sábado, 4 de septiembre de 2010

MARCELINO CAYÚN por Guillermo Luis Rodriguez *




Dos días antes de la nevada grande que hubo en el ochenta y dos, Marcelino le dijo a su madre:
-Tiene ganas de nevar.
-Ahá, dijo ella, y continuó amasando el pan.
-Tenemo poca carne.
-Qué habrá, dijo ella, medio cuarto y un pedazo de cogote. Eso habrá.
El silencio tiene la dimensión del campo. La luz es extraña. Marcelino no deja de mirar por la ventana.
-Tendría que buscar los capones. Dijo Marcelino.
Ella asintió. Cortó varios panes que fue colocando en platos de lata. Cuando terminó dijo:
-¿Cuándo va a ir?
¿Cuántas veces fue al bajito del molino? Todos los días de su vida, podría ir con los ojos cerrados. Conoce cada piedra, cada mata, cada sonido del viento silbando entre las lomas.
Marcelino tiene treinta y dos años. Apenas fue dos veces al pueblo, una vez "para el documento" y otra vez, "para la revisación del servicio militar". Pero no fueron buenas experiencias. Hay tanto para hacer en el campo que no alcanza el tiempo, y este campo no da para peón.
El vecino Don Martínez le dijo una vez que lo invitaba a venir con él y que lo tenía alojado en su casa. Así que podía ir. Pero dejar sola a la vieja con "la Flora y la Norma", no se puede. Alguien debe cuidar.
-¿Qué va a hacer?
-Y, mañana voy a dir al bajito del molino. Seguramente que están ahí.
-¿ Llevá el caballo y lo perro?
-Y, sí. Así toy de vuelta pal medio día. Los tenemos en el corral chico... por lo meno tenemo carne.
Al día siguiente, la madre de Marcelino se despertó más temprano. Se levantó y miró por la ventana como buscando la señal que justificara esa calma. Había nevado toda la noche. Más de un metro de nieve rodeaba todo el paisaje.
-Marcelino. Ta todo nevado. ¡Ni se puede salir de las casas!
-La puta madre que lo parió - fue la respuesta.
Marcelino se levantó, se vistió con todo lo que tenía de abrigo y pateando nieve llegó a la cocina. Hizo fuego y preparó unos mates. Las mujeres de la casa empezaban las tareas del día. Entonces Marcelino dijo:
-Me via dir a pie nomás. Ni caballo ni perro. Lo perro no puede andar ahí.
Su madre dejó que un largo silencio tomara la dimensión del desafío. Entonces dijo:
-¿Te parece Marcelino?
-Y, sí. Así puede estar tres meses o más. No vamos a tené nada para comé. Ni a lo del vecino vamo a podé ir.
Le hicieron un atado con tortas fritas, charque, yerba, un poco de azúcar, un jarro de lata, un puñado de cigarros armados y dos cajas de fósforos envueltos en un nailon.
Cuando todo estuvo listo, dijo:
-Bueno, chau.
La madre y las hermanas vinieron y le dieron un beso.
Salió cerca de las diez de la mañana.
Pasada la loma el trayecto fue más difícil. Allí empezó a sentir el ruido. Al principio pensó que era la camioneta del vecino. Pero no podía ser. Además ni cuando hay buen tiempo conviene andar por esos lugares. La nieve le llegaba más arriba de la cintura. Ya había sentido que debajo de la nieve debía haber varios animales porque los oía balar. En ese momento se apareció el aparato.
Desde más de cien metros vieron a ese hombre abriéndose camino con la pala. Era una hormiga negra cruzando un enorme helado de limón.
Marcelino nunca vio algo así, que se le viene a la cabeza y no tiene adónde ir. Se siente vulnerable. Atrapado. El viento, el ruido lo hacen temblar. Así y todo piensa: "parece un walkie-walkie gigante" **.
El helicóptero de rescate fue descendiendo lentamente. Cuando estaba a cuatro metros del suelo, se corrió la puerta del costado y se asomó un hombre de mameluco anaranjado que dejó caer delante de Marcelino una escalera plegable.
-Agárrese hombre, suba por favor, haga un esfuerzo más...
Marcelino dijo:
-¡No se escucha nada! Estoy campiando unos animales... chau.
Digo que ando buscando unos capones...
El hombre de anaranjado pensó: Y se perdió. Es lógico con tanta nieve... Entonces dijo:
-Agárrese por amor de Dios. No tenga miedo. Tenga fe, que lo vamos a salvar. ¿Me escucha?
-¿Eh? Claro que lo escucho, pero tengo que llevar los capones a las casas.
Cuando Marcelino estuvo arriba del helicóptero, todo cambió. Qué lindo que se ve todo desde arriba. Mierda, la casa de Martínez está tapada por la nieve.
-¿No puede sacar el ruido? - dijo Marcelino.
-Tuviste suerte hermano, la verdad es que te sacaste la lotería. Tomá un trago de ginebra. Afuera debe haber como quince grados bajo cero. Tomá, tomate otro trago, que debés tener un frío bárbaro.
-No lo pongas en pedo Julián, que capaz que está tomando algunos medicamentos y le hace mal.
-¿Usted está tomando medicamentos?
-¿Yo? Huy, mierda cómo se mueve la tierra. Y este ruido, chup chup chup que me caga la cabeza. Oiga, no se vaya chofer. Bajemé que tengo que encontrar las ovejas. Quiero que me baje porque ando... que la cabeza me da güeltas... que las ovejas que tengo...
-Está delirando - dijo el que se llamaba Julián.
-No es para menos, quién sabe desde cuándo anda perdido. A este si que lo salvamos justo.
Marcelino cerró los ojos poblados de horizonte mientras el ruido se iba desvaneciendo como esa polvareda que deja la camioneta de Martínez cuando pasa.

-Despierte, vamos hombre.
-¿Pulso?
-Un poco más de lo normal.
-Despierte hombre, ¿Cómo se llama? ¿De dónde es?¿Cuántos años tiene? ¿Es alérgico...?
Marcelino abrió los ojos. No podía entender de dónde salió tanta gente. Ese olor desconocido. Esa mujer que le pregunta. Esos trapos blancos.
-¿Qué? - atina a decir - bajemé que tengo que encontrar las ovejas. Si no las encuentro, se van a morir y nosotros también.
-Claro, claro - dijo la señora de blanco - Marta, llevá al señor a internación, ducha y derivalo a Eleonora.
Lo sentaron en una silla y ahí se dio cuenta que no tenía la ropa puesta. Sólo ese coso blanco, blanco que tapa como la nieve su espíritu desolado.
-Se lo dije a otra vestida de blanco, yo salí a buscar unas ovejas por la nieve, puf, la nieve y el viento juntos es lo peor. El viento vio, arremolinea. Nunca había visto tanta nieve. La mamá me dijo que en el treinta y seis nevó así. Lo peor es que la oveja se queda quieta, ¿vio? Así en un cañadoncito. Se amontona, ¿vio? Quince diez cien animale. Quieto quedan, y lo tapa la nieve. Todito lo tapa. Y no crea que pasa frío, no. La oveja no es tonta. Ella no pasa frío. Eso si, no hay que mojarse. Si se moja ahí la caga. El problema es que no aguanta muchos días porque no tiene pasto. La oveja se come la lana, pero eso debe ser peor por el hambre ¿vio? Yo estaba buscando y apareció el walkie-walkie con el hombre. La casa quedó tapada por la nieve, pero no le hace nada porque tenemo leña. Al reparo está. La quinta no se ve más. Todo blanco. Sabé que no podíamo salir de la pieza porque la nieve tapaba la puerta. Pero tenemo pala y sacamo la nieve. Qué vamo a hacé. Sacá la nieve comé torta frita y dormí. La radio... no tenemo pila. Son muy cara la pila y el turco de mierda no quiere dar más fiado. No tiene precio la lana, me dijo. No podés gastar más, entonces, no escuchamo la radio tampoco.
Convidaron, yo que voy a decir. Después de cuatro hora paliando en la nieve, la ginebra e lo mejor. Mi pala briyaba de lo que palié. Lo dejé tirada mi pala. Pero yo sé donde está. No te preocupés me dijo el hombre y me sentó. Cuando quise acordar estaba maneado dentro del aparato. ¿Qué quiere que le haga, que me quede en las casas sin comida cuando las ovejas se mueren solas y no las aprovechan ni los zorros? El de anaranjau me dijo, vení, pero yo jui un ratito y el muy sanputa se remontó y ya no me quedaron ganas ni de hablar. Peor, por ahí sentía ganas de ir al escusado y fruncía. Para distraerme pensaba en cómo vine a parar a este lugar, que no sé ni como se llama pero debe quedar lejos del pago porque acá hay mucho cerro y allá es puro plano. Entonces me quedé quietito y el hombre decía, pobrecito, está entumido. Y entonces ya no vi más nada.
Acá estoy bien, no se ofenda nadie, pero quiero volver para las casas. Quiero que me devuelvan mis cosas y mi ropa. Hace quince días que no pueden encontrar mi ropa. Unas señoritas me traen comida. Poca carne, vio. Pura sopa y sin sal, pero bueh, es comida. Y vino no, tampoco hay vino. La chica son buena, la jodida e la vieja. Pa mi la que me sacó la ropa fue ella. Me da vergüenza contarlo pero lo digo. Muy mal la pasé lo primero día. No podía encontrá el escusado ¿vio? Entonces me salí pal patio me jui a un rincón y me alivié el cuerpo. Entonces vino la vieja esa y me dijo mugriento de mierda, y le dije que no podía encontrar el escusado y me llevó con ella y otras dos que se reían de mí. ¡Me llevaron a un escusado dentro de la casa!
-Meás y cagás ahí dentro del inodoro, para mear, levantás la tapa para no salpicar para afuera.. Te limpiás el culo con este papel. Sacás así, un poco, hacés un bollito y te lo pasás para que no te queden pegadas las cascarrias, ¿entendés? Por ahí me parecía que que la otra se reía.
Mire si habrá gente mala, uno sale a buscar la oveja y lo alzan, lo llevan por ahí, le sacan la ropa, lo bañan, lo tusan, le cortan la uña como si fuera animal reservado pa la rural. Qué habrá pasado en la casa, la mamá andará triste, y los hermanos míos que tengo dirán: Pobrecito, Marcelino murió. Debe estar muerto. Duro habrá quedado en la nieve. Si no lo encontramo ante de la primavera, capaz que se lo comen lo zorro, dirán. Y yo acá, sin plata, sin ropa y sin caballo. Qué boludo fui al hacerle caso al hombre ese. Peor que el turco.
Ahora tengo ropa. Me la agarré a la vieja puta. Le puse una cuchara en el cogote y le dije: Me traés la pilcha o te abro como un piche. Se cagó toda. Se armó un quilombo, llamaron a la policía y yo aproveché para avisar que me habían tirado mi pilcha. Al final me trajeron ropa, que no es la mía y tengo miedo que se me aparezca el dueño y me la pida. Igual es mejor que andar mostrando el culo. Me dijo que me la habían tirado porque no daba más de mugre. La puta madre que la parió, seis años que tenía esa pilcha y lo abrigada que era. Me la tiró la puta vieja. Me afeitó lo poco pelo que tengo a la barba y me mostró el espejo más grande que vi en mi vida. Allá en las casas tenemos espejo redondo como el grandor de un plato. No se vaya a creer que somos unos paisanos atrasados. Acá, Dios mío qué derroche, si en ese espejo me entraba medio cuerpo.

-Mamá, Flora, Norma, soy yo, el Marcelino, estoy de vuelta.
-...
-Soy yo... Marcelino.
-Vos..., vos no sos mi hijo. Parecido, pero no. Andate por donde viniste. Sos el diablo.
-Mamá míreme bien, soy yo, lo que pasa es que me tusaron el pelo, me bañaron y me dieron otra ropa.
-No. Dijo ella. Al Marcelino no lo pueden tusar si él no quiere. ¿Bañarlo?, no, y menos sacarle la ropa.
-Le digo que soy yo. Un hombre vino volando y me alzó.
-¿Volando?
-Si, en un walkie-walkie, así, más grande que esta casa.
-Vea, no venga con cosa que sabemo que no pueden pasar. Haga el favor de irse. Tenga respeto por nuestro muerto. Nosotro no le hicimo nada a Usté. Haga el favor, respete.
-Mamá...
-¡No! Usté es parecido, pero no es mi Marcelino. Mi Marcelino murió. Salió a buscar unas ovejas. Para comer, ¿vio? Y no sabemo nada de él. No sabemo lo que pasó. El bebedero se escarchó hasta el fondo. Debe haber mucho frío para eso. Eso lo mató al Marcelino. Me querés confundir diablo soretero, pero yo le conozco el olor al Marcelino. Y vos no sos. Retírese de acá.
-Mamá mis cosas, mi colchón, mi pilcha, el pelero mío, mi lazo, ¿ande están?
-Marcelino está muerto. Lo muerto no necesitan colchón. Lo di todo. Todo lo di. Mi hijo querido se murió. Se jue a buscar unas ovejas y murió. Mi hijo es muerto ahora. Fuera.
Marcelino Cayún presagia que no está vivo ni está muerto.



*Guillermo Luis Rodríguez nació en Río Gallegos, Santa Cruz. Es autor de: “De cómo fue aquello de la casita de los tristes y efímeros amores y todo eso”. (Fondo Editorial Rionegrino - Eudeba 1989) “Así vienen los barcos, así los cardos rusos.” (Fondo Editorial Rionegrino 2006).
Publicó cuentos y narraciones en Antologías regionales, en cuadernillos del Plan de Lectura del Ministerio de Educación de Chubut y en diarios y revistas patagónicas.
Participó en la antología de cuentos “Leer La Argentina” del Ministerio de Educación Ciencia y Tecnología de la Presidencia de la Nación / Fundación Mempo Giardinelli Editorial Universitaria de Buenos Aires 2005.
Coordinó Talleres Literarios en Río Colorado, Catriel, Comodoro Rivadavia y en Viedma en la Unidad Penal Nº 12.
Fue Miembro del Equipo de Investigación del PID CONICET - Ministerio de Asuntos Sociales Provincia de Río Negro - que trabajó en el relevamiento de la Meseta Somuncurá en 1993 y en 1998 en la Obra Ampliada de Chubut.
Fue Coordinador de Desarrollo Social y Vivienda de la Municipalidad de Comodoro Rivadavia y posteriormente Director General de Cultura.
Es co-autor,ad honorem, del libro “El Cuy” y colaborador en la obra “Bajo del Gualicho” de la Secretaría de Acción Social de Río Negro.
En la actualidad es Miembro del Pro-SEPA (Programa Semipresencial de Educación Polimodal para Adultos) proyecto del Ministerio de Educación de la provincia de Chubut.

* * Nota del autor: Walkie-walkie (entonación en inglés) quiere decir alguacil en Mapuche, o libélula entre la gente informada.