jueves, 24 de marzo de 2011

Memoria, utopía y porvenir *

Hoy es el día de la Memoria. Hans Schulz fue invitado por la comunidad educativa del CEM 45 (Centro de Educación Media 45) de San Carlos de Bariloche, que intentó pensar las relaciones entre Iglesia y Dictadura. Para ello organizó como parte de la propuesta educativa la proyección de la película “4 de julio, la masacre de San Patricio” y el valioso intercambio testimonial con Roberto Killmeate, vecino de Dina Huapi, ex-cura palotino y miembro de la comunidad religiosa que sufrió la masacre más importante que vivió la iglesia comprometida de nuestro país.
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Bob Killmaete en diálogo con alumnos del CEM 45 luego de la proyección de la película “4 de julio: La masacre de San Patricio”

Los palotinos, la iglesia y la memoria
“Muchas gracias por invitarme. Somos colegas porque yo también estoy estudiando Antropología en la Universidad, es decir somos todos estudiantes. No es muy frecuente que me inviten a ver la película (“4 de Julio”) y a contar sobre ella porque es un caso olvidado. La película ha traído este recuerdo y lo ha actualizado para que no sea sólo algo de la historia, solo del pasado.

La congregación de los Palatinos tiene ahora una postura más de olvido que de analizar el por qué de lo que ha sucedido y la película ha rescatado la historia para que no nos olvidemos. Lo importante es esto de que los hechos históricos no son algo “que ya sucedió” sino una muestra de que seguimos andando y queriendo transformar un poco la sociedad que se nos plantea y ese es el tema que me gustaría conversar con ustedes.

Quisiera hacer una pequeña síntesis de lo que yo pienso ahora, después de una cantidad de años transcurridos y luego de los cuales nadie está acusado ni preso sobre esta situación. Recién ahora ha comenzado una investigación sobre el caso del padre Angelelli quién muere el mismo año y que forma parte del contexto de un pensamiento de la iglesia. Ahora se está investigando ya que hay una persona responsable de su muerte. Es increíble que todavía hoy no hay ningún responsable con respecto a estos cinco asesinatos, excepto Videla que ya sabemos que está condenado. Quién fue y por qué esto fue así son preguntas que todavía quedan sin responder.”

“Quiero ubicarlos un poco en el texto y en el contexto de la historia, en los “famosos” años setenta. Allí teníamos dos posibilidades y una de ellas era pertenecer a un grupo de la iglesia que cuestionaba profundamente el sistema de la desigualdad en la sociedad latinoamericana y formaba parte de una militancia política que también cuestionaba las injusticias que teníamos en ese tiempo. Estos son dos modelos de trabajo que se construyen en los años setenta y creo que se terminan prácticamente a mediados de la década del ochenta y los noventa cuando ya ese grupo de gente que pensamos en una transformación de la sociedad había muerto, desaparecido o vivía en el exilio. Si hacemos un análisis o un balance, aparentemente hemos perdido porque lo que creíamos que podíamos construir no lo pudimos hacer y lo que creíamos que podíamos cambiar tampoco lo cambiamos. Al contrario, retrocedimos.

Las preguntas son entonces ¿Por qué? ¿Qué pasó? ¿Por qué en los años setenta teníamos una esperanza grande de poder cambiar la sociedad?
Todos sabíamos que la sociedad tenía injusticias y cosas de desequilibrio y que en ese sentimiento de la búsqueda de querer cambiar las cosas conseguimos formar una conciencia colectiva. Nos sentíamos parte del nosotros. Sentíamos que nosotros también éramos bolivianos, peruanos, también éramos esa parte del pueblo explotado de América Latina. Y ese sentimiento colectivo nos daba una sensación de pertenencia a una sociedad que debíamos cambiar.”

“Y por eso en este camino, en esta búsqueda del cambio aparece un documento que no se si ustedes lo conocen y si no tendrían que buscarlo que se llama el Documento de Medellín. En él los obispos de América Latina en el año 1968 se reúnen y producen ese documento que causó bastante dolor de cabeza al gobierno militar porque allí la iglesia como conjunto denunciaba la explotación y la injusticia que había en el continente Latinoamericano. En él se introduce un concepto que es el de que la gente no es pobre sino que está empobrecida por el sistema de injusticia. A nadie se le ocurre que quiere ser pobre, la pobreza es una consecuencia de la injusticia de las estructuras que se habían armado. A nosotros no se nos ocurre ser pobres sino que la estructura no nos permite vivir mejor y algunos son excluidos de este sistema.

Aquí es donde nosotros comenzamos a estudiar esta problemática y a trabajar dentro de la iglesia para la transformación en lo que en ese momento se llamó “la teología de la liberación”. El grupo que profesaba esos ideales comenzó a pensar esos elementos desde la fe para ver de qué manera se podía conformar la transformación de la sociedad latinoamericana. Uno de los elementos fue la “teoría de la dependencia”, otro, el análisis de la incorporación de elementos marxistas dentro de la fe cristiana. Obviamente que esto no fue aceptado por la cúpula de la iglesia y la gente que pensábamos en esa dirección fue la que fallece el 4 de julio.

Gente joven y mayor dentro de una comunidad que había gestado una forma de pensar y dar testimonio de que queríamos cambiar la sociedad. En ese cambio de la sociedad entramos en un momento político muy complicado que va del año 1973 a 1976, una época que tiene poca investigación histórica.”

“Y entonces ese grupo de gente que pensábamos en un cambio desde la fe y desde la iglesia éramos un grupo reducido. Hubo también un sector que militó en la política y pensó que por ese camino no se podía ir y optó por el uso de las armas, es decir pensó que el cambio lo íbamos a hacer cuando tuviéramos el poder. Y así se constituyó la línea de Montoneros que comienza a accionar para adquirir el poder.

Ambos coincidíamos en algo, esto era: teníamos que cambiar la sociedad. Claro que ellos fueron los más castigados porque fue un enfrentamiento, una lucha. El sector nuestro, la gente que buscaba la confrontación pacífica y de las ideas cuando mis compañeros quedan muertos en la sala de arriba de la comunidad les ponen: “Por envenenar la mente de los jóvenes”.

Es decir que teníamos la categoría de ser pensadores que influíamos en la sociedad para que esa conciencia colectiva de sentirnos “nosotros” cada vez se profundice más. Porque a medida que la sociedad nos hace ir solamente por el camino individual y creamos que así podemos cambiar la sociedad, en realidad perdemos. Sólo si tenemos conciencia colectiva de que somos un grupo y que somos muchos y que nos sentimos parte de ese todo, recién allí se realiza esa transformación y ese cambio. Individualmente no podemos hacer nada. Y la sociedad quiere que seamos nada más que individuos, nos fragmenta para que seamos jóvenes, viejos, ancianos, etc. para que no sentamos un nosotros que es colectivo y eso es lo que me parece que hay que construir de vuelta.”

“En esa idea de la película ­-4 de julio– Zubizarreta, que era un chico de once años en esa época, termina de estudiar cine y su compromiso era hacer una película de lo ocurrido ese día. Él vivía dentro de la parroquia de San Patricio en Belgrano y vio todas las idas y venidas de lo que sucedió y logró plasmar esta idea.
¿Y qué es lo que quería hacer él con la película? Fundamentalmente no contar un hecho histórico, es decir mostrar como sucedió o cómo los mataron sino mostrar cómo todavía se sigue buscando este cambio en la sociedad. Que la muerte signifique una transmisión, una valorización de ese colectivo para que la gente se entusiasme en buscar este cambio que tanto necesitamos, para que todos seamos realmente iguales y participemos todos de un “buen vivir”.

Porque solamente algunos puede vivir bien y los otros tienen que someterse a la esclavitud de un trabajo indigno y no poder aspirar a más. Y este es el testimonio del 4 de julio, seguir creyendo en esa sociedad de esa gente a la que mataron violentamente y que pensaba esas cosas. Yo sigo pensando lo mismo y aquí estoy en Dina Huapi trabajando en el Mercado de la Estepa construyendo con la gente, que son todas mujeres de la línea sur, un mejor vivir y esa construcción hacerla con alegría.”

* Publicado por Diario Digital Bariloche 2000, 24/ 3/ 2011

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