lunes, 2 de agosto de 2010

A LA VERA DEL FOGÓN: Don Alberto Goye entrevista por Sebastián Carapezza * (2º Parte)



Don Alberto acaba de cumplir 95 años. Nació en Colonia Suiza el 21 de junio de 1915. Sus recuerdos son vívidas postales de un Bariloche de mito y leyenda:

“ …Fui poco a la escuela, solo durante un tiempo en el que mi padre me dejó trabajar en el Hotel Parque, donde me hacían trabajar de jardinero, de seca platos y de lustrabotas (…) Durante ese tiempo fui a la escuela que estaba por Mitre y Onelli. Salía del trabajo a las doce y a las cinco tenía que estar de vuelta. Estuve en segundo y en tercer grado. Lo demás lo aprendí por ahí y hasta que me dio el marote. En ese tiempo la península San Pedro se llamaba península chilena porque eran puros chilenos por ahí. Yo recorría mucho esa parte con un maestro llamado Santos Romano que se juntaba con ellos a tomar, el maestro me tenía para los mandados y fue muy poco lo que tuve de clase con él. Y la isla Huemul tampoco se llamaba así, se llamaba isla Huenul, porque ahí vivía un araucano chileno que tenía una embarcación con la que cruzaba a Playa Bonita y andaba por todos lados. Todavía recuerdo las veces que lo vi a Huenul, y si me preguntan qué personas sigo recordando a lo largo de la vida él sería uno. Y otro sería un chileno llamado Pascual Soto que vivía cerca de Llao Llao. Yo era de andar mucho de chico, a mí me decían mata caballos porque cabalgaba a pelo nomás, solo con una soga. Una vez me mandaron a comprar huevos a lo de unos vecinos y yo andaba con la yegua parida. Venía cuesta abajo y la yegua volcó, y cuando me caí me golpeé la cabeza. Entonces me tiré en el monte y me quedé dormido un buen rato, y cuando me desperté tenía todavía en la mano la bolsa con todos los huevos sanos (…) La verdad es que por aquellos años, además de trabajar había pocas cosas para distraerse. Yo nunca pude jugar mucho, siempre donde andaba mi padre andaba yo, y fiestas había una vez cada año. Una vez por año se juntaban todas las familias de la zona y empezaba la fiesta, duraban 3 o 4 días y después por un año no había más. Nosotros nos juntábamos también para hacer las señaladas, pero eso era solo para trabajar y marcar a los animales. Yo trabajé casi cuatro décadas en el aserradero Goye & Fant, y antes trabajé mucho con los caballos en la montaña, abriendo picadas en el López y en el Tronador para ir hasta Pampa Linda. En aquel momento para ir al Tronador se pasaba por el otro lado del Mascardi, por el lado de la montaña, y se tardaban seis horas para llegar a Pampa Linda. También trabajé en Paso de las Nubes y Paso Vuriloche. Las picadas las abríamos a hacha y machete, no se conocían las máquinas. En esos años no había comunicaciones de ningún tipo por esa zona y para ir a Bariloche teníamos que galopar 5 leguas, es decir 25 kilómetros atravesando las montañas. Pero yo, cuando trabajaba lo hacía variando, un día trabajaba en el aserradero y al otro iba a abrir un camino. Y también he salido a corretear animales ariscos. Había muchos vacunos ariscos en el Catedral y había que ir a cazarlos con lazos y con perros (…) He vivido muchas peripecias por estos lados, imagínese que cuando yo era chico usábamos candiles para iluminarnos. Sí. Candiles. Tarros con grasa y un trapo. Por eso somos medio conservados al humo todos nosotros, por eso duramos tanto tiempo…”

* Publicado en Revista Todo, Nº3 junio 2010, San Carlos de Bariloche.

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