viernes, 30 de enero de 2009

Miedos...


Cuando comentes tu decisión de venir a vivir a algún
pueblo o ciudad patagónica, muchas personas te van a decir
que jamás podrían vivir en un lugar de montaña porque la
falta de horizonte los deprime. A nosotros nos lo decía mucha
gente, pero en Buenos Aires, cada vez que queríamos ver el
horizonte, teníamos que ir hasta la costanera... Por lo tanto
creo que esa sensación tiene más que ver con el miedo a lo
desconocido.
Hay momentos en que el miedo funciona paralizándonos
para protegernos de algo real que nos amenaza. Pero ¿qué
pasa cuando no hay nada real amenazándonos y sólo es nuestra
ilusión? Porque el miedo, como cualquier emoción, predispone
de alguna manera para la acción, pero actúa al mismo tiempo
como un freno. Es un obstáculo que debemos sortear si
queremos ver qué hay más allá. Es algo que necesita ser
atravesado para crecer. Por eso el músico Virgil Thompson
dijo: “Probá algo que no hayas probado antes y hacelo, por lo
menos tres veces: una para sobreponerte al miedo, otra para
averiguar cómo hacerlo y la tercera para ver si te gusta o no”.
Al comienzo, cuando nos vinimos, yo le tenía miedo a todo:
a quedarme sola de noche en casa, a los ruidos, a la falta de
un teléfono (aquí durante años no tuvimos, y tampoco nos
hubiera servido porque casi nadie tenía en los 70’) pero sobre
todo extrañaba la falta de amigos y familia. Mi hijo tenía fiebre
por ejemplo y era un drama; sí, sobredimensionaba todo...
Desde ya que a vos esto no te va a suceder porque las
comunicaciones en Bariloche, como en todos lados, han
avanzado.
Hay varias empresas telefónicas que se disputan los
potenciales usuarios (cuando nosotros llegamos todavía había
que pedir comunicación con operadora...) remises (no
existían) televisión satelital (sólo había un circuito cerrado de
TV en blanco y negro y el gran programa era ver Los
Muppets...).
Por otra parte nunca pensé que iba a poder subir a la cima
del Catedral y mucho menos esquiar, porque subir en la silla, o
en el cable carril me daba vértigo.
La primera vez que subí iba con mi marido y nuestro hijo
de tres años. Me dio tal terror que sólo llegué hasta el primer
tramo. Allí me bajé y los esperé. Pero tenía que bajar lo que
había subido... Lo hice, con los ojos cerrados.
Otra vez, en verano, decidimos subir a pie con un amigo y
su novia. Al llegar arriba de todo, ella se sentó en el suelo y
declaró que de allí no se movía, que le daba vértigo y la sola
idea de bajar la aterrorizaba. Intentamos convencerla y
tranquilizarla. Inútil, el miedo no razona. Finalmente, cuando
vio que una familia con chicos bajaba y le dijimos que si se
quedaba allí se iba a convertir en una curiosidad turística, se
animó y nos siguió.
En mí, el deseo de esquiar venció al vértigo. Pero no siempre
es así. De todas maneras la única forma de vencer estos miedos
es, en primer lugar, reconocer que son válidos y aceptarlos.
También, cuando uno recién está aprendiendo a esquiar,
le parece sobrehumano bajarse toda la tremenda montaña
para llegar a ese punto que desde arriba de todo se ve muy
chiquito y es nada menos que la base. Entonces conviene hacer
como me sugirió mi marido: no te propongas llegar hasta
abajo, por ahora tomá envión y alcanzá ese punto que tenés
cerca y es fácil. Una vez que estás allí , de nuevo alcanzá una
meta cerca y cuando querés acordar estás en la base.

lunes, 19 de enero de 2009

Esquiar...




Un amigo nuestro decía que el esquí es a la montaña, lo
que el caballo a la llanura. Y es cierto. Así como al escalar la
montaña el andinista se debe sentir, por momentos, parte de
ella, el poder deslizarte en un rítmico slalom por una ladera
cubierta de nieve polvo, también te proporciona una
perspectiva y una vivencia sensorial verdaderamente intensas.
Vas como surfeando una gigantesca ola inmóvil.
Sí, esquiar es una experiencia maravillosa. Pero si ya has
esquiado sabrás que, lamentablemente, es un deporte bastante
caro y en esta época de desocupación y piqueteros me parece
una frivolidad hablarte del placer de deslizarse por una pista
de nieve polvo. Se necesita un equipo de tablas, fijaciones y
botas, más el costo del pase para los medios de elevación. Más
las clases. Y si tenés hijos, multiplicá por la cantidad que sean.
Por otro lado soy consciente de que es una importante
fuente de ingresos para esta comunidad, ya que durante la
temporada la mayoría de los barilochenses trabaja en algo
relacionado con el esquí y el cerro Catedral. Sin embargo en
Bariloche también hay sentimientos encontrados respecto a
este deporte. A muchos (esquiadores o no, instructores) les
revienta lo que llaman “el chetaje” del cerro. “Ya vino el chetaje
de Buenos Aires” dicen, cuando empieza la temporada. Y
aunque la mayoría, por razones obvias, depende de esta
particular fauna porteña, critica su tilinguería y ostentación.
Sin embargo, llegado el momento, todos rezan para que nieve
en cantidades aceptables y la temporada invernal sea un éxito.
Y viviendo en un centro de esquí, dentro de lo posible,
vale la pena intentar esquiar. Paliativos: el pase se puede sacar
en cuotas a lo largo del año. En las épocas de pre y post
temporada se abarata el costo de los medios de elevación y
también hay unos pocos días en el año en que los residentes
podemos esquiar gratis.
Los equipos podés comprarlos de segunda mano en las
“Bolsas de esquí”, donde también podés canjear por poca
diferencia los equipos de tus chicos a medida que van creciendo.
Otra opción es el “esquí de fondo” o nórdico, que a
diferencia del alpino, no necesita medios de elevación: las
tablas tienen un material adherente en la base que permite
subir caminando. En Bariloche se practica en el cerro
Catedral y en el cerro Otto. Es divertido, significa mucho
más ejercicio que el esquí alpino y el costo es mucho menor.
Si nunca esquiaste, aunque seas un potentado/a y puedas
hacerlo, no te conviene comprar equipos, ni sacar de entrada
un pase de temporada.
Alquilá, y sacá un pase diario, para ver primero si te gusta.
Y tanto si sacás un pase como si inscribís a tus chicos en un
club de esquí, el mejor mes es agosto. ¿Por qué? Porque julio
es más inestable. A veces ni siquiera nieva suficiente, o hay
tormentas y no funcionan los medios. Además no es agradable
esquiar con mal tiempo, te cagás de frío. En cambio en agosto
el clima se estabiliza, ya hay una buena base de nieve en las
pistas y por lo general los días son fríos pero soleados.
Y en una pista de esquí vas a tener la experiencia del
silencio. A medida que subís en la silla y te vas alejando de la
base, los ecos de la gente suenan lejanos, como en una playa
y sólo se escucha el sonido cimbreante del cable que sujeta la
silla al pasar por las torres y el ¡slash! de las tablas de alguien
que se desliza esquiando.
Abajo estaba nublado, todo era gris, pero ahora traspasás
ese techo de nubes bajas y de pronto te encontrás con un
maravilloso cielo azul.

sábado, 10 de enero de 2009

Hacer dulces y preparar conservas...



También en esos ratos libres que te permitirá esta saludable
vida provinciana pensás explorar una veta pendiente:
preparar dulces y conservas y hacer pan, como te enseñó la
amiga de un amigo que vive en El Bolsón. Mmm, qué rico...
No hay nada más agradable que una cocina rezumando aroma
a pan casero recién hecho...
Y ya te ves – mientras afuera hace frío y está nevando – en
una cálida cocina, asando castañas en el fuego, o haciendo
dulce y preparando conservas con las frambuesas, guindas o
mosquetas que has juntado, o secando hongos recogidos con
tus propias manos bajo los pinos.
Porque todos, absolutamente todos – mujeres y varones –
hacemos esto al llegar al Sur.
Te cuento que cuando recién nos instalamos aquí
juntábamos moras en el kilómetro 4, entre los arbustos y
retamas que bordean la ruta que va a Llao Llao, y también
hongos en la Plaza Belgrano, en pleno centro de Bariloche...
Juntar mosquetas y frambuesas es divertido, sobre todo si
tenés chicos, a ellos les encanta y está comprobado que son
los mejores recolectores de frambuesas porque se meten sin
ninguna dificultad debajo de las plantas y las detectan
enseguida.
Pero lo de las moras (aquí también las llaman blackberrys)
es arduo, te lastimás los dedos porque es una zarza (la
zarzamora) que además te los deja teñidos con un azul bastante
difícil de sacar. Las más fáciles de juntar son las frambuesas,
de paso te podés comer la mitad, en cambio las otras frutas
no porque son ácidas. También podés plantarlas si tenés jardín,
pero ojo que es una planta rastrera, o sea que avanza bajo
tierra y te invade. Y no vayas a hacer lo que hizo una amiga
mía el año que llegó a Bariloche, vio en su jardín una plantita
muy linda, con flores blancas y rosadas y se puso a regarla.
Un día su vecina la vio y se empezó a matar de risa: estaba
regando una mosqueta que crece por todos lados y es plaga.
Lo más práctico y rápido para hacer dulce es comprar la
pulpa de cualquiera de estas frutas. La venden por kilo y en
el caso de la mosqueta (la fruta tiene espinas) te ahorrás de
colarla.
La proporción para el dulce es: 1 kilo de pulpa = 1 kilo de
azúcar. Mezclás bien y lo cocinás a fuego fuerte (sin agregar
agua) revolviendo, unos 15 minutos, hasta que tome punto.
Te aconsejo no moverte de al lado, porque se pasa fácil.
Los dulces de guinda, cereza y frambuesa se pueden hacer
durante el verano, el de mosqueta y el de sauco (que es
riquísimo) en otoño.
En caso de no comprar la pulpa:
1) Hacer dulce de frambuesa es fácil porque no tiene
carozos o espinas. Mezclás con el azúcar como te dije y 15
minutos al fuego revolviendo.
2) El dulce de guinda o de cereza es otra historia. Yo lo
hago así: primero pongo la fruta en una cacerola y la caliento
al fuego. Cuando está blanda y ha largado agua, dejo que se
enfríe un poco, le saco todos los carozos y los pongo en un
filtro de café, de esos de tela, que utilizo sólo para hacer este
dulce. Recién entonces le agrego el azúcar a la fruta y coloco
adentro de la olla el filtro con los carozos; estos largan una
sustancia gomosa que es lo que le da rico gusto al dulce.
Al sauco y a la mosqueta – que tiene espinas muy finitas –
conviene deshacerlos pasando la fruta por una procesadora
antes de cocinarla. Queda un puré que mezclás con el azúcar
y al fuego revolviendo, 15 minutos.
No hay nada más rico que una buena rebanada de pan
casero, recién hecho, untado con manteca y dulce de guinda.
Ni más engordante...
En cuanto a los hongos, la época es el otoño. Aparecen
bajo los pinos después de las lluvias y en general son
comestibles los que tienen la parte de abajo lisa. De todas
maneras, antes de comerlos, consultá.
Una vez nos invitaron a juntar hongos a un campo donde
había plantaciones de pinos. Fuimos con nuestros respectivos
chicos y volvimos con un cargamento impresionante. Pero
después hubo que lavarlos... Como eran tantos pusimos a secar
una buena cantidad en el lavadero y freímos otra parte con
ajo y perejil y nos dimos un buen atracón. Para qué. Al día
siguiente amanecimos descompuestos y creo que durante dos
años ante la sola palabra “hongos” vomitábamos.

domingo, 4 de enero de 2009

Vigilando Puerto Pañuelo

jueves, 1 de enero de 2009

Disfrutar de una intensa vida cultural...



Una fantasía muy arraigada es que en Bariloche hay una
intensa vida cultural. Es muy probable que este mito, por lo
general vinculado a la música, se deba a la Camerata
Bariloche. A partir de los años ’50 un grupo de músicos
comenzó a venir desde Buenos Aires durante los veranos. Se
instalaban en carpas, a orillas del lago Moreno y así nació la
“Asociación Camping Musical Bariloche”. De esta institución
surgió un conjunto de música de cámara, integrado por
excelentes intérpretes (en su mayoría de Buenos Aires)
conjunto que – patrocinado por la Fundación Bariloche* –
conformaría después la famosa Camerata Bariloche, de
prestigio internacional. Pero si bien la Camerata está ligada
afectivamente a su ciudad fundacional, no tiene su sede aquí,
ni está integrada por músicos de la región, como mucha gente
cree. También es cierto que Bariloche ofrece bastantes
actividades musicales y culturales: los conciertos durante la
temporada de verano que organiza el Camping Musical
Bariloche, la Navidad Coral por parte del Coro de Niños y
Jóvenes, la Semana Musical en Llao Llao, además de
encuentros de jazz, cine y espectáculos.
Pero no te ilusiones desmedidamente. Tampoco te
desilusiones, porque abundan excelentes músicos, teatreros,
narradores, poetas y artistas plásticos, pero la frecuencia
y cantidad de conciertos, exposiciones, funciones teatrales,
etc. no puede compararse con lo que ofrecen ciudades más
grandes.
De todas maneras, como ya te dije, en el Sur hay mucho
por hacer todavía y también posibilidades que otros lugares
no tienen, como por ejemplo hacer una muestra que reúna
distintas expresiones artísticas en un lugar bellísimo como el
bosque de Llao Llao, como propuso hace unos años un grupo
de artistas plásticos y poetas de Bariloche.
Las obras, efímeras ellas, se instalaban o armaban al aire
libre y si uno quería podía utilizar elementos proporcionados
por la misma naturaleza (una vez, en un arbusto al pie de un
coihue gigante había una tela de araña irisada que era una
maravilla y ahí nomás le mandamos un cartelito abajo firmado:
“La Araña”).

* La Fundación Bariloche es una institución privada de bien público,sin fines de lucro, fundada con el fin de promover la enseñanza y la investigación científica sobre la base de una sólida cultura humanista.