lunes, 30 de mayo de 2011

Curanto




El curanto, en mapudungun: kurantu, “pedregal'”, es una comida típica del archipiélago de Chiloé, característica del sur de Chile y la Patagonia Argentina.
Tradicionalmente se prepara al aire libre, llevando el nombre de "curanto en hoyo", es decir el que está hecho en un pozo cavado en la tierra, de aproximadamente un metro y medio de profundidad. El fondo se cubre con piedras que se calientan en una fogata. Cuando están al rojo vivo se retiran los tizones y se comienza a colocar los ingredientes.

La preparación del curanto en hoyo toma bastante tiempo, lo que constituye un evento social en si mismo, ya que el trabajo que demanda hacerlo requiere de la participación de varias personas. Además del hoyo que se debe hacer previamente, está la selección y limpieza de los ingredientes, cuyas cantidades no son fijas, la idea es que haya un poco de todo.

En Argentina, el curanto incluye distintas variedades de carne vacuna, también cordero, pollo y embutidos y hortalizas: papa, batata, calabaza, choclo, entre otras.
En Chile incluye mariscos y también distintos tipos de pescado, además de carne y embutidos.También hortalizas y verduras, además de chapaleles y milcaos *, alimentos tradicionales de Chiloé, a base de papas que cocinan al vapor en una de las capas superiores del curanto, cubiertos por ramas de avellano y pangues que les dan su sabor característico.

* El milcao se prepara mezclando papas crudas y cocidas con otros ingredientes. Es un ingrediente importante del curanto y aparece frecuentemente en el folklore chilote como parte de canciones y adivinanzas.
El chapalele es una masa a base de papas cocidas y harina de trigo. Los chapaleles de curanto son salados y llevan además de las papas y la harina, manteca de cerdo y chicharrones.

Después viene todo el armado del curanto y su sellado para permitir una cocción al vapor y con toques de ahumado, que povocan el contacto directo de las piedras al rojo.
Cada capa de ingredientes se cubre con las grandes hojas de una planta llamada pangue o nalca, que pueden tener un diámetro mayor a un metro.
Todo esto se cubre con tierra, champas y sacos mojados, simulando una gran olla a presión, en la que se cuecen los alimentos durante una hora o un poco más.
Una vez listo el curanto, se destapa y los alimentos cocidos se traspasan a fuentes que se van ofreciendo a los comensales.

Se dice que esta forma de preparar alimentos se remonta al año 1421 y era propia del pueblo chono y que con la llegada de los huilliches y de los conquistadores españoles se fueron agregando nuevos ingredientes hasta llegar a ser el curanto que se conoce hoy en día. El curanto también sería otra prueba de la teoría del contacto entre América y Polinesia, ya que que en Rapa Nui (la Isla de Pascua) se prepara una comida semejante, llamada “umu”.

viernes, 20 de mayo de 2011

Quizás el viernes por Mónica de Torres Curth (*)



Siete veces al día pasaba el trapo húmedo a las mesas, barría y limpiaba el mostrador con una franela desteñida; siete veces al día y la capa de polvo sólo se levantaba para dejar que ella pase el trapo, y después volvía a posarse exactamente en el mismo lugar.
Repasaba dos o tres veces los vasos y las tazas, con un cuchillo de punta raspaba la mugrecita que se forma en la manija de la azucarera, calentaba el agua, sacaba un pan de la heladera que mantenía envuelto en el trapo húmedo, adentro de su bolsa, hasta no estar segura de que alguien pediría tostadas.
El frasco de dulce ya estaba ahí, la lechera con la leche tibia, la manteca esperando su turno, no iba a sacarla antes porque se ablandaba demasiado y después se ponía rancia.
Pensó que un día podría hacer una torta, pero nunca se sabe si bajarán dos, tres o diez del colectivo, o quizás no baje ninguno, o sólo traiga gente de vuelta a las casas. Tal vez algún día hiciera torta de manzanas.
Emma se cepillaba el pelo, el pelo largo y fusco, mimado de tantas tardes aburridas, de tantos sábados fríos y vientos inmortales. Lo cepillaba cansadamente hasta que en un momento lo giraba hasta enroscarlo, haciendo un nudo en la nuca que nunca se desataba. Lo cepillaba de seis a siete, porque a las siete y media llegaba el colectivo.
Tenía un espejito redondo colgado de la pared y se daba una mirada rápida, convencida de que estaba bien así.
A las siete, sobre las mesas cerca de la ventana, despegaba manteles a cuadritos verdes y blancos, les extendía encima un plástico transparente y ponía los ceniceros de Cinzano.
A las siete y cuarto prendía la lamparita de afuera, descorría las cortinas y ponía el cassette de Julio Iglesias. Mientras lo escuchaba cantar se acomodaba el delantal, se miraba la pollera, los zapatos, guardaba el tejido en la canasta y se paraba detrás del mostrador.
El colectivo llegaba puntual, sin importar si llovía como ese día, o nevaba como toda la semana anterior. De lejos el viento traía el rumor del motor, o quizás era su imaginación. Las que no engañaban eran las luces cuando doblaba la última curva y enfilaba para el bar.
El chofer ni se bajaba, era una parada para subir y bajar pasajeros, pero siempre le sonreía cuando se iba. Muchas veces, hasta le pareció que le guiñaba un ojo. Pero en esta época oscurece temprano, y quizás sólo le había parecido. Sabía que se llamaba Ernesto, sólo eso. Debía de ser alto, y joven, tendría unos cuatro o cinco años más que ella. Cuando hiciera una torta, una de manzanas, quizás podría acercarle un pedazo envuelto en una servilleta. Una de esas que había bordado, con dos E enlazadas en perlé blanco sobre el lino blanco. Ella se llamaba Emma Esther, pero quizás él pensara que podría ser de Emma y Ernesto. Tal vez a la pasada del día siguiente bajaría a devolvérsela, y podrían hablar, aunque cortito, pero él podría verle los ojos celestes como los de su abuela, y ella quizás podría ofrecerle algo o si no, prometerle unos buñuelos para la semana siguiente.
Miraba todavía cómo el colectivo se iba, escondiéndose detrás de la lluvia espesa, pensando en que tal vez para el viernes haría la torta de manzanas, cuando la sobresaltó la puerta que se abría. Un hombre entró.
Saludó con un gesto, se sacó el abrigo, apoyó su valija a un costado y se sentó de espaldas a la ventada cerca de la salamandra. Cruzó las piernas y la miró.
Emma buscó la libreta y el lápiz y se acercó a la mesa. El hombre estaba empapado. Tal vez había estado un rato largo parado en la vereda, tal vez esperaba a alguien que no había venido a buscarlo. Una gota se desprendió del mechón de pelo que de deshilachaba sobre la frente. La sopló, antes de pasar la mano.
- ¿Señor?
El hombre olía a hombre, no a ese olor rancio de los borrachos de siempre, no a ese olor pegajoso del Carlos cuando se le acercaba demasiado. Un olor distinto, abundante, generoso.
Él la miró con esos ojos oscuros, y ella se dio cuenta de que tenía la piel dorada, que tal vez tuviera unos cuarenta y cinco o cincuenta años, el doble de los que tenía ella. Se dio cuenta de que hacía varios minutos que lo miraba y se sintió desarreglada.
- ¿Señor?
- A coffee, please.
No entendió lo que dijo, no supo qué contestar, pero en realidad, pensó, qué podría querer sino un café. Caminó al mostrador, sabiendo que él la observaba. Por qué no me puse la pollera roja que es más nueva, pensaba, y sentía que él la miraba, la miraba toda.
Puso café negro en una taza, leche en una jarrita y la llevó a la mesa. Los ojos grandes y negros le sonrieron, él dijo algo que ella no entendió, pero se quedó parada al lado, esperando algo. El hombre hizo un gesto con la mano como enrulando el vapor del café con su dedo. Entendió: azúcar.
El hombre puso los pies sobre una silla y se inclinó un poco hacia atrás. Cerraba los ojos cuando tomaba el café. Emma parada atrás del mostrador lo miraba largamente tratando de descubrirlo.
Pasó un buen rato, él parecía dormitar cuando el cassette de Julio Iglesias se terminó. Un golpe seco del grabador al apagarse los sobresaltó a ambos. El hombre se levantó sólo un poco y mirando a Emma sin decir nada abrió la salamandra y puso dos o tres troncos adentro.
Ella buscó en su caja de cassettes uno romántico. Encontró uno de Los Plateros. Él le sonrió ampliamente y levantó su taza de café. Ya debían ser como las nueve, y tendría que pensar en hacer algo de comer. Le llevó café caliente.
- ¿Va a cenar, señor?
El hombre sólo la miraba y sonreía. Tendría que decidir ella. Fue a la cocina y al poco rato aromas mezclados empezaron a llenar el lugar. Una carne a la plancha, algo de ajo, cebollas fritas, perejil, un tomate cortado en rodajas, orégano y aceite. Llevó la bandeja a la mesa.
Él recibió complacido lo que ella iba poniendo en la mesa. Comió hasta la última miga. Pasó el pan por el plato. Dijo algo, no supo qué, pero era de contento, eso seguro.
Un cassette tras otro, un silencio sólo cortado por sonrisas, miradas y cada vez más suspiros. Entró el Carlos. Receloso miró al hombre que con las manos cruzadas sobre la nuca se hamacaba en la silla al lado de la salamandra. Tomó tres o cuatro ginebras, estirando el tiempo para poder quedarse sólo con la Emma, pero el gringo parecía no tener apuro.
El Carlos empezó a cabecear y se quedó dormido acodado en la mesa de la esquina. Emma fue a la cocina y desapareció por un buen rato. Hizo más café, le acercó al hombre la cafetera y la botella de ginebra. Él sólo corrió la taza mientras la miraba a los ojos. Ella desviaba la mirada un poco turbada pero el olor del hombre la hacía quedarse cerca.
Un perfume a torta empezó a llenar los rincones y ella corrió hacia adentro. En un ratito la traía sobre un plato. Una camioneta oscura se acercó por el camino embarrado. El cuchillo se hundió en la masa esponja, tropezando de a ratos con los pedazos de fruta. La camioneta paró frente al bar sin apagar el motor. Sonó una bocina. El hombre se puso el abrigo y levantó la valija, metió la mano al bolsillo y dejó unos billetes sobre la mesa. Emma estiró la mano y le alcanzó una servilleta de lino blanca con un pedazo de torta todavía caliente adentro.
Él soltó la valija, tomó con cuidado la torta y como al descuido rozó la mano de Emma que temblaba. Le sonrió, dijo algo y abrió la puerta.

(*) Mónica de Torres Curth nació en San Carlos de Bariloche. Estudió matemáticas en la Universidad Nacional del Comahue, donde se desempeña como Profesora Adjunta. Integra la antología de cuentos “Casi Nada en el Viento”, Ediciones La luna que (2000). En el año 2002 recibió el primer premio en el concurso “Cien años de Bariloche”, organizado por la dirección de Cultura Municipal de la ciudad. En 2003 recibió mención de honor en el Concurso de Narrativa Breve del XVIII Encuentro De Escritores Patagónicos, Puerto Madryn, Chubut, en el que participó como jurado el escritor Abelardo Castillo.

domingo, 15 de mayo de 2011

Laura Calvo presentó tres libros en Bariloche (*)




"Presentar tres libros propios en forma conjunta se asemeja a tener trillizos", sentenció risueña la escritora Laura Calvo, quien ayer sábado presentó su trío de nuevas publicaciones: "Anote, querida"; "Un cielo sobre la cabeza basta" y "La más grande, la más oscura", una novela, un libro de poesía y otro de cuentos, que ya están a la venta en las librerías de la ciudad.

Calvo es una reconocida escritora y artista local: tiene libros y CD musicales publicados y también incursionó las artes plásticas. No obstante, nunca se imaginó que iba a poder presentar tres libros suyos en forma simultánea. "Es un hecho inusual y seguramente será irrepetible", opinó. Pese editarse los libros en forma simultánea se concibieron a lo largo de los últimos 9 años.

El hecho de publicarse en forma conjunta obedece al hecho que las tres obras fueron premiadas por jurados calificados a nivel nacional en los llamados a concurso del Fondo Editorial Rionegrino en el 2009.

"Un cielo sobre la cabeza basta", con la portada ilustrada por la artista local Viviana Dziewa, incluye 45 poemas y "La más grande, la más oscura", 9 cuentos, que permiten ser leídos como una novela corta.

De carácter realista, instaladas en un tiempo que sucede a otro tiempo, y éste a otro, las historias van creciendo desde la mirada de quien narra: la niña, la joven, la mujer.

Escenarios reconocibles, personajes que reaparecen forman el entramado de está saga, cuyas anécdotas trascienden lo puramente personal, para reflejar la realidad histórica y social donde los hechos se convierten en metáforas de algo más profundo, más grande y más oscuro.

"Anote, querida", con una magnífica portada, fotografía de la artista local Graciela Novelino, tiene por protagonista a dos mujeres, y una de ellas intenta escribir mientras la otra agoniza. Cuentan su propia vida y a la par van armando una historia paralela que las une de forma misteriosa a inequívoca.

(*) Información extraída del Diario Río Negro 12/ 05/11

martes, 10 de mayo de 2011

Los galeses en Chubut (2)




La ruta de los rifleros

Hacia 1884, los colonos galeses que se habían afincado en el Valle Inferior del Río Chubut fueron los primeros voluntarios de la compañía "Los Rifleros" y, guiados por John Daniel Evans, recorrieron la ruta hacia el Valle 16 de Octubre, en la zona donde hoy están Esquel y Trevelin.

En su derrotero, siguieron una senda paralela al río Chubut, que los llevó a lo que hoy es el paraje de Las Plumas, en el Valle de los Mártires. Cruzaron el río y siguieron por la margen norte hasta Los Altares, un sitio que debe su nombre a la belleza de sus altas formaciones rocosas.

Siguiendo lo que hoy es la Ruta 25, el grupo llegó a la zona de Paso de Indios, donde Evans, con la ayuda de John Henry Jones, construyó una balsa de sauce para cruzar el río. Sin dudas, uno de los puntos altos de este viaje es la zona de Piedra Parada. Este paraje, en la meseta central de Chubut, es difícil de encontrar en el mapa.Pero, como su nombre sugiere, en este punto aparentemente perdido hay una enorme roca de 210 metros de altura. En esta meseta hay yacimientos paleontológicos y se pueden admirar formaciones geológicas. Muy cerca de la piedra, se encuentra Gualjaina, un poblado a 90 kilómetros de Esquel.

La travesía de los Rifleros se desvía luego hacia el Sur, y en lugar de llegar a la zona de Trevelin a través de las rutas 12, 40 y 259, como lo haría cualquiera que viaja hoy desde Gualjaina, fueron aún más al Sur y entraron al Valle Hermoso, en galés Cwm Hyfryd siguiendo el río Corintos, por lo que hoy se conoce como Sierra Colorada, una comuna ubicada 12 kilómetros al Sur de Trevelin. Allí está ese Cwm Hyfryd que hoy se llama Valle 16 de Octubre, donde el gobierno nacional entregó una legua de tierra a las familias de los Rifleros y así nació el “pueblo del molino”, en galés “Trevelin”.

En 1885 llega el primer molino harinero, de pequeño tamaño, para instalarse en 1891 el primer molino de Rhys Thomas siguiéndole luego los de John Daniel Evans, Martín Undewood y muchos otros más. En 1896 se instala un molino con mayor capacidad operativa y en 1902 la zona entra en litigio con el reclamo que instala la república de Chile.

En las afueras de Trevelin está la Escuela Nº 18, que conmemora el plebiscito del 30 de abril de 1902. Ese día se reunió allí la Comisión de Límites.
Sir Thomas Holdicsh era el árbitro inglés, y los representantes de ambos gobiernos eran el perito Francisco P. Moreno por la Argentina, y el Dr. Balmaceda por Chile. Cuando el árbitro inglés preguntó a los habitantes del lugar bajo qué bandera deseaban vivir, la decisión de los galeses por la Argentina fue unánime (*).

En 1916 se instaló la primera red telefónica en la Colonia, y en 1918 se formó una sociedad encabezada por el mismo Evans entre otros, que compró un molino con capacidad para moler 600 kilogramos de harina por día. Este molino canalizó, durante mucho tiempo, el acopio, procesado y comercialización de la producción cerealera de la región, y fue alrededor de éste que creció Trevelin.

El mismo año se firmó el pacto de Dolbrwynog, creando la primera sociedad de fomento para fundar el pueblo sobre la margen izquierda del río Percey, dejando el nombre de Colonia 16 de octubre para pasar a llamarse Trevelin (del galés Tre - pueblo- Velin -molino).

En 1918 se resuelve la instalación de casas de comercio y talleres. La incipiente población ocupaba un cuarto de legua que era propiedad de los Señores Morgan, Evans y Owen.

En 1949 el gobierno del presidente Perón, declaró zona "no triguera" a la provincia de Chubut, lo que obligó a los productores a volcarse a la ganadería, y marcó la decadencia de la actividad del molino. Hoy pueden visitarse sus instalaciones, en donde se instaló el Museo, que guarda los elementos que utilizaron estos pioneros en su vida y actividades diarias.

(*) Ver “Pablo Dacal y el misterio del Lago Rosario” http://vimeo.com/12419473

lunes, 2 de mayo de 2011

El 3 de mayo


Casco urbano de San Carlos de Bariloche a comienzos del siglo pasado

El texto que sigue fue extraído de HISTORIA DE BARILOCHE de Helena Aizen y Claudio Tam Muro (Copyright 1992).

Nahuel Huapi
Cuando terminaba el siglo XIX, el cacique Antemil y su gente aún habitaba la costa sur del Limay. Loncón, también cacique, vivía cerca del arroyo Paca-Leufú.

En el brazo Rincón estaban Antonio Millaqueo, que prestó sus servicios a la Comisión de Limites como baquiano, y su padre.

Nasario Lefipán y su esposa Carmelita Quidulef fueron los primeros pobladores de lo que es hoy San Carlos de Bariloche.

Desde Estados Unidos llegó Jarred Jones para instalarse en las cercanías del Fortín Chacabuco y desde el sur de Chile los alemanes José Tauschek, Jorge Huber y Carlos Whiederholdt. También Enrique Neil, Jorge y Ralph Newbery y los españoles Fermín Salaberry y Manuel Domínguez.

Jarred Jones, llegado desde Texas, se instaló en 1889 en las cercanías del Fortín Chacabuco. Después de dedicarse un tiempo al tráfico de ganado en pie a Chile, decidió establecer una explotación ganadera en tierras que antes habían pertenecido a Modesto Inacayal (hasta que el cacique fuera tomado prisionero en 1884 y su gente desalojada). Junto con Enrique Neil puso un almacén de Ramos Generales en el nacimiento del Limay.

El Perito F. Moreno, que gozó de la hospitalidad y colaboración del norteamericano en sus campañas, intercedió en retribución para que el gobierno concediera a Jones las 10.000 hectáreas que este había solicitado en compra. En 1908, con el titulo en mano, Jones tendió el primer alambrado. George Newbery y su esposa Fanny Taylor se establecieron hacia 1894 al este del lago Traful donde fundaron la estancia La Primavera dedicándose a la ganadería y a la explotación maderera.

La Alemana
En 1895 Carlos Wiedherhold, un comerciante alemán llegado desde el sur de Chile, fundó una casa de comercio "La Alemana" en lo que es hoy el Centro Cívico de Bariloche. Aprovechando las vías lacustres, en un lugar en aquel entonces muy aislado, inició un importante intercambio comercial con el país vecino a través del paso cordillerano Pérez Rosales. Paso que a pesar de sus dificultades resultaba mucho más rápido y menos costoso que cualquier otra ruta de acceso a los centros cercanos.

Impactado por la actividad de la casa de comercio, en 1896 Francisco P. Moreno escribía:- "La casa de los Sres. Wiederholdt provee ya las necesidades de una vasta zona y exporta los productos de la misma a Puerto Montt, para lo cual dispone de embarcaciones (...). El comercio de lanas, cuero, cerda, papas, queso, manteca y otros productos menos importantes permite despachar una embarcación quincenal hasta Puerto Blest, en el extremo oeste del lago, productos que son transportados en tres días a Puerto Montt, mientras que para llevarlos a Viedma se requiere un mes o más."

El vapor Condor fue la primera embarcación que navegó en el Lago Nahuel Huapi. C. Wiederholdt en 1898 lo mandó construir en Puerto Montt, sus piezas fueron transportadas en catangos a través del paso Pérez Rosales y una vez en Argentina Muhlenpfort, considerado el mayor experto en navegación de la región, ensambló el barco. Hacia 1920, el Condor, siempre al mando de Daniel Márquez, prestaba aun servicio a los pobladores ribereños distribuyendo carga y auxiliándolos cuando quedaban aislados por las grandes nevadas.

El pueblito Nahuel Huapi:
La importancia de la actividad comercial de aquella empresa hizo que nuevos vecinos fueran agrupándose en el lugar.

Hasta entonces el asentamiento más importante que se encontraba sobre el lago estaba ubicado en la naciente del río Limay. Allí, además del almacén de ramos generales de los Sres. Jones y Enrique Neil, se establecieron la primer comisaría, la oficina de correos y el primer Juzgado de Paz y Registro Civil. La gran inundación de Viedma y Carmen de Patagones en 1899 provoco la llegada de muchos nuevos pobladores que vinieron a engrosar las cifras del censo de aquel año: el "Departamento de Nahuel Huapi" contaba entonces con 850 habitantes.

La actividad comercial con Chile, aunque muy lentamente, fue atrayendo un número considerable de pobladores, en su mayoría chilenos de condición muy humilde: jornaleros, esquiladores y peones que buscaban trabajo temporario en las estancias vecinas.

Carlos Wiederholdt, vendió la parte argentina de su empresa y se radicó en 1900 en Puerto Montt. Los nuevos propietarios, Sres. Hube y Achelis, también integrantes de la colonia alemana del sur de Chile, ampliaron la actividad con tres casas de comercio, un saladero, un aserradero y establecieron una comunicación semanal con Puerto Montt. Controlaron la totalidad de las exportaciones e importaciones, hasta 1904 cuando vendieron la empresa al ser acusados de contrabando e investigados por el gobierno argentino.

Colonia Nahuel Huapi
El 3 de Mayo de 1902, El General Roca firmó el decreto de fundación de la Colonia Agrícola Nahuel Huapi en el perímetro del lago. La Ley del Hogar, desde 1884, facultaba al gobierno para donar las tierras conquistadas. El mismo decreto reservaba dentro de la Colonia, para la formación de pueblos, los lotes 111 y 95 del paraje Puerto Moreno y "en el denominado San Carlos los lotes 114 y 115". Estos últimos ubicados frente al antiguo almacén Wiederholdt.

Distribución de Tierras
En 1903 el ingeniero Apolinario Lucero, fue encargado de realizar las mensuras y el primer relevo de la población existente en la colonia para la entrega de tierras.
Su informe, cuyo contenido racista y discriminatorio no llamó la atención de la época, fue aprobado por decreto del 4 de enero de 1904.

"La población actual de estos terrenos -decía- es bastante numerosa; se compone de indígenas procedentes de Chile, de chilotes o chilenos procedentes del archipiélago de Chiloé y de alemanes que en su mayor parte han venido también de Chile. De estos pobladores los únicos que tienen verdaderamente condiciones para colonos son los alemanes, pues tanto los indios como los chilotes se limitan a sembrar el trigo y las papas que necesitan para su consumo, ocupándose después como peones a jornal. Es gente viciosa y dañina, incapaz de un trabajo continuado, que en cuanto reúnen algunos fondos se entrega a la bebida y a toda clase de excesos hasta consumir el último centavo, volviendo recién entonces al trabajo." Recomendaba por lo tanto," que sería inutilizar los terrenos entregándolos a colonos de esta clase y será además hacer un serio perjuicio a los verdaderos colonos darles semejantes vecinos. En cambio algunos otros pobladores como los tres hermanos Boock, los Goye, los Mermoud, Muhlenpfordt, Goedeke, Runge y especialmente la casa de Hube y Achelis han efectuado a sus costas trabajos verdaderamente importantes, construyendo buenas casas de madera, corrales, cercos, puentes, caminos, un molino hidráulico y sobre todo limpiando el terreno de los bosques y malezas que lo cubren, que es el mayor trabajo para el agricultor de aquellas regiones". El ingeniero agregaba: "Sería también muy conveniente destinar una fracción de terreno para dividirla en pequeños lotes y distribuirlos entre los indios y chilotes que actualmente tienen sus viviendas dispersas en los lotes reservados; esta gente como lo he dicho anteriormente tiene suficiente con un pedazo de terreno donde puedan sembrar las papas o el trigo que necesitan para su consumo, pues no cultivan más, ni se dedican a la ganadería".
(Extractos del informe del Agrimensor Apolinario J. Lucero. Mensura y entrega de lotes en la Colonia Nahuel Huapi, 30 de septiembre de 1903, tomados por el Ingeniero Emilio Frey.)

Posiblemente las recomendaciones del Ingeniero Lucero no hayan sido tenidas oficialmente en cuenta, pero lo cierto es que los trámites para la entrega de tierras de la Colonia Nahuel Huapi, que debían realizarse en Buenos Aires, fueron tan complicados y costosos que solo aquellos que pudieron costearlos obtuvieron los títulos de propiedad, quedando, muchos antiguos pobladores, como ocupantes ilegales en sus propias tierras.

La Chile-Argentina
Para 1905 la casa de comercio que creara Wiederholdt ya era propiedad de la Compañia Chile-Argentina. Fortalecida por capitales de ambos países y vinculada a Alemania, la Compañía se hizo propietaria de las mejores tierras: las estancias San Ramón, San José, Piedra del Águila, Gente Grande y Quen Quen Treu fueron algunos de sus fundos. En total explotaba 514.000 Has. de los mejores campos de Neuquén y Río Negro. En Quen Quen Treu, vivía el administrador general de la empresa, ex coronel del ejército alemán: el barón Von Reichnach. Las explotaciones ganaderas se sumaban a las forestales en una vasta actividad comercial cuya extensa línea de transportes cubría toda la región y se conectaba con las numerosas sucursales que la Compañía poseía en Chile. Posiblemente las trabas aduaneras impuestas por ambos países, hacia el fin de la segunda década del siglo, provocaron la declinación de la compañía marcando el inicio de una nueva etapa en la región.