miércoles, 29 de abril de 2009

Nos visitan amigos y parientes...

Toda relación de este título con las plagas anteriores se
debe pura y exclusivamente a tus malos pensamientos y si
entre las “otras yerbas” querés ubicar a parientes y amigos, es
un problema exclusivamente tuyo.
Porque una de las cosas buenas que tiene Bariloche es que
la familia y los amigos te visitan.
No vamos a extrañar tanto –dijo mi marido cuando nos
instalamos– si nos hubiéramos ido a cualquier otro lugar es
más difícil que te vengan a visitar, pero a Bariloche van a
venir...
Nunca imaginó hasta que punto eso se cumpliría.
Yo tampoco.
Porque es un hecho, todo lugar turístico que se precie,
proyecta una amenaza constante sobre sus felices habitantes:
las visitas.
Las ciudades andino-patagónicas no se salvan.
Y las visitas enriquecen, te llenan de cariño y de regalos, te
llevan a cenar afuera, te ponen al día (¿cómo, no se acuerdan
de la novia del Chiche?) y también, en una de esas, te
encontrás trepada a un catamarán, acompañándolos rumbo
a la Isla Victoria, o en un gomón, sorteando los rápidos de un
rio de montaña, o participando en una fascinante excursión
de turismo aventura que jamás se te hubiera ocurrido
emprender.
Dejando de lado los parientes y amigos entrañables cuya
estadía te hace indescriptiblemente feliz, las visitas se dividen
en dos grupos: “Esperadas” e “Inesperadas”.
A “Esperadas” adscriben algunos parientes y asimilados,
para quienes gozás de altísimo prestigio desde que te mudaste
a la Patagonia, sobre todo si estás en un centro de esquí como
Bariloche o Chapelco y aunque te ven laburar todo el día
deciden instalarse en tu casa y esperan que les organices paseos
turísticos.
A “Inesperadas” adscribe una masa indiferenciada de
conocidos y asimilados para quienes también gozás de altísimo
prestigio desde que te mudaste.
También se instalan en tu casa.
También esperan que les organices paseos turísticos.
En ambos grupos hay distintos especímenes:

Suegros y/o padres: Si estás casado o casada la cosa se
complica, porque tus padres son los suegros de él o de ella,
aunque hay suegros que son más suegros que sus pares.
Como no los podés ubicar en el living con una bolsa de
dormir, les cedés tu dormitorio. Pero eso no te libera de su
escrutinio.
Entonces enterate: si tenés hijos los estás educando mal y
si no tenés ¿qué estás esperando para darles un nietito?
Además tu casa es helada, ella no sabe cocinar y no entienden
cómo podés vivir en esa mugre, pero claro, si él es un vago...
Lo cierto es que toda visita suegril termina con una fría
despedida y tu íntimo convencimiento de que cuando vuelvan
– si no te has divorciado todavía – se alojarán en una hostería.

Otro espécimen clásico:

Parientes y/o conocidos con pequeñuelos: Te encanta
verlos, pero así como padres y suegros interfieren en tu vida
familiar, éstos interfieren en tu vida laboral haciéndote
trasnochar, contándote qué fue de la novia del Chiche o
dándote todos los detalles de los últimos meses de agonía de
la tía Eduviges.
Mientras, sus pequeñuelos torturan a tu perro o a tu gato,
llenan las paredes de tu casa de huellas indelebles, vomitan
en tu sillón preferido y se pelean indefectiblemente con tus
pequeñuelos, si los tenés, mientras sus papás hacen oídos
sordos y sólo sonríen.
Vos, educadamente, también sonreís.

Joven con tatuajes y piercings por toda su epidermis:
Puede ser amigo o conocido de tus hijos, si tus vástagos son
adolescentes, o ligeramente conocido/a del sobrino de un
primo tercero de tu padre. En el mejor de los casos utiliza tu
casa como depósito de su equipaje.
Por lo general no se baña muy seguido y usa borceguíes
con dibujo en las suelas que dejan un rastro de barro por
donde pasa.
En el peor de los casos se te instala. También invita amigos
que cuando llegás del laburo te reciben en tu living, tomando
tu vino o tu whisky y escuchando tus discos.

Extraños: Todos los que se aparecen alegremente (están
de vacaciones, vos no) mencionando amigos o parientes
comunes y con los que no tenés ningún tema de conversación,
salvo el pariente o amigo común que motiva su aparición. El
tema no da para mucho y lo peor es que no tenés más remedio
que invitarlos a cenar y te perdés una película buenísima que
pasan esa noche por cable.

Niños: Los parientes y amigos también te envían sus niños
que rara vez se llevan bien con los tuyos. Casi siempre te
despachan – para que pasen sus vacaciones de invierno o de
verano – a criaturas que te miran con desconfianza, extrañan
su casa y jamás comen lo que les ponés en el plato.
En cambio pierden todo lo que traen: camperas, gorros,
bastones y guantes de esquí, pasaje de regreso (que tenés que
reponer ) y gastan insensatamente todo el dinero que les dieron
sus padres en cajas de chocolate en rama con el que riegan el
lugar donde los has instalado. Por supuesto se enferman y los
tenés que cuidar.
Cuando finalmente se van experimentás prematuros
síntomas de envejecimiento.

martes, 21 de abril de 2009

Tábanos, tijeretas, chaquetas y otras yerbas





Eso que ves en la foto no es un insecto, es un cangrejito del lago.
Cangrejito, cangrejito, cangrejito de coral… ¿te acordás de la canción?
Lo que pasa es que no tengo fotos de insectos y te cuento que la primera
vez que vine a Bariloche, a comienzos de los’60, aquí no había ningún
bicho salvo los tábanos.
Ahora hay moscas, moscardones, tijeretas, hormigas,
avispas, polillas y hasta algún mosquito.
Los tábanos son bastante molestos y abundan, sobre todo,
durante el mes de enero. Lo que más fastidia de ellos es su
acoso constante, aunque también pican, pero por lo general
no dejan roncha.
La tijereta es – literalmente – un bicho que camina.
También prolifera durante el verano, es una especie de
cucarachita, que nos importó Chile con la leña y se convirtió
en plaga. Aparece en los lugares donde se concentra la
humedad: debajo del piso de las carpas, en los desagues de
las piletas, debajo de las piedras, etc. Salvo que no es agradable
encontrarla entre las cerdas de tu cepillo de dientes, es
inofensiva y raramente pica.
Es bueno recordar que, como la tijereta, la introducción
de cualquier espécimen de fauna o flora se convierte en plaga,
como la mosqueta, el ciervo colorado o las “chaquetas
amarillas”. Estas últimas (su nombre científico es Bespula
Germánica) son una especie de avispa, originaria del
Mediterráneo y abundan en la región andina. El transporte
de madera entre puertos y su persistencia favorecieron su
dispersión por distintos continentes.
Resultan de lo más molestas en los picnics o asados al aire
libre, porque son carnívoras y pretenden comer, no sólo a la
par tuya, sino de tu mismo plato y tenés que tener mucho
cuidado de no tragarte una junto con el bocado de carne
que te llevás a la boca... Además su picadura puede ser
peligrosa en caso de reacción alérgica.
Normalmente no son agresivas, excepto cuando se molesta
el nido. Una solución casera es colocar carne dentro de una
botella de gaseosa cortada en la porción superior; atraídas
por el cebo, las chaquetas entran sin poder salir y mueren.
Se recomienda no agredirlas, evitar el uso de perfumes o
cosméticos, no dejar alimentos al aire libre y mantener la
basura tapada.

martes, 14 de abril de 2009

¿Hay hantavirus?



En esta época de epidemias, les comento lo que sé acerca del hantavirus*.
El hantavirus, como el “mal de los rastrojos”, lo transmiten unos ratones,
que no son Jerry o Mikey precisamente.
En el caso del hanta, la aspiración de la caca de este
ratoncillo, llamado vulgarmente “colilargo” por sus
características, es la que provoca el virus en las personas.
En la Patagonia cada tanto aparece algún caso, como en
otras partes de la Argentina y del mundo. El virus ataca los
pulmones y puede causar la muerte. El síntoma es una
deficiencia respiratoria.
En 1996 hubo un brote importante, que se inició en El
Bolsón, en un galpón invadido por roedores. Fue algo
excepcional dado que los ratones se habían refugiado allí
corridos por el desmalezamiento de un terreno lindero,
efectuado en una época no indicada para ello.
Salvo ese año, cada tanto se produce algún caso de hantavirus,
pero aislado.
Según algunas investigaciones hay una relación entre la floración
de la caña colihue con los brotes epidemiológicos de hantavirus en
la región cordillerana de la Patagonia.
Al parecer, este vínculo se explicaría en la aparición abrupta y abundante
de semillas que facilitan el aumento de la población de ratones, en el bosque
andino-patagónico.

Precauciones:
Ante la mínima sospecha de roedores en tu vivienda, tomar
los recaudos del caso.
Antes de ingresar a un cobertizo, depósito o similar, que
haya estado abandonado durante una respetable cantidad
de tiempo, tener la precaución de ventilarlo.

*Este agente patógeno fue identificado a comienzos de los ‘50, durante la
guerra de Corea, cuando soldados acantonados a orillas del río Hantung, fueron
atacados por una enfermedad renal de tipo epidémico (La Nación, 31/10/96).

sábado, 4 de abril de 2009

¿Existe el monstruo del lago Nahuel Huapi?


Cuando en Bariloche sale el tema del monstruo del lago,
amigablemente bautizado “Nahuelito” (tal vez para que sus
míticos atributos no espanten a los turistas) inmediatamente
hacemos la conexión con el monstruo del lago Ness en Escocia
y, por supuesto, sospechamos que “Nahuelito” no es otra cosa
que una copia, mínimal, de este precursor.
Sin embargo, algo hay en el lago Nahuel Huapi, además
de truchas. Mi afirmación se basa en que mucha gente, digna
de confianza (no estaban ni borrachos ni drogados) ha
observado un fenómeno en el lago. Todos coinciden en la
descripción de una forma oscura emergiendo del agua (¿la
cabeza y parte del cuello de un animal...?) que avanza
rápidamente dejando una gran estela.
Otra coincidencia: por lo general esto sucede en días
calurosos en que el lago está muy calmo, “planchado” como
decimos aquí, como si el monstruo viviera en las profundidades
y aflorara a la superficie a causa del calor...
Lo interesante es que hace unos años se produjo el
enfrentamiento de la superstición con el pensamiento
racional, cuando unas veinte personas (la mayoría físicos) que
viajaban en un colectivo rumbo a su trabajo en el Instituto
Balseiro (comúnmente llamado “el Centro Atómico”) vieron,
sí: vieron, lo que siempre habían supuesto era sólo producto
del imaginario popular...
Lo cierto es que a partir de entonces hasta los incrédulos
suponen que el famoso monstruo del lago puede ser una
manada de huillines (especie de nutria o lobito de río) o de
ciervos, o El Cuero, terrorífico monstruo de la mitología chilota
con las características de una manta raya.