenas
y en las malas va en serio. No hay ni madres ni padres, ni
hermanos, tíos o abuelos y hasta los mejores amigos quedaron
a 1800 km...

Podrás venir huyendo de la inseguridad, pero cuando llegues
tratá de que no se declare una guerra (como nos pasó a nosotros).

Podrás conseguir un laburo buenísimo o una changuita,
pero para empezar, venite con un mínimo ingreso asegurado.

Podrá ser una choza o un iglú, pero venite con un
alojamiento básico asegurado.

Podrás comprar un lote en la cima de una montaña, pero
(a no ser que te dé por la onda ultra primitiva) antes de cerrar
trato asegurate de que cuente con agua y electricidad y que
el acceso no sea una tortura.

Podrás instalarte a orillas de un lago, con una vista
espectacular, pero acordate que las costas en general (y la del
Nahuel Huapi en particular) son muy ventosas...

Hasta la próxima...

lunes, 16 de noviembre de 2009

Y RECORDÁ QUE...



Podrás tener muchas oportunidades de trabajo en una
gran ciudad y ganarás el triple. Aquí podés volver todos los
días a tu casa a almorzar.

Podrás disfrutar todos los entretenimientos y actividades
culturales que te ofrece una gran ciudad. Aquí vivís en medio
de un paisaje maravilloso y al mediodía (o los fines de semana)
podés hacerte una escapada a la orilla de un lago o a la
montaña, algo que te renueva como si hubieras tomado una
semana de vacaciones.

Podrás enterarte de que en Buenos Aires, Córdoba o
Rosario padecen 40° y 100 % de humedad, que vos seguís
con la campera puesta, porque lo que es aquí, siempre está
fresquito y seco.

Podrás extrañar a la familia y a los amigos (o quejarte de
que te visitan demasiado) pero tus vacaciones las tenés
solucionadas.

Podrás amar la naturaleza, el andinismo, la vida de
campamento, el esquí y la pesca o ser un tronco para
cualquiera de esas cosas y rezongar, putear o desesperarte. Lo
único que se necesita para vivir en el Sur es sentir que aquí
estás en armonía. Que este es tu lugar.

Y la semana que viene sigo...

lunes, 26 de octubre de 2009

Las culturas Tehuelche y Mapuche




Los Tehuelche: Los pueblos originarios ingresaron a la
Patagonia hace unos 13 mil años. Cuando llegaron los
españoles, la población estaba conformada por dos grupos
principales: hacia el norte, hasta los ríos Limay y Negro los
Gunun – A –Kuna (Tehuelche septentrionales) y hacia el
Sur, hasta el estrecho de Magallanes, los Aonikenk
(Tehuelche meridionales).
Los Aonikenk utilizaban arco y flecha, cuchillos de piedra
y odres de cuero para el agua. Después de la conquista
española adoptaron el caballo y la boleadora.
Los Aonikenk estaban organizados en grupos compuestos
por varias docenas de familias. Durante el verano se asentaban
en los faldeos cordilleranos y en invierno buscaban la cercanía
de la costa, siguiendo los cursos de los ríos patagónicos.
Sus desplazamientos estaban determinados por la caza de
guanacos y ñandues y los tiempos de veranada e invernada
de estos animales.
En el siglo XIX comenzaron a depender cada vez más de
los productos de los blancos y de los viajes a Carmen de
Patagones y Punta Arenas, donde se proveían.
Los Tehuelche atribuían la creación a Kooch, un ser de
cuyas lágrimas se habría formado el mar. Kooch hizo surgir
del mar una isla en la que nació Elal, creador de los Chonek
(Tehuelche), quien reveló a los hombres el secreto del fuego,
inventó el arco y las flechas, les enseñó a cazar y les inculcó
principios de moral y conducta.
Los Gunun – A – Kuna, o Tehuelche septentrionales, se
diferencian de los meridionales o Aonikenk por su lengua y
la frontera entre ambos grupos no fue estable.

Los Mapuche: En el siglo XVII los Araucanos
comenzaron a migrar desde Chile, ocupando la región donde
se asentaban los Gunun – A – Kuna, situación que con el
tiempo determinó la desaparición de la cultura Tehuelche
septentrional en las provincias de Buenos Aires, La Pampa y
Neuquén; sólo quedaron unos grupos que se fusionaron con
los araucanos.
Los araucanos estaban conformados por los pueblos
Mapuche, Picunche y Huiliche. Fueron llamados
araucanos por los conquistadores y Arauco o Araucanía, sus
tierras.
El pueblo Mapuche (mapu= tierra, che = gente: gente de
la tierra) habitaba la región entre los ríos Itata y Toltén,
compartiendo con los Picunche (gente del norte) y los
Huiliche (gente del sur) una misma lengua.
Los Mapuche cruzaron la cordillera hacia la actual
Argentina desde el siglo XVII, al comienzo huyendo de los
conquistadores españoles, después atraídos por el ganado que
trasladaban a Chile para su comercialización.
Durante el período hispánico trabajaron en yacimientos
de plata y oro, adquiriendo el oficio de plateros y creando
colgantes, pectorales y adornos para ceñir la frente.
Las familias se agrupaban en linajes, si alguna migraba daba
origen a un nuevo linaje, pero el recuerdo del antepasado
común daba su nombre a los linajes emparentados (Nahuel:
tigre, Ñancu: aguilucho, Curá: piedra).
Los varones ancianos eran considerados jefes (Toki), que
en el siglo XIX, cuando los Mapuche llegaron a las pampas,
conformaron los “Grandes Cacicatos” y controlaban enormes
territorios a través de caciques menores y capitanejos.
A fines del siglo XVIII los araucanos van ocupando
progresivamente los actuales territorios de San Luis, sur de
Córdoba, La Pampa, Neuquén y Buenos Aires. Los Gunun–
a–kuna , los Picunche y los Pehuenche adoptaron la
organización social Mapuche, sus costumbres y su lengua. Al
trasladarse a la Argentina los Mapuche siguieron cultivando
maíz, papa, quinoa, calabaza, habas y ají, dieta que
completaban con la caza y la cría de llamas y animales menores.
Empleaban la madera para el tallado de utensilios y
confeccionaban tejidos en telares verticales. Si bien en algunos
casos mantuvieron su “ruca” tradicional (casa construída en
madera con techo de paja) adoptaron el toldo en tanto
vivienda fácilmente transportable.
La rogativa Nguillatún o Camaruco es la ceremonia
religiosa mapuche más importante. Dura tres días y durante
la celebración las mujeres entonan cantos sagrados al ser
supremo “Ngenechen”, pidiendo el bienestar, en tanto cinco
varones danzan el “Choique Purrun” (baile del avestruz) al
monótono son de un tambor de madera y parche de cuero
llamado “Kultrun”.

Actualmente es muy común que los descendientes de
mapuche y tehuelche elijan nombres “gringos” para sus hijas,
tales como: Vanessa, Nancy, Anabella, etc.
Nombres que indudablemente reflejan la penetración
cultural a través de los medios.
Como contrapartida, la identificación de la lengua
mapuche con los pobladores originarios de la Patagonia,
motiva a quienes se instalan en el Sur y forman una familia, a
elegir palabras mapuche o tehuelche como nombres propios
para sus hijos, tales como: Ailén (brasita), Malén (doncella),
Ayelén (sonreir), Nahuel (tigre), Ailín (transparente), Unelen
(ser el primero). ¿Revalorización y rescate de la lengua y las
tradiciones indígenas? ¿Deseo de asimilarse al lugar a través
del nombre? ¿Moda, folclore, exotismo...? Tal vez una
combinación de todas estas cosas.

miércoles, 14 de octubre de 2009

AVENTUREROS, LOCOS Y BANDOLEROS:Bibliografía y filmografía básica acerca de la Patagonia




Como ya te conté en otra entrada de este blog, hay un inconsciente
romántico colectivo que de alguna manera nos conecta con
aquellos aventureros que, como el padre Mascardi*, buscaban
en la Patagonia una ciudad encantada: La Ciudad de los
Césares. La imaginaban pavimentada de oro, plata y piedras
preciosas.
Esta leyenda de los Césares, tema del cuento “La ciudad
encantada”, de Manuel Mujica Láinez, le ha dado nombre a
una bellísima cascada, cerca de Bariloche: La Cascada de los
Césares, en la zona del cerro Tronador.
Y todo romántico aventurero tiene algo de Juan
Dahlmann, ese personaje y alter ego de Jorge Luis Borges,
que viaja hacia “El Sur”, uno de sus más célebres relatos.
Y ya que estamos hablando de libros, te cuento que hay
una extensa bibliografía y filmografía sobre la Patagonia, que
si te venís a vivir aquí no podés desconocer. Lo que no podés
dejar de leer:
• El clásico libro de George Musters: “Vida entre los
patagones.”

“La Patagonia trágica” de José María Borrero, estremecedor
testimonio de la matanza de onas y tehuelches y la terrible
situación de los obreros rurales patagónicos, a principios del
siglo pasado.
“Los dueños de la tierra” y el ensayo “Indios, ejército y
frontera” de David Viñas.
• Las crónicas de Francisco P. Moreno editadas bajo el título:
“Viaje a la Patagonia Austral”. A partir de la intervención de
Moreno como perito en el laudo arbitral de 1899, Gran
Bretaña reconoció a nuestro país la soberanía sobre 42.000
kilómetros cuadrados. Moreno recibió del gobierno 25 leguas
cuadradas de campos fiscales en “recompensa extraordinaria
por sus servicios” pero renunció a tres leguas cuadradas, a fin
de que fueran reservadas para parque nacional.
“Un caballero en las tierras del sur”, de Pedro Orgambide,
una excelente biografía novelada de Francisco P. Moreno. Es
apasionante el relato de su huída de los toldos del cacique
Shaihueque por los rápidos del Collón Cura, en una balsa
precaria.
“Trepando los Andes”, interesante crónica de Clemente Onelli.
“Aguafuertes patagónicas” de Roberto Arlt, publicadas en 1934
en el diario El Mundo y que se pueden rastrear en internet.
“Las matanzas del Neuquén” y “Sayhueque el último
cacique”
, de Curapil Curruhuinca y Luis Roux.
“Los vengadores de la Patagonia trágica” de Osvaldo Bayer,
investigación basada en el famoso libro “La Patagonia trágica”
de José María Borrero. Ambas obras dan cuenta del terrible
final, a comienzos de la década del 20, de las luchas anarquistas
en la Patagonia.
“Memorias de un carrero patagónico”, del extraordinario
escritor nacido en Tandil y radicado en Comodoro Rivadavia,
Asencio Abeijón.
“En la Patagonia”, de Bruce Chatwin, libro en que su autor
cuenta sus peripecias en el Sur, a la búsqueda de un
brontosaurio del cuaternario.
“El rey de la Patagonia”, de Claudio Morales Gorleri, que
relata la historia delirante y verídica de Orelie Antoine de
Tounens, un franchute que se proclamó rey de la Patagonia.
“La pandilla salvaje” de Osvaldo Aguirre, sobre Butch
Cassidy, el mítico ladrón de bancos y sus amigos Etta Place y
el Sundance Kid, que recalaron en la Patagonia
(concretamente en Cholila) a principios del siglo pasado.
“Final de novela en Patagonia”, original diario de viaje, de
Mempo Giardinelli.
“El gran lago”, excelente síntesis de la historia de la
Patagonia, realizada con la técnica del comic, por el dibujante
y músico de jazz, Carlos (“Chingolo”) Casalla.
“La curva de la risa”, de Daniel Ares (Ediciones de la Flor).
Excelente novela sobre los viajes de egresados a Bariloche,
verdaderos viajes iniciáticos, descriptos con humor, sexo,
droga y rocanrol.
“El Oso” y “El Oso en Villa La Angostura”, de Emilio Di Tata Roitberg, que recrean en una suerte de “pulp fiction” patagónica - no exenta de humor - la contra cara de dos ciudades turísticas como Bariloche y La Angostura.
"Falsa calma" Un recorrido por pueblos fantasma de la Patagonia, de María Sonia Cristoff.
“Patagonia”, de Alejandro Winograd. En este libro erudito y ameno,
con exhaustiva investigación y mirada aguda. Alejandro Winograd
narra una historia de la Patagonia, desde que el mundo es mundo hasta hoy.
“Diversidad Cultural Argentina”, de Helena Aizen y Tam
Muro, investigación sobre las comunidades indígenas en
nuestro país.
“Diccionario Mapuche –Español y Español – Mapuche” de
ediciones Caleuche. Incluye Topónimos indígenas patagónicos
y un interesante resumen sobre las costumbres,
ceremonias, medicina y mitos de la cultura mapuche.

En cuanto a películas sobre la Patagonia, vale la pena ver, entre otras:

“La Patagonia rebelde”, dirigida por Héctor Olivera y filmada a partir del libro de Osvaldo Bayer
“Historias mínimas” y “La película del rey”, de Carlos Sorín
“La nave de los locos” de Ricardo Wulicher
“El viaje” de Pino Solanas
“Mundo grua” de Pablo Trapero
“El faro” de Eduardo Mignogna
“Pablo Dacal y el misterio del lago Rosario” de Ignacio Masllorens

En la Biblioteca Sarmiento,que funciona en uno de los
edificios del Centro Cívico de Bariloche, podés encontrar algunos
de estos libros.También te recomiendo visitar el Museo de la Patagonia
que está al lado de la Biblioteca y el Museo Paleontológico,
en la costanera, ambos son apasionantes para grandes y chicos.
Y si vas a Trelew no dejes de visitar el MEF (Museo Paleontológico Egidio Feruglio) que exhibe flora y fauna fósil de la Patagonia y representa el mayor refrente de Sudamérica en su especialidad.

* El jesuita Nicolás Mascardi,continuador de Diego Rosales en la obra defensiva
del indio,estableció una misión en la península Huemul,sobre el lago Nahuel
Huapi, pero terminó lanceado por los indios y su nombre identifica uno de los
lagos más lindos del Sur.También el lago Guillelmo, recuerda a otro jesuita,
continuador de le obra de Mascardi, el padre Juan José Guillelmo, quien murió
envenenado por los indios,en represalia por haber descubierto y utilizado uno
de los pasos cordilleranos que comunicaban con Chile.

sábado, 3 de octubre de 2009

Alquilo

Dejando de lado la posibilidad de construir, también podés
alquilar.
Salvo que conozcas mucho el lugar, la opción de alquilar
por lo menos un año (para tener la experiencia durante las
cuatro estaciones) es recomendable.
En este caso tenés que considerar que en lugares turísticos,
como Bariloche, El Bolsón, Villa La Angostura, etc. por lo
general los alquileres son caros y las propiedades se alquilan a
los residentes, sólo de marzo a junio y de septiembre a
diciembre. Los propietarios reservan los meses de enero y
febrero y julio y agosto para alquilarles por día a los turistas.

sábado, 19 de septiembre de 2009

La calefacción

Y ya que hablamos de calefacción, te cuento que este es
un rubro clave y por supuesto depende de un factor
económico. El ideal, para mí, es la caldera central con
radiadores de agua caliente. Otro sistema, más económico,
es el de calefactores individuales a gas.
La gran chimenea encendida, con su imagen de abrigo y
calidez – que es parte de la postal barilochense – no es práctica
como único sistema de calefacción y requiere dedicación
permanente (mantener el fuego, retirar la ceniza que se va
acumulando, etc.) y aún así su radio de calor es limitado.
También hay que tomar ciertas precauciones como colocar
un chispero y, algo muy importante, la limpieza periódica
del conducto de la chimenea; aquí, un alto porcentaje de los
incendios de las casas tiene su origen en la combustión de la
resina acumulada en el conducto.
Otra cosa a tener en cuenta si vas a construir, es que
conviene que el auto esté bajo techo durante el invierno. Esto
atempera los efectos de la nieve y las heladas, con un mejor
rendimiento de la batería y facilidad de encendido.

sábado, 12 de septiembre de 2009

jueves, 10 de septiembre de 2009

Construyo en madera

Es posible que quieras construir en madera. Hay una
fantasía con este tema en el Sur, mucha gente cree que es más
barato construír en madera, pero no te olvides que la madera
debe estar bien estacionada, seca, y la mano de obra debe ser
buena. Caso contrario tendrás problemas, porque la madera
verde, mal estacionada, “trabaja”, se abre, se separa,
presentando inconvenientes de costosa solución. Con lo cual,
el costo de la construcción buena en madera, es equivalente
al de la construcción en mampostería.
La ventaja de la madera es su sensación de calidez y el
hecho de que es obra “seca”. La desventaja es que el valor de
reventa de la casa de madera es inferior al de la de mampostería,
por un problema cultural, que tiene que ver con la influencia
migratoria mediterránea. Otro factor que tenés que
considerar, es que en las casas de madera se triplica el costo
de seguro contra incendio.
Lo importante a tener en cuenta en cualquier tipo de
construcción que elijas (madera o mampostería*) es la aislación
hidrófuga, tanto en el piso como en las paredes, porque en
invierno y otoño llueve mucho y el clima es húmedo y frío.
También te conviene que las ventanas sean con doble o
triple contacto y con doble vidrio hermético. Es más caro,
pero ese mayor costo lo vas a ahorrar en calefacción.


*En las ciudades andinopatagónicas tanto la mampostería
como la madera requieren mantenimiento.
Los cambios bruscos de temperatura y las heladas deterioran
los materiales exteriores, en el caso de la mampostería
sufren los revoques y la madera necesita (por lo menos cada
dos años) lija y barniz.

martes, 25 de agosto de 2009

Construyo





También te vas a preguntar si conviene más comprar un
terreno y construir, o comprar algo ya construído.

Esto último tiene la ventaja de saber de entrada la plata
que vas a invertir.Por supuesto, depende de la edad de la
vivienda y de los “vicios ocultos” que pueda tener.

Cañerías de agua, calefacción,instalación eléctrica y techos
(como yo comprobé y ya te conté) son los puntos clave.

En caso de construir, si lo hacés con una empresa
constructora “llave en mano” que tiene un precio fijo, tenés
que controlar dos cosas:

1) la calidad de los materiales y la construcción.
2) los “adicionales” que pueden surgir si no está todo bien
detallado de entrada.

Otra forma de construir es administrando vos la obra. Pero
tendrás que ocuparte de comprar los materiales y de contratar
la mano de obra de cada gremio. Esta opción abarata mucho,
pero requiere tiempo y dedicación.

En ambos casos es imprescindible que contrates un
profesional idóneo, tanto para el proyecto, el cálculo sismo–
resistente y la dirección de la obra.

En cuanto a la diferencia de valores entre comprar hecho
o construir, es difícil de determinar, depende de muchas
variables, el momento, la oferta, etc.

martes, 18 de agosto de 2009

Elijo un terreno





Suponiendo que optás por vivir en los suburbios, tené en
cuenta estos factores:

1-Averiguá si el terreno que querés comprar tiene los
servicios de agua y gas.

2-Los terrenos con vistas abiertas al lago son, por lo general,
muy ventosos.

3-Es importante que el terreno tenga buen asoleamiento.

4-Si está en un valle, o en un bajo, cerciorate de que el
suelo no sea “mallinoso” (o sea que tiene la napa muy alta,
con afloramiento de agua en la superficie).

viernes, 7 de agosto de 2009

¿Compro, construyo o alquilo?





Cuando uno decide instalarse en un lugar como Bariloche,
se le presentan opciones que pueden aplicarse a otras
localidades turísticas de la Patagonia.
Por ejemplo ¿Conviene vivir en “el pueblo” o en “los
kilómetros”? ¿Cuales son las ventajas y las desventajas?(
en Bariloche llamamos “el pueblo” al centro urbano y
“los kilómetros” a toda la zona suburbana que se extiende desde
el centro hasta Llao Llao, con acceso por la Av. Bustillo y la
ruta del Faldeo).
Tu decisión dependerá del tipo de vida que quieras hacer,
de las expectativas que tenés y, por supuesto, de las actividades
que vas a desarrollar. Todo esto condicionará tu elección. Pero
tené en cuenta que lugares muy lindos paisajísticamente, están
por lo general lejos del “pueblo” o centro urbano.
Por otra parte, reconozco que cuando nosotros nos vinimos,
en los “kilómetros” o sea en la zona suburbana de Bariloche, no
había la infraestructura de servicios que hay actualmente: gas,
teléfono, transporte público, centros comerciales, etc. Ahora,
todo esto facilita enormemente la vida lejos del “pueblo”.
De todas maneras, en invierno, tanto si disponés de vehículo,
como si no, hay zonas en que se complica la vida en lugares
alejados. Y si estás motorizado, está el tema del hielo en la ruta y
también el acceso a tu casa, que en un lugar de montaña, muchas
veces es en pendiente y se pone dificultoso por la nieve. Si no
estás motorizado, tenés que tener en cuenta la distancia (en épocas
de frío, lluvias y nieve) hasta la parada del colectivo y la espera,
porque aunque la frecuencia del transporte público ha mejorado,
tiene sus limitaciones horarias.

miércoles, 29 de julio de 2009

TEMA VIVIENDA: La elección del lugar

Las dos veces que vinimos a Bariloche antes de instalarnos,
nos llamó la atención que la gente se concentrara en la zona
de Melipal, a la altura del km 4 de la ruta a Llao Llao.
¿Por qué nadie iba a vivir a zona del Lago Gutierrez que
también tenía un buen acceso, con ruta asfaltada, toma de
agua, y que justamente, por estar menos poblada era un lugar
mucho más lindo...? nos preguntábamos. La distancia, desde
el centro de Bariloche, es mucho menor que a Llao Llao y
con una ruta mejor y menos transitada.
Es que la gente es gregaria, recuerdo que decíamos (como si
nosotros fuéramos marcianos) vienen buscando espacio y
no pueden dejar de apiñarse todos en el mismo lugar...
Sí, eramos unos porteños engreídos convencidos de que
teníamos “la posta”. Esa que los lugareños aún no habían
descubierto. Es más, la descubrirían porque nosotros les
enseñaríamos lo que había que hacer. ¿Qué tal?
Y nos instalamos en medio de un bosque, frente al lago
Gutierrez. No teníamos electricidad y nuestros únicos vecinos
eran: un yanqui y su mujer y una familia numerosa que criaba
perros dogos para nada amistosos (uno de los cuales casi le
arranca un brazo al yanqui).
Pero el tumulto del arroyo y el oleaje del viento entre los
coihues y cipreses gigantescos eran fascinantes.
Sin embargo el atardecer...
El atardecer en el bosque me resultó tristísimo. Con la
desaparición de los últimos rayos del sol entre los árboles a mí
me brotaba una congoja indefinible.
Y después, la oscuridad. Cerrada. Amenazante.
En nuestra cabaña, sin postigos ni cortinas, me parecía
que mil ojos nos acechaban desde la oscuridad.
Pensá que veníamos de Paraguay y Talcahuano, pleno
barrio norte en Capital Federal: colectivos, letreros luminosos,
sirenas, alarmas...
No pude acostumbrarme.
Y por supuesto nos mudamos adonde iban todos: a
Melipal.
La semana que viene les sigo contando.

viernes, 10 de julio de 2009

Pero llega el verano y es una maravilla





Relampagueante
De la quietud del agua
Brotó la trucha


Verano, verano, verano. ¡Cómo deseamos su llegada en el
Sur...! Sobre todo en este momento, en en pleno invierno,
soñamos con el verano...
Y cuando, después de las lluvias que nos han hartado y
de la primavera bastante fría y ventosa, el tiempo se estabiliza
y viene una seguidilla de días lindos, a la gente le cambia la cara.
Todos están de buen humor, sonríen y no se cansan de decir ¡qué
lindo día!
Días impecables, de lagos plácidos y calor seco (no
transpirás).
Días larguísimos, en que el aire parece tener una energía
especial y hay luz hasta las diez de la noche.
Hasta podés ir a pescar al salir del laburo. Si no te gusta
madrugar, es la mejor hora.
En el Sur, el verano también es más propicio para la
actividad cultural que otros meses. Se organizan actividades
al aire libre y no da tanta pereza salir de noche como cuando
llueve, nieva o hace frío. Hay una sensación de “salir de la
cueva” de abrir todas las ventanas, sacudir mantas y cortinas
y ventilar la casa pasado el largo invierno. También se disfruta
más que en otros lados el prescindir de las botas o zapatos
cerrados y ¡qué placer sacar a pasear los pies desnudos!
Pero como todo lo bueno, el verano austral es breve; con
suerte, apenas dos meses. Aquí el dicho: “lo bueno si breve
doblemente bueno” no funcionaría, porque todos querríamos
un verano de cuatro meses por lo menos.
También a veces se atrasa y aunque te parezca increíble
hasta podés tener una navidad nórdica, con nieve en los cerros.
Y ya que hablamos de la Navidad, creo que pasarla en el
Sur, lejos del ajetreo de una gran ciudad, te va a gustar. El
paisaje aquí es más propicio a la tradicional imagen de esta
fiesta.
Para empezar podés obviar toda la parafernalia comercial
que la rodea y celebrarla de manera mucho más sencilla, sin
calores agobiantes y sin apurones, haciendo realmente un
balance del año que pasó y predisponiéndote a recibir con
buena energía el que se avecina.
Si tenés hijos, un sábado o domingo es un programa ir
con ellos a buscar una rama de pino para hacer el árbol y
fabricar adornos con piñas, hojas y flores secas que podés
recolectar en los bosques que te rodean, en lugar de
comprarlos.
El clima fresco a mí a veces me incitó a hacer pan dulce y
otras delicias que ni loca haría en Buenos Aires, con 30 grados
de calor.
Enero y febrero son los meses que en Bariloche uno trata
de disfrutar lo más posible del sol y los lagos haciendo
excursiones a distintas playas y deportes náuticos.
Como los lagos se alimentan del deshielo que se escurre
de las cumbres, son helados, pero siempre podés encontrar
playas y bahías reparadas, con orillas en las que no haya mucha
profundidad, esto permite que el agua esté más caldeada.
Los días nublados, en que se levanta un poco de viento,
la superficie del lago imita la textura y el color gris
de la piedra. De una infinita piedra en movimiento.
Durante el verano, tendrás oportunidad de ver hualas en
el lago, son unos patos salvajes, pequeños y grises. Es muy
lindo verlos en su elemento, se zambullen y nadan rapidísimo.
También gritan lastimeramente, de ahí su nombre
onomatopéyico.
También, al comenzar el verano te va a despertar el grito
lleno de ecos de las bandurrias, un pato que utiliza su pico
curvo como anzuelo para pescar su alimento. Y también
avutardas o cauquenes, otra variedad de pato o ganso salvaje.
Porque el lago incita a observar y los días de mucho calor
vas a ver el relámpago de una trucha nadando cerca de la
superficie o saltando fuera del agua.
Si practicás algún deporte acuático te conviene usar traje
de neoprene, que además de evitarte el frío te permite flotar.
Porque otra característica de las aguas del lago es que no flotás,
porque no tienen minerales. También podés compensar esto
con patas de rana, para cansarte menos.
Las playas, por lo general, son más de piedra que de arena.
Piedras color tiza, también azuladas, verdes o rosadas, colores
característicos en esta zona de pedreros, que también vas a
encontrar en el lecho transparente de los arroyos.
Y en esta época también te voy a recomendar alguna de las sendas
o “picadas” del Challhuaco (¿se nota que amo este bosque?)
con todo su verde tapizado de amarillo por los amancays,
una flor silvestre, preciosa.
Si durante el verano hace mucho calor y no llueve nada,
aunque te parezca muy lindo porque te la pasás en la playa,
es mala señal. Todo se pone muy seco, hasta el vidrio de una
botella o una lata abandonada hace entrar en combustión la
maleza. Los incendios de los bosques se multiplican porque
mucha gente desconoce esto, y no tiene mejor idea que hacer
asaditos. Ignoran que aunque apagues las brasas – les echaste
agua y parecen apagadas – cuando el suelo está muy seco, el
fuego se extiende bajo tierra por las raíces de los arbustos.
Recuerdo que el invierno en que nos instalamos yo tiraba
la ceniza apagada que se acumulaba en la chimenea, en un
rincón de nuestro jardín. Llegó el verano, que fue muy seco,
y de pronto una tarde, después del almuerzo, escuché un
crepitar afuera. La ceniza, aún después de meses bajo la lluvia
y la nieve, estaba ardiendo. Tuvimos que llamar a los bomberos.
Un bosque que se incendia tarda mínimo cincuenta años
en recuperarse y no hay nada más desesperante que escuchar
el ruido de los helicópteros que van y vienen arrojando litros
de agua que no alcanzan a apagar las llamas. Así que yo
prefiero el tradicional y fresco verano sureño, con lluvias cada
tanto.

jueves, 25 de junio de 2009

Nuestro jardín*



Nuestro jardín está separado del de los vecinos por un
cerco bajo de madera que hizo hacer mi marido y que a ellos
nunca les gustó.
Nuestros vecinos se ocupan personalmente del arreglo de
su jardín. Cortan el pasto, podan, plantan, escarban la tierra,
sacan yuyos, injertan y transpiran.
Esto nos averguenza porque nosotros no tenemos esa
voluntad de trabajo, ni ganas de dedicar tanto tiempo a esa
maligna rutina. Por lo que, cada tanto, viene a casa Gallardo y
deja nuestro jardín impecable, más lindo que el de los vecinos.
Todo lo que planta Gallardo, y en la época que sea, crece.
Un misterioso radar le informa acerca de los caprichosos
vaivenes del tiempo. Reconoce el anuncio de una helada, del
buen tiempo, de la seca. Para ello, este Sherlock Holmes del
mundo vegetal, se sirve de indicios insólitos: ¿bajaron los loros
del cerro Otto? señal de que viene nieve. Gritan los teros a la
madrugada: buen tiempo. Está muy florecido el arrayán: caerá
mucha agua el próximo otoño. Y así dictamina. Lo prodigioso
es que estas predicciones se cumplen y nuestro jardín progresa
al compás de su mano sabia.
En cambio a los vecinos muchas veces les fracasan sus
experimentos de amateurs; o se atrasaron en plantar las godesias,
o se apuraron a podar los rosales, o se les helaron los bulbos de
tulipán… Y ahí se los ve, cabizbajos, en furtivos conciliábulos.
Nosotros también tenemos nuestros inconvenientes. El más
grave es que dependemos del humor, y a veces hasta de las
pasiones de Gallardo, quien suele pasar semanas sumido en
una apacible borrachera.
Es entonces cuando comprobamos, primero con
inquietud, y luego con amargura, la dependencia de nuestra
condición. Mientras el jardín de al lado progresa casi
marcialmente en el ir y venir de hormigas afanosas de nuestros
vecinos, el nuestro decae implacablemente. Se multiplican
los yuyos, la mosqueta nos invade, se caen los rosales
trepadores, languidecen los canteros de conejitos y petunias,
en fin, cunde el abandono, que se hace más notorio aún en la
confrontación del pasto recién cortado y de las flores enhiestas
del jardín de al lado.
Para conformarme, mi marido decide cortar el pasto con
una prehistórica máquina manual que adquirimos hace
tiempo, en un rapto de optimismo acerca de nuestras
habilidades jardineras. Pero esta decisión siempre es tardía:
el pasto está tan crecido ya, que la máquina resbala
penosamente por encima sin llegar a cortar ni una miserable
brizna.
Podríamos pedirles a los vecinos su máquina eléctrica, pero
no lo hacemos por amor propio. La impotencia nos vence y
odiamos nuestro pujante jardín que no cesa de crecer
desordenadamente. Entramos y salimos de casa sin mirarlo y
nos enfrascamos en nuestros libros y trabajos.
Hasta que un día, milagrosa, inesperadamente, aparece
Gallardo. Lo recibimos como a un rey, obedecemos todas
sus indicaciones y partimos a comprar plantines, arbustos,
lajas y venenos. Conseguimos herramientas y nos sometemos
dócilmente al yugo de sus ojos entrecerrados y su brazo
extendido que dictamina órdenes y soluciones.
Nuestro jardín renace espléndido. Agradecidos
aumentamos el sueldo de Gallardo. El jardín de los vecinos
no tiene nada que hacer al lado del nuestro. Y ellos,
ominosamente, como si intuyeran la derrota, han dejado de
regarlo.
Al atardecer nos sentamos afuera. Del pasto recién cortado
emana un vaho tierno y bienhechor. Pero los primeros días
de nuestro jardín triunfante están siempre teñidos de una
vaga sensación de culpa.

* (De “Conspiraciones”, Eudeba / Fer, Buenos Aires, 1989).

martes, 16 de junio de 2009

Cuidemos el patrimonio natural de nuestro planeta, para nosotros y nuestros hijos

No permitamos que intereses económicos de explotación minera destruyan el patrimonio de nuestros glaciares.
El Ejecutivo vetó la Ley aprobada por el Congreso Nacional, cuya implementación hubiese evitado la destrucción de los glaciares.
Hagamos todo lo posible para revertir ésto:
CLIQUEÁ EN LA IMAGEN PARA FIRMAR
incluyendo tu nombre y número de documento.
Si sos extranjero firmá también, aclarando tu nacionalidad.
Hasta ahora se han juntado 86774 firmas



contacto: proteccionglaciares@gmail.com

domingo, 14 de junio de 2009

Pero llega la primavera y es una maravilla



Viento de primavera
Los diminutos pétalos del cerezo
Cubren mi calle


La primavera del sur es incomparable. Lo primero que te
va a llamar la atención es que en septiembre está la nevada de
los tulipanes – que en nevadas equivale a la copa del estribo –
y podés seguir esquiando un rato más. Como la temporada
alta pasó, hay menos gente, menos colas y hasta alguna rebaja
en los medios.
Y si los días son lindos podés ir a esquiar a la mañana y al
mediodía estar en una playa tomando sol en traje de baño.
Pero aparte de estas “sobras” del invierno no vas a poder
creer lo que son los colores de las rosas, tulipanes, petunias,
pensamientos, godesias, lovelias, lavandas, etc. No los vas a
ver en ningún lado.
Tampoco los lupinos silvestres: amarillos, azules, lilas y
violetas.
Tampoco los árboles: los notros, que en diciembre están
todos rojos (en Francia los llaman “árbol de fuego”).
¿Y los espinos florecidos? son un espectáculo.
Hasta las modestísimas retamas se adueñan del paisaje
durante noviembre y diciembre con su floración de color
amarillo violento, como recién salido de la paleta de un pintor
impresionista.
El clima y el tipo de tierra negra hacen ese milagro y las
flores tienen menos aroma, es cierto, pero los colores son
mucho más intensos que en cualquier otro lugar.
Después del lluvioso otoño y el largo invierno, que te han
obligado a vivir la mayor parte del tiempo puertas adentro,
querés salir, descansar tu vista en el verde, descalzarte y hundir
pies y manos en la tierra, fuente de toda energía.
Lo único que hincha es el viento. A nosotros el viento nos
voló la tapa del tanque de reserva de agua que era enorme y
pesaba cerca de 50 kilos. Aterrizó justo al lado del auto y por
suerte no cayó sobre nadie. Eran ráfagas de 60 kilómetros
por hora...
Otro incidente que tuvimos con el viento de primavera
fue que hizo bailar a un ciprés gigantesco que había justo al
lado de nuestra casa. ¿Cómo “bailar”? Te preguntarás. Sí, el
árbol bailó, o pareció que bailaba. Resulta que una tarde de
mucho viento, de pronto oigo unos ruidos y miro por la
ventana, entonces veo que la tierra alrededor del ciprés se
mueve, como si hubiera un terremoto. El árbol (era enorme,
te aseguro) se balanceaba de tal manera por el viento, que algunas
de sus raíces se habían soltado y movían la tierra que las
cubría. Y estaba pegado a la casa.
Como te imaginarás, agarré a los dos chicos y fui rajando
a avisarle a mi marido que en cualquier momento se nos caía
encima. Y con mucha pena tuvimos que tirarlo.
Jamás me había animado a plantar un árbol, pero aquella
vez me dije: “ahora o nunca” y planté tres abedules en el lugar
que dejó vacío el ciprés. Uno de los abedules se enfermó, el
viento (siempre el viento) al balancearlo hizo que se le
produjera una fisura en el tronco y logré curarlo: me enseñaron
a vendarlo, como si fuera una persona. Estas cosas me llenan
de orgullo, porque para mí son mucho más difíciles que
escribir un libro. Y el trabajo en el jardín me dictó unos
cuántos poemas que después edité bajo el título “La otra
orilla”.
No sé si a vos te va a pasar lo mismo, pero aunque hasta el
momento ni siquiera te hayas ocupado de regar un modesto
potus, vas a ver que aquí, en primavera, todo te invita a
trabajar en el jardín.
Entonces, aunque no seas especialmente fanático/a, ponés
manos a la obra, armás un jardin de piedra y hasta estás
pensando en hacer huerta y comer lo que coseches. Si sos
jardinero o jardinera de alma, te vas a conectar enseguida
con la Sociedad de Horticultura o institución similar que haya
en la localidad en que te instales.
Tendrás un jardín maravilloso y si te interesa, es muy
factible que tus habilidades jardineras te proporcionen,
además, laburo rentado.
Pero... a no ser que seas jardinero o jardinera mano verde,
con vocación absoluta, vas a descubrir que los fines de semana
ese sueño del jardincito propio puede ser esclavitud.
Porque el jardín es laburo. De eso nos dimos cuenta cuando
ingenuamente pusimos manos a la obra. Y lo que sucedió me
sugirió un cuento breve, que titulé “Nuestro Jardín”, que podrás
leer la semana que viene en mi próxima entrada.

sábado, 6 de junio de 2009

Manejar tu “batata” con nieve y otros



Pero antes de entrar en el tema de manejar cuando hay
nieve y hielo, te cuento que aquí también aprendí que en
caminos de ripio hay que ir tranqui, con un cambio menos
del que necesitás, el auto se afirma más y no patina.
Que antes de entrar en una curva conviene bajar un poco
la velocidad para acelerar cuando la agarrás.
Que si estacionás en pendiente, en un camino de tierra,
además de dejar el auto con un cambio y freno de mano,
poné una piedra delante de la rueda. Por las dudas.
Que si estacionás en pendiente en una zona urbana,
además de dejar el auto en cambio y con freno de mano,
trabá la rueda contra el cordón de la vereda.
Y nunca dejes chicos solos adentro del auto. Ni siquiera
unos minutos. Para que no te pase como a nosotros que
dejamos un rato a los nuestros con sus primitos en un citroen,
un legendario 2CV...(el auto que mejor respondió a la nieve)
estacionado en la pendiente de la calle Moreno y cuando
regresamos vimos con horror que empezaba a bajar la cuesta
con los chicos adentro. Logramos atajarlo de casualidad,
resulta que los angelitos habían estado moviendo el volante,
los cambios y el freno de mano...
Ah los embragues... Yo descubrí lo que es un disco de
embrague en la Patagonia. Son carísimos, lo sé porque quemé
varios. Pasa cuando estas avanzando por una pendiente
cuesta arriba y se te queda el auto...
O de tanto arrancar en pendiente con tierra
floja o nieve... El primero que quemé fue por culpa de la
depresión post parto. No entendés nada, pero fue así: resulta
que acababa de tener a mi segundo hijo y estaba sola (mi
marido había tenido que viajar) y nevó, nevó y nevó. Y en esa
época no había teléfonos, ni celulares, ni nada. Y a mí me agarró la
desesperación por sacar el auto y estacionarlo en el camino
para tenerlo a mano, por cualquier cosa. Porque aunque no
se avecinaba ningún cataclismo, una nunca sabe. Pero el auto,
para salir al camino, tenía que subir una leve pendiente. Leve,
pero con nieve era como escalar el Everest. Y el auto patinaba,
pero yo se lo hice escalar. Hasta que sentí ese olorcito a goma
quemada...
También descubrí muchas otras partes del auto que no
tenía ni idea qué eran, como: “el tren delantero”, “las crucetas”,
“el chicler”... la verdad, todavía no sé muy bien para qué sirven,
pero por lo menos sé que están y eso ya es algo, porque aquí
tenés que saber un poco de todo, ser licenciado en ciencias
totales. Un cumpleaños mi marido me preguntó ¿qué querés
que te regale? y yo me escuché pedir:
Un taladro eléctrico.
Estaba alienada con el mito de “los esforzados pioneros” y
eso de que uno tiene que saber arreglárselas en cualquier
circunstancia (aunque el taladro no me sirvió más que para
colgar cuadros). Por suerte se me pasó pronto y volví a desear
que me regalara un buen libro o un frasco de perfume, o las
dos cosas ya que estamos.
En cuanto al tema de manejar con hielo y nieve, el secreto
es ir muy despacio, en primera o segunda y NO FRENAR, o
en todo caso hacerlo con el cambio.
Si frenás te vas a la mierda porque el hielo es como un
jabón y perdés totalmente el control del volante.
También tené en cuenta que el hielo es jodido en el asfalto
(en el ripio el auto se agarra más) y que una buena medida, si
te topás con hielo en la ruta, es pasarte a la banquina.
Una buena ayuda para salir del paso, es la «cadena líquida»,
un spray adherente que se compra en las estaciones de servicio.
También la podés aplicar en las suelas de tus botas para no
resbalar (y darte el porrazo) al caminar en las calles con hielo.
En algunos negocios de Bariloche venden suelas de goma
con grampas, adaptables a cualquier tipo de calzado, que
impiden resbalar en el hielo.
Y si se te congela la cerradura, y no podés abrir la puerta
del auto, un yeite es encender un fósforo o encendedor y
calentar la llave antes de introducirla...
Pero en realidad, lo mejor en días de hielo y nieve, es no
salir con el auto hasta que empieza a calentar el sol, al
mediodía, y todo se derrite.
Esto no es por desconfiar de tus habilidades, sino porque
aunque vos seas un genio manejando en el hielo, en la calle y
en la ruta hay muchos que no lo son y te la regalo cuando se
te atraviesa uno en plena subida. O bajada...
Pero no te desanimes, acordate que yo aprendí a manejar
sólo unos meses antes de venirme a vivir a Bariloche.
Igual ahora quedémonos un rato más en el ventanal,
viendo caer los copos antes de que salga el sol y toda la nieve
desaparezca.

domingo, 24 de mayo de 2009

Pero llega la nieve y es una maravilla





Cuánto silencio
Al dejar mis huellas
En la nieve de hoy


No hay mal que dure cien años y sí, finalmente
llega la nieve y es una maravilla.
Volviendo al imaginario andino-patagónico, mucha gente
tiene la fantasía de que aquí cuando nieva todo se bloquea y
paraliza y que no te podés mover de tu casa, etc. En Buenos
Aires ven por la tele o leen en el diario: “Tormenta de nieve en
la cordillera” y ya piensan que aquí estamos todos tipo Alaska.
Nieva, por supuesto, pero no siempre con la abundancia
deseada por los comerciantes y operadores turísticos.
Aunque llegados a este punto voy a hacer una digresión:
los comerciantes – los de Bariloche por lo menos – nunca, en
todos los años que llevo viviendo aquí, se han mostrado satisfechos
con una temporada.
En Bariloche el invierno es bravo, hay días que la
temperatura no sube de bajo cero y ya se sabe, con las bajas
temperaturas el cuerpo necesita calorías, excusa ideal para
“castigarte” sin culpa con un delicioso chocolate caliente.
Pero lo cierto es que las grandes nevadas, por suerte, duran
como mucho un día o dos y esto ocurre – también como
mucho – dos o tres veces durante todo el invierno.
Digo por suerte, porque si bien la nieve aporta un clima
optimista y festivo – atrae turistas y esto significa trabajo –
una nevada grande también aumenta el padecimiento de
muchísima gente que vive en condiciones de extrema pobreza.
Una gran nevada es como una inundación y las escuelas se
transforman en alojamiento temporario de familias que se
quedan sin techo y deben ser evacuadas.
Pero por suerte, repito, salvo años que quedan como hitos
– uno de ellos fue “la gran nevada del ’84” en que
nevó una semana seguida – esto no sucede todos los inviernos.
Los viejos pobladores Nacidos Y Criados (los NYC) en
Bariloche, dicen que antes (hace mil años) nevaba mucho
más y que nosotros, los que vinimos Por Propia Decisión (los
PPD) no tenemos ni idea, etc. etc.
Entonces, una vez, mientras miraba nevar se me dio por
imaginar esa época pretérita en que la nieve cubría las pocas
casas de un Bariloche con sólo dos cuadras de calle.
Y la describí como sigue:

DE LO QUE PREDIJO UNA VEZ LA NIEVE:

La nieve comenzó a cubrir pausadamente las casas del
pueblo, que en esa época eran muy pocas y se agrupaban a
ambos lados de una única calle.
Muda, impalpable tenacidad que parecía decir:
No traten de hacerme a un lado a fuerza de pala como todos
los años; esta vez caeré sin descanso durante mucho tiempo, y
ustedes de pronto se verán inmersos en un trabajo mitológico.
Una mañana en que la oscuridad será mayor que de
costumbre, y se oirá el ladrido de los perros como si llegara desde
el fondo de la tierra, descubrirán que mi altura ha superado ya
las cumbreras de sus casas. El pasaje para cruzar la calle
bloqueada por mí se transformará en un túnel que conectará
las dos hileras de viviendas sepultadas. Allá arriba, en la
superficie, el único signo de la existencia de este pueblo serán
algunas columnas de humo surgiendo de las chimeneas
enterradas. Al fundirme en esas fuentes de calor quedaré
suspendida en relumbres de hielo y así, en las salientes de los
techos, que apenas se alzarán sobre el suelo, inventaré gárgolas,
cuchillas y esperpentos transparentes.
Los chicos construirán trineos y se deslizarán por el pasadizo
de hielo de un lado al otro de la calle. En esa oscuridad, atenuada
por el temblor de los candiles, sus carcajadas resonarán con ecos
fantásticos y desconocidos.
Del campo amortajado brotarán vapores. Ovejas, que
acorraladas por mí, se amontonarán y me pisotearán hasta
formar un hoyo profundo. Allí se darán calor y el vaho se
suspenderá en el aire sobre ellas como una nube y los hombres
sabrán donde están pero de nada les servirá, pues no podrán ir
a buscarlas. Algunos morirán en el intento, desorientados por
mi blancura que los envolverá en ráfagas hasta dormirlos
dulcemente de frío, igual que a sus ovejas.
Un día mis copos se volverán grumosos y aguachentos y seré
nieve y lluvia a la vez; entonces sabré que mi poder y mi gloria
se acaban.
Al día siguiente las montañas amanecerán nítidas sobre un
cielo impecable. Y tarde ya en la mañana de sol, por primera
vez en mucho tiempo, la gente oirá un sonido casi olvidado: un
murmullo de pequeñas cascadas.
Y será al son de ese rumor delicioso que el pueblo comenzará
a despojarse de mis efímeros excesos.


Y resulta que “De lo que predijo una vez la nieve” pasó a ser
un capítulo de “Todo Eso Oyes”, mi primera novela, que
transcurre en una localidad imaginaria de la Patagonia y que
envié sin mucha expectativa al concurso de Editorial Emecé.
Ante mi gran sorpresa gané y la novela – hoy agotada – se editó.
Si nunca viste nevar, lo que más te va a llamar la atención
es el silencio que se instala, porque una de las cosas
extraordinarias de una nevada es que cambia la calidad del
sonido en el ambiente.
La primera vez que noté eso fue un día de semana en que
amanecimos a media mañana en medio de un silencio
increíble. Qué raro... No habíamos oido el ruido habitual de
los autos llevando a los chicos al colegio y a los adultos al
laburo...
Nos asomamos al ventanal y ahí, en esa blancura
inmaculada y acolchada, que había comenzado a caer durante
la noche y seguía cubriendo todo silenciosamente, estaba la
razón.
Y no hay nada más lindo que ver nevar y también oir
nuestros pasos al caminar en la nieve. Al apisonarla producen
un característico ruidito apretado, no sé definirlo de otra
manera.
Sí, todos los sonidos cambian después de una nevada. El
ladrido de los perros por ejemplo, se oye a lo lejos, remoto,
en medio de la blancura.
Y todo cambia, los campos, los jardines, hasta los horribles
cables de electricidad que cruzan el cielo de una ciudad se
ven lindos bajo la nieve.
Pero ojo, cuando nieva, después hiela y esto, que es muy
bueno para las pistas de esquí porque mantiene la nieve en
buenas condiciones, es nefasto para circular en auto.

viernes, 15 de mayo de 2009

El otoño en el sur es una belleza




Te regalo un haiku:

En la otra orilla
pequeñísimo herrumbre:
¡es el otoño!


Por lo menos a mí es la época que más me gusta.
Si bien en San Martín de los Andes, La Angostura,
Bariloche y El Bolsón hay turismo todo el año, en otoño viene
menos gente y el ambiente se tranquiliza un poco. Tenés
tiempo de verte con los amigos, que en alta temporada están
trabajando a pleno.
En la primavera sucede lo mismo, pero el otoño tiene un
no sé qué.
Empieza con ese olor a bosque húmedo, a resinas, a leños
ardiendo en la chimenea... Y después el colorido... En
Bariloche el otoño se anuncia con la mancha amarilla de un
grupo de álamos en la orilla sur del Nahuel y también con
una franja roja en la parte alta del cerro Catedral que ya
empieza a acumular nieve en la cumbre. Ese rojo oscuro son
los ñires y las lengas que mutan del amarillo al bordó pasando
por todas las gamas de verdes, naranjas, ocres y rojos.
Y no hay excursión comparable a un paseo por el bosque
del Challhuaco en otoño. Es impresionante. Las hojas de estos
árboles, chiquitas y dentadas caen y el suelo es la alfombra de
un pintor.
Es un lindo paseo para hacer por el día, también podés llevar
chicos pequeños porque son caminatas con subidas graduales.
Es muy probable que cuando te largues a caminar por
alguno de los recorridos de este bosque (están muy bien
señalizados y no hay forma de perderse) vas a escuchar ruidos,
como si alguien estuviera martillando madera.
Si avanzás despacio y en silencio hacia el ruido, vas a ver
arriba, en lo alto de algún árbol, a los pájaros carpinteros. El
macho con su copete rojo, igualito al del dibujo animado,
picoteando el tronco, detrás de la corteza, para encontrar su
alimento. También se los ve en el bosque de Llao Llao.
Al refugio del Challhuaco se puede llegar en auto. Otro
lugar que no podés perderte en otoño es San Martín de los
Andes, con sus bosques de roble pellín y raulí y toda su gama
de amarillos, naranjas y rojos.
También es buen momento para cruzar la cordillera hacia
Chile y disfrutar ese momentáneo colorido de las cumbres
en medio de las primeras nieves.
Todo esto, más hacer dulces y licores y juntar hongos –
que no es poco – es lo lindo del otoño.
Lo imbancable son las lluvias.
Porque si algo tenés que saber, antes de venir a instalarte,
es que mayo, junio y julio llueve seguro.
Llueve, llueve, llueve, y no “lluviecita de montaña”: llueve
torrencialmente y a veces las casas o cabañas (propias o
alquiladas) tienen goteras.
Mi primera casa en Bariloche tenía y te puedo asegurar
que se me empapaba el alma, la camiseta (sí, al principio usaba
camiseta y cancanes de lana) y además, la alfombra. Tuve que
poner la Pelopincho de mis hijos en el entretecho y me peleé
con mi marido. Un arquitecto tiene que solucionar una gotera,
pensaba yo. Pero él miraba el techo, las paredes y los baldes y
trapos de piso empapados – porque no era sólo una gotera –
y comprobaba.
Comprobaba lo que le habían enseñado: que el agua
siempre sigue el curso más fácil. Es fiaca, teorizaba. Y a mí
qué. En aquel momento sólo me gustaba la que salía por la
canilla, pero ríos de agua fiaca se despeñaban arrasando con
todo y nuestro jardín se inundaba y subía la napa, y
desbordaba la cámara séptica y los baños...
Cuando García Márquez se fue a vivir a Bogotá, dijo que
era una ciudad remota y lúgubre donde estaba cayendo una
llovizna inclemente desde el principio del siglo XVI...
Yo nunca me imaginé que en Bariloche también, por lo
menos durante Mayo y Junio. Y que hacía frío, tanto frío. Y
viento.
Y otra cosa, siempre había visto llover de arriba para abajo,
pero nunca horizontalmente, de lado a lado. Entonces mandé
todo a la mierda y me instalé en el ventanal, viendo llover en
Macondo. ¡Perdón! en Bariloche...

viernes, 8 de mayo de 2009

LAS ESTACIONES: Mamá ¿aquí siempre hace frío?


La Patagonia tiene un clima que podríamos definir como...
prepotente.
Las estaciones se diferencian muy nítidamente y sus ciclos
de repliege, descanso, renovación y expansión se vivencian
con todos los sentidos.
El invierno, es invierno con nieve, el otoño es especialmente
colorido y lluvioso, la primavera muy ventosa y el verano no
es del todo verano. Te puede tocar un fresquete...
Uno de mis chicos, durante un campamento en pleno mes
de enero en que se levantó un viento infernal, me preguntó:
“mamá ¿aquí siempre hace frío?”
Tuve que contestarle que sí. Y lo mismo te digo a vos. Tené
muy en cuenta que siempre hace frío y hay viento. Y que sólo
esporádicamente enero y febrero son “verano”. Una amiga mía,
con mentalidad práctica, me dijo: “aquí hay que llevar siempre
un par de zoquetes en la cartera”.
Otra amiga, esotérica ella y nada práctica, no me dio
ningún consejo. Tenía esa onda de “experimenta y verás” y
sólo me regaló un gatito (que resultó ser gatita) y una lima
de uñas. También me dijo, textualmente: “una lima de uñas
es muy útil, siempre hay que tener una a mano”...
Así me estrené yo en el Sur, con una lima de uñas, una
gata negra que bauticé Dorotea y en casa prestada con una
cocina a leña (que nos proveía de agua caliente cuando no se
congelaban las cañerías) y una chimenea por toda
calefacción...
¡Qué desastre! Estoy hablando igual que esos viejos
barilochenses que se enorgullecen de sus penurias...
Pero mi intención es decirte que si con todos esos
inconvenientes nosotros pudimos, con mucha más razón “tú
puedes” porque ahora hay mucho más confort que entonces...
De todas maneras una característica climática cordillerana
es la incertidumbre.
Un verano fuimos con unos amigos y nuestros respectivos
hijos a la playa de Villa Tacul, en la península de Llao Llao.
La tarde era espléndida: sol radiante, ni una gota de viento,
el lago era un espejo. Nuestros amigos tenían un gomón con
motor y nos propusieron cruzar el lago hasta el cerro Millaqueo
que parecía un inmenso y rosado animal, echado en la orilla
de enfrente. Dejamos a los chicos más grandes jugando en la
orilla y nos embarcamos las dos parejas con mi hijo menor, en
ese entonces de cuatro años. Cruzamos, recorrimos un poco la
costa de enfrente y cuando decidimos volver se empezó a
levantar viento. Al principio una brisa que erizó la superficie
del agua. Enseguida se levantó más viento, el cielo se llenó de
nubarrones, el lago se oscureció tenebrosamente y empezaron
a caer unas gotas como chicotazos.
Nos agarró una tormenta en medio del cruce, que no me
la olvido, porque el paisaje paradisíaco cambió en segundos:
el cielo y el lago pasaron del azul al gris oscuro, las ráfagas de
viento transformaron la placidez del lago en oleaje
embravecido y aparte del susto – volvíamos contra el viento y
con el bote a los saltos pegando sobre las olas – estábamos
todos en traje de baño y nos congelamos.
Esa y otras experiencias nos enseñaron que en la cordillera
nunca podés prever el clima. Si un sábado o domingo el día
es lindo: APROVECHÁ.
Aquí no podés decir como en otros lados: “está lindo,
mañana podemos hacer un asadito afuera” porque el tiempo
cambia en dos segundos y “mañana” puede estar lloviendo o
nevando. Esto también me resultó muy instructivo: me enseñó
a vivir el presente.

miércoles, 29 de abril de 2009

Nos visitan amigos y parientes...

Toda relación de este título con las plagas anteriores se
debe pura y exclusivamente a tus malos pensamientos y si
entre las “otras yerbas” querés ubicar a parientes y amigos, es
un problema exclusivamente tuyo.
Porque una de las cosas buenas que tiene Bariloche es que
la familia y los amigos te visitan.
No vamos a extrañar tanto –dijo mi marido cuando nos
instalamos– si nos hubiéramos ido a cualquier otro lugar es
más difícil que te vengan a visitar, pero a Bariloche van a
venir...
Nunca imaginó hasta que punto eso se cumpliría.
Yo tampoco.
Porque es un hecho, todo lugar turístico que se precie,
proyecta una amenaza constante sobre sus felices habitantes:
las visitas.
Las ciudades andino-patagónicas no se salvan.
Y las visitas enriquecen, te llenan de cariño y de regalos, te
llevan a cenar afuera, te ponen al día (¿cómo, no se acuerdan
de la novia del Chiche?) y también, en una de esas, te
encontrás trepada a un catamarán, acompañándolos rumbo
a la Isla Victoria, o en un gomón, sorteando los rápidos de un
rio de montaña, o participando en una fascinante excursión
de turismo aventura que jamás se te hubiera ocurrido
emprender.
Dejando de lado los parientes y amigos entrañables cuya
estadía te hace indescriptiblemente feliz, las visitas se dividen
en dos grupos: “Esperadas” e “Inesperadas”.
A “Esperadas” adscriben algunos parientes y asimilados,
para quienes gozás de altísimo prestigio desde que te mudaste
a la Patagonia, sobre todo si estás en un centro de esquí como
Bariloche o Chapelco y aunque te ven laburar todo el día
deciden instalarse en tu casa y esperan que les organices paseos
turísticos.
A “Inesperadas” adscribe una masa indiferenciada de
conocidos y asimilados para quienes también gozás de altísimo
prestigio desde que te mudaste.
También se instalan en tu casa.
También esperan que les organices paseos turísticos.
En ambos grupos hay distintos especímenes:

Suegros y/o padres: Si estás casado o casada la cosa se
complica, porque tus padres son los suegros de él o de ella,
aunque hay suegros que son más suegros que sus pares.
Como no los podés ubicar en el living con una bolsa de
dormir, les cedés tu dormitorio. Pero eso no te libera de su
escrutinio.
Entonces enterate: si tenés hijos los estás educando mal y
si no tenés ¿qué estás esperando para darles un nietito?
Además tu casa es helada, ella no sabe cocinar y no entienden
cómo podés vivir en esa mugre, pero claro, si él es un vago...
Lo cierto es que toda visita suegril termina con una fría
despedida y tu íntimo convencimiento de que cuando vuelvan
– si no te has divorciado todavía – se alojarán en una hostería.

Otro espécimen clásico:

Parientes y/o conocidos con pequeñuelos: Te encanta
verlos, pero así como padres y suegros interfieren en tu vida
familiar, éstos interfieren en tu vida laboral haciéndote
trasnochar, contándote qué fue de la novia del Chiche o
dándote todos los detalles de los últimos meses de agonía de
la tía Eduviges.
Mientras, sus pequeñuelos torturan a tu perro o a tu gato,
llenan las paredes de tu casa de huellas indelebles, vomitan
en tu sillón preferido y se pelean indefectiblemente con tus
pequeñuelos, si los tenés, mientras sus papás hacen oídos
sordos y sólo sonríen.
Vos, educadamente, también sonreís.

Joven con tatuajes y piercings por toda su epidermis:
Puede ser amigo o conocido de tus hijos, si tus vástagos son
adolescentes, o ligeramente conocido/a del sobrino de un
primo tercero de tu padre. En el mejor de los casos utiliza tu
casa como depósito de su equipaje.
Por lo general no se baña muy seguido y usa borceguíes
con dibujo en las suelas que dejan un rastro de barro por
donde pasa.
En el peor de los casos se te instala. También invita amigos
que cuando llegás del laburo te reciben en tu living, tomando
tu vino o tu whisky y escuchando tus discos.

Extraños: Todos los que se aparecen alegremente (están
de vacaciones, vos no) mencionando amigos o parientes
comunes y con los que no tenés ningún tema de conversación,
salvo el pariente o amigo común que motiva su aparición. El
tema no da para mucho y lo peor es que no tenés más remedio
que invitarlos a cenar y te perdés una película buenísima que
pasan esa noche por cable.

Niños: Los parientes y amigos también te envían sus niños
que rara vez se llevan bien con los tuyos. Casi siempre te
despachan – para que pasen sus vacaciones de invierno o de
verano – a criaturas que te miran con desconfianza, extrañan
su casa y jamás comen lo que les ponés en el plato.
En cambio pierden todo lo que traen: camperas, gorros,
bastones y guantes de esquí, pasaje de regreso (que tenés que
reponer ) y gastan insensatamente todo el dinero que les dieron
sus padres en cajas de chocolate en rama con el que riegan el
lugar donde los has instalado. Por supuesto se enferman y los
tenés que cuidar.
Cuando finalmente se van experimentás prematuros
síntomas de envejecimiento.

martes, 21 de abril de 2009

Tábanos, tijeretas, chaquetas y otras yerbas





Eso que ves en la foto no es un insecto, es un cangrejito del lago.
Cangrejito, cangrejito, cangrejito de coral… ¿te acordás de la canción?
Lo que pasa es que no tengo fotos de insectos y te cuento que la primera
vez que vine a Bariloche, a comienzos de los’60, aquí no había ningún
bicho salvo los tábanos.
Ahora hay moscas, moscardones, tijeretas, hormigas,
avispas, polillas y hasta algún mosquito.
Los tábanos son bastante molestos y abundan, sobre todo,
durante el mes de enero. Lo que más fastidia de ellos es su
acoso constante, aunque también pican, pero por lo general
no dejan roncha.
La tijereta es – literalmente – un bicho que camina.
También prolifera durante el verano, es una especie de
cucarachita, que nos importó Chile con la leña y se convirtió
en plaga. Aparece en los lugares donde se concentra la
humedad: debajo del piso de las carpas, en los desagues de
las piletas, debajo de las piedras, etc. Salvo que no es agradable
encontrarla entre las cerdas de tu cepillo de dientes, es
inofensiva y raramente pica.
Es bueno recordar que, como la tijereta, la introducción
de cualquier espécimen de fauna o flora se convierte en plaga,
como la mosqueta, el ciervo colorado o las “chaquetas
amarillas”. Estas últimas (su nombre científico es Bespula
Germánica) son una especie de avispa, originaria del
Mediterráneo y abundan en la región andina. El transporte
de madera entre puertos y su persistencia favorecieron su
dispersión por distintos continentes.
Resultan de lo más molestas en los picnics o asados al aire
libre, porque son carnívoras y pretenden comer, no sólo a la
par tuya, sino de tu mismo plato y tenés que tener mucho
cuidado de no tragarte una junto con el bocado de carne
que te llevás a la boca... Además su picadura puede ser
peligrosa en caso de reacción alérgica.
Normalmente no son agresivas, excepto cuando se molesta
el nido. Una solución casera es colocar carne dentro de una
botella de gaseosa cortada en la porción superior; atraídas
por el cebo, las chaquetas entran sin poder salir y mueren.
Se recomienda no agredirlas, evitar el uso de perfumes o
cosméticos, no dejar alimentos al aire libre y mantener la
basura tapada.

martes, 14 de abril de 2009

¿Hay hantavirus?



En esta época de epidemias, les comento lo que sé acerca del hantavirus*.
El hantavirus, como el “mal de los rastrojos”, lo transmiten unos ratones,
que no son Jerry o Mikey precisamente.
En el caso del hanta, la aspiración de la caca de este
ratoncillo, llamado vulgarmente “colilargo” por sus
características, es la que provoca el virus en las personas.
En la Patagonia cada tanto aparece algún caso, como en
otras partes de la Argentina y del mundo. El virus ataca los
pulmones y puede causar la muerte. El síntoma es una
deficiencia respiratoria.
En 1996 hubo un brote importante, que se inició en El
Bolsón, en un galpón invadido por roedores. Fue algo
excepcional dado que los ratones se habían refugiado allí
corridos por el desmalezamiento de un terreno lindero,
efectuado en una época no indicada para ello.
Salvo ese año, cada tanto se produce algún caso de hantavirus,
pero aislado.
Según algunas investigaciones hay una relación entre la floración
de la caña colihue con los brotes epidemiológicos de hantavirus en
la región cordillerana de la Patagonia.
Al parecer, este vínculo se explicaría en la aparición abrupta y abundante
de semillas que facilitan el aumento de la población de ratones, en el bosque
andino-patagónico.

Precauciones:
Ante la mínima sospecha de roedores en tu vivienda, tomar
los recaudos del caso.
Antes de ingresar a un cobertizo, depósito o similar, que
haya estado abandonado durante una respetable cantidad
de tiempo, tener la precaución de ventilarlo.

*Este agente patógeno fue identificado a comienzos de los ‘50, durante la
guerra de Corea, cuando soldados acantonados a orillas del río Hantung, fueron
atacados por una enfermedad renal de tipo epidémico (La Nación, 31/10/96).

sábado, 4 de abril de 2009

¿Existe el monstruo del lago Nahuel Huapi?


Cuando en Bariloche sale el tema del monstruo del lago,
amigablemente bautizado “Nahuelito” (tal vez para que sus
míticos atributos no espanten a los turistas) inmediatamente
hacemos la conexión con el monstruo del lago Ness en Escocia
y, por supuesto, sospechamos que “Nahuelito” no es otra cosa
que una copia, mínimal, de este precursor.
Sin embargo, algo hay en el lago Nahuel Huapi, además
de truchas. Mi afirmación se basa en que mucha gente, digna
de confianza (no estaban ni borrachos ni drogados) ha
observado un fenómeno en el lago. Todos coinciden en la
descripción de una forma oscura emergiendo del agua (¿la
cabeza y parte del cuello de un animal...?) que avanza
rápidamente dejando una gran estela.
Otra coincidencia: por lo general esto sucede en días
calurosos en que el lago está muy calmo, “planchado” como
decimos aquí, como si el monstruo viviera en las profundidades
y aflorara a la superficie a causa del calor...
Lo interesante es que hace unos años se produjo el
enfrentamiento de la superstición con el pensamiento
racional, cuando unas veinte personas (la mayoría físicos) que
viajaban en un colectivo rumbo a su trabajo en el Instituto
Balseiro (comúnmente llamado “el Centro Atómico”) vieron,
sí: vieron, lo que siempre habían supuesto era sólo producto
del imaginario popular...
Lo cierto es que a partir de entonces hasta los incrédulos
suponen que el famoso monstruo del lago puede ser una
manada de huillines (especie de nutria o lobito de río) o de
ciervos, o El Cuero, terrorífico monstruo de la mitología chilota
con las características de una manta raya.

miércoles, 25 de marzo de 2009

¿Existen los duendes?


Duendes, gnomos, elfos... En cuanto a que proliferen en
los bosques del Sur, no me atrevo a asegurarlo. Pero en esta
región hay quienes creen fervorosamente en ellos y aseguran
haberlos visto, por lo tanto no te extrañes si alguien te cuenta
que conversa con los duendes del bosque...
Para mí, lo único cierto es que los duendes han invadido las
ferias y comercios donde se venden productos artesanales y hay
de todos los tamaños y materiales: madera, cerámica, tela, etc.
También han surgido nombres, como “la comarca” para
designar lugares o productos regionales que tienen que ver con
esta mitología. También cabañas de troncos en el bosque con
cierta onda “Hobbit”.
Pero en realidad aquí “el señor de los anillos” es el alerce
cordillerano, una conífera a la cual, si le hacés un corte
transversal, podés contar cuántos años tiene por medio de los
anillos que se forman en la madera.
De todas maneras, algunos artistas plásticos han orientado
su producción de dibujos, grabados y esculturas a temas
relacionados con estos mágicos seres que, culturalmente,
responden más a leyendas europeas que sudamericanas. En la
isla de Chiloé, el personaje más cercano a un duende, pero
maligno, es El Thrauco, una especie de fauno de pequeña
estatura que habita los bosques. A pesar de su aspecto
repugnante seduce a las mujeres jóvenes, las viola y es la
explicación de muchos embarazos...

miércoles, 18 de marzo de 2009

El mar...







La costa atlántica patagónica es imponente: ballenas,
delfines, pinguinos, lobos de mar y playas grises, viento,
inmensidad...
Uno entiende por qué se asentaron los galeses allí, esas playas
grandiosas y desérticas se parecen a las de su país de origen.
El paisaje del Golfo Nuevo, justo antes de Puerto Pirámides
es como los páramos que describen las hermanas Bronté en sus
novelas. A mi imaginación condenada a la literatura no le hubiera
extrañado ver aparecer en esos acantilados a sus atormentados
personajes, peleando contra el viento...
Pero estas playas están bastante alejadas de algunas
ciudades cordilleranas. Porque si bien Esquel está
aproximadamente a unos 600 kilómetros de Madryn, desde
Bariloche (por asfalto) son unos 1000, lo mismo que para
Las Grutas, tradicional balneario rionegrino.
Sin embargo es un mito pensar que estás lejos del mar. Te
alejás de algunas playas del Atlántico, pero estás muy cerca de
las del Pacífico. Puerto Montt, en Chile, está a 300 kilómetros.
Y aunque el Pacífico es bastante más frío que el Atlántico,
podés disfrutar del aire marino y recorrer las bahías bellísimas
y los pueblitos de pescadores del archipiélago de Chiloé,
donde – si te gustan los mariscos – comerás ostras, centollas y
langostas recién sacadas del mar.
La zona austral de Chile es pródiga en personajes y
preciosas leyendas relacionadas con el mar, como el combate
entre una serpiente de mar y otra de tierra, al que se atribuye
la formación del archipiélago.

domingo, 8 de marzo de 2009

Vida en contacto con la naturaleza, excursiones...


En la mayoría de las localidades andino-patagónicas,
trasladarte en auto o en colectivo desde el centro de la ciudad
a la zona suburbana y viceversa, es un paseo y te lleva mucho
menos tiempo que en una gran ciudad.
En Bariloche, si tenés que ir o venir de Llao Llao, estás
haciendo lo que turísticamente se denomina “Circuito
Chico”. Y cualquier trámite: ir al banco, al carpintero, a un
corralón, o lo que sea, lo hacés siempre mirando el Nahuel
Huapi. Aún viviendo en pleno centro, si de pronto querés
estar en medio de un bosque, o a la orilla de un lago lo lográs
en poco tiempo, sin tráfico y sin estrés.
“Hay que volver a la naturaleza” te dijiste cuando tomaste
la decisión de venir y nada más lindo que una excursión de
montaña, por el día, o pernoctando en un refugio. Con la
salvedad de que nunca te largues solo o sola. En la montaña
tenés que ir siempre con alguien que conozca el trayecto, o
contactarte y asesorarte con el Club Andino o la oficina de
Turismo de la localidad en que te encuentres.
Por lo general, cuando llega la primavera, los clubes o
instituciones de montaña organizan excursiones con distintos
grados de dificultad. El aire puro, la belleza de los lugares y
el clima de camaradería, te inyectan energía y optimismo y
como dice una amiga mía, lo mejor es el baño que te das a la
vuelta.
Esta zona, por supuesto, es ideal también para las
excursiones náuticas, la pesca, el wind surf y el rafting y en
invierno, las ciudades que cuentan con centros de esquí, te
permiten practicarlo con todas sus variantes (alpino, nórdico,
snowboard).
El único inconveniente para la práctica de deportes al aire
libre como el rugby, fútbol, trekking, cabalgatas y otras
actividades, es el clima. Los inviernos son muy largos y no es
agradable jugar al fútbol o al rugby con ráfagas de 100
kilómetros por hora y temperaturas bajo cero. Un amigo
nuestro, caminante incansable, desistió de venirse a vivir
porque pasó un invierno y no le producía ningún placer su
caminata diaria en estas condiciones.
Depende el lugar que elijas para vivir, por lo general
encontrarás excursiones sencillas, que podrás hacer por tu
cuenta, a pie, en auto o en colectivo.
Entre las excursiones pagas están las de turismo aventura
y las turísticas tradicionales que por lo general implican
travesías por lago, como por ejemplo ir desde Bariloche hasta
Puerto Blest, o visitar la Isla Victoria y el famoso Bosque de
Arrayanes que está enfrente, en la península de Quetrihué
(un arrraigado mito barilochense es que Walt Disney recreó
ese bosque en la película “Bambi” *).
Te puedo asegurar que estas excursiones clásicas se hacen
una sola vez, por lo general el año que llegás (son caras para
repetirlas...) y no sé a vos, pero a mí no me gustan las
multitudes en función turística.
Para visitar el Bosque de Arrayanes te recomiendo una
excursión mucho más linda que la que sale de Puerto Pañuelo.
Tomás el barco que sale a la mañana de Villa la Angostura,
hacia la punta de la península de Quetrihué, donde está el
Bosque de Arrayanes (podés averiguar los horarios en la
Dirección de Turismo). Es un trayecto corto y allí, después
de ver los arrayanes, regresás caminando por el bosque a Villa
La Angostura. La picada está claramente señalizada. Es una
caminata de 12 km que te llevará entre 3 y 4 horas, pero
desde el Bosque de Arrayanes a Villa La Angostura es casi
todo plano y en bajada y te aseguro que vale la pena.

* Esto ha dado lugar a que en la entrada al bosque exista desde hace años una
rústica cabaña de troncos apodada «La casita de Walt Disney» que no es otra
cosa que un vulgar y corriente kiosco de venta de recuerdos turísticos.

martes, 24 de febrero de 2009

Qué lindos los trineos...

Tirarse por una ladera nevada en trineo es divertido, pero hay que hacerlo en el lugar y el momento apropiados. Esto es con buena nieve y donde no haya posibilidad de que atropelles a alguien.
Nosotros protagonizamos un episodio que pudo ser trágico por no tener en cuenta ambas cosas. Fue en el cerro Otto. Era nuestro primer invierno en el Sur y a nuestro hijo, de apenas tres años, los abuelos le habían regalado un trineo lindísimo, entonces fuimos a probarlo.
Como buenos novatos recién llegados, no tomamos en cuenta ni el lugar, ni la calidad de la nieve. Para nosotros era simplemente nieve y se supone que los trineos siempre se deslizan bien en la nieve. Así de simple. Error. La calidad de la nieve es variable y a veces no es adecuada para lo que uno quiere hacer; en este caso jugar con un trineo.
Ese mediodía, en la terraza de la confitería tirolesa del cerro Otto, la nieve era “cartón” o sea: dura, acartonada. Más lejos, al frente de la confitería, la terraza se asomaba a una pista de esquí que descendía bruscamente, metros y metros.
Felices, sentamos al chico en el trineo y mi marido lo empujó hacia mí. Para qué... Con el mínimo peso que llevaba, el trineo tomó velocidad y disparó, pero no hacia donde yo estaba, sino en dirección al abismo de la pista. En un segundo
vimos que se iba a precipitar al vacío. Horror. Los dos corrimos a atajarlo desesperados, patinando y hundiéndonos en los pozos de esa nieve cartón y milagrosamente – porque fue tal la velocidad que agarró que no llegábamos – una lomita lo detuvo.
El trineo (era amarillo, me acuerdo bien) se estrelló contra ese “bump” y el chico salió disparado para un costado. Rebotó como una pelota de goma en la nieve y recién ahí lo atajamos. Por fin en nuestros brazos, a salvo... Por suerte, como ni se dio cuenta del peligro, no se asustó.
Pero nosotros nos quedamos temblando y entramos a la confitería a tomar algo para reponernos. El mozo, un alemán cadavérico de impecable esmoquin (parecía salido de una película de Drácula y tenía una sospechosa pinta de refugiado nazi ) había presenciado todo, imperturbable, por la ventana.

viernes, 13 de febrero de 2009

Qué lindos los traganieves...


A los chicos les encanta la nieve, y después de una nevada
siempre quieren salir afuera a jugar. Se van a empapar y tal
vez tengas que cambiarles la ropa varias veces. Y tu cocina se
va a transformar en un tendedero de ropa mojada. Y lo más
probable es que se resfríen. No importa, dejalos. Son felices
comiendo nieve, haciendo muñecos y guerras y deslizándose
en trineos que improvisan con tablas o bolsas de polietileno.
Y qué lindo ver a esos chiquititos de apenas 4 años – “los
traganieves” en la jerga de los clubes de esquí – te hacen pensar
en duendes del bosque y esquían mejor que los adultos con
sus tablas y bastones que parecen de juguete...
Sí, todo muy lindo, pero si tenés hijos chiquitos, por favor
no los obligues a esquiar. Esperá a que tengan por lo menos 6
o 7 años antes de someterlos a la diciplina de una clase diaria.
El esquí es un deporte exigente que se practica en un
ambiente con temperaturas muy bajas y requiere muchas
destrezas. Para empezar el chiquito tiene que aprender a no
caerse de los medios de elevación de arrastre, algo que requiere
bastante habilidad al comienzo. Y si bien es notable la facilidad
y rapidez con que lo aprende, de pronto se encuentra en una
silla, colgando en medio del espacio, para acceder a una pista
más elevada.
Por otra parte, no tiene posibilidad de ir al baño a hacer
pis cuando tiene ganas y en un ambiente tan frío por lo general
se hace encima y permanece mojado todo el día.
He visto infinidad de chiquitos muy infelices en el cerro,
por la obsesión de sus papás de que sean “traganieves” para
tomarles una foto con los esquís, los bastones y el gorro.
Y lo peor, para que compitan entre ellos en las carreras
que organizan los clubes.
A veces se quedan llorando después que el padre o la
madre los dejaron en el club, o en el colectivo que los lleva al
cerro y me recuerdan a esos chicos que en la playa son
obligados por sus padres a meterse en el mar y lloran...
Ojo, también he visto nenitos felices esquiando, y en este
caso me parece fenómeno. Pero si sufren y no quieren ir, es
una guachada de los padres forzarlos, porque “¡qué lindos
los traganieves...!” pero... ¿para quién?

viernes, 30 de enero de 2009

Miedos...


Cuando comentes tu decisión de venir a vivir a algún
pueblo o ciudad patagónica, muchas personas te van a decir
que jamás podrían vivir en un lugar de montaña porque la
falta de horizonte los deprime. A nosotros nos lo decía mucha
gente, pero en Buenos Aires, cada vez que queríamos ver el
horizonte, teníamos que ir hasta la costanera... Por lo tanto
creo que esa sensación tiene más que ver con el miedo a lo
desconocido.
Hay momentos en que el miedo funciona paralizándonos
para protegernos de algo real que nos amenaza. Pero ¿qué
pasa cuando no hay nada real amenazándonos y sólo es nuestra
ilusión? Porque el miedo, como cualquier emoción, predispone
de alguna manera para la acción, pero actúa al mismo tiempo
como un freno. Es un obstáculo que debemos sortear si
queremos ver qué hay más allá. Es algo que necesita ser
atravesado para crecer. Por eso el músico Virgil Thompson
dijo: “Probá algo que no hayas probado antes y hacelo, por lo
menos tres veces: una para sobreponerte al miedo, otra para
averiguar cómo hacerlo y la tercera para ver si te gusta o no”.
Al comienzo, cuando nos vinimos, yo le tenía miedo a todo:
a quedarme sola de noche en casa, a los ruidos, a la falta de
un teléfono (aquí durante años no tuvimos, y tampoco nos
hubiera servido porque casi nadie tenía en los 70’) pero sobre
todo extrañaba la falta de amigos y familia. Mi hijo tenía fiebre
por ejemplo y era un drama; sí, sobredimensionaba todo...
Desde ya que a vos esto no te va a suceder porque las
comunicaciones en Bariloche, como en todos lados, han
avanzado.
Hay varias empresas telefónicas que se disputan los
potenciales usuarios (cuando nosotros llegamos todavía había
que pedir comunicación con operadora...) remises (no
existían) televisión satelital (sólo había un circuito cerrado de
TV en blanco y negro y el gran programa era ver Los
Muppets...).
Por otra parte nunca pensé que iba a poder subir a la cima
del Catedral y mucho menos esquiar, porque subir en la silla, o
en el cable carril me daba vértigo.
La primera vez que subí iba con mi marido y nuestro hijo
de tres años. Me dio tal terror que sólo llegué hasta el primer
tramo. Allí me bajé y los esperé. Pero tenía que bajar lo que
había subido... Lo hice, con los ojos cerrados.
Otra vez, en verano, decidimos subir a pie con un amigo y
su novia. Al llegar arriba de todo, ella se sentó en el suelo y
declaró que de allí no se movía, que le daba vértigo y la sola
idea de bajar la aterrorizaba. Intentamos convencerla y
tranquilizarla. Inútil, el miedo no razona. Finalmente, cuando
vio que una familia con chicos bajaba y le dijimos que si se
quedaba allí se iba a convertir en una curiosidad turística, se
animó y nos siguió.
En mí, el deseo de esquiar venció al vértigo. Pero no siempre
es así. De todas maneras la única forma de vencer estos miedos
es, en primer lugar, reconocer que son válidos y aceptarlos.
También, cuando uno recién está aprendiendo a esquiar,
le parece sobrehumano bajarse toda la tremenda montaña
para llegar a ese punto que desde arriba de todo se ve muy
chiquito y es nada menos que la base. Entonces conviene hacer
como me sugirió mi marido: no te propongas llegar hasta
abajo, por ahora tomá envión y alcanzá ese punto que tenés
cerca y es fácil. Una vez que estás allí , de nuevo alcanzá una
meta cerca y cuando querés acordar estás en la base.