lunes, 27 de junio de 2011

Convivir con las cenizas



Es un bajón. Tratar de bloquear en mi casa todas las aberturas por donde se pueda filtrar la ceniza es imposible. Es como tener una obra en construcción permanente al lado, el polvillo insidioso se filtra y se deposita sobre todo.
Sentís la ceniza en la piel, en el pelo, en los ojos, la nariz y la boca. Y ni te cuento cuando se levanta viento.
Encima, en pleno centro de Bariloche, los autos siguen circulando a mil y levantando nubes de ceniza a su paso. De todas maneras se ven menos autos y también menos gente por la calle.
Trato de no ponerme obsesiva barriendo y limpiando todo el tiempo, porque es inútil y además me recuerda una asfixiante película japonesa de los ’60: “La mujer de la arena”, de Hiroshi Teshigahara, basada en una novela del escritor Kōbō Abe.
Cuenta la historia de un entomólogo, Jumpei, que, buscando un nuevo espécimen de insecto, queda varado en una aldea perdida en las dunas de una playa y es retenido contra su voluntad en la casa de una viuda, en donde es forzado a palear fuera la arena que constantemente se filtra por el techo y las paredes.
Hoy me puse a investigar acerca de la erupción del Chaitén, en 2008, y me enteré que ese volcán siguió en actividad durante más de un año…

2 comentarios:

Muma dijo...

Luisa, es tal cual lo describis, por mas que barras y limpies, la sensacion de estar en una casa en la playa no se va.

Me da bronca ver pasar los autos tan rapido, si voy a 40 me hacen luces y me pasan por todos lados, la ceniza los vuelve locos, o ya estaban?

Luisa Peluffo dijo...

Ya estaban