martes, 7 de junio de 2011

Vuelvo al sur



Llegué ayer Lunes a Buenos Aires, en colectivo. No fue una decisión por la erupción del volcán (había comprado hace tiempo el pasaje para viajar el domingo 5) pero fue providencial, porque mi condición de asmática no es la ideal para quedarme en este
momento...

Después no salieron más aviones, ni colectivos.

El domingo, entonces, me largué temprano a la calle arrastrando mi valija de rueditas, porque ningúna agencia de remises estaba funcionando (por lo menos no respondían los llamados) y decidí ir como fuera a la terminal.

Lo que vi al abrir la puerta de mi casa y salir a la calle fue como salir a un paisaje de “el día después”, todo gris, ni un alma, ni un sonido.

Agarré por la calle Elflein. A lo lejos se acercó un colectivo. Paró. No iba a la terminal, pero me dijo que esperara ahí, a que pasaran los que sí iban.
Le hice caso y me dispuse a esperar. Milagrosamente, en la lejanía apareció un taxi. Paró y me llevó.

Mi colectivo salió a las 3 de la tarde, con gente que escapaba de Villa La Angostura y turistas peruanos, brasileños y gringos, que no podían volver en avión.
El trayecto, al salir de Dina Huapi (en las afueras de Bariloche) y entrar en la zona del Limay fue casi indescriptible. Pero voy a tratar.

A medida que avanzábamos, íbamos entrando - a las 3 y media de la tarde - en una noche densa. Noche y cenizas en pleno día, porque es la zona que está a la altura de Angostura, mucho más damnificada por la erupción del volcán Puyehue que Bariloche, por su ubicación.

No se veía a dos metros y volaba la ceniza que cubría totalmente la ruta. Lo único que distinguíamos eran las luces titilantes de la caravana de vehículos que nos precedía, avanzando muy lentamente como cuando hay hielo o nieve (es un tramo de ruta muy sinuoso, con subidas y bajadas pronunciadas).

Recién al dejar la represa de Alicura, salimos de la noche volcánica y creo que – literalmente – todos respiramos aliviados.

Y pensar que hace diez días estuve en Puyehue, sin nada que presagiara esta catástrofe (allí fotografié las nalcas que ilustran la entrada sobre el curanto). Se lo comento a un amigo y también que dentro de diez días me vuelvo a Bariloche.

- Quedate en Buenos Aires, me dice. No vuelvas.
- No quiero, le contesto. Además no puedo, escribí un libro que se llama “Me voy a vivir al sur”.
- Escribí la segunda parte y que se llame “No sabía que me esperaba un volcán…”
- No. Yo vuelvo pase lo que pase. Allá está mi casa.

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