miércoles, 18 de marzo de 2009

El mar...







La costa atlántica patagónica es imponente: ballenas,
delfines, pinguinos, lobos de mar y playas grises, viento,
inmensidad...
Uno entiende por qué se asentaron los galeses allí, esas playas
grandiosas y desérticas se parecen a las de su país de origen.
El paisaje del Golfo Nuevo, justo antes de Puerto Pirámides
es como los páramos que describen las hermanas Bronté en sus
novelas. A mi imaginación condenada a la literatura no le hubiera
extrañado ver aparecer en esos acantilados a sus atormentados
personajes, peleando contra el viento...
Pero estas playas están bastante alejadas de algunas
ciudades cordilleranas. Porque si bien Esquel está
aproximadamente a unos 600 kilómetros de Madryn, desde
Bariloche (por asfalto) son unos 1000, lo mismo que para
Las Grutas, tradicional balneario rionegrino.
Sin embargo es un mito pensar que estás lejos del mar. Te
alejás de algunas playas del Atlántico, pero estás muy cerca de
las del Pacífico. Puerto Montt, en Chile, está a 300 kilómetros.
Y aunque el Pacífico es bastante más frío que el Atlántico,
podés disfrutar del aire marino y recorrer las bahías bellísimas
y los pueblitos de pescadores del archipiélago de Chiloé,
donde – si te gustan los mariscos – comerás ostras, centollas y
langostas recién sacadas del mar.
La zona austral de Chile es pródiga en personajes y
preciosas leyendas relacionadas con el mar, como el combate
entre una serpiente de mar y otra de tierra, al que se atribuye
la formación del archipiélago.