lunes, 26 de octubre de 2009

Las culturas Tehuelche y Mapuche




Los Tehuelche: Los pueblos originarios ingresaron a la
Patagonia hace unos 13 mil años. Cuando llegaron los
españoles, la población estaba conformada por dos grupos
principales: hacia el norte, hasta los ríos Limay y Negro los
Gunun – A –Kuna (Tehuelche septentrionales) y hacia el
Sur, hasta el estrecho de Magallanes, los Aonikenk
(Tehuelche meridionales).
Los Aonikenk utilizaban arco y flecha, cuchillos de piedra
y odres de cuero para el agua. Después de la conquista
española adoptaron el caballo y la boleadora.
Los Aonikenk estaban organizados en grupos compuestos
por varias docenas de familias. Durante el verano se asentaban
en los faldeos cordilleranos y en invierno buscaban la cercanía
de la costa, siguiendo los cursos de los ríos patagónicos.
Sus desplazamientos estaban determinados por la caza de
guanacos y ñandues y los tiempos de veranada e invernada
de estos animales.
En el siglo XIX comenzaron a depender cada vez más de
los productos de los blancos y de los viajes a Carmen de
Patagones y Punta Arenas, donde se proveían.
Los Tehuelche atribuían la creación a Kooch, un ser de
cuyas lágrimas se habría formado el mar. Kooch hizo surgir
del mar una isla en la que nació Elal, creador de los Chonek
(Tehuelche), quien reveló a los hombres el secreto del fuego,
inventó el arco y las flechas, les enseñó a cazar y les inculcó
principios de moral y conducta.
Los Gunun – A – Kuna, o Tehuelche septentrionales, se
diferencian de los meridionales o Aonikenk por su lengua y
la frontera entre ambos grupos no fue estable.

Los Mapuche: En el siglo XVII los Araucanos
comenzaron a migrar desde Chile, ocupando la región donde
se asentaban los Gunun – A – Kuna, situación que con el
tiempo determinó la desaparición de la cultura Tehuelche
septentrional en las provincias de Buenos Aires, La Pampa y
Neuquén; sólo quedaron unos grupos que se fusionaron con
los araucanos.
Los araucanos estaban conformados por los pueblos
Mapuche, Picunche y Huiliche. Fueron llamados
araucanos por los conquistadores y Arauco o Araucanía, sus
tierras.
El pueblo Mapuche (mapu= tierra, che = gente: gente de
la tierra) habitaba la región entre los ríos Itata y Toltén,
compartiendo con los Picunche (gente del norte) y los
Huiliche (gente del sur) una misma lengua.
Los Mapuche cruzaron la cordillera hacia la actual
Argentina desde el siglo XVII, al comienzo huyendo de los
conquistadores españoles, después atraídos por el ganado que
trasladaban a Chile para su comercialización.
Durante el período hispánico trabajaron en yacimientos
de plata y oro, adquiriendo el oficio de plateros y creando
colgantes, pectorales y adornos para ceñir la frente.
Las familias se agrupaban en linajes, si alguna migraba daba
origen a un nuevo linaje, pero el recuerdo del antepasado
común daba su nombre a los linajes emparentados (Nahuel:
tigre, Ñancu: aguilucho, Curá: piedra).
Los varones ancianos eran considerados jefes (Toki), que
en el siglo XIX, cuando los Mapuche llegaron a las pampas,
conformaron los “Grandes Cacicatos” y controlaban enormes
territorios a través de caciques menores y capitanejos.
A fines del siglo XVIII los araucanos van ocupando
progresivamente los actuales territorios de San Luis, sur de
Córdoba, La Pampa, Neuquén y Buenos Aires. Los Gunun–
a–kuna , los Picunche y los Pehuenche adoptaron la
organización social Mapuche, sus costumbres y su lengua. Al
trasladarse a la Argentina los Mapuche siguieron cultivando
maíz, papa, quinoa, calabaza, habas y ají, dieta que
completaban con la caza y la cría de llamas y animales menores.
Empleaban la madera para el tallado de utensilios y
confeccionaban tejidos en telares verticales. Si bien en algunos
casos mantuvieron su “ruca” tradicional (casa construída en
madera con techo de paja) adoptaron el toldo en tanto
vivienda fácilmente transportable.
La rogativa Nguillatún o Camaruco es la ceremonia
religiosa mapuche más importante. Dura tres días y durante
la celebración las mujeres entonan cantos sagrados al ser
supremo “Ngenechen”, pidiendo el bienestar, en tanto cinco
varones danzan el “Choique Purrun” (baile del avestruz) al
monótono son de un tambor de madera y parche de cuero
llamado “Kultrun”.

Actualmente es muy común que los descendientes de
mapuche y tehuelche elijan nombres “gringos” para sus hijas,
tales como: Vanessa, Nancy, Anabella, etc.
Nombres que indudablemente reflejan la penetración
cultural a través de los medios.
Como contrapartida, la identificación de la lengua
mapuche con los pobladores originarios de la Patagonia,
motiva a quienes se instalan en el Sur y forman una familia, a
elegir palabras mapuche o tehuelche como nombres propios
para sus hijos, tales como: Ailén (brasita), Malén (doncella),
Ayelén (sonreir), Nahuel (tigre), Ailín (transparente), Unelen
(ser el primero). ¿Revalorización y rescate de la lengua y las
tradiciones indígenas? ¿Deseo de asimilarse al lugar a través
del nombre? ¿Moda, folclore, exotismo...? Tal vez una
combinación de todas estas cosas.

3 comentarios:

"Vero" dijo...

y Luisa? te estamos esperando....yo soy una de tus fieles seguidoras....no nos alargues la espera....saludos cordiales....Desde Tigre, Bs As

Carmen dijo...

Es verdad!
Un beso
Carmen

Luisa Peluffo dijo...

Disculpen, me colgué, ya actualizo.