lunes, 25 de abril de 2011

Gonzalo Rojas 1917 - 2011*

Murió Gonzalo Rojas, uno de los poetas más relevantes de Chile y del siglo XX.

Tuve el privilegio de conocerlo en 1987, en Bariloche. El poeta llegó a nuestra ciudad invitado a un Simposio Internacional de Literatura y en aquel entonces la revista literaria "Vuelta Sudamericana", me encargó entrevistarlo. Pero "Vuelta Sudamericana" sobrevivió unos pocos números, yo guardé la entrevista a Rojas en un cajón y recién se publicó con motivo de sus 90 años, en diciembre de 2007, en el Diario Río Negro.

Aquí la comparto nuevamente, a manera de homenaje:

Luisa Peluffo: -¿Actualmente usted vive mitad en Chile y mitad en los Estados Unidos?

Gonzalo Rojas: -Sí, realmente estoy fuera desde hace mucho. Ya no sé decir cuántos años, pero desde hace por lo menos quince que estoy fuera de la órbita geográfica, geológica, estrictamente chilena. Antes también fui, Luisa, bastante vagabundo, como diría Quevedo, ¿no? Más que vagabundo, pero me marchaba de un lado y otro porque así es uno y parece que en el caso mío se registrara bien ese carácter que le atribuyen a los sagitarianos. Yo soy nacido en diciembre.

LP -¿Y en el horóscopo chino será serpiente? Se lo pregunto por el poema de las dos serpientes: Prosa y Versa, que leyó ayer.

GR -Dragón.

LP -El dragón y la serpiente son los dos signos que tienen un destino kármico, no vuelven a reencarnarse...

GR -¡Qué lindo! Pero sé que la serpiente es sabiduría. Por eso ayer, cuando aludía yo prosa y verso, o Prosa y Versa, hablaba de las dos serpientes magas, magníficas. Bueno hablando ahora del lugar dónde se reside, dónde vive uno, sin hacer frases, porque esta historia de hacer frases es muy aburrida, yo repito sin embargo una aquí, delante de ti, contigo, en este hermoso sitio frente a este lago, en Bariloche. Te digo como decía Antonio Porchia, este ítalo-argentino de ustedes: soy un habitante; pero de dónde... Ésta es mi situación real. Ayer hablaba de la condición de un poeta para ser genuino, porque se estima genuino, vive y vivió siempre a la intemperie. En eso creo: no tengo techo, no tengo protección. No porque no tenga defensa por mi oficio lateral de profesor o por alguna otra tarea que hubiera podido desempeñar; te estoy hablando de la condición fundamental del poeta, que lo único que quiere es ser. Ser y más ser. Ése es su proyecto y no hay ningún otro. Todo lo demás es trampa. Puede ser publicidad, puede ser encantamiento, encandilamiento. Pero eso no es genuinamente lo que a la poesía le corresponde. Bien, vivo entre los Estados Unidos y algún otro párrafo del planeta, porque sucede que tengo hijos en Alemania, pero tengo familiares en otros lados o tengo amigos. Entonces cuando no estoy ahí o en los Estados Unidos enseñando en distintas universidades... Pero en Chile tengo un rinconcito que adoro porque me fue dado, me fue dado por un azar prodigioso. Yo le puse un nombre altanero: Torreón del renegado, si tú supieras... unos cuantos metros de aire pero con un barranco de portento. Tal vez el barranco del Tao, porque el río pasa delante de mis ojos. De manera que cuando me levanto ya está ahí el río sonando y ha sonado toda la noche. Es un sonido turbulento ¡pero notorio! Brioso, que viene desbocado desde las altas cumbres; yo estoy ahí como a 2.000 metros de altura. Y él viene de mucho más alto, de 4.000 metros y baja volando por el lado mío y se parece tanto a mi alma... Es decir, allí me identifico yo. Ese trozo, ese río, ese ángulo de tierra me fue dado para que yo me reviera y para que pudiera escribir, tal vez, las últimas cosas. Por eso ahora mismo estoy situado ahí, no soy de Santiago, no estoy para nada de eso que llaman las adhesiones completas a las grandes ciudades, no soy un telurista empedernido ni menos un urbano.

LP -Cuénteme de Lebu, donde nació.

GR -Bueno tú sabes que la patria pequeña mía, así como Neruda tiene su patria pequeña que se llama Temuco, o la Mistral tiene su patria pequeña que es Vicuña, lo mío es un sector minero carbonífero. Mi padre era minero de las minas de carbón. Trabajaba debajo del mar. Había unas galerías horrendas (todavía existen, pero entonces eran más horrendas) por las que tienen que bajar los mineros como quien va al infierno, hasta nueve kilómetros por debajo del mar. Y allí trabajaba. Por eso el hombre se murió temprano. Por ahí el gran Gabriel tiene su Macondo; uno tiene su rincón, yo tengo mi Lebu. Lebu, en mapuche, quiere decir torrente hondo: leufu, será por eso que amo tanto los ríos.

LP -Su infancia transcurrió en un contexto de muchas privaciones...

GR -Sí, pero no tan absolutamente desvalido, en una clase media baja. Mi padre había estudiado algo. Mi madre tenía seguramente un poco de formación también, pero la verdad es que nosotros nos criamos muy duramente, en la aspereza del huérfano, porque éramos ocho muchachos. Todos sufríamos y padecíamos, pero la madre tan airosa era capaz de hacerlo todo.

LP -¿Cómo surge allí su vocación, su conexión con la palabra?

GR -Sólo un poeta le pregunta a otro poeta una cosa así, vamos a hablar de alumbrado a alumbrada, ¿no? Mira, yo tenía seis o siete años y era un día de tormenta, mayor que éstas que hemos tenido estos días aquí, y encima del océano, porque Lebu es un puerto fluvial pero que desemboca inmediatamente en un mar abierto, en un Pacífico absolutamente loco. Entonces desde mi casa de Lebu, que también era un barranco, mira qué curioso, ¿no?... El mar sonaba y era una noche de mucha tormenta y en la galería, como le decíamos nosotros los chicos, sonaban y entraban los relámpagos, los truenos, los rayos. Lleno de tormenta que lo destartalaba todo a lo natural y parecía una fiesta, pero una fiesta cruel. Entonces, de repente, mientras todo esto zumbaba, tronaba y parecía que el cielo nos amenazaba y la tierra se sacudía por entero, uno de mis hermanitos dijo esta palabra: relámpago. Me acuerdo muy bien de esto, es exactamente como te lo digo y me sonaba, me zumbaba la palabra relámpago y me dije para mí mismo: relámpago, y en realidad esas cuatro sílabas: re-lám-pa-go, con ese esdrújulo y esas vocales, esa sonoridad y esa dimensión fónica me dieron más sentido que toda esa especie de acabo de mundo que estaba presenciando en ese instante. Allí se me reveló el poder de la palabra. Y entonces esta revelación se me impuso como una visión de mundo. Por eso no te extrañe que al libro que hasta ahora registra la mayor cantidad de mis textos yo le haya puesto título "Del relámpago".

LP -Ayer usted mencionaba ciertas vertientes en su poesía: lo numinoso, Eros, su poesía de circunstancia, que supongo incluye lo testimonial...

GR -Exactamente, es la circunstancia histórica, el testimonio, a veces hasta la denuncia, pero nunca, como decía ayer, eso tan absurdo en poesía que será la trampa del eslogan, del esquema. Yo soy animal político, como cualquier ser humano, pero no tengo una adhesión partidaria, sólo que estaré siempre por la justicia y daré mi alma por eso, pero claro, cuando debo escribir algo lo escribo y no me importa que se venga todo en mi contra. Alguna vez hasta he tenido problemas por eso mismo.

LP -Acaba de decir: "...cuando debo escribir algo". ¿Lo testimonial surge como una obligación moral o fluye en usted naturalmente?

GR -Yo creo que en el caso mío se da al unísono porque es una exigencia, es un imperativo. No podría seguir respirando si no dijera lo que tengo que decir. Incluso a veces he sido áspero o asperillo porque he dicho cosas que a lo mejor no parecieron prudentes, aun en tiempos tan sombríos como éstos que nosotros hemos vivido. Yo he estado en Alemania en el año 1974, después de todos estos horrores del '73, y me veía exigido a vivir en la única patria, en el único ángulo del planeta donde me dieron opción de trabajar, que es la Alemania Oriental. Sin embargo aquello que era parte de mi sueño me fastidió tanto que escribí un texto que se llama "Domicilio en el Báltico" y que es un texto justamente curioso porque por un lado tú sientes al esperanzado y por otra parte al mutilado en una sociedad en la que uno había llegado a soñar. A eso yo le llamo intemperie. Un poeta tendrá que estar a la intemperie para ser fiel.

LP -¿Usted estaba fuera de Chile cuando el golpe militar?

GR -El año '73 yo estaba sirviendo al gobierno de mi país, al lado fuera del país porque me designaron en China, y ésa fue una alegría, ir a vivir a China. Antes ya había ido cuando estaba en la UNESCO y hasta tuve la oportunidad de dialogar con Mao, pero sobre poesía. En el año '65 me habían invitado junto con algunos rectores de la Universidad de mi país y en el año '70, cuando triunfó Allende, él me preguntó si quería ir a China ya que yo la conocía. Eran los días en que terminaba mi tarea académica porque había cumplido treinta años como profesor, entonces tuve la experiencia honda de China. Después de eso tuve que seguir mi pequeña carrera diplomática y pasé a América Latina, cuando ocurrió el 11 de setiembre. Como yo servía en la línea diplomática, naturalmente me quedé afuera y no pude entrar a Chile y pasaron como nueve años sin entrar al país. Eso es todo.

LP -Volviendo a las vertientes de su poesía, también señalaba una línea genealógica y un tratamiento de las elegías.

GR -Lo elégico, es decir: alguien ayer me preguntó mucho por la muerte ¿te acuerdas tú? Entonces no es tanto el tema de la muerte el que prevalece en mi visión sino esta especie de asalto y absurdidad a la vez de la muerte por un lado y, por otro, esta especie de niñez permanente de la muerte dentro de uno.

LP -Que nace con uno.

GR -Que nace con uno. Entonces por eso, porque no le tengo ese respeto o ese no sé qué a ella, por eso mismo, cuando hablo de la muerte lo hago con un grado de irreverencia hasta cierto punto. Y cuando escribo elegías, que las he escrito, no me sitúo en el ángulo del sentimiento doloroso, de la pérdida, de la destrucción, más bien hago mi elegía contra la muerte.

LP -Uno de sus primeros libros lleva justamente ese título: "Contra la muerte". ¿Cómo se relacionan todas estas líneas temáticas en su poesía?

GR -Todo m'hijita, todo se da mezclado y si yo le hiciera un dibujo le diría que de estas siete, son unas siete las vertientes, todas por debajo fluyen y hay una agüita que las comunica a todas. No te extrañe que un poema de aire tanático a la vez sea de amor. Tú me oíste ayer leer "Almohada de Quevedo" donde está ella, pero está el humor. A veces tú estás en una reflexión de apariencia muy severa, muy honda, muy numinosa y trascendente y de repente hay una cuerda de humor. Porque también eso es necesario. Ahora ¿de dónde me viene esto? Si yo no creo en la originalidad. Yo no soy un poeta que confíe demasiado en lo que se llama "lo original", muy por el contrario.

LP - Pero es original a pesar suyo.

GR -No sé, pero mira, frente a este arrebato, este impulso, a esta desmesura por ser original, por ejemplo, todos estos coloquialistas del día y estos señores que hablan de la antipoesía, que son cosas más bien para la risa. Creen saberlo todo y no han descubierto ni el agua caliente, no han descubierto nada. No han ido ni a la esquina. Ellos creen haber vuelto de todas partes. Olvidan, por ejemplo, que en el siglo IV a. de C. Calímaco ya escribía poesía coloquial. Poesía coloquial ha habido siempre y Jules Laforgue, un francés nacido en Uruguay, lo mismo que Lautréamont, lo mismo que Supervielle, ese hombre enseñó la coloquialidad y Pound y Eliot registraron y aprendieron lo coloquial en Laforgue, de manera que todo esto de las invenciones... por lo menos para mí, son sospechosas. En cambio yo creo en aquello que dijo Apollinaire, la lucha entre estas dos líneas que, como las vías de un tren, parecería que nunca se tocan: la tradición y la invención y, sin embargo, la una se alimenta de la otra. Por eso me viste defender ayer a Darío. Darío y más Darío.

LP -¿Querría decir algo acerca del ritmo de sus poemas?

GR -Mira, yo te voy a decir Luisa una cosa, ¿sabes en qué creo? Y tú me entiendes, porque es cierto que tú me entiendes: en el balbuceo. Lo que pasa es que yo no alcanzo a decir, soy balbuceante. Tal vez esto del balbuceo me queda de mi tartamudeo inicial. Cuando yo era un niño era un gran tartamudo. Hoy día parece una contradicción porque a veces hasta parezco, no sé, elocuente y eso me aburre mucho. Pero era un tartamudo infinito, mis compañeritos se reían de mí por supuesto, pero yo aprendí entonces que si era capaz de reemplazar, cuando los demás se divertían a costa de mi dificultad, una palabra por otra que me fuera más fácil de pronunciar, entonces creaba un espacio imaginativo ¿me entiendes? Para que veas cómo en mí las cosas se dan desde la partida y aquí te estoy dando una de las claves de mi pensamiento poético y de mi palabra.

LP -Y de su respiración.

GR -Y de mi respiración. Al fondo hay un proyecto de respiración. Hay por aquí, donde tú abras, en cualquiera de estos textos, sobre todo los más breves, mira "Ejercicio respiratorio": "Azar/ con balbuceo son las líneas de Ilión/ en las que está escrito el mundo con/ balbuceo y tartamudeo y/ asfixia, el oleaje/ de las barcas exige ritmo Homero/ vio a Dios".

LP -Es notable cómo al decirlo se le apura el ritmo en un momento dado.

GR -Se me apura, entonces tú dices bien, la asfixia... ¿te acuerdas que yo celebraba el asma de un pariente mío? Entiendo por qué los asmáticos crean un espacio de imaginación y un pensamiento muy singulares. Es que cuesta respirar... Cuesta respirar.

LP -Usted dijo ayer "a mí me gusta trabajar con todos los elementos"...

GR -Correcto, mira uno no tiene por qué limitarse. A propósito del sentido habría que responder esto, porque ya te acuerdas tú de esta frase, de este pensamiento de Valéry: "La poésie est une vacillation entre le sens et le son". Entonces si por un lado yo, o para mí, este sonido o esta dimensión fónica, con asfixia y todo, me es tan necesaria, por otra parte en cuanto al sentido o significado yo no lo voy a obtener de las ideas, de las nociones abstractas. Los poetas trabajamos, ya se sabe, con las imágenes, esto es con las cosas. Entonces el mundo nos llega desde un latido: de ese lago, que está allí nos llega una transparencia que es distinta. Y así no es raro que aquello que parece irrisorio: un zapato tirado en el suelo, encima de un pasto o no de un pasto, a lo mejor el pasto es imaginario, te haga pensar en tantas cosas: ¿de dónde habrá salido ese zapato de mujer enterrado vivo? Entre el cerezo y el espectáculo del cerezo. Y mira, una cosa es el cerezo y otra el espectáculo del cerezo. No tenemos aquí a los grandes filósofos del pasado moderno o del pasado antiguo. Entonces nosotros estamos en otro plazo, estamos como adivinando el mundo. Sí, ésa es la verdad, en esta franja de nuestra parca pero intensa tradición que no tiene más de ciento cincuenta años, estamos forjando un pensamiento y este pensamiento lo hacemos desde las cosas y no es raro que el poeta se adelante a ese pensamiento más totalizado, más cabal, más coherente o racional. Somos unos elementalistas sin remedio. La Mistral, que podrá ser muy discutida, descubrió algo importante: las cosas, las materias. El mejor sector de su libro "Tala", que es el mejor de sus libros, se llama justamente "Materias". Habla del pan, por ejemplo: "Dejaron un pan en la mesa, mitad quemado, mitad blanco" y empieza a hablar con el pan. Neruda para qué decir; los "Tres cantos materiales" que pueden ser tal vez lo mejor de su maravilloso libro "Residencia en la tierra" mira cómo se llaman: "Entrada a la madera", "Estatuto del vino", "Apogeo del apio". A mí me maravillan las cosas por igual y no es que esté imitando a nadie. Entonces por eso yo hablaba el otro día de las piedras. Las piedras son lo mío, mi alma. Yo soy pedregoso, será porque vengo de mineros, será porque hay una tradición en mi casa, en mi familia, mi progenie, de un trato con la piedra, con la dureza de la piedra. El hecho es que ella es, para mí, un elemento muy primordial.

* Gonzalo Rojas nació en Lebu, Chile. Estudió Derecho y Literatura en el Instituto Pedagógico de la Universidad de su país y perteneció al grupo surrealista reunido en torno a la legendaria "Revista Mandrágora".
Fue diplomático en China y Cuba durante el gobierno de Salvador Allende.
Recibió el Premio Nacional de Literatura de Chile en 1992 y el Premio Cervantes de Literatura en 2003.
En España también fue distinguido con el Premio Reina Sofía y recibió además el Premio Octavio Paz en México y el José Hernández en Argentina.
Su obra editada incluye, entre otros títulos: "Cuaderno secreto", "La miseria del hombre", "Contra la muerte", "Oscuro", "Transtierro", "Del relámpago", "Críptico", "El alumbrado" y "Las adivinas".


DOS POEMAS:
Ars poética en pobre prosa
Lo que de veras amas no te será arrebatado
Voy corriendo en el viento de mi niñez en ese Lebu ** tormentoso y oigo, tan claro, la palabra relámpago. Relámpago, relámpago. Y voy volando en ella y hasta me enciendo en ella todavía. Las toco, las huelo, las beso a las palabras, las descubro y son mías desde los seis y los siete años; mías como esa veta de carbón que resplandece viva en el patio de mi casa. Es el año 25 y recién aprendo a leer. Tarde, muy tarde. Tres meses veloces en el río del silabario. Pero las palabras arden: se me aparecen con un sonido más allá de todo sentido, con un fulgor y hasta con un peso especialísimo. ¿Me atreveré a pensar que en ese juego se me reveló, ya entonces, lo oscuro y germinante, el largo parentesco entre las cosas?

Carbón
Veo un río veloz brillar como un cuchillo, partir
mi Lebú en dos mitades de fragancia, lo escucho,
lo huelo, lo acaricio, lo recorro en un beso de niño como entonces,
cuando el viento y la lluvia me mecían, lo siento
como una arteria más entre mis sienes y mi almohada.

Es él. Está lloviendo.
Es él. Mi padre viene mojado. Es un olor
a caballo mojado. Es Juan Antonio
Rojas sobre un caballo atravesando un río.
No hay novedad. La noche torrencial se derrumba
como mina inundada, y un rayo la estremece.

Madre, ya va a llegar: abramos el portón,
dame esa luz, yo quiero recibirlo
antes que mis hermanos. Déjame que le lleve un buen vaso de vino
para que se reponga, y me estreche en un beso,
y me clave las púas de su barba.

Ahí viene el hombre, ahí viene
embarrado, enrabiado contra la desventura, furioso
contra la explotación, muerto de hambre, allí viene
debajo de su poncho de Castilla.

Ah, minero inmortal, ésta es tu casa
de roble, que tú mismo construiste. Adelante:
te he venido a esperar, yo soy el séptimo
de tus hijos. No importa
que hayan pasado tantas estrellas por el cielo de estos años,
que hayamos enterrado a tu mujer en un terrible agosto,
porque tú y ella estáis multiplicados. No
importa que la noche nos haya sido negra
por igual a los dos.
-Pasa, no estés ahí
mirándome, sin verme, debajo de la lluvia.


** Leufü: torrente hondo, en mapuche original. Después, en español, Lebu, c apital del viejo Arauco invencible como dijera Ercilla en sus octavas majestuosas. Puerto marítimo y fluvial, maderero, carbonífero y espontáneo en su grisú, con mito y roquerío suboceánico, de mineros y cráteres – mi padre duerme ahí -; de donde viene uno con el silencio aborigen.

sábado, 23 de abril de 2011

Un rayito de luz



Desde adentro *

Como un rayito de luz que se abre camino entre las nubes, después de una tormenta, el grupo de Teatro El Brote -que lleva adelante en Bariloche su valioso proyecto con pacientes de salud mental- ofrece "Desde Adentro", una experiencia honda y humana que toma la forma de un disco de tangos, grabado por una de sus integrantes, Stella Maris, con el acompañamiento de Graciela Novellino y Hugo Barrionuevo.

Se trata de una producción que invita a dejarse conmover por tangos memorables como Uno, Garúa, Los Mareados, Como dos extraños o Volver, guiados por la dulzura y profunda expresión de Stella Maris, conocida en el ambiente por su calidad artística, tanto en la actuación como en el canto.

Stella Maris nació en una familia humilde de San Cristóbal, un barrio porteño y tanguero por excelencia, en septiembre de 1946. Su padre, músico de oído y guitarrero profesional, falleció cuando ella y su hermana melliza tenían 6 meses de edad y desde entonces, las pérdidas marcaron el rumbo de su vida.

Amante de la música y dueña de un oído y entonación privilegiados, cuenta que desde chiquita aprendió a cantar tangos con “El Alma que canta”, unas hojitas amarillas de edición económica que circulaban entonces con temas y acordes musicales.

“Expreso lo del alma, lo de adentro, lo que es la esencia de la vida, la profundidad de la vida que abarca todos los matices, el pasado, el presente y el futuro”, sintetizó con sus propias palabras Stella Maris.

Para la directora del grupo de teatro, Gabriela Otero, el disco es “una expresión musical de sensibilidad y de hondura” al que definió como “un trabajo exquisito porque conjuga la impronta de la voz tanguera de Stella con un acompañamiento sensible y sutil”

“Desde adentro” se presentó en la pre-inauguración de la sala de teatro de El Brote -en Bestchedt y Tiscornia-, en diciembre de 2010, y ahí mismo se puede comprar. Se trata de la segunda producción sonora de El Brote que hace unos cinco años atrás grabó y editó “Voz que Brota”, un trabajo experimental de registro de voces con el testimonio de los actores-pacientes.

* Publicado en el Diario Digital Bariloche 2000, 23 / 04 / 11

lunes, 18 de abril de 2011

AIMÉ PAINÉ: la voz del pueblo Mapuche por Cristina Rafanelli *



Con el respaldo de una editorial nacional, llega a las librerías “Aimé Painé: la voz del pueblo mapuche”, un trabajo que lleva la firma de la escritora y periodista barilochense Cristina Rafanelli.

El libro será presentado hoy en la Biblioteca Nacional, por Luisa Calcumil - otro icono del acontecer cultural mapuche - y Carlos Martínez Sarasola, antropólogo, cuya obra “Nuestros paisanos los indios”, es de consulta obligatoria para todos aquellos que quieran iniciar una aproximación al pasado y presente de los pueblos originarios.

Aimé Painé es sinónimo de musicalidad, belleza y testimonio de una cultura tan viva como diferente. Pero también sabemos que al norte del río Colorado, poco y nada se sabe de la mujer que nació en Ingeniero Huergo y que, lamentablemente, falleció antes de tiempo. Por eso, hay que celebrar que finalmente, gane la calle “Aimé Painé: la voz del pueblo mapuche”, artista que supo difundir el canto de sus mayores bastante antes que “la cuestión indígena” irrumpiera con fuerza en la agenda mediática y política de la Patagonia.

A título de introducción, el parte de prensa del libro (que sale bajo el sello de Editorial Biblos, para su colección “Desde América”) nos dice que “Aimé Painé fue una cantante mapuche que dedicó su vida a difundir la cultura de su pueblo. Separada de su familia a los tres años de edad, pasó su infancia en un colegio de monjas de Mar del Plata e integró el Coro Polifónico Nacional. Debido a la imperiosa necesidad de recuperar sus raíces, abandonó el coro para dedicarse de lleno al canto mapuche. Fue la primera en aparecer vestida a la usanza de las mujeres antiguas, incluso durante la dictadura militar y mientras su pueblo atravesaba un largo período de silencio y ocultamiento de sus valores culturales. Guiada por la sabiduría de las abuelas mapuches, recorrió el país tratando de hermanar a la gran familia indígena. No obstante, no alcanzó a ver los frutos de su intenso trabajo porque murió joven, el 10 de septiembre de 1987. Hoy existen calles, centros culturales y bibliotecas que llevan su nombre; pero pocos conocen la historia de esta mujer excepcional que luchó incansablemente por devolverle la voz y la dignidad a su pueblo”.

* Cristina Rafanelli es escritora, periodista, y docente. Hace más de un cuarto de siglo que reside en Bariloche y ha colaborado en publicaciones, como “Expreso Imaginario”, “Mutantia” y “Humor”. Más cerca en el tiempo, publicó en “Página/12” y en “La Mano”. Pero sus primeros pasos en los medios de comunicación tuvieron que ver con el rock. De ahí que no sorprenda que León Gieco haya incluído algunas palabras en “Aimé Painé la voz del pueblo Mapuche”.
La información de este post fue extraída del diario El Cordillerano, en su edición digital del 4/4/11

lunes, 11 de abril de 2011

EMPIEZA LA SEMANA DE MONTAÑAS Y COSTAS LIMPIAS





A partir de este lunes y hasta el 16 de abril, se reailzará la Semana de las Montañas y Costas Limpias que, desde hace 24 años organiza el Club Andino Bariloche (CAB) con el objetivo de generar conciencia y hábitos responsables a la hora de visitar la montaña y los espacios públicos.

En esta oportunidad las actividades se realizarán en conjunto con el área de Salud Ambiental y la Asociación de Recicladores Bariloche (ARB) y habrá concursos, una campaña en los medios locales que se deseen sumar y la ya clásica jornada comunitaria de Limpieza de Costas y Montañas, a la que se invita a toda la comunidad.

“No hagamos bolsa la montaña, usemos más la cabeza y menos las bolsas de plástico” se trabajará sobre la importancia de reducir el uso de bolsas de nylon dada la contaminación que estas producen en toda su cadena, desde su fabricación hasta su destino final.

Por otra parte, el sábado 16 de abril se realizará la tradicional jornada comunitaria de limpieza en diversos lugares de la ciudad, para la que se colocarán containers para tirar la basura.

Los voluntarios que deseen sumarse a la campaña podrán retirar elementos para recolectar en el CAB a partir del miércoles 13 de abril.

Como todos los años, se realizará el Concurso de Estampa para Bolsas Ecológicas para el que se invitará a participar a chicos de jardines de infantes, escuelas primarias, secundarias y ONG's de Bariloche para que hagan los diseños que luego serán exhibidos.

Para más información sobre las jornadas comunicarse con el CAB al teléfono 42-2266 / 42-4579.

sábado, 9 de abril de 2011

Los galeses en Chubut (1)



El 28 de julio de 1865, el barco Mimosa arribó a las costas del Golfo Nuevo, en un área que los inmigrantes galeses llamaron Puerto Madryn. La nave había zarpado desde Liverpool con alrededor de 150 personas de todas las edades, que dejaban atrás la dominación británica sobre su país.

En Madryn, la zona de Punta Cuevas debe su nombre a los huecos hechos en los acantilados en los que se alojaron estas familias los primeros momentos. Luego se trasladaron a las costas de río Chubut, donde comenzaron a levantar las primeras casas. Así nacieron sitios como Rawson y Gaiman.

Los galeses establecieron una buena relación con las comunidades tehuelches a través del trueque y la mutua colaboración. Intercambiaron con ellos conocimientos, ya que los indígenas eran expertos cazadores, hábiles para encontrar agua y vivir de la tierra, y los galeses construían hornos de barro para hacer el pan y la producción de manteca.

De Puerto Madryn a Trevelin hay poco más de 600 kilómetros que hoy se recorren en fácilmente en auto a través de las rutas 25, 12 o 62 de la provincia de Chubut. Pero hace más de 120 años, la estepa patagónica era un territorio sólo conocido y recorrido por los pueblos tehuelche y mapuche.

En 1883 John Daniel Evans encuentra perdido - y reconoce como propiedad de un vecino - un potrillo llamado “el Malacara” *, robado por los indios en 1878. El Malacara había sido amansado y entrenado para correr en terrenos desparejos, y enseguida tuvo un especial entendimiento con su nuevo jinete.



Siguiendo las descripciones hechas por los tehuelches, John D. Evans, Richard Davies, John Hughes y John Parry se internaron en el territorio en busca de oro. En el recorrido fueron emboscados por araucanos de la tribu del cacique Foyel que venían huyendo de la persecución del ejército de Roca.

Los indios los confunden con espías y el 4 de marzo de 1884 dan muerte a Davies, Hugehs y Parry. Evans logra salvar su vida gracias a su caballo, ya que éste al romper el círculo de lanzadores, salió de su alcance y saltó al fondo de un barranco de casi 4 metros de altura, pero se levantó y siguió barranco abajo.

El caballo galopó durante 3 días, hasta que perdió los cascos. Evans logró llegar hasta el puesto más cercano a Rawson y cambiar de caballo. Después regresó para enterrar a su compañeros y buscar al Malacara. El lugar se conoce hoy como "Valle de los Mártires" y allí Evans erigió un monumento en memoria de sus compañeros caídos.

* “Pablo Dacal y el misterio del Lago Rosario”
http://vimeo.com/12419473

domingo, 3 de abril de 2011

Malvinas: la guerra, el hombre - por Edgardo Esteban *



La guerra

La guerra de Malvinas es una parte de la historia reciente argentina. Los datos y testimonios reunidos a lo largo de estos 28 años han logrado quebrar el silencio y poner al descubierto un hecho injusto: durante la guerra los soldados argentinos no sólo tuvimos que combatir al enemigo, sino el hambre, el frío y la inaudita incompetencia y crueldad de nuestros propios jefes militares. Lo que vino después, el regreso, la posguerra, estuvo determinado por la indiferencia de una sociedad traumada por su irreflexivo apoyo a la dictadura y el silencio y el olvido impuestos por los militares. Volver fue el comienzo de un doloroso camino para una gran cantidad de soldados sacudidos por el horror vivido y por el porvenir, que ya no sería el mismo.

De alguna forma se combatió a los ex combatientes, dándonos la espalda, obligándolos a la marginación, sepultándolos en el olvido, la indiferencia. Resultado: los suicidios de ex combatientes llegan a 500 casos aproximadamente.

La indiferencia social posterior al conflicto contrastó con el fervor patriótico que el 2 de abril de 1982 generó el anuncio de la “recuperación” de las islas Malvinas, en boca de Leopoldo Galtieri. La Plaza de Mayo, teñida de color celeste y blanco, se colmó de miles de ciudadanos, entre ellos muchos reconocidos dirigentes políticos y sindicales. Aclamaban al dictador, quien decía: “Si quieren venir, que vengan: les presentaremos batalla”.

Al final de la guerra, el 14 de junio, todo cambió de golpe. Tras la derrota, esa misma gente trató de incendiar la Casa de Gobierno, echó a Galtieri del poder y no quiso volver a hablar de Malvinas por mucho tiempo. El final del conflicto cerró el capítulo de la dictadura y fue un factor decisivo para la reinstauración de la democracia, pero, en cuanto a la guerra, la sociedad no se hizo cargo de sus responsabilidades.

Al volver, las autoridades y la sociedad se comportaban como si los soldados fuéramos los responsables de la derrota. Hubo un acuerdo tácito para olvidar la guerra, esconder a los que regresábamos y borrar de las mentes lo vivido. Para obtener la baja militar, los oficiales hicieron firmar a los soldados una declaración jurada, en la que nos comprometíamos a callar y por ende a olvidar. Hablar de lo ocurrido durante la guerra fue lo primero que nos prohibieron. Así, el dolor, las humillaciones, la frustración, el desengaño, la furia, quedaron dentro de cada uno de nosotros hasta tornarse insoportables en muchos casos. Es que hablar, contar, era el primer paso para exorcizar nuestro infierno interior y empezar a curar las heridas. Pero no se podía, eran cuestiones de Estado. De modo que el regreso fue cruel, en silencio, a escondidas. La bienvenida quedó para la intimidad del hogar.

No está en discusión el justo reclamo de soberanía que Argentina mantiene sobre las islas desde 1833. Pero eso nada tiene que ver con el análisis descarnado de lo ocurrido en 1982. Durante mucho tiempo se ha preferido eludir la autocrítica de la derrota, de la que nadie quiso hacerse cargo. Galtieri y Jorge Anaya murieron sin haber hablado, sin enfrentar sus responsabilidades políticas y militares.

El genocidio iniciado por los militares el 24 de marzo de 1976 continuó de algún modo en Malvinas. La misma crueldad, el mismo desprecio por la vida ajena, la misma cobardía. En las islas, los militares cometieron aberraciones denunciadas por quienes las sufrieron en carne propia: tortura física y psicológica y estaqueos. Hubo excepciones individuales, sumadas a la valentía y capacidad técnica de los pilotos de la Fuerza Aérea que quedan fuera de estas calificaciones.

Un digno general de la Nación, Benjamín Rattenbach, elaboró en 1983 un informe, a pedido de la Comisión de Análisis y Evaluación Político-Militar de las Responsabilidades del Conflicto del Atlántico Sur. El informe califica la Guerra de Malvinas como una “aventura irresponsable”. Señala que cada arma funcionaba por su cuenta, que carecían de preparación y que la conducción estuvo plagada de errores. Sobre esta base, el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas condenó a reclusión y destitución a: Galtieri por 12 años; al almirante Jorge Anaya por 14 años y al brigadier Basilio Lami Dozo por 8 años. No hubo otros condenados. Finalmente los tres fueron indultados en 1990 por el presidente civil Carlos Saúl Menem.

El descarnado informe del general Rattenbach fue silenciado por sus camaradas, que no quisieron hacerse cargo del debate y asumir una autocrítica sobre lo ocurrido.

El hombre

La difícil recuperación de las secuelas de la guerra y de la reinserción social y el Trastorno de Estrés Postraumático (TEP) afectó en diverso grado a todos los ex combatientes. El TEP es un estado depresivo crónico, propio de alguien que ha experimentado de forma directa la guerra. Genera una constante sensación de temor, angustia y pesadillas, miedos, problemas de relación, irritabilidad, dificultades para conciliar el sueño, sobresalto, un elevado nivel de violencia e irritabilidad, inclinación por las adicciones, entre tantos síntomas. Sin ayuda psicológica es difícil la recuperación.

Durante años no hubo ningún tipo de asistencia ni ayuda, recién en los últimos tiempos la situación de los ex combatientes mejoró notablemente, cuando se realizó un relevamiento sociosanitario nacional de los que participamos de la guerra, para dar respuestas concretas y atender aquellos casos de alta vulnerabilidad. A partir del 2004, el Estado otorga una pensión equivalente a tres jubilaciones mínimas.

Con la ayuda del ex presidente Néstor Kirchner, en septiembre del 2005 se estrenó el film Iluminados por el fuego. Sin dudas, contribuyó a abrir un debate sobre lo ocurrido en Malvinas. Hasta ese momento poco o nada se sabía sobre los suicidios y los traumas de posguerra entre los soldados, y la película realizada luego por Tristán Bauer mostró la cotidianidad de la guerra: el hambre, las torturas a soldados por sus propios jefes. Desde entonces se multiplicaron las denuncias de los soldados sobre los malos tratos. Al margen de los errores tácticos y estratégicos que definieron la suerte de la guerra, lo que aparece como inaudito son los injustificados malos tratos, las crueldades de algunos oficiales y suboficiales hacia sus soldados como los estaqueos durante horas en la turba mojada, con temperaturas bajo cero. En su gran mayoría eran castigos por robar comida. El hambre dolía tanto como el frío austral.

El maltrato y la injusticia no fueron una circunstancia inevitable de la guerra, sino consecuencia de un tratamiento humano indigno.

Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas, manifestó poco tiempo atrás su compromiso con la causa Malvinas y dijo: “El escarnio, el abandono, el valor de estos conscriptos que con el pecho abierto al amor por la Patria fueron a defenderla pero indefensos. Nos concierne a todos los pobladores del país saber que no es posible el olvido, que 28 años después la leyenda es un dolor abierto y que debemos saldar estas deudas”.

Los ejes fundamentales de verdad, memoria y justicia que predominan en este bicentenario deben profundizarse en el caso de Malvinas para establecer la verdad de lo ocurrido. Algo que la sociedad les debe a los caídos y a los que combatieron con dignidad en Malvinas. Debemos separar a aquellos que lucharon con honor de quienes consideraban un acto de valentía estaquear a un soldado hambriento.

Necesitamos ganarle a nuestra propia guerra y recordar tanto a los que murieron en las islas como a los que volvieron y, como consecuencia de la indiferencia y el olvido, se quitaron la vida.

Por la vida...

* Periodista y ex combatiente de Malvinas, Página 12, 03/ 04/ 2011

viernes, 1 de abril de 2011

Arrayanes





Los arrayanes no tardan tanto en crecer, como se dice. Lo comprobé plantando uno en el patio de casa. Y que necesitan vivir cerca del agua para desarrollarse de manera óptima, también es relativo.
Uno de los lugares en los que este árbol de color canela, cuyas flores son parecidas a las de azahar, ha formado un bosque de más de 250 años de antigüedad, es la Península de Quetrihué (“donde hay arrayán”) en San Carlos de Bariloche.
Pero también hay bosquecitos de arrayanes, menos imponentes, en Llao Llao y en otros lugares de Bariloche.
La corteza de los arrayanes es sedosa y fría al tacto y se descascara con facilidad.
Al desprenderse deja manchas blancas, pero por suerte la naturaleza se encarga de “vestirlos” nuevamente y en forma continua.