domingo, 14 de junio de 2009

Pero llega la primavera y es una maravilla



Viento de primavera
Los diminutos pétalos del cerezo
Cubren mi calle


La primavera del sur es incomparable. Lo primero que te
va a llamar la atención es que en septiembre está la nevada de
los tulipanes – que en nevadas equivale a la copa del estribo –
y podés seguir esquiando un rato más. Como la temporada
alta pasó, hay menos gente, menos colas y hasta alguna rebaja
en los medios.
Y si los días son lindos podés ir a esquiar a la mañana y al
mediodía estar en una playa tomando sol en traje de baño.
Pero aparte de estas “sobras” del invierno no vas a poder
creer lo que son los colores de las rosas, tulipanes, petunias,
pensamientos, godesias, lovelias, lavandas, etc. No los vas a
ver en ningún lado.
Tampoco los lupinos silvestres: amarillos, azules, lilas y
violetas.
Tampoco los árboles: los notros, que en diciembre están
todos rojos (en Francia los llaman “árbol de fuego”).
¿Y los espinos florecidos? son un espectáculo.
Hasta las modestísimas retamas se adueñan del paisaje
durante noviembre y diciembre con su floración de color
amarillo violento, como recién salido de la paleta de un pintor
impresionista.
El clima y el tipo de tierra negra hacen ese milagro y las
flores tienen menos aroma, es cierto, pero los colores son
mucho más intensos que en cualquier otro lugar.
Después del lluvioso otoño y el largo invierno, que te han
obligado a vivir la mayor parte del tiempo puertas adentro,
querés salir, descansar tu vista en el verde, descalzarte y hundir
pies y manos en la tierra, fuente de toda energía.
Lo único que hincha es el viento. A nosotros el viento nos
voló la tapa del tanque de reserva de agua que era enorme y
pesaba cerca de 50 kilos. Aterrizó justo al lado del auto y por
suerte no cayó sobre nadie. Eran ráfagas de 60 kilómetros
por hora...
Otro incidente que tuvimos con el viento de primavera
fue que hizo bailar a un ciprés gigantesco que había justo al
lado de nuestra casa. ¿Cómo “bailar”? Te preguntarás. Sí, el
árbol bailó, o pareció que bailaba. Resulta que una tarde de
mucho viento, de pronto oigo unos ruidos y miro por la
ventana, entonces veo que la tierra alrededor del ciprés se
mueve, como si hubiera un terremoto. El árbol (era enorme,
te aseguro) se balanceaba de tal manera por el viento, que algunas
de sus raíces se habían soltado y movían la tierra que las
cubría. Y estaba pegado a la casa.
Como te imaginarás, agarré a los dos chicos y fui rajando
a avisarle a mi marido que en cualquier momento se nos caía
encima. Y con mucha pena tuvimos que tirarlo.
Jamás me había animado a plantar un árbol, pero aquella
vez me dije: “ahora o nunca” y planté tres abedules en el lugar
que dejó vacío el ciprés. Uno de los abedules se enfermó, el
viento (siempre el viento) al balancearlo hizo que se le
produjera una fisura en el tronco y logré curarlo: me enseñaron
a vendarlo, como si fuera una persona. Estas cosas me llenan
de orgullo, porque para mí son mucho más difíciles que
escribir un libro. Y el trabajo en el jardín me dictó unos
cuántos poemas que después edité bajo el título “La otra
orilla”.
No sé si a vos te va a pasar lo mismo, pero aunque hasta el
momento ni siquiera te hayas ocupado de regar un modesto
potus, vas a ver que aquí, en primavera, todo te invita a
trabajar en el jardín.
Entonces, aunque no seas especialmente fanático/a, ponés
manos a la obra, armás un jardin de piedra y hasta estás
pensando en hacer huerta y comer lo que coseches. Si sos
jardinero o jardinera de alma, te vas a conectar enseguida
con la Sociedad de Horticultura o institución similar que haya
en la localidad en que te instales.
Tendrás un jardín maravilloso y si te interesa, es muy
factible que tus habilidades jardineras te proporcionen,
además, laburo rentado.
Pero... a no ser que seas jardinero o jardinera mano verde,
con vocación absoluta, vas a descubrir que los fines de semana
ese sueño del jardincito propio puede ser esclavitud.
Porque el jardín es laburo. De eso nos dimos cuenta cuando
ingenuamente pusimos manos a la obra. Y lo que sucedió me
sugirió un cuento breve, que titulé “Nuestro Jardín”, que podrás
leer la semana que viene en mi próxima entrada.

3 comentarios:

Victor dijo...

lindo texto... pero si te fijas, todavia ni estamos en invierno

Anónimo dijo...

Por supuesto, pero este blog no pretende acompañar las estaciones, las va previniendo...

Luisa

Anónimo dijo...

Gracias Luisa!

Sigo disfrutando mucho cada capitulo que subis.

Luciano