lunes, 27 de diciembre de 2010

A OTRA COSA



Para despedir este año y recibir el que viene, quiero compartir con ustedes este poema del maravilloso Jorge Leónidas Escudero*:


A OTRA COSA


¿Pongámonos bien la vida

que nos pusimos del revés?

En vez de alimentar historias de plomo

digamos cosas fáciles.


En vez de hacer de perro del hortelano,

o llorar a la luna porque no nos quieren,

echemos pájaros en el jardín de las preciosidades.


Probemos saludar a desconocidos

a ver si aparece el amor,

pues qué delgado está el mundo,

qué pálido, y necesita apoyo.


Aventa una palabra uno y afecta al tiempo futuro;

por eso hay que hablar con cuidado

y sonreír más.


Pogámonos bien la vida a ver qué pasa,

pues así como estamos se han desequilibrado

los bancos de las plazas

y si no intervenimos

¿a dónde va a ir la gente a tomar aire?


* Jorge Leónidas Escudero nació en San Juan en 1920. Comenzó a publicar a los cincuenta años. Editó sus poemas en diarios y revistas del país y del exterior. Obtuvo primeros premios en varios concursos e importantes distinciones de entidades culturales de la región de Cuyo. Editó los siguientes libros de poesía:
La raíz en la roca (edición del autor, San Juan, 1970), Le dije y me dijo (Spae, San Juan, 1978), Piedra sensible (edición del autor, San Juan, 1984), Los grandes jugadores (edición del autor, San Juan, 1987), Basamento cristalino (Filofalsía, Buenos Aires, 1989), Umbral de salida (RundiNuskín, Buenos Aires, 1990), Elucidario (Fos-Epsilon, Buenos Aires, 1992), Jugado (Fos-Epsilon, Buenos Aires, 1993), Cantos del acechante (Fos- Epsilon, Buenos Aires,1995), Viaje a ir (Fos-Epsilon, Buenos Aires, 1996), Caballazo a la sombra (Tierra Firme, Buenos Aires, 1998), Aguaiten (Canto Rodado, Mendoza, 2000), Senderear (Martín, San Juan, 2001), A otro hablar (Ediciones en Danza, 2001.

jueves, 16 de diciembre de 2010

ARRAYANES



Los arrayanes pertenecen a la familia de las mirtáceas y necesitan vivir cerca del agua para desarrollarse de manera óptima.
La corteza de los arrayanes es sedosa y fría al tacto y se descascara con facilidad. Al desprenderse deja manchas blancas, pero por suerte la naturaleza se encarga de “vestirlos” nuevamente y en forma continua.
Sus flores son parecidas a las de azahar.
Uno de los lugares en los que este árbol de color canela ha proliferado, hasta formar un bosque de más de 250 años de antigüedad, es la Península de Quetrihué (“donde hay arrayán”) en San Carlos de Bariloche.
Pero también hay bosquecitos de arrayanes, menos imponentes, como el de la foto, en Llao Llao.

lunes, 6 de diciembre de 2010

ARGENTINA: A TRAVELER'S LITERARY COMPANION




ARGENTINA: UNA ANTOLOGÍA PARA VIAJEROS:

Jorge L. Borges, Héctor Tizón, Adolfo Bioy Casares, Juan José Saer, Rodolfo Rabanal, Carlos Chernov, Marcelo Birmajer, Alicia Steimberg, Edgar Brau, Ana María Shua , José Eduardo Totah, Julio Cortázar, Luisa Valenzuela, Hebe Uhart, Mempo Giardinelli, Luisa Peluffo y Cristina Siscar.

http://www.amazon.com/Argentina-Travelers-Literary-Companion-Companions/dp/1883513197

jueves, 2 de diciembre de 2010

Ayudemos a los recicladores y al medio ambiente


www.reciclarbariloche.com.ar

miércoles, 24 de noviembre de 2010

¿Ice end o Aysén?



Aysén es considerada como la región más joven del territorio chileno. Existen varias suposiciones respecto al nombre de la región: tres de origen indígena. La primera proviene de Felipe Bate Petersen, que propone que Aisén provendría del vocablo huilliche "achén", o "Aichirrn", que quiere decir «retorcido», característica típica de los fiordos de la zona. La otra sugiere que fue un término utilizado por los chonos, cuyo significado es «que se interna más al interior», una acertada descripción del Fiordo de Aisén, que visto desde la costa del Canal Moraleda, es un trozo de mar que ingresa en el territorio con dirección oriente. Otra proviene de Kémel Sade, quien añade que la misma validez tendría la sugerencia que se trata de la palabra compuesta 'Ay-Sen', que en gününa küne o idioma aonikenk se puede traducir en "Rocas donde hay agua", aludiendo a las numerosas fuentes de agua en comparación al territorio más oriental. Otra propuesta, afirma que la región tomaría su nombre del río homónimo, el cual se remontaría a «ice end» («fin de los hielos» en inglés). Este hecho se atribuiría al capitán del navío HMS Beagle, Robert Fitz Roy, que en su expedición por la costa de la región junto a Charles Darwin habría señalado la zona en sus mapas con estas palabras. Esta teoría ha sido desestimada ante evidencias de escritos del sacerdote José García Alsué, con data de 1766, donde se refiere a la región como "Aisén".

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Florecimiento de la caña colihue *



En Bariloche, la inusual floración de la caña colihue podría aumentar el riesgo de hantavirus y también obligará a extremar la prevención de incendios. Así lo advirtieron los principales referentes del municipio, el Parque Nacional Nahuel Huapi, el hospital Zonal y el Centro Regional de la UNC al lanzar ayer una advertencia conjunta sobre el singular fenómeno.
La caña colihue es una de las especies predominantes en el sotobosque de la Norpatagonia y sus espaciada floración es un hecho inusual que intriga a los biólogos.
El intendente del PNNH, Juan Salguero, explicó que la caña florece con larguísimos intervalos que se miden en décadas. En esos casos esparce una gran cantidad de semillas y favorece la multiplicación de animales y pájaros.
Las últimas floraciones masivas de caña ocurridas en la región datan de los años 30 y 40, mientras que en 2000 se registró en el parque nacional Lanín, entre Aluminé y el lago Filo Hua Hum.
Según indicó el intendente, las cañas están en flor desde hace algunos días y comenzarían a diseminar semillas a fines de febrero, para luego morir en pie. Dada la abundancia de la especie en la región, quedará gran cantidad de material inerte sobre el terreno con el consiguiente peligro de incendios forestales. Creen que la degradación demorará una década.
Según Salguero, la floración periódica de la caña colihue es “una estrategia reproductiva”, pero los especialistas no saben con certeza cuáles son sus “disparadores”.
Entre las especies que tendrán un considerable aumento de población por la sobreabundancia de alimento aparecen la paloma araucana, el chucao, el monito del monte y cinco especies de ratones, entre ellos el colilargo, vector transmisor del virus Hanta.
Desde el brote de Hanta que produjo una docena de muertes en 1997, periódicamente Salud Ambiental difunde recomendaciones para tener en cuenta a la hora de ventilar leñeras, limpiar galpones o desmalezar terrenos, así como para las salidas de pesca o de campamento. “Si lo tomamos con seriedad no va a ser un problema”, aseguró Salguero.
La directora del hospital, Susana Martínez, señaló en tanto que sólo entre el 5 y el 10% de los ratones colilargos son portadores de Hanta y que el virus “vive poco y es muy sensible al sol”. Llamó a cuidar la limpieza de los campamentos y a tener cuidado en las salidas de montaña.
En los últimos días ya fueron detectados cañaverales en flor en la zona del lago Correntoso, en Michaqueo, Isla Victoria, Manso Inferior y El Foyel. Incluso florecieron algunas cañas que crecen en el jardín de la intendencia del PNNH, en pleno centro de la ciudad.

* Publicado por Guiaverde.net 11/11/10

http://bariloche2000.com/la-ciudad/informacion-general/55323-disribuyen-recomendaciones-por-la-proxima-floracion-de-la-cana.html

Publicado por Bariloche 2000 1/12/10

También los remito a la entrada ¿Hay hantavirus? (subida a este blog el 14/4/09)

lunes, 15 de noviembre de 2010

ME VOY A VIVIR AL SUR (librerías donde se puede conseguir)




A todos los que me consultaron donde se puede conseguir “Me voy a vivir al sur” (y a los que no también) les paso la lista de las librerías:

• LIBRERIAS YENNY Y EL ATENEO
• LIBRERIAS CUSPIDE
• AGENCIA SUR
• LIBRERIAS BOUTIQUES DEL LIBRO
• CLASICA Y MODERNA
• CASASSA Y LORENZO
• MELOMANOS ( LIBRERIAS EL ATRIL)
• DISTRIBUIDORA SANTA CRUZ
• CINCO ESQUINAS
• CASA DEL SOL
• RED DEL LIBRO
• LIBRERIAS SANTA FE
• LIBRERIA RODRIGUEZ
• LIBRERIAS DISTAL
• FRAY MOCHO, MAR DEL PLATA
• ALEJANDRIA, MAR DEL PLATA
• BABILONIA LA PLATA
• ESTANT LA PLATA
• MARTIN LIBROS
• LIBRERIA RAMOS
• MAIDANA LIBROS
• EDICIONES BAHIA
• LEAS DISTRIBUIDORA
• LIBRERIA MAFALDA
• LIBRERIA KLASIKA
• CITI BELL LIBROS
• MAGISTER LIBROS
• REAL LIBROS PATAGONIA
• LIBRERIA ROSS
• RAYUELA ROSARIO
• GRUPO DINOSAURIO
• ETERNA CADENCIA
• LA BARCA, BARILOCHE
• CULTURA, BARILOCHE
• VIDEO ZONIC, BARILOCHE
• TEMATIKA.COM

sábado, 6 de noviembre de 2010

PIONEROS EN EL FIN DEL MUNDO por Francisco Seminario *



FARO Les Éclaireurs

Les Éclaireurs ("Los Iluminadores") es un faro emplazado en el islote NE del conjunto de islotes Les Éclaireurs en el Canal Beagle, frente a las costas de la Bahía de Ushuaia, en Tierra del Fuego, Argentina. El conjunto de islotes que dan nombre al faro fueron bautizados por el Capitán de Fragata Luis Fernando Martial, al mando de la expedición francesa La Romanche en los años 1882-1883. Algunas agencias de turismo de Ushuaia promocionan las excursiones a este faro bajo el erróneo nombre de Faro del Fin del Mundo. Como se sabe, la novela homónima, escrita por Julio Verne, fue inspirada en el Faro San Juan de Salvamento, enclavado en la Isla de los Estados.

PIONEROS EN EL FIN DEL MUNDO

USHUAIA. Quizá porque la geografía imponente empequeñece cualquier gesto del hombre, o porque la nieve oculta una y otra vez todo rastro de lo que es humano, como un recordatorio de que la naturaleza estuvo antes y estará después. Lo cierto es que en esta ciudad de confín parece tener lugar, de manera cotidiana, ese encuentro último entre el ímpetu de la civilización y las fuerzas de lo originario y lo salvaje.

Es que Ushuaia es una ciudad al borde de lo posible. Un paso más allá este equilibrio se rompe definitivamente. Más al sur están el Canal de Beagle, el Estrecho de Magallanes y el continente antártico, ya fuera del mapa de lo habitable. Pero aquí todavía se percibe la tensión entre naturaleza y civilización. Una y otra parecen triunfar alternativamente, en una lucha sin fin, lo cual vuelve conmovedor el esfuerzo diario de sus pobladores y admirable la decisión de las miles de personas que llegan todos los años hasta aquí, buscando un destino. De alguna manera esta es una ciudad donde la idea del pionero resiste. Donde el término todavía tiene significado y remite a una etapa fundacional del país, a gestas muchas veces cruentas y muchas veces ejemplares.

Hay marginalidad, sin duda. Hay precariedad, injusticias y también adolescentes que consumen alcohol hasta la inconsciencia. Todo esto se ve en las calles un día cualquiera. Ushuaia no es ajena a lo que pasa en el resto del país. Pero el goteo de inmigrantes no cesa. Llegan desde hace años de todas las provincias porque perciben que en este rincón cerca del fin del mundo hay mucho por hacer.

Tierra del Fuego "está literalmente explotando en puestos de trabajo y en la generación de empleos", dijo el mes pasado la Presidenta en un acto en la Casa Rosada. Pueden coincidir con ella el mozo de un restaurante de Ushuaia, una empleada de comercio y un chofer de combi: hay trabajo para quien esté dispuesto a trabajar, aseguran. Y quizá no sea cierto para todos, pero hay una pujanza que no se ve en todos lados. En una época fue la fiebre del oro lo que atrajo a aventureros, soñadores y sinvergüenzas. Hoy, el turismo, que es aquí una industria de cuatro estaciones, crea nuevas oportunidades continuamente. Hay una verdadera invasión de brasileños, impulsada en parte por el cambio favorable. Hay un comercio dinámico, una industria tecnológica que crece, hay actividad pesquera y minera...

La ciudad se ve desordenada. Posiblemente creció demasiado rápido en las últimas décadas. Creció sin orden ni concierto, un poco como pudo, como crecen las ciudades de frontera y los puestos de avanzada de una nación que se expande en territorio inhóspito. Pese a las dificultades evidentes, al rigor del clima y a la lejanía, Ushuaia protagoniza una historia de éxito que de alguna manera ha ido a contramano del país. Y en esa tensión con la naturaleza imponente ha mantenido vivo el espíritu pionero que hace posible su propia existencia.

* Publicado en La Nación, Domingo 12 de setiembre de 2010

sábado, 30 de octubre de 2010

EL MEJOR DE LA ETAPA DEMOCRÁTICA por Roberto “Tito” Cossa*



Sin haber sido kirchnerista, uno siente que fue el mejor gobierno de la etapa democrática, el que más avanzó sobre las cosas más importantes, el que reivindicó el rol del Estado en el control y el ordenamiento de la economía. Dio reivindicaciones todavía incompletas pero importantes a trabajadores, jubilados, a los más postergados. Su política exterior fue muy buena y la de derechos humanos, impecable. Son muchas cosas como para no sentir que se nos haya ido. No fue el único en este proceso, pero sí fue quien lo puso en marcha. El tema es cómo continúa: no queda Isabelita sino Cristina, que demostró capacidad para seguir el proyecto y profundizarlo. Aun así, uno siente que Néstor era el armador de todo ese enjuague político. Alguien dijo por radio que se metió en el barro, en este año de elecciones. Ella perdió un copiloto imprescindible. Esa es la incertidumbre que se abre. Deja sus hechos: es un hombre que puso a la política de vuelta en el escenario. Y pudo sobreponerse a las presiones de las corporaciones, al poder mediático que se quería imponer, es decir, que no quería que hubiera política.

* Uno de los dramaturgos más importantes de la historia del teatro argentino. Entre sus obras más conocidas se encuentran La Nona, Yepeto, El viejo criado, Gris de ausencia, Los Compadritos, Nuestro Fin de Semana (1964) y Tute Cabrero. Fue uno de los promotores de Teatro Abierto.

Publicado en diario Página 12 , Jueves, 28 de octubre de 2010

lunes, 18 de octubre de 2010

Nueva edición de ME VOY A VIVIR AL SUR



Me alegra poder contarles que tengo en mis manos la nueva edición de “Me voy a vivir al sur” (el libro que dio origen a este blog) y que muchos de ustedes venían reclamando hace tiempo.
Esta edición viene con viñetas y dibujos de Ignacio Masllorens, que ilustró la portada y ya está en Bariloche, en las librerías Cultura, La Barca, en Video Zonic, en la Terminal y en el Aeropuerto .
En pocos días estará a la venta en otras librerías de Bariloche y Buenos Aires.
Cualquier información pueden comunicarse con Gárgola Ediciones: 4331 4204 o consultar en ventas@gargolaediciones.com.ar
Que lo disfruten.

sábado, 16 de octubre de 2010

33 CRUCES QUE NO FUERON por Hernán Rivera Letelier *

Primero fueron las carpas solitarias de los familiares. Llegaron a la mina con banderas, con santitos, con velas de duelo, con fotografías de los padres, de los esposos, de los hermanos, de los hijos enterrados allá abajo. Mientras comenzaba el rescate allí se quedaron, día y noche, rezando, llorando, blasfemando, exigiendo justicia, soportando el viento y el tierral inclemente, el calor durante el día y el frío atigrado de la noche. Y cuando todo hacía suponer que el drama terminaría como siempre, que allí, sobre la mina convertida en fosa común, iban a aflorar 33 cruces de animitas, iguales a las cientos que se alzan a lo largo del desierto chileno, sube desde las profundidades el mensaje que estremece a todos: los hombres están vivos.

Fue el comienzo de un espectáculo de espejismo. Como en un desfile de feria comenzó a llegar una muchedumbre que alborotó la tranquilidad del desierto: payasos de semáforos, predicadores evangélicos, actrices de telenovelas, millonarios excéntricos repartiendo millones como embelecos, modelos, humoristas, políticos, presentadores de televisión y miles de periodistas de los más lejanos países del mundo. Y de la noche a la mañana, en medio de un gran desorden y confusión de lenguas, apareció un pueblo de Babel que en su momento de apogeo tuvo una población de más de 3.000 personas.

La historia del desierto de Atacama está coronada de tragedias (como una larga muralla coronada de vidrios rotos). Huelgas interminables, marchas de hambre, accidentes fatales, mineros ametrallados y cañoneados a mansalva en masacres inconcebibles. Todo esto a causa de una larga data de injusticias laborales, sociales y morales en contra del minero, injusticias que, pese a los años y a ríos de promesas políticas, se han conservado inalterables, como agrias momias atacameñas. Se dice Desierto de Atacama y se entiende drama, explotación y muerte. Por eso ya era hora de que se viviera una epopeya con final feliz. Ya era hora de que la tierra, regada tanto tiempo por la sangre, el sudor y las lágrimas de los mineros, devolviera verdores desde su vientre, devolviera frutos de vida. Aquí sangre, sudor y lágrimas no es una frase vulgar. Yo, que viví 45 años en este desierto, que trabajé en las minas a rajo abierto -solo dos veces y por muy corto tiempo lo hice en minas subterráneas-, lo puedo decir fehacientemente: el desierto de Atacama está regado de sangre, sudor y lágrimas.

El rescate de los 33 mineros de Copiapó, además de un triunfo de la tecnología, se alza desde este desierto como una lección de vida para la humanidad entera. Una prueba de que cuando los hombres se unen a favor de la vida, cuando ofrecen conocimiento y esfuerzo al servicio de la vida, la vida responde con más vida. Aquí no se trabajó buscando oro o petróleo o diamantes. Lo que se buscaba era vida. Y brotó vida, 33 chorros inmensos. Y a los estallidos de aplausos y abrazos y risas mojadas de lágrimas de la muchedumbre en la mina, y del júbilo de campanas y sirenas de las ciudades del país, se sumó la alegría emocionada del mundo entero. Éramos todos seres humanos conmovidos hasta los tuétanos.

Porque a medida que cada uno de los mineros iba subiendo, saliendo, renaciendo desde las entrañas de la tierra, cada uno de nosotros lo sentía como emergiendo desde el fondo de su propio pecho. Fue la celebración total de la vida.

Ya lo he dicho: el desierto está poblado de cruces, testimonios mudos de muerte y desolación. Hagamos por lo tanto de este lugar un homenaje a la vida. No construyamos otro monolito, que son superfluos; no levantemos un monumento, que hay demasiados; no erijamos un santuario, que ya hay los suficientes. Echemos a volar la imaginación y creemos algo nuevo, algo que manifieste a toda la raza humana.

Yo propongo un Elogio de la vida.

Un mensaje para los 33: que les sea leve el alud de luces, cámaras y flashes que se les viene encima. Es cierto que sobrevivieron a esa larga temporada en el infierno, pero al fin y al cabo era un infierno conocido para ellos. Lo que se les viene ahora, compañeros, es un infierno completamente inexplorado por ustedes: el infierno del espectáculo, el alienante infierno de los sets de televisión. Una sola cosa les digo, paisitas, aférrense a su familia, no la suelten, no la pierdan de vista, no la malogren, aférrense como se aferraron a la cápsula que los sacó del hoyo.

Es la única manera de sobrevivir a ese aluvión mediático que se les viene encima. Se los dice un minero que algo sabe de esta vaina.

* Hernán Rivera Letelier, escritor chileno, premio Alfaguara de Novela 2010.

Publicado en Diario El País, Jueves, 14 de Octubre de 2010

jueves, 7 de octubre de 2010

RELATO DE UN MÉDICO ESPAÑOL QUE RESIDIÓ EN BARILOCHE *



Roberto José Sánchez es un joven médico generalista español que realizó una pasantía en febrero. Al regresar quedó ligado al paisaje, la gente, las constumbres, algún "medio amor" como él dice. Y su añoranza se tornó semblanza crítica y memoria. Urticante y conmovedora. El asombro de un médico extranjero ante ciertas cosas que nos pasan y que solemos pasar por alto. El entrañable modo de ser argentino y barilochense. La pobreza. Los miedos:

“Bariloche es una ciudad trampa, como tantas. El que vaya de turista conocerá las tres calles principales, adyacentes al bonito lago y los montes, con lujosas tiendas de ropa, con las firmas más caras de artículos para la montaña, con restaurantes, discotecas, chocolaterías, agencias de viajes, algún parque, la bonita plaza mayor, alguna iglesia. Todo preparado para satisfacer a los turistas de fuera del país y a las clases más altas de dentro, sobre todo en el invierno, cuando la ciudad se convierte en un importante centro de esquí (…) Es una ciudad trampa, como tantas. Como casi todas las ciudades grandes. Como tantos sitios en el mundo que parecen lo que no son. Una de las mayores mentiras del mundo es el turismo. Los turistas, en nuestro afán por satisfacer las ideas preconcebidas que tenemos sobre el lugar al que queremos ir, nos tragamos lo que sea y nos vamos creyendo que sabemos algo del lugar y, más gravemente, de la gente que vive en los lugares que hemos visitado. En Bariloche, como en tantos sitios, los turistas y los locales se dan la espalda. Como en tantos sitios, y sobre todo como en los países pobres, los lugares son diferentes para los turistas y los locales: los bares, los parques, los restaurantes, las tiendas, los supermercados, las calles, el aire, la soledad, la resaca... Me he pasado la vida en sitios en los que la gente se da la espalda, en mi Salamanca natal los viejos y los estudiantes, en Madrid los madrileños y los de fuera, los españoles y los de fuera... No darse la espalda no es sólo no agredirse, sino que es conocerse y convivir, mezclarse.

Una cosa es la imagen que tiene un turista que pasa tres días en un sitio y otra alcanzar a intuir los mecanismos íntimos en los que se articula la ciudad. Cuando yo llegué a Bariloche, mi deseo era ver cómo funcionaban los engranajes, esos hilos que unen a la gente y sus sentimientos y que son de finos como los hilos con los que nos manejan. ‘Lo esencial es invisible a los ojos’ … “

* Publicado en Bariloche 2000 6/ 10/ 10. Nota completa en: www.bariloche2000.com

sábado, 2 de octubre de 2010

Descubren en Bariloche el fósil de margarita más antiguo del mundo *




Rodolfo Corsolini, director del museo del Lago Gutiérrez, es el autor del hallazgo, publicado por la prestigiosa revista científica Science. Estaba en buen estado de conservación pese a que la flor casi no deja registros fósiles.
El fósil de la flor margarita más antiguo del mundo, que data de unos 47 millones de años, fue hallado cerca de ciudad rionegrina de Bariloche, se informó este viernes (24-09-10).
"Este ejemplar de la familia de las margaritas data de unos 47 millones de años, del período del eoceno (entre 58 y 37 millones de años atrás). También se hallaron restos de granos de polen. No hay registro de que supere su antigüedad hasta ahora en el mundo", dijo Rodolfo Corsolini, autor del descubrimiento y director del Museo del Lago Gutiérrez.
El hallazgo se hizo en 2008 y luego de las investigaciones de laboratorio que determinaron su origen y antigüedad, corroboradas por un equipo de científicos argentinos y suecos, fue publicado en la más reciente edición de la prestigiosa revista científica Science.
Corsolini, de 57 años, dijo que encontró el ejemplar en la zona del río Pichi Leufú, en los alrededores de Bariloche, mientras acompañaba a su hijo Julián en una misión de estudios de paleontología.
"Mientras caminábamos por la zona con mi hijo nos llamó la atención la hoja que estaba fosilizada en una laja (piedra) suelta. El ejemplar estaba en muy buenas condiciones", señaló el investigador en declaraciones telefónicas.
El descubrimiento probaría que la flor de la familia de las margaritas, cuyo nombre científico es Asteraceae, es originaria de la región de la hoy llamada Patagonia argentina (sur) y luego se diseminó por el mundo, según los indicios de los investigadores.
"El hallazgo es muy llamativo porque la flor es un material que casi no deja registros fósiles. Normalmente se desintegran. Pero además estaba en muy buen estado de conservación", añadió el profesor.
Sostuvo que el descubrimiento, además, es importante para determinar cómo era el medioambiente en la región en el período del eoceno.
La flor "estaba en una laja como si fuera una impronta, muy bien preservada. Los investigadores también pudieron extraer granos de polen", señaló Corsolini.
"Posiblemente, desde América del Sur, los primeros representantes de esta familia migraron primero hacia otros continentes y luego hacia el resto del mundo", dijo Viviana Barreda, del Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia de Buenos Aires, donde se realizaron las investigaciones.
Barreda señaló que el polen hallado permitió determinar la pertenencia de la flor fósil a la familia de las asteráceas.
El ejemplar está depositado en el Museo que dirige Corsolini en una bella región ubicada en las faldas de la cordillera de Los Andes rodeada de bosques y lagos.

* Publicado en el diario Río Negro el 24/09/2010

domingo, 26 de septiembre de 2010

SUPERFICIES por Miguel Masllorens *



Era otoño. Caminábamos por el bosque. A medida que nos adentrábamos en la tupida flora patagónica, más húmeda se volvía la atmósfera. Los tonos de verdes y amarillos acaparaban el paisaje. El sol, intermitente, se colaba entre los árboles. Miré a mi alrededor y comenté:
- Cuando camino por esta zona, a veces tengo la sensación de que no estoy
solo.
- Para mi el bosque es como un ser abstracto en si mismo - respondió mi
amigo.
Continuamos la travesía, rememorando historias de fogones y montaña. La picada se tornó más irregular, hasta que nos topamos con un gran macizo de roca y unos metros más adelante, la entrada de una cueva. La grieta de grandes dimensiones que rasgaba la mole natural se erguía imponente.
- No me acordaba de esta cueva... - dije, medio extrañado.
- La verdad que yo tampoco… - me contestó.
Unos pocos segundos fueron suficientes para que la curiosidad nos recorriera la médula de pies a cabeza. Nos internamos en la misma, avanzando cautelosamente por un pasadizo húmedo que se fue bifurcando. Las goteras resonaban rítmicamente dentro del espacio mohoso con aliento estancado. Seguimos un sendero, otro y otro. La oscuridad nos envolvió lentamente.
Al cabo de un rato, nos percatamos de que ninguno estaba muy seguro sobre qué dirección tomar para regresar a la entrada. Extrañamente, dos mochileros experimentados nos habíamos perdido en las profundidades de la cueva. Estando uno junto al otro, casi no podíamos divisarnos. Nuestras voces resonaron en la caverna:
- Tratemos de calmarnos, a fin de cuentas no estamos atrapados - quise
convencerme.
- Si, pero esta oscuridad me está dando un poco de claustrofobia. - dijo mi
amigo.
- Antes que nada hay que relajarse. Sólo hay que encontrar la salida. Hagamos
una cosa: démonos las manos para ir más seguros y evitar tropezarnos.
- Me siento un poco mareado. Mejor no hablemos mucho hasta que consigamos salir.
- Todo bien. Respirá profundo y si te hace sentir mejor, no hables – le dije.
A tientas, continuamos desplazándonos por el laberinto de piedra. Los charcos y las goteras se multiplicaban. Nos dimos cuenta de que la dirección que habíamos tomado no era la originaria, pero seguimos caminando; la posibilidad de detenernos o volver sobre nuestros pasos, implicaba alimentar nuestro estado de pánico. En algún lado tendrá que desembocar este camino, me dije a mi mismo. El agua comenzó a treparnos los tobillos y el frío se hizo sentir.
De pronto, mi amigo se detuvo bruscamente. Intenté seguir, pero me sujetaba la mano, petrificado en el lugar.
- ¿Qué pasa…volvemos mejor? – le pregunté.
No contestó, había enmudecido. Girándome hacia él, mis dedos se estremecieron al rozar su torso desnudo, helado.
- ¿ Y tu ropa, estás loco…?! - grité alterado.
Mi propio eco fue lo único que obtuve como respuesta. Volví a palparle el pecho para comprobar que no estaba equivocado. Rápidamente subí hasta la cabeza y descubrí, no sin espanto, que estaba completamente calva. Un acto reflejo me hizo retroceder y zafarme de la mano que me aferraba. Empecé a correr desesperadamente, aunque con dificultad, porque el agua se hizo cada vez más profunda. Puntadas de frío se me clavaban en las piernas. Escuché ruidos que se acercaban. Más adelante, logré divisar algo de luz bajo el agua. Al acercarme, me di cuenta que era un pasaje submarino que aparentemente conectaba con el exterior. El agua ya me llegaba casi a la cintura. Tomé aire, y a pesar del riesgo de congelamiento, me sumergí.
La luz blanca irritó mis ojos. Mientras emergía desde el fondo de una laguna de la zona, advertí la presencia traslúcida de una capa de hielo que se extendía por todo el perímetro. Golpeé enloquecido con mis puños hasta abrir un orificio por donde respirar. Ya no sentía mis extremidades. Asomé un brazo y arranqué un pedazo de hielo más. Saqué la cabeza y poco a poco el torso, hasta lograr salir por completo. Temblando, me postré exhausto sobre la superficie.
Acostado boca abajo, todavía agotado, distinguí algo borroso que se movía bajo el agua. Una figura desnuda, de piel pálida y calva, me duplicaba. Estando uno junto al otro, casi no podíamos divisarnos. La fina frontera nos separaba simétricamente. Finalmente, se perdió en las profundidades de la laguna.

Despertó confundido, tendido en la orilla. El sol intermitente, que se colaba entre los árboles lo había secado. ¿Cuánto tiempo habría estado inconsciente? Miró a su alrededor y sólo entonces pudo recordar. El hielo, el agujero, la laguna, el bosque, la cueva. Empezó a correr desesperadamente. Se internó en el bosque, debía buscar ayuda. Siguió un sendero, otro y otro. Tenía que encontrar a su amigo. Los árboles y las rocas se multiplicaban. De pronto, se detuvo bruscamente. Ahí estaba la grieta de grandes dimensiones, imponente otra vez. Avanzó cautelosamente por el pasadizo húmedo que se fue bifurcando. Escuchó ruidos que se acercaban y se agazapó detrás de una roca. Unas voces resonaron en la caverna. Al mismo tiempo que reconoció la voz de su amigo, enmudeció y un escalofrío le recorrió la médula de pies a cabeza. Las voces reproducían de manera exacta aquellos diálogos que alguna vez habían tenido. Petrificado en el lugar, se estremeció al palparse el torso desnudo y helado; hasta llegar a la lisa superficie de su cráneo. Era otoño.

* Miguel Masllorens nació en San Carlos de Bariloche. Transitó por la carrera Artes Combinadas de la UBA. Colaboró con contenidos para la revista de artes urbanas Newton Las Pelotas! Fue productor del programa radial Nautilus, 20.000 segundos de cultura submarina. Coordinó la sección de cine de la guía cultural Tbas. Produjo el EICU (Encuentro Internacional de las Culturas Urbanas) en el C.C. Recoleta y C.E.C. de Rosario. Actualmente dirige la performance de malabar Isondú, el proyecto de fotoperformance LigLab. Paralelamente se desempeña como dj migma realizando scratches con discos de vinilo para grupos de jazz, hip-hop, danza e improvisación. Escribió ocasionalmente en su adolescencia y todavia no sabe bien a qué se dedica.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Primavera y Día B


Picnic de Lectura: Mañana es el Día B y estamos invitados a soltar un libro en cualquier lugar público para celebrar el Día de la Bibliodiversidad.Podés unirte a esta iniciativa desde cualquier lugar del país.¡Sumate a la liberación de libros en tu plaza, calle o transporte más cercano!

La BIBLIODIVERSIDAD es la diversidad cultural aplicada al mundo del libro. Como eco de la biodiversidad, se refiere a la defensa de un variado repertorio de voces y el acceso universal a la información y el conocimiento. En el mundo entero, la bibliodiversidad está íntimamente ligada a la producción de los editores independientes.

El “DIA INTERNACIONAL DE LA BIBLIODIVERSIDAD” se celebrará simultáneamente en diez países de Latinoamérica este año y se prevé que editores y asociaciones de editores independientes de otros 35 países sumen su participación en 2011.

Si bien la nominación que se elevará a la UNESCO reviste carácter universal, se ha elegido este día en particular por motivos simbólicos: el 21 de septiembre es el Día de la Primavera en el Hemisferio Sur. La Primavera evoca la variedad, el contraste de colores, el reverdecimiento, la transición, el amor, perfume, el anuncio de lo nuevo. Y el Sur connota la posición de periferia del sentido de circulación de las ideas en un mundo globalizado.

A la búsqueda de formas alternativas para la circulación del libro, una de las muchas actividades que se desarrollarán en EldíaB es una SUELTA DE LIBROS EN LUGARES PÚBLICOS. En el acto de desprenderse de un libro querido se estimula la multiplicidad de las lecturas y la acción de desprendimiento. Cuando un libro es leído sólo una vez no aprovechamos el máximo de su potencial. Estimulamos así que el próximo 21, los lectores salgan a los espacios y medios de transporte público dispuestos a soltar y a encontrar libros.

En Buenos Aires, editores, autores y lectores se encontrarán para intercambiar lecturas en la Plaza San Martín de 16 a 18 horas. Llevá tu libro para soltar y encontrate con un libro que te está esperando. En el resto del país, estás invitado/a a soltar libros en cualquier lugar público.

Más información en www.eldiab.org

martes, 14 de septiembre de 2010

LA TROCHITA




EN VIAJE por Martha Perotto *

Había hecho el viaje a la estancia para robustecer algunos convenios comerciales iniciados el año anterior y que se concretarían al final de la invernada. Cuando llegó, el clima estaba bueno y nada hacía pensar en la intensa nevada que se descargó después.
El dueño de la estancia lo invitó a quedarse unos días.
― Hasta que se pueda andar por los caminos.
Y así lo hizo. Pero parecía un alma en pena rondando por las habitaciones y los galpones en la espera.
Rogó al dueño que en cuanto vislumbrara la posibilidad de moverse lo llevara a la estación de Leleque para viajar en "La Trochita" hasta Jacobacci. En esta localidad de la línea sur podría abordar el tren a Buenos Aires, procedente de Bariloche. Corrían los años sesenta.
Antes de iniciar este trabajo, él pensaba que el mundo estaba muy adelantado en materia de comunicación y desplazamientos; sus recorridos por las estancias de la Patagonia ― con el fin comprar lana para la compañía textil que lo había contratado ― le demostraron lo errado que estaba.
Se le hizo imperioso no permanecer ni un minuto más en ese tiempo demorado, detenido en otro siglo, lejos de todo y en el que el invierno tenía sólo el aspecto de una larga espera que a nadie parecía importarle y a la que se sumaba la suya, colmada de impaciencia.
El dueño pudo contenerlo apenas unos pocos días más. Para cuando aprestaron la chata con dos caballos ― único vehículo capaz de circular ― los caminos habían mejorado bastante. Buscaron convencerlo de que esperara el convoy en cualquier punto de las vías, que no era necesario llegarse hasta la estación. Que había que hacer un buen fuego para que lo viera el maquinista y detuviera el tren para que él lo abordase, que era la costumbre del lugar.
Decidió hacerles caso, alcanzarían las vías en una hora, mientras que llegar a la estación implicaba por lo menos cuatro o cinco si todo andaba bien. Llevaban en la chata la leña necesaria para mantener un buen fuego por unas horas puesto que la vegetación de la zona no ofrecía muchas posibilidades en ese aspecto.
― Y menos pa` un forastero. Acá nosotros sabimos buscar raices que prienden; matas que se queman aunque estean mojadas.
Y partieron. La nieve iba descubriendo manchones de pasto duro, pero se resistía a abandonar los puntos en los que se había acumulado, "voladeros" como les decían que en muchos lugares habían llegado a formar verdaderas paredes de nieve, dada la violencia del viento.
Pronto alcanzaron el terraplén que sostenía los rieles de "La Trochita", minúsculo tren de trocha angosta. Setenta y cinco centímetros entre los rieles y una copia en miniatura de los trenes a vapor.
El peón que lo había conducido hasta allí, le ayudó a preparar la fogata y le dijo que la mantuviera encendida para que el maquinista viera el fuego. Lo dejó en una loma, en un tramo recto de los rieles; buen lugar. Ahí tenían que verlo por fuerza, ya que para ascender el tren debía pasar cerca varias veces en un recorrido sinuoso.
Las vías estaban despejadas, señal de que el tren había pasado rumbo a Esquel y pronto estaría de regreso, "Hora más, hora menos" como le dijo el peón antes de dejarlo con todo listo, saludarlo y azuzar a los caballos mientras se alejaba.
Pronto dejó de verse. El fuego chisporroteaba alegre. Pero su espíritu no acompañaba ese sentimiento, recién se daba cuenta de que era un disparate su apuro. Él, un ignorante en todas las cosas del campo, estaba solo en esa inmensa soledad, con combustible sólo para unas horas. El frío era intenso.
Se sentó sobre la valija y se propuso no perder las esperanzas, que ya eran un delgado hilo que en cualquier momento podía quebrarse... como él, un tipo que se creía duro, acostumbrado a la lucha en la ciudad; a la que siempre consideró como una selva en la que había que sobrevivir, y eso lo hacía bien.
Aquí... miró alrededor... había que soportar la soledad, conformarse. Frugalidad en una tierra que da poco es la mejor respuesta de adaptación... además, se necesitaba resistencia... sabiduría para encontrar protección en los temporales de nieve ― como ese último, que por suerte le había tocado vivir bajo techo ― ¿y si se desataran ahora todos los demonios de ese clima terrible?
Volvió a su primera determinación de no pensar en el tema y echó más leña al fuego. Su reloj no funcionaba desde hacía unos días, calculó que ya había esperado cerca dos horas. Se resignó, era evidente que el tren venía con demora. Comió hasta acabar lo poco que llevaba. Pasaron unas dos horas más. El cielo se encapotaba rápidamente, se venía otra tormenta. La desesperanza comenzaba a cubrirlo como un manto.
El frío lo rodeaba. Tenía calor de un lado y frío del otro, según el costado que exponía al fuego. Vuelta y vuelta. Diferencia entre vida y muerte.
Iba a oscurecer temprano; le quedaba poca leña ya. ¿Y si se le terminaba y el tren pasaba sin verlo?
Percibió un temblor en los rieles sobre los que, por casualidad, pisaba. Les puso una mano encima y después acercó la oreja. El pequeño convoy se acercaba.
Un ruido acompasado rompió el silencio y un pitido acompañado del vapor espeso que salía de la chimenea del tren saludó al humo de su pequeño fuego, ya lo habían visto. Alimentó la hoguera con los últimos palos de leña y el vigor de las llamas calentó su aterido corazón. Volvió a saludar al maquinista en la siguiente pasada y en la otra y se aprestó para abordar el tren. "Inútil apurarse" se dijo, puesto que aún pasaría otra vez por el mismo punto, cada vez un poco más alto, hasta que luego de un tiempo que le pareció infinito se detuvo a su lado en una suma de chirridos y quejidos de hierros y maderamen viejos. Parecía un tren de juguete; una miniatura de parque de diversiones o de recorrido de jardín zoológico. Subió. Un guarda le cobró el boleto y lo hizo ingresar a un vagón atestado de personas y de bultos. Un tufo húmedo de gente amontonada, de leña verde, de establo, le golpeó el olfato. Los rostros curtidos de hombres y mujeres se volvieron hacia él. No había sorpresa por el hecho de que el convoy se detuviera a levantar pasajeros en medio de la nada, eso era habitual. Él era el motivo de la curiosidad; aunque vestido con ropas de fajina, no podía desmentir su aspecto ciudadano. Destacaba entre los colores oscuros y terrosos de ponchos y sombreros.
Nadie hablaba. Se acomodó como pudo en un rincón y, pasado un rato, aún sentía las miradas fijas en él; le pareció obsesivo, casi una provocación. Afuera se había desatado la tormenta; nevaba poco, pero no tenía visos de parar Parecía que no avanzaban, quedar aislados era un riesgo. ¿llegaría a tiempo para combinar con el otro tren, el que lo llevaría a un lugar civilizado?
El vagón tenía una estufa en el centro; los asientos eran pequeños, de madera, como hechos a escala para muchachitos de doce años.
Los hombres alimentaban el fuego mientras las mujeres hacían circular dos o tres mates. Las pavas se calentaban sobre la plancha de hierro de la estufa.
Las miradas fijas, más que provocación comenzaron a parecerle parte de una conspiración. En mala hora, recordó una vieja historia, un cuento ― creía que de Mark Twain ―, que hablaba de un tren aislado en la nieve y sin provisiones. En él, los pasajeros realizaban un sorteo para ver quién sería destinado a servir de alimento a los otros. Con frialdad sajona habían considerado que ésa era la única forma de que algunos pudieran sobrevivir. Canibalismo. Humor negro del irónico autor. Si ello sucediera en este tren, seguro que él sería la víctima, sin sorteos.
Estaba cansado, pero no quería dormirse.
De pronto, con los habituales jadeos y un frenazo brusco, el tren se detuvo. Descendieron: una pequeña avalancha había tapado los rieles. El maquinista y el guarda repartieron palas y, turnándose, los hombres pusieron manos a la obra para despejar las vías. Él se encontró de golpe paleando nieve con el mismo entusiasmo de los demás. Terminaron con bastante rapidez. Era hora, la nieve arreciaba. Subieron helados y empapados, pero seguían en viaje.
El trabajo en común los había hermanado. Alguien le alcanzó un mate con una blanca sonrisa en el rostro moreno que antes le había parecido torvo. Una mano callosa le alargó una torta frita. Un joven sacó una guitarra y él, acunado por el bamboleo del tren, rodeado por el calor humano y el de la estufa, con el estómago aplacado, se durmió como un niño al compás de una bella y triste milonga surera.

* Martha Perotto nació en la ciudad de Buenos Aires y hace más de 23 años que reside en El Bolsón, Río Negro. Es maestra y Profesora en Lengua y Literatura, ejerce la docencia en escuelas secundarias.
Sus obras son: "Cuentos para un invierno largo" (2000) y dos novelas: "De un castillo en Patagonia" (2003) y "Territorio: Waj Mapu. Patagonia secreta" (2004) y el libro "En Viaje" (2005)al que pertenece este relato.
Integra las antologías: "El lunes a las ocho" (El Bolsón); "Isidro Quiroga 93" (Comodoro Rivadavia); "De jinetes y soledades" (Biblioteca Nacional); "Bolsoneros, cuenteros y verseros" (El Bolsón).

lunes, 6 de septiembre de 2010

FESTIVAL NACIONAL DE CINE Y VIDEO “Río Negro Proyecta”

“Los labios” y “Orquesta roja”, tuvieron que contentarse con compartir el premio más importante del certamen. La primera de las películas lleva las firmas de Iván Fund y Santiago Loza, mientras que la segunda es obra de Nicolás Herzog. Se vieron forzados a adoptar esa determinación salomónica los jurados Fernando Martín Peña, Anahí Berneri y Miguel Pereira.

Por otro lado, una de las problemáticas que cruza la región, es decir, la presencia de las trasnacionales de la minería con su secuela contaminante, alcanzó un reconocimiento de mucha importancia, al imponerse en la categoría Mejor Largometraje Regional “Vienen por el oro, vienen por todo”, de Cristián Harbaruk y Pablo D’Alo Abba. En este caso, la película se hizo acreedora de 15 mil pesos, que instituyó la repartición gubernamental organizadora.
Pero además, “Vienen por el oro...”
http://www.youtube.com/watch?v=iwTlXaH5Gfg también se llevó otro galardón, el “Mamachita seguí rodando”, que otorga la productora Masa Latina.

En este rubro, se registró también una mención especial del jurado para “Camino al Tembrao” del realizador Federico Laffitte. La entrega de premios tuvo lugar en la víspera, luego de que se agotara la programación y de la correspondiente cavilación de los jurados.

En la Competencia Regional de Cortometrajes, se llevó la primera distinción el corto “Singapur”, tarea de Manuel Reyes y Agustín Grego. En este caso, los realizadores se alzaron con otros 10 mil pesos, que también instituyó la Subsecretaría de Cultura de Río Negro. El jurado se conformó con Diego Brodersen, Juliana Pousiff y Laura Linares, quienes otorgaron otra distinción: el Premio Especial del Jurado. La distinción consiste en tres becas de capacitación para el Centro de Formación Profesional del SICA. Se alzó con este premio “Fortín Chacabuco”, de Mariano Benito.

Publicado por diario El Cordillerano, San Carlos de Bariloche, 6/ 09/ 10

sábado, 4 de septiembre de 2010

MARCELINO CAYÚN por Guillermo Luis Rodriguez *




Dos días antes de la nevada grande que hubo en el ochenta y dos, Marcelino le dijo a su madre:
-Tiene ganas de nevar.
-Ahá, dijo ella, y continuó amasando el pan.
-Tenemo poca carne.
-Qué habrá, dijo ella, medio cuarto y un pedazo de cogote. Eso habrá.
El silencio tiene la dimensión del campo. La luz es extraña. Marcelino no deja de mirar por la ventana.
-Tendría que buscar los capones. Dijo Marcelino.
Ella asintió. Cortó varios panes que fue colocando en platos de lata. Cuando terminó dijo:
-¿Cuándo va a ir?
¿Cuántas veces fue al bajito del molino? Todos los días de su vida, podría ir con los ojos cerrados. Conoce cada piedra, cada mata, cada sonido del viento silbando entre las lomas.
Marcelino tiene treinta y dos años. Apenas fue dos veces al pueblo, una vez "para el documento" y otra vez, "para la revisación del servicio militar". Pero no fueron buenas experiencias. Hay tanto para hacer en el campo que no alcanza el tiempo, y este campo no da para peón.
El vecino Don Martínez le dijo una vez que lo invitaba a venir con él y que lo tenía alojado en su casa. Así que podía ir. Pero dejar sola a la vieja con "la Flora y la Norma", no se puede. Alguien debe cuidar.
-¿Qué va a hacer?
-Y, mañana voy a dir al bajito del molino. Seguramente que están ahí.
-¿ Llevá el caballo y lo perro?
-Y, sí. Así toy de vuelta pal medio día. Los tenemos en el corral chico... por lo meno tenemo carne.
Al día siguiente, la madre de Marcelino se despertó más temprano. Se levantó y miró por la ventana como buscando la señal que justificara esa calma. Había nevado toda la noche. Más de un metro de nieve rodeaba todo el paisaje.
-Marcelino. Ta todo nevado. ¡Ni se puede salir de las casas!
-La puta madre que lo parió - fue la respuesta.
Marcelino se levantó, se vistió con todo lo que tenía de abrigo y pateando nieve llegó a la cocina. Hizo fuego y preparó unos mates. Las mujeres de la casa empezaban las tareas del día. Entonces Marcelino dijo:
-Me via dir a pie nomás. Ni caballo ni perro. Lo perro no puede andar ahí.
Su madre dejó que un largo silencio tomara la dimensión del desafío. Entonces dijo:
-¿Te parece Marcelino?
-Y, sí. Así puede estar tres meses o más. No vamos a tené nada para comé. Ni a lo del vecino vamo a podé ir.
Le hicieron un atado con tortas fritas, charque, yerba, un poco de azúcar, un jarro de lata, un puñado de cigarros armados y dos cajas de fósforos envueltos en un nailon.
Cuando todo estuvo listo, dijo:
-Bueno, chau.
La madre y las hermanas vinieron y le dieron un beso.
Salió cerca de las diez de la mañana.
Pasada la loma el trayecto fue más difícil. Allí empezó a sentir el ruido. Al principio pensó que era la camioneta del vecino. Pero no podía ser. Además ni cuando hay buen tiempo conviene andar por esos lugares. La nieve le llegaba más arriba de la cintura. Ya había sentido que debajo de la nieve debía haber varios animales porque los oía balar. En ese momento se apareció el aparato.
Desde más de cien metros vieron a ese hombre abriéndose camino con la pala. Era una hormiga negra cruzando un enorme helado de limón.
Marcelino nunca vio algo así, que se le viene a la cabeza y no tiene adónde ir. Se siente vulnerable. Atrapado. El viento, el ruido lo hacen temblar. Así y todo piensa: "parece un walkie-walkie gigante" **.
El helicóptero de rescate fue descendiendo lentamente. Cuando estaba a cuatro metros del suelo, se corrió la puerta del costado y se asomó un hombre de mameluco anaranjado que dejó caer delante de Marcelino una escalera plegable.
-Agárrese hombre, suba por favor, haga un esfuerzo más...
Marcelino dijo:
-¡No se escucha nada! Estoy campiando unos animales... chau.
Digo que ando buscando unos capones...
El hombre de anaranjado pensó: Y se perdió. Es lógico con tanta nieve... Entonces dijo:
-Agárrese por amor de Dios. No tenga miedo. Tenga fe, que lo vamos a salvar. ¿Me escucha?
-¿Eh? Claro que lo escucho, pero tengo que llevar los capones a las casas.
Cuando Marcelino estuvo arriba del helicóptero, todo cambió. Qué lindo que se ve todo desde arriba. Mierda, la casa de Martínez está tapada por la nieve.
-¿No puede sacar el ruido? - dijo Marcelino.
-Tuviste suerte hermano, la verdad es que te sacaste la lotería. Tomá un trago de ginebra. Afuera debe haber como quince grados bajo cero. Tomá, tomate otro trago, que debés tener un frío bárbaro.
-No lo pongas en pedo Julián, que capaz que está tomando algunos medicamentos y le hace mal.
-¿Usted está tomando medicamentos?
-¿Yo? Huy, mierda cómo se mueve la tierra. Y este ruido, chup chup chup que me caga la cabeza. Oiga, no se vaya chofer. Bajemé que tengo que encontrar las ovejas. Quiero que me baje porque ando... que la cabeza me da güeltas... que las ovejas que tengo...
-Está delirando - dijo el que se llamaba Julián.
-No es para menos, quién sabe desde cuándo anda perdido. A este si que lo salvamos justo.
Marcelino cerró los ojos poblados de horizonte mientras el ruido se iba desvaneciendo como esa polvareda que deja la camioneta de Martínez cuando pasa.

-Despierte, vamos hombre.
-¿Pulso?
-Un poco más de lo normal.
-Despierte hombre, ¿Cómo se llama? ¿De dónde es?¿Cuántos años tiene? ¿Es alérgico...?
Marcelino abrió los ojos. No podía entender de dónde salió tanta gente. Ese olor desconocido. Esa mujer que le pregunta. Esos trapos blancos.
-¿Qué? - atina a decir - bajemé que tengo que encontrar las ovejas. Si no las encuentro, se van a morir y nosotros también.
-Claro, claro - dijo la señora de blanco - Marta, llevá al señor a internación, ducha y derivalo a Eleonora.
Lo sentaron en una silla y ahí se dio cuenta que no tenía la ropa puesta. Sólo ese coso blanco, blanco que tapa como la nieve su espíritu desolado.
-Se lo dije a otra vestida de blanco, yo salí a buscar unas ovejas por la nieve, puf, la nieve y el viento juntos es lo peor. El viento vio, arremolinea. Nunca había visto tanta nieve. La mamá me dijo que en el treinta y seis nevó así. Lo peor es que la oveja se queda quieta, ¿vio? Así en un cañadoncito. Se amontona, ¿vio? Quince diez cien animale. Quieto quedan, y lo tapa la nieve. Todito lo tapa. Y no crea que pasa frío, no. La oveja no es tonta. Ella no pasa frío. Eso si, no hay que mojarse. Si se moja ahí la caga. El problema es que no aguanta muchos días porque no tiene pasto. La oveja se come la lana, pero eso debe ser peor por el hambre ¿vio? Yo estaba buscando y apareció el walkie-walkie con el hombre. La casa quedó tapada por la nieve, pero no le hace nada porque tenemo leña. Al reparo está. La quinta no se ve más. Todo blanco. Sabé que no podíamo salir de la pieza porque la nieve tapaba la puerta. Pero tenemo pala y sacamo la nieve. Qué vamo a hacé. Sacá la nieve comé torta frita y dormí. La radio... no tenemo pila. Son muy cara la pila y el turco de mierda no quiere dar más fiado. No tiene precio la lana, me dijo. No podés gastar más, entonces, no escuchamo la radio tampoco.
Convidaron, yo que voy a decir. Después de cuatro hora paliando en la nieve, la ginebra e lo mejor. Mi pala briyaba de lo que palié. Lo dejé tirada mi pala. Pero yo sé donde está. No te preocupés me dijo el hombre y me sentó. Cuando quise acordar estaba maneado dentro del aparato. ¿Qué quiere que le haga, que me quede en las casas sin comida cuando las ovejas se mueren solas y no las aprovechan ni los zorros? El de anaranjau me dijo, vení, pero yo jui un ratito y el muy sanputa se remontó y ya no me quedaron ganas ni de hablar. Peor, por ahí sentía ganas de ir al escusado y fruncía. Para distraerme pensaba en cómo vine a parar a este lugar, que no sé ni como se llama pero debe quedar lejos del pago porque acá hay mucho cerro y allá es puro plano. Entonces me quedé quietito y el hombre decía, pobrecito, está entumido. Y entonces ya no vi más nada.
Acá estoy bien, no se ofenda nadie, pero quiero volver para las casas. Quiero que me devuelvan mis cosas y mi ropa. Hace quince días que no pueden encontrar mi ropa. Unas señoritas me traen comida. Poca carne, vio. Pura sopa y sin sal, pero bueh, es comida. Y vino no, tampoco hay vino. La chica son buena, la jodida e la vieja. Pa mi la que me sacó la ropa fue ella. Me da vergüenza contarlo pero lo digo. Muy mal la pasé lo primero día. No podía encontrá el escusado ¿vio? Entonces me salí pal patio me jui a un rincón y me alivié el cuerpo. Entonces vino la vieja esa y me dijo mugriento de mierda, y le dije que no podía encontrar el escusado y me llevó con ella y otras dos que se reían de mí. ¡Me llevaron a un escusado dentro de la casa!
-Meás y cagás ahí dentro del inodoro, para mear, levantás la tapa para no salpicar para afuera.. Te limpiás el culo con este papel. Sacás así, un poco, hacés un bollito y te lo pasás para que no te queden pegadas las cascarrias, ¿entendés? Por ahí me parecía que que la otra se reía.
Mire si habrá gente mala, uno sale a buscar la oveja y lo alzan, lo llevan por ahí, le sacan la ropa, lo bañan, lo tusan, le cortan la uña como si fuera animal reservado pa la rural. Qué habrá pasado en la casa, la mamá andará triste, y los hermanos míos que tengo dirán: Pobrecito, Marcelino murió. Debe estar muerto. Duro habrá quedado en la nieve. Si no lo encontramo ante de la primavera, capaz que se lo comen lo zorro, dirán. Y yo acá, sin plata, sin ropa y sin caballo. Qué boludo fui al hacerle caso al hombre ese. Peor que el turco.
Ahora tengo ropa. Me la agarré a la vieja puta. Le puse una cuchara en el cogote y le dije: Me traés la pilcha o te abro como un piche. Se cagó toda. Se armó un quilombo, llamaron a la policía y yo aproveché para avisar que me habían tirado mi pilcha. Al final me trajeron ropa, que no es la mía y tengo miedo que se me aparezca el dueño y me la pida. Igual es mejor que andar mostrando el culo. Me dijo que me la habían tirado porque no daba más de mugre. La puta madre que la parió, seis años que tenía esa pilcha y lo abrigada que era. Me la tiró la puta vieja. Me afeitó lo poco pelo que tengo a la barba y me mostró el espejo más grande que vi en mi vida. Allá en las casas tenemos espejo redondo como el grandor de un plato. No se vaya a creer que somos unos paisanos atrasados. Acá, Dios mío qué derroche, si en ese espejo me entraba medio cuerpo.

-Mamá, Flora, Norma, soy yo, el Marcelino, estoy de vuelta.
-...
-Soy yo... Marcelino.
-Vos..., vos no sos mi hijo. Parecido, pero no. Andate por donde viniste. Sos el diablo.
-Mamá míreme bien, soy yo, lo que pasa es que me tusaron el pelo, me bañaron y me dieron otra ropa.
-No. Dijo ella. Al Marcelino no lo pueden tusar si él no quiere. ¿Bañarlo?, no, y menos sacarle la ropa.
-Le digo que soy yo. Un hombre vino volando y me alzó.
-¿Volando?
-Si, en un walkie-walkie, así, más grande que esta casa.
-Vea, no venga con cosa que sabemo que no pueden pasar. Haga el favor de irse. Tenga respeto por nuestro muerto. Nosotro no le hicimo nada a Usté. Haga el favor, respete.
-Mamá...
-¡No! Usté es parecido, pero no es mi Marcelino. Mi Marcelino murió. Salió a buscar unas ovejas. Para comer, ¿vio? Y no sabemo nada de él. No sabemo lo que pasó. El bebedero se escarchó hasta el fondo. Debe haber mucho frío para eso. Eso lo mató al Marcelino. Me querés confundir diablo soretero, pero yo le conozco el olor al Marcelino. Y vos no sos. Retírese de acá.
-Mamá mis cosas, mi colchón, mi pilcha, el pelero mío, mi lazo, ¿ande están?
-Marcelino está muerto. Lo muerto no necesitan colchón. Lo di todo. Todo lo di. Mi hijo querido se murió. Se jue a buscar unas ovejas y murió. Mi hijo es muerto ahora. Fuera.
Marcelino Cayún presagia que no está vivo ni está muerto.



*Guillermo Luis Rodríguez nació en Río Gallegos, Santa Cruz. Es autor de: “De cómo fue aquello de la casita de los tristes y efímeros amores y todo eso”. (Fondo Editorial Rionegrino - Eudeba 1989) “Así vienen los barcos, así los cardos rusos.” (Fondo Editorial Rionegrino 2006).
Publicó cuentos y narraciones en Antologías regionales, en cuadernillos del Plan de Lectura del Ministerio de Educación de Chubut y en diarios y revistas patagónicas.
Participó en la antología de cuentos “Leer La Argentina” del Ministerio de Educación Ciencia y Tecnología de la Presidencia de la Nación / Fundación Mempo Giardinelli Editorial Universitaria de Buenos Aires 2005.
Coordinó Talleres Literarios en Río Colorado, Catriel, Comodoro Rivadavia y en Viedma en la Unidad Penal Nº 12.
Fue Miembro del Equipo de Investigación del PID CONICET - Ministerio de Asuntos Sociales Provincia de Río Negro - que trabajó en el relevamiento de la Meseta Somuncurá en 1993 y en 1998 en la Obra Ampliada de Chubut.
Fue Coordinador de Desarrollo Social y Vivienda de la Municipalidad de Comodoro Rivadavia y posteriormente Director General de Cultura.
Es co-autor,ad honorem, del libro “El Cuy” y colaborador en la obra “Bajo del Gualicho” de la Secretaría de Acción Social de Río Negro.
En la actualidad es Miembro del Pro-SEPA (Programa Semipresencial de Educación Polimodal para Adultos) proyecto del Ministerio de Educación de la provincia de Chubut.

* * Nota del autor: Walkie-walkie (entonación en inglés) quiere decir alguacil en Mapuche, o libélula entre la gente informada.

sábado, 28 de agosto de 2010

LOS PICHICIEGOS

LO QUE DEJA UN ESCRITOR por Martín Kohan *
Cuando la literatura se coloca demasiado cerca de los acontecimientos, corre el riesgo de reducirse a una función de mera reproducción: a constatar y a duplicar y no mucho más que eso. Si se separa, en cambio, si se aleja, puede llegar a hacerlo al precio de una renuncia, obligándose a la abstracción o a un repliegue en la prescindencia. No es fácil resolver este dilema sin tampoco ir a parar a la tibieza de una variante intermedia. Pero existe en cualquier caso una opción superadora, y un ejemplo notable en este sentido es Los Pichiciegos, de Fogwill. Esa novela se remite a un hecho: a la guerra de Malvinas en el invierno del ‘82. Fogwill la escribió mientras duraba todavía esa guerra; antes de la rendición, antes del desenlace. Es decir que se situó en la más completa inmediatez respecto de la realidad y de la historia, lo más cerca que se pueda imaginar, una escritura temporalmente pegada a todo lo que estaba pasando. Y a la vez, con singular destreza y en inusitada combinación, Los Pichiciegos consiguió ponerse bien a distancia: distancia ideológica (de la adhesión a la crítica), distancia de género (de la épica a la sátira), distancia de tono (de los ritos de las creencias a la corrosividad del escepticismo cínico).
Lo suficientemente próximo como para interpelar la realidad de los hechos y lo suficientemente aparte como para someter a esos hechos a un sentido tan inédito como revelador, Los Pichiciegos no se ocupa de la guerra sino para desactivar los mecanismos que la hicieron o podrían hacerla posible. Por eso resulta ser uno de los mejores exponentes de la potencia que puede llegar a asumir la ficción. Dando un paso atrás respecto de la pura empiria, pero al mismo tiempo cercándola y acechándola, se desvía de la simple verdad de lo existente para dar con otra clase de verdad, acaso más sustancial, acaso más decisiva. Una clase de verdad, la que únicamente la ficción descubre, que tal vez se incuba subrepticia por debajo de la otra, así como los pichiegos en sus túneles seguían por debajo la otra guerra con su guerra de comercio y de palabras.

* Publicado en diario Perfil 28/ 08/ 10

domingo, 22 de agosto de 2010

CAMBIO DE GEOGRAFÍA por Lidia Garro



Cuando el colectivo comenzó a alejarse la oscuridad me rodeó. No era tarde, pero en invierno oscurece muy temprano y las nubes ocultaban la luna. La lluvia y el viento fríos me golpeaban la cara.-
Parada al costado de la ruta me invadió una inquietante sensación de soledad.-
¡Sos grande! - me dije – No podés tener miedo a la oscuridad.-
Para darme coraje pensé: - Son solo doscientos metros para llegar a casa.-
Y mi lado negativo contestó: - Si, pero cruzando el bosque y en subida.-
Cerré bien la campera, levanté la capucha tratando de protegerme un poco la cara y comencé a caminar.-
Según mis cálculos estaba en la mitad del camino, cuando por un instante las nubes dejaron asomar la luna. Así fue que descubrí que... ¡el camino no estaba!.-
En realidad no lo veía por ningún lado. Sólo había oscuridad, y en ella, más oscuros aún los árboles. Sacudidos por la tormenta parecían monstruos decididos a devorarme.-
Entre el silbido del viento escuchaba aullidos; sentí como si algo o alguien sujetara mi rosa. Al borde del pánico, ideas descabelladas me aturdían: ¿Había osos o lobos en Bariloche? ¿Me había alejado demasiado? ¿Había bajado en una parada equivocada?.-
Por otro lado recordé la tierra llana del sur de Córdoba, donde siempre se puede distinguir el horizonte, el calor de las noches de verano, el olor fresco de la tierra mojada por el rocío. Con la pérdida de realidad que da la distancia, creo que por un momento hasta extrañé los mosquitos, los tornados y las tormentas eléctricas con granizo incluido. Y me pregunté: ¿Qué haces acá? Si hace frío, llueve, está oscuro, y además extrañas tu tierra, tu casa y tu familia.-
El corazón parecía querer saltar del pecho, tenía la respiración agitada, me temblaban las piernas. Aún así hice un esfuerzo y logré serenarme. Ya más tranquila, tratando de convencerme, pensé: “Estás en Bariloche y, según lo que estudiaste en el secundario en la Patagonia no hay lobos ni osos, lo que te sujeta la ropa son ramas de rosa mosqueta y los aullidos son ladridos de perros del vecindario. Además, estas acá por propia elección y no vas a arrepentirte ahora”.-
Corrí la capucha de la campera y me limpié los ojos para ver mejor. Mirando con atención descubrí el camino... a dos pasos de donde estaba. Lo retomé y al frente pude distinguir la luz de la casa de mi vecino.-
Llegué a mi casa. Me recibió mi esposo y el calor confortable de la leña en la estufa. Al notarme alterada preguntó que me pasaba.-
- Nada – le dije – Sólo tuve un día de mucho trabajo y estoy cansada.-
Sin embargo esa noche me dormí preguntándome si habíamos hecho lo correcto cuando decidimos mudarnos.-
La respuesta la tuve unos días después. Un domingo a la mañana en que me despertó el silencio. Un silencio nuevo, al que no estaba acostumbrada.-
Me levanté y miré por la ventana. Un manto majestuoso parecía abrigar al bosque, los copos de nieve, como minúsculas plumas se asentaban con suavidad, como temiendo romper ese silencio.


Lidia Garro: Nací en Adelia María (sur de la Provincia de Córdoba) y desde 198l resido en San Carlos de Bariloche. Empleada administrativa, esposa y madre - comencé a participar - después de los cuarenta años, en el Taller de Escritura de la Escuela de Arte La Llave, de esta ciudad, tratando de saldar una materia pendiente en mi vida personal, lo que me resultó muy estimulante.

viernes, 13 de agosto de 2010

DESCRIBEN 237 MALEZAS COMESTIBLES



TODAS SE ENCUENTRAN EN EL PAÍS Y ALGUNAS SON TANTO O MÁS NUTRITIVAS Y APETITOSAS QUE LAS PLANTAS CULTIVADAS por Nora Bär*
Maleza : según el Diccionario de la Real Academia Española, "hierba mala". Los agricultores las consideran una molestia; sin embargo, el poeta norteamericano Ralph Waldo Emerson las definía como "plantas silvestres cuyas virtudes aún no fueron descubiertas".

El doctor Eduardo Rapoport, investigador de la Universidad del Comahue y del Conicet, va aún más allá: "En lugar de malezas tendrían que llamarse «buenezas»", sostiene.
El científico - que reside en San Carlos de Bariloche - puede decirlo con fundamento: en la guía Malezas c omestibles del Cono Sur y otras partes del planeta (publicada por el INTA) describe e ilustra -junto con Angel Marzocca y Bárbara Drausal- 237 especies que crecen en nuestro territorio, muchas de las cuales son tanto o más nutritivas y apetitosas, afirma, que las 15 o 20 que se compran en las verdulerías.

"Se sabe que muchas de las plantas que hoy comemos comenzaron siendo consideradas malezas -explica-: por ejemplo, la avena fue originalmente una maleza de los trigales hasta que se hizo tan abundante que el ser humano se dio cuenta de que, en lugar de eliminarla, era mejor cultivarla. Aunque incluimos sólo un puñado en nuestra dieta, se calcula que habría 20 o 25.000 plantas comestibles." De hecho, Rapoport está trabajando en un segundo tomo que contendrá las que restan de más de 500 que crecen en el Cono Sur de nuestro continente.

Este biólogo que comenzó investigando en "ecología geográfica" y "ecología de las invasiones" (analizaba cómo se diseminan las especies en el nivel continental), se deslumbró con estos "yuyos" que nos acompañan y que nos alimentaban cuando, hace siglos, éramos cazadores y recolectores.

"Me interesaron las especies superextendidas, las «exitosas»... todas las que se portan mal -bromea-. La inmensa mayoría vienen de Europa o Eurasia. Los españoles diseminaron sin quererlo las malezas en sus colonias. Las trajeron en las ropas, en los bultos, en las maletas. Ahora las llevamos en barco o en avión."

Y enseguida exclama: "No hay razón para que la gente pase hambre, no puede ser, es inadmisible, porque la cantidad de yuyos es fenomenal. En las huertas es donde más hay, pero los arrancan y los tiran".

Prueba y error

Esencialmente, encontrar malezas comestibles es cuestión de prueba y error. Los etnobotánicos están continuamente alertas y observan cuáles son las plantas mágicas, las medicinales y las comestibles que incluyen en su dieta los nativos de lugares remotos. "Nosotros juntamos toda esa información y vimos qué especies se comen en distintos países -cuenta Rapoport-. En otros casos aparece una especie de un género conocido, pero que nunca se probó, entonces con un poquito de cuidado probamos uno o dos pedacitos y nos fijamos si después de dos o tres horas no tenemos dolor de barriga. Después, probamos otros dos pedacitos más, y si a lo largo de un día uno no nota nada raro, lo anota. Entonces ahí hace una ensaladita y se la come. Y si no pasa nada, se invita a la familia."

Eso es lo que Rapoport y sus colegas hicieron con diez especies que nunca habían sido descriptas. "Un joven investigador brasileño, no en 20 años, sino en dos, encontró 68 especies nuevas -se entusiasma-. ¡Las probó todas! Y no sólo eso: les hizo exámenes bromatológicos para saber cuántas proteínas, cuántos azúcares, cuánto calcio, cuánto hierro y otros nutrientes contienen."

Contrariamente a lo que podría pensarse, estas plantas no son una rareza. En un trabajo que mereció el Premio Bunge y Born 1999, Rapoport y un equipo de otros cuatro investigadores calcularon que una hectárea de Bariloche, donde vive, puede contener hasta 7000 kilogramos de alimentos.

"En Bariloche está lleno -cuenta-. Cuando mi hija terminó la licenciatura en Cinematografía, se nos ocurrió hacer un documental sobre este tema. Entonces, una mañana salimos a recorrer los alrededores de mi casa. En cien metros, encontramos 28 especies comestibles."
Convencido de que las malezas comestibles podrían ser un recurso valiosísimo contra el hambre, Rapoport se desespera por difundir estos conocimientos. En la obra publicada por el INTA no sólo figuran sus características y cuáles son sus partes comestibles, sino también su hábitat, sugerencias de cocción y recomendaciones para su recolección y manejo con seguridad. "Tienen un sabor parecido al de la acelga y la espinaca -dice-. Y todas las recetas que sirven para éstas también pueden aplicarse a las malezas." La guía se consigue en la librería del INTA, Chile 460.

* Publicado en La Nación 13 /08 /2010

sábado, 7 de agosto de 2010

El libro de David Cox



Acabo de terminar – conmovida - el libro de David Cox: “Guerra Sucia, Secretos Sucios”, sobre la actitud ejemplar de Robert J. Cox (padre de David) periodista y director del diario Buenos Aires Herald durante la dictadura.
El libro me transportó a 1979, cuando hacía dos años que nos habíamos venido a vivir al sur (ver en Etiquetas: “inseguridad”).Los sistemas de comunicación de Bariloche, entonces, eran muy limitados. No solo no existían los celulares, no existía el discado directo para hablar por teléfono a cualquier lado y para llamadas de “larga distancia” había que pedir comunicación a una operadora que informaba la demora(por lo general eran horas de demora…). Tampoco había televisión satelital (en Bariloche funcionaba un circuito cerrado de TV). Ni fax, ni computadoras, por lo tanto minga de correo electrónico. El único medio que conectaba con el exterior era la radio. Entonces, el Herald, por más que llegaba a la tarde como todos los otros diarios, era algo ansiado y me precipitaba a comprarlo.
Nadie se atrevía a publicar información sobre secuestros y derechos humanos, pero Robert J. Cox lo hizo en el diario que dirigía. Fue el único, y por eso fue detenido, humillado y amenazado junto a toda su familia. Cuando en 1979 me enteré de que abandonaría nuestro país (las últimas amenazas fueron dirigidas a sus hijos) envié esta carta a la sección “Cartas de lectores” del Herald. Lo hice por reconocimiento al coraje de Cox , por todo lo que había intentado desde el diario y también por desaliento: se perdía la única voz que decía algo acerca de lo que estaba pasando.
La carta (guardo el recorte amarillento bajo el vidrio de mi escritorio) fue traducida al inglés y publicada en el Herald a fines del ‘79:

Hope,despair

I have thought about writing this letter ever since I read the sad news that Robert Cox and his family were obliged to leave our country.
I wish I would have complimented him on his magnificent editorials at another time and not just now at the moment of his departure.
He has always excelled in balance, intelligent thought and positive thinking in his articles. His was one of the very few voices which at all times defended the excercise of justice within a legal framework. I agree with him; I admire his courage and I believe that his situation affects all of us who, like him, still believe in the possibility that our country will progress.
The Herald’s editorials were a hope. Hope despairs – this is what I felt when I learned of his departure plans.
Luisa Peluffo, San Carlos de Bariloche, diciembre 1979

(Esperanza, desesperación

He pensando escribir esta carta desde que leí la triste noticia de que Robert Cox y su familia se ven obligados a dejar nuestro país.
Hubiera querido felicitarlo por sus magníficas editoriales en otro momento y no justo ahora, con este motivo.
Sus artículos siempre se destacaron por su equilibrio y su pensamiento inteligente y positivo. La suya fue una de los pocas voces que en todo momento defendió el ejercicio de la justicia dentro de la legalidad. Coincido con él; admiro su coraje y creo que su situación nos afecta a todos los que, como él, todavía creemos en la posibilidad de un país mejor.
Las editoriales del Herald eran una esperanza. Esperanza desesperación – esto es lo que sentí cuando me enteré de su partida.)

miércoles, 4 de agosto de 2010

POLÉMICA POR LA LEY DE GLACIARES *


Si hay algo que debés saber, vos que venís al Sur atraído
justamente por sus bellezas, es que la lucha para conservarlas no termina nunca. Ver Archivo del blog 2008 (Calidad de vida).


Bonasso arremetió contra oficialistas y opositores tras el faltazo en Diputados:
“La Ley de bosques, de mi autoría, fue aprobada en general por una composición de la Cámara y en particular por otra, tiraron la pelota afuera la mayor cantidad de tiempo que pudieron para no perjudicar los intereses sojeros, y ahora pasa lo mismo con los intereses mineros”, afirmó el diputado a este medio y marcó que “el oficialismo no está de acuerdo con el convenio que yo hice con el senador Filmus, con quien yo discutí muy fuerte para llegar a un acuerdo que sea aprobado en diputados y en el senado, por eso ellos lo tenían que bombardear”.

El parlamentario, un ex aliado del kirchnerismo que a raíz del veto a la Ley de Glaciares en 2008 pegó un portazo definitivo, sostuvo que el proyecto “no lo bombardearon sólo matoneando el presidente de la bancada oficialista, Agustín Rossi, con sus clásicos modales, patoteando y pidiéndole al presidente que levante la sesión cuando sólo faltaba un diputado, en una actitud abiertamente antidemocrática”, sino también con una complicidad opositora.

“Yo podría nombrar algunos casos muy concretos de apoyo al oficialismo en esto. La diputada Silvia Vázquez, que viene del cobismo, y que integra un bloquecito chichorro del oficialismo, chichorro de la nave insignia, estaba hablando con los periodistas seguramente del Mundial, de Maradona, de Grondona, mientras se discutía la ley de Glaciares”, disparó Bonasso. “Entonces le fueron a decir, ‘Diputada, ¿no va a ir a debatir de Glaciares, falta un sólo diputado para el quórum?’; entonces ella levantó el dedo como los emperadores y dijo: ‘Que se caiga la sesión’. Yo no la puedo felicitar”, agregó.

En la catarata de críticas de Bonasso también cayeron la fueguina Mónica Belous (SI), Carlos Heller (Nuevo Encuentro) y Laura Alonso y Christian Gribaudo (PRO), pero también hubo reconocimientos: “Quiero señalar también que hubo diputados que tenían posiciones más afines al gobierno, como Vilma Ibarra, Martín Sabbatella, Ariel Basteiro, que fueron, e incluso el diputado Federico Pinedo, del PRO, que se había comprometido conmigo a dar quórum, lo dio, aunque me consta de sus discrepancias”.

* Publicado en Perfil 4/08/2010
DIEZ CLAVES PARA ENTENDER EL POLÉMICO PROYECTO por Iván Ruiz*
1. Diferencias dentro del kirchnerismo. Pese a que el oficialista Filmus, principal defensor de la preservación de los glaciares en el Senado, acordó con la oposición en Diputados un proyecto en común, el kirchnerismo no acompañó su decisión. Tras pedir 15 días de prórroga para estudiar el tema, el oficialismo votó en contra del acuerdo que selló un legislador de su misma fuerza en la última sesión. En diálogo con lanacion.com, el diputado Daniel Tomas ratificó la negativa del Frente para la Victoria en la votación de esta tarde. "No vamos a apoyar lo acordado porque el concepto de área periglaciar no es válido. Se va al extremo de prohibir toda la actividad industrial en nuestra zona", afirmó. El oficialismo intentará introducir modificaciones en la iniciativa.

2. Pro, en contra. Si bien el bloque macrista apoyó el acuerdo en la votación en general, su postura es negativa con respecto a los artículos polémicos que prohíben la actividad industrial en la zona periglaciar. "Vamos a votar en contra", aseguró a lanacion.com el jefe de esa fuerza en Diputados, Federico Pinedo. "Esos lugares de agua congelada que menciona el proyecto como zona periglaciar es la totalidad de la cordillera. Si van a prohibir cualquier industria, obviamente no lo vamos a apoyar", explicó.

3. Cuentas. "No les dan los números", dijeron fuentes oficialistas a este medio, entusiasmados por la negativa de Pro a los artículos más polémicos. Del otro lado, aseguran que juntan los votos para aprobar la iniciativa: el Acuerdo Cívico, el Peronismo Federal y los bloques de centroizquierda la apoyan. Por eso, se niegan a concretar un nuevo acuerdo con el kirchnerismo.

4. La minería, eje del debate. La discusión por la preservación de los glaciares pone en agenda la discusión sobre la minería a cielo abierto. La negativa del kirchnerismo en la Cámara baja está vinculada, entre otras disidencias, a ese tema. "La sanción de este acuerdo perjudica el desarrollo de proyectos mineros, porque la mayoría de las minas funcionan con suelo congelado en invierno", dijo Tomas. La oposición, en cambio, se manifestó en contra de cualquier tipo de actividad industrial en la zona periglaciar. "Sostenemos la prohibición de las actividades que generen impacto sobre los glaciares", dijo la diputada Fernanda Reyes (Coalición Cívica) a lanacion.com.

5. Artículos polémicos. Existen diversos temas que despiertan polémica en torno a la protección de los glaciares. El artículo 2, ya aprobado en particular por la oposición (sin el apoyo del kirchnerismo ni de Pro), es determinante para los intereses de ambas partes. En ese apartado se define el concepto de glaciar y de área periglaciar. Como el oficialismo ya no puede modificarlo, apuntará al artículo 6, que prohíbe la exploración y explotación minera en el área periglaciar definida en el artículo 2. El kirchnerismo considera excesiva la zona delimitada por el proyecto conjunto y planteará que los apartados polémicos sean reemplazados por los del proyecto aprobado en el Senado, iniciativa que rechaza la oposición. El debate continuará con el artículo 15, en el que se discuten las disposiciones transitorias para las minas en funcionamiento. La oposición propone que la auditoría ambiental que determina si una mina contamina sea realizada 180 días después de la sanción de la ley. El kirchnerismo, en cambio, pedirá que el estudio sea ejecutado en el mismo plazo, pero luego de la culminación del inventario que desarrolle cada jurisdicción, en plazos que no son determinados dentro del proyecto.

6. El veto. Tras obtener un apoyo unánime en el Congreso, la ley de glaciares fue vetada en 2008 por Cristina Kirchner. En los fundamentos expuestos por el Ejecutivo, se cuestiona que la ley "no puede limitarse a la absoluta prohibición de actividades" y se considera "excesivo prohibir la actividad de minería o perforación petrolera en los glaciares y en las áreas que bordean los glaciares". Además, el Gobierno admitió que "gobernadores de la zona cordillerana han manifestado su preocupación con lo dispuesto por la norma sancionada" porque afectaría inversiones y puestos de trabajo.

7. El acuerdo. Luego del veto, la Presidenta impulsó la presentación de un nuevo proyecto en el Senado, a través de Filmus. La iniciativa fue aprobada por unanimidad en la Cámara alta. Pero en Diputados no contó con el mismo apoyo. La oposición introdujo considerables cambios en el proyecto original, lo que motivó un fuerte debate entre el diputado Bonasso y Filmus. Finalmente, los legisladores limaron las diferencias y acordaron un proyecto conjunto que, curiosamente, no fue votado por el FPV.

8. El encuentro que mantuvo en Canadá Cristina Kirchner con el CEO de Barrick Gold, Peter Munk, despertó la ira opositora. Durante el almuerzo de negocios organizado para promover las inversiones mineras en el país, la mandataria recibió los elogios del empresario por "mantener las reglas de juego" para los capitales del sector. "Las reglas no cambiarán y eso es muy importante para una inversión de largo plazo", asintió ella.

9. Las acusaciones. Desde el veto de la Presidenta, la oposición vinculó la decisión presidencial con los intereses de las empresas mineras. Los diputados Bonasso y Reyes presentaron una denuncia ante la Justicia en la que se acusa a funcionarios kirchneristas por incompatibilidades entre la función pública y el vínculo que supuestamente mantienen como empresarios con empresas mineras. La relación del Gobierno con Barrick Gold es el principal argumento que esboza la oposición para explicar el rechazo oficial de aprobar al proyecto que había sido aprobado por unanimidad. Los apuntados fueron el senador kirchnerista César Gioja y el secretario de Minería, Jorge Mayoral. "Están defendiendo negocios particulares, como en el caso de Gioja y de Mayoral, que tienen vínculos con Barrick", acusó Bonasso ante lanacion.com.

10. La última sesión. Cuando el acuerdo parecía sellado, el oficialismo sorprendió en el recinto con un pedido de prórroga por 15 días para estudiar el tema. El arco opositor se negó y le torció el brazo: el kirchnerismo votó en contra, pero el proyecto fue aprobado en general. En plena discusión artículo por artículo, la oposición se quedó sin quórum y postergó su aprobación hasta que se reanude la actividad legislativa, la semana próxima.

* Publicado en La Nación 4/08/2010

lunes, 2 de agosto de 2010

A LA VERA DEL FOGÓN: Don Alberto Goye entrevista por Sebastián Carapezza * (2º Parte)



Don Alberto acaba de cumplir 95 años. Nació en Colonia Suiza el 21 de junio de 1915. Sus recuerdos son vívidas postales de un Bariloche de mito y leyenda:

“ …Fui poco a la escuela, solo durante un tiempo en el que mi padre me dejó trabajar en el Hotel Parque, donde me hacían trabajar de jardinero, de seca platos y de lustrabotas (…) Durante ese tiempo fui a la escuela que estaba por Mitre y Onelli. Salía del trabajo a las doce y a las cinco tenía que estar de vuelta. Estuve en segundo y en tercer grado. Lo demás lo aprendí por ahí y hasta que me dio el marote. En ese tiempo la península San Pedro se llamaba península chilena porque eran puros chilenos por ahí. Yo recorría mucho esa parte con un maestro llamado Santos Romano que se juntaba con ellos a tomar, el maestro me tenía para los mandados y fue muy poco lo que tuve de clase con él. Y la isla Huemul tampoco se llamaba así, se llamaba isla Huenul, porque ahí vivía un araucano chileno que tenía una embarcación con la que cruzaba a Playa Bonita y andaba por todos lados. Todavía recuerdo las veces que lo vi a Huenul, y si me preguntan qué personas sigo recordando a lo largo de la vida él sería uno. Y otro sería un chileno llamado Pascual Soto que vivía cerca de Llao Llao. Yo era de andar mucho de chico, a mí me decían mata caballos porque cabalgaba a pelo nomás, solo con una soga. Una vez me mandaron a comprar huevos a lo de unos vecinos y yo andaba con la yegua parida. Venía cuesta abajo y la yegua volcó, y cuando me caí me golpeé la cabeza. Entonces me tiré en el monte y me quedé dormido un buen rato, y cuando me desperté tenía todavía en la mano la bolsa con todos los huevos sanos (…) La verdad es que por aquellos años, además de trabajar había pocas cosas para distraerse. Yo nunca pude jugar mucho, siempre donde andaba mi padre andaba yo, y fiestas había una vez cada año. Una vez por año se juntaban todas las familias de la zona y empezaba la fiesta, duraban 3 o 4 días y después por un año no había más. Nosotros nos juntábamos también para hacer las señaladas, pero eso era solo para trabajar y marcar a los animales. Yo trabajé casi cuatro décadas en el aserradero Goye & Fant, y antes trabajé mucho con los caballos en la montaña, abriendo picadas en el López y en el Tronador para ir hasta Pampa Linda. En aquel momento para ir al Tronador se pasaba por el otro lado del Mascardi, por el lado de la montaña, y se tardaban seis horas para llegar a Pampa Linda. También trabajé en Paso de las Nubes y Paso Vuriloche. Las picadas las abríamos a hacha y machete, no se conocían las máquinas. En esos años no había comunicaciones de ningún tipo por esa zona y para ir a Bariloche teníamos que galopar 5 leguas, es decir 25 kilómetros atravesando las montañas. Pero yo, cuando trabajaba lo hacía variando, un día trabajaba en el aserradero y al otro iba a abrir un camino. Y también he salido a corretear animales ariscos. Había muchos vacunos ariscos en el Catedral y había que ir a cazarlos con lazos y con perros (…) He vivido muchas peripecias por estos lados, imagínese que cuando yo era chico usábamos candiles para iluminarnos. Sí. Candiles. Tarros con grasa y un trapo. Por eso somos medio conservados al humo todos nosotros, por eso duramos tanto tiempo…”

* Publicado en Revista Todo, Nº3 junio 2010, San Carlos de Bariloche.

sábado, 24 de julio de 2010

A LA VERA DEL FOGÓN: Don Alberto Goye entrevista por Sebastián Carapezza * (1º Parte)




Don Alberto acaba de cumplir 95 años. Nació en Colonia Suiza el 21 de junio de 1915. Sus recuerdos son vívidas postales de un Bariloche de mito y leyenda:
“Mi abuelo llegó a Chile desde Suiza con sus cuatro hermanos. A tres de sus hermanos Chile no les gustó así que compraron arado, carretas, semillas, bueyes, yse vinieron para acá. Fue en 1895. Mi abuelo había venido un poquito antes a este lugar donde ahora está Colonia Suiza. Cuando vino tenía 18 años y decía que le había resultado muy parecido a la zona de Suiza de donde venían ellos. Así es que esos tres hermanos de mi abuelo se vinieron a radicar acá. Llegaron en carreta. No sé si por Paso del Arco o por algún otro paso. Tampoco sé cómo cruzaron los ríos. Pero tuvieron que abrirse camino para llegar porque por acá solo había pequeñas picadas (…) Los animales se criaban a campo abierto y ellos supieron tener muchos, desde Colonia hasta el Brazo Tristeza, todo ese terreno lo ocupaban sus vacas, sus ovejas y sus caballos. Por aquellos años también se sembraba mucho trigo y muchos frutales (…) Mi padre llegó en 1902, y llegó en barco y de a caballo a Bariloche con la diligencia del correo. Tardó 40 días en llegar. En aquellos tiempos todos los Goye hablaban francés. Yo hablé francés hasta que tuve 8 o 9 años, no conocíamos el español, recién cuando empezaron a venir trabajadores de Chile conversando fuimos aprendiendo (…) En esa época los vecinos más cercanos a Colonia Suiza nos comunicábamos con humo de costa a costa de lago. Y sino con tiros de carabina. Si se tiraban tres tiros había pasado algo grave y había que movilizarse enseguida, y si el tiro era uno solo se trataba de una advertencia; cuando estaba calmo a veces gritábamos y nos escuchábamos de una a otra orilla (….) Desde muy joven salí a trabajar con mi padre al campo, desde los seis años andaba llevando bueyes o arriando vacas. Nosotros llevábamos leña a Bariloche en carro y a los catorce yo ya iba solo al pueblo. Demoraba siete horas para llegar, llevaba una carga de leña y la vendía a cuatro pesos con cincuenta o cinco, era poca plata, pero alcanzaba para comprar cosas para la casa: una bolsa de harina de 70 kilos, azúcar, arroz y yerba. El camino viejo a Colonia Suiza se abrió después del ’28, pero no estaban los puentes que hay ahora y el cruce del río Goye era muy difícil porque hay 12 metros de desnivel entre el camino y el río. Igual los viejos se las arreglaban: tiraban árboles enteros, los labraban, y con los bueyes los iban acomodando hasta que los ponían a modo de puentes (…) La vida de los antiguos aquí fue muy sacrificada, mucho trabajo, pero cuando se quiere trabajar se hace de todo...”

* Publicado en Revista Todo, Nº3 junio 2010, San Carlos de Bariloche.