miércoles, 25 de marzo de 2009

¿Existen los duendes?


Duendes, gnomos, elfos... En cuanto a que proliferen en
los bosques del Sur, no me atrevo a asegurarlo. Pero en esta
región hay quienes creen fervorosamente en ellos y aseguran
haberlos visto, por lo tanto no te extrañes si alguien te cuenta
que conversa con los duendes del bosque...
Para mí, lo único cierto es que los duendes han invadido las
ferias y comercios donde se venden productos artesanales y hay
de todos los tamaños y materiales: madera, cerámica, tela, etc.
También han surgido nombres, como “la comarca” para
designar lugares o productos regionales que tienen que ver con
esta mitología. También cabañas de troncos en el bosque con
cierta onda “Hobbit”.
Pero en realidad aquí “el señor de los anillos” es el alerce
cordillerano, una conífera a la cual, si le hacés un corte
transversal, podés contar cuántos años tiene por medio de los
anillos que se forman en la madera.
De todas maneras, algunos artistas plásticos han orientado
su producción de dibujos, grabados y esculturas a temas
relacionados con estos mágicos seres que, culturalmente,
responden más a leyendas europeas que sudamericanas. En la
isla de Chiloé, el personaje más cercano a un duende, pero
maligno, es El Thrauco, una especie de fauno de pequeña
estatura que habita los bosques. A pesar de su aspecto
repugnante seduce a las mujeres jóvenes, las viola y es la
explicación de muchos embarazos...

miércoles, 18 de marzo de 2009

El mar...







La costa atlántica patagónica es imponente: ballenas,
delfines, pinguinos, lobos de mar y playas grises, viento,
inmensidad...
Uno entiende por qué se asentaron los galeses allí, esas playas
grandiosas y desérticas se parecen a las de su país de origen.
El paisaje del Golfo Nuevo, justo antes de Puerto Pirámides
es como los páramos que describen las hermanas Bronté en sus
novelas. A mi imaginación condenada a la literatura no le hubiera
extrañado ver aparecer en esos acantilados a sus atormentados
personajes, peleando contra el viento...
Pero estas playas están bastante alejadas de algunas
ciudades cordilleranas. Porque si bien Esquel está
aproximadamente a unos 600 kilómetros de Madryn, desde
Bariloche (por asfalto) son unos 1000, lo mismo que para
Las Grutas, tradicional balneario rionegrino.
Sin embargo es un mito pensar que estás lejos del mar. Te
alejás de algunas playas del Atlántico, pero estás muy cerca de
las del Pacífico. Puerto Montt, en Chile, está a 300 kilómetros.
Y aunque el Pacífico es bastante más frío que el Atlántico,
podés disfrutar del aire marino y recorrer las bahías bellísimas
y los pueblitos de pescadores del archipiélago de Chiloé,
donde – si te gustan los mariscos – comerás ostras, centollas y
langostas recién sacadas del mar.
La zona austral de Chile es pródiga en personajes y
preciosas leyendas relacionadas con el mar, como el combate
entre una serpiente de mar y otra de tierra, al que se atribuye
la formación del archipiélago.

domingo, 8 de marzo de 2009

Vida en contacto con la naturaleza, excursiones...


En la mayoría de las localidades andino-patagónicas,
trasladarte en auto o en colectivo desde el centro de la ciudad
a la zona suburbana y viceversa, es un paseo y te lleva mucho
menos tiempo que en una gran ciudad.
En Bariloche, si tenés que ir o venir de Llao Llao, estás
haciendo lo que turísticamente se denomina “Circuito
Chico”. Y cualquier trámite: ir al banco, al carpintero, a un
corralón, o lo que sea, lo hacés siempre mirando el Nahuel
Huapi. Aún viviendo en pleno centro, si de pronto querés
estar en medio de un bosque, o a la orilla de un lago lo lográs
en poco tiempo, sin tráfico y sin estrés.
“Hay que volver a la naturaleza” te dijiste cuando tomaste
la decisión de venir y nada más lindo que una excursión de
montaña, por el día, o pernoctando en un refugio. Con la
salvedad de que nunca te largues solo o sola. En la montaña
tenés que ir siempre con alguien que conozca el trayecto, o
contactarte y asesorarte con el Club Andino o la oficina de
Turismo de la localidad en que te encuentres.
Por lo general, cuando llega la primavera, los clubes o
instituciones de montaña organizan excursiones con distintos
grados de dificultad. El aire puro, la belleza de los lugares y
el clima de camaradería, te inyectan energía y optimismo y
como dice una amiga mía, lo mejor es el baño que te das a la
vuelta.
Esta zona, por supuesto, es ideal también para las
excursiones náuticas, la pesca, el wind surf y el rafting y en
invierno, las ciudades que cuentan con centros de esquí, te
permiten practicarlo con todas sus variantes (alpino, nórdico,
snowboard).
El único inconveniente para la práctica de deportes al aire
libre como el rugby, fútbol, trekking, cabalgatas y otras
actividades, es el clima. Los inviernos son muy largos y no es
agradable jugar al fútbol o al rugby con ráfagas de 100
kilómetros por hora y temperaturas bajo cero. Un amigo
nuestro, caminante incansable, desistió de venirse a vivir
porque pasó un invierno y no le producía ningún placer su
caminata diaria en estas condiciones.
Depende el lugar que elijas para vivir, por lo general
encontrarás excursiones sencillas, que podrás hacer por tu
cuenta, a pie, en auto o en colectivo.
Entre las excursiones pagas están las de turismo aventura
y las turísticas tradicionales que por lo general implican
travesías por lago, como por ejemplo ir desde Bariloche hasta
Puerto Blest, o visitar la Isla Victoria y el famoso Bosque de
Arrayanes que está enfrente, en la península de Quetrihué
(un arrraigado mito barilochense es que Walt Disney recreó
ese bosque en la película “Bambi” *).
Te puedo asegurar que estas excursiones clásicas se hacen
una sola vez, por lo general el año que llegás (son caras para
repetirlas...) y no sé a vos, pero a mí no me gustan las
multitudes en función turística.
Para visitar el Bosque de Arrayanes te recomiendo una
excursión mucho más linda que la que sale de Puerto Pañuelo.
Tomás el barco que sale a la mañana de Villa la Angostura,
hacia la punta de la península de Quetrihué, donde está el
Bosque de Arrayanes (podés averiguar los horarios en la
Dirección de Turismo). Es un trayecto corto y allí, después
de ver los arrayanes, regresás caminando por el bosque a Villa
La Angostura. La picada está claramente señalizada. Es una
caminata de 12 km que te llevará entre 3 y 4 horas, pero
desde el Bosque de Arrayanes a Villa La Angostura es casi
todo plano y en bajada y te aseguro que vale la pena.

* Esto ha dado lugar a que en la entrada al bosque exista desde hace años una
rústica cabaña de troncos apodada «La casita de Walt Disney» que no es otra
cosa que un vulgar y corriente kiosco de venta de recuerdos turísticos.