jueves, 18 de marzo de 2010

Un telegrama para Antoine de Saint Exupéry (Diario El Cordillerano, Bariloche 17 / 03 /10)

El libro “Apuntes históricos del correo y telégrafo en Puerto Deseado”, de Roberto Luis Rodriguez, incluye un interesante reportaje realizado por el autor a Valeriano Pérez, ex empleado de aquella repartición, quien en 1929, tuvo la oportunidad de conocer a Antoine de Saint Exupéry. El casual pero inolvidable encuentro entre el joven mensajero con el legendario piloto francés, tuvo lugar en ocasión de un vuelo de prueba que la empresa Aeroposta realizó ese año a Puerto Deseado.

El siguiente es el relato textual de D. Valeriano Pérez, casi 70 años después:

“Corría el año 1929 tanto en Puerto Deseado como en las otras poblaciones Patagónicas de la costa sur, se recibió alborozada la noticia de que se implementaría un servicio aéreo que las uniría a la Capital Federal en pocas horas. Hasta entonces los viajes por mar, único medio disponible, insumían una semana.

En aquel entonces la aviación era todavía muy precaria. Comparados con las impotentes máquinas de hoy, aquellos frágiles avioncillos parecerían un juguete. Y sus pilotos eran para nosotros verdaderos héroes que jugaban su vida en cada vuelo.

El semanario El Orden en su ejemplar Nº 494 el 16 de enero de 1930 se refiere a la llegada del primer avión postal, de la siguiente manera: “según la comunicación telegráfica recibida por el presidente de la comuna Ing. Dn. Florencio Puchulu, esta tarde debe llegar un avión postal de la Aeroposta Argentina, lo que constituyó una nota interesantísima para nuestra población dada la palpable constatación de un nuevo elemento de progreso incorporando a los medios de transportes de esta región, y es de suponerse que la población se trasladará en masa al campo de aterrizaje para esperar la llegada del aeroplano.

Saint Exupéry anunció su llegada en vuelo de prueba. Toda la población se volcó al “campo de aviación” donde debía aterrizar. Por supuesto pistas no existían. Yo no pude concurrir, con gran pesar, por estar de servicio en mi trabajo de mensajero telegráfico.

Pero llegó un telegrama para el aviador y fui a entregarlo al hotel donde se hospedaba. Allí estaba Saint Exupéry recién llegado, recostado sobre el mostrador del infaltable bar. Alto y delgado, todavía vestido con su imponente traje de cuero forrado en pieles para soportar el frío de las alturas. Con su casco en una mano y una brújula colgada del cinturón, atuendo típico de aquellos ases del aire.

Le entregué el despacho, me devolvió el recibo firmado y como no me retiré enseguida, tal vez pensó que esperaba “la propina”, me acarició la cabeza y me dio unas monedas. Balbuceé un tímido gracias y salí del hotel. Yo no esperaba la propina. Me había quedado embobado contemplando tan cerca de mí a un auténtico héroe de novela de Julio Verne.

Pasaron los años. No volví a verlo. Saint Exupéry se hizo famoso también por sus libros “El Principito” y “Vuelo Nocturno” inspirados en sus viajes patagónicos. Después, la tragedia de la guerra. Defendiendo su Patria se quebraron sus alas. Murió en su ley. Volando cerca de las estrellas... De mi retina no se ha borrado aquella silueta alta y delgada en imponente traje de cuero y piel, verdadero héroe de carne y hueso de nuestras fantasías infantiles.

El 9 de agosto de 1944, en plena Segunda Guerra Mundial, un despacho radial originado en Alemania decía escuetamente: Avión de reconocimiento derribado en llamas sobre el mar. A partir de ahí, nunca más se pudo establecer el final del vuelo que el día anterior había iniciado Antoine de Saint Exupéry. Por ello se tomó esa fecha como la de la muerte del famoso aviador y escritor. Su nombre está muy vinculado a la Patagonia, por ser él quien abrió nuestra ruta aérea, considerada en aquellos tiempos una de las más dificiles del mundo. Antiguos pobladores de Santa Cruz recuerdan aún su figura enfundada en su largo saco de cuero...”.