lunes, 31 de octubre de 2011

La Biblioteca Popular Osvaldo Bayer de Villa La Angostura cumple 20 años



El miércoles 2 de noviembre, dentro del marco de la 8° Feria del libro juvenil e infantil, el escritor Osvaldo Bayer disertará acerca de "Patagonia , territorios de lucha", 90 años despues de las huelgas de los peones patagónicos y su posterior represión con el resultado de mas de 1500 fusilados.

La Semana Trágica

Los hechos a los que se referirá Osvaldo Bayer, tienen su antecedente en enero de 1919, en lo que se conoce como la Semana Trágica. Entonces estaba viva entre los obreros la llama de la revolución social; corrientes de pensamiento revolucionario marxista y anarquista habían llegado a las costas del Río de la Plata de la mano de la abundante inmigración europea. Las recientes experiencias de la Revolución Mexicana y la Revolución Rusa eran además vistas como un estímulo por los obreros y como una amenaza por las clases dominantes. Simultáneamente, se daba en Argentina un incipiente proceso de industrialización en forma paralela al modelo agroexportador imperante, lo que permitió la formación de un proletariado urbano.

Los sucesos comenzaron el 7 de enero con una huelga en los Talleres Metalúrgicos Vasena en la Ciudad de Buenos Aires, que se encontraban donde hoy se encuentra la Plaza Martín Fierro (Barrio San Cristóbal). Los huelguistas reclamaban la reducción de la jornada laboral de 11 a 8 h, el descanso dominical y aumento de salarios. La empresa intentaba seguir funcionando con obreros rompehuelgas provistos por la Asociación del Trabajo, una asociación patronal. Un disturbio entre los obreros en huelga terminó con la intervención de la policía, que disparó con armas largas contra la multitud. Los disturbios no tardaron en extenderse a las zonas cercanas, con rotura de vidrios y levantamiento de adoquines de las calles. El saldo fue de cuatro obreros muertos y más de treinta heridos, algunos de los cuales fallecieron después.

En repudio a este hecho las asociaciones obreras del momento propiciaron una huelga general que se dio a partir del día 9 de ese mes. Numerosos obreros se convocaron para asistir al entierro de los asesinados el día 7. Allí, mientras se oía el discurso de uno de los delegados, un grupo de policías y bomberos armados abrió fuego sobre la concurrencia. El diario La Prensa contabilizó 8 muertos, el diario socialista La Vanguardia elevó la suma a más de cincuenta. Este incidente marcó el inicio de una lucha desordenada y caótica contra la policía.

De entre las clases altas surgieron grupos paramilitares, como la Liga Patriótica, creados para defender los valores conservadores, la tradición y fundamentalmente la propiedad. Estos grupos no dudaron en perseguir y matar a dirigentes obreros, anarquistas, pero también arremetieron contra todo aquel que pareciera extranjero. Así, apalearon y detuvieron a judíos, rusos, polacos y alemanes, entre otros. El caso de los judíos fue notorio por el alto grado de antisemitismo de estos grupos. Según fuentes obreras (el periódico ‘La Vanguardia’ del 14 de enero), el saldo de la Semana Trágica fue de 700 muertos y 4.000 heridos.

Ante esta situación el presidente Hipólito Yrigoyen puso la ciudad bajo las órdenes militares del coronel Luis Dellepiane, quien movilizó tropas por toda la ciudad, dando lugar a semanas de enfrentamientos en las calles que dejaron un saldo cercano a los 1.000 muertos.

Patagonia Rebelde
La FORA había organizado en Río Gallegos (Santa Cruz) la Sociedad Obrera de Río Gallegos dirigida por el anarquista español, Antonio Soto, conocido como "el gallego" Soto. Santa Cruz era un centro de producción de lana con destino a la exportación, con grandes latifundios y frigoríficios ingleses.

Al año siguiente de la masacre de la Semana Trágica, en Octubre de 1920, la policía de Santa Cruz detiene a los sindicalistas a cargo de la Sociedad Obrera, la mayoría de ellos inmigrantes, y pretende expulsarlos del país, aplicando la Ley de Residencia. La Sociedad Obrera declara entonces la huelga en toda la provincia por la libertad de los dirigentes sindicales. Obtenida la libertad el conflicto continúa por mejoras salariales y de condiciones de trabajo para los peones de campo. Se inicia una larga negociación con los terratenientes que termina fracasando por graves desaveniencias entre anarquistas, sindicalistas, socialistas y comunistas. El gobierno de Hipólito Irigoyen envía el ejército, al mando del teniente coronel H. Benigno Varela (2 de enero de 1921) quien descabeza la huelga. El conflicto tiene un principio de solución a través de un laudo del gobernador Yza, que es aceptado por las partes y homologado por el Departamento de Trabajo de la Nación (22 de febrero de 1921).

La tragedia se desata cuando los terratenientes deciden desconocer el laudo argumentando la baja del precio de la lana (julio 1922). Actúa la parapolicial Liga Patriótica. El 24 de octubre se allanan y clausuran los locales de la Federación Obrera de Río Gallegos, Puerto Deseado, San Julián, Puerto Santa Cruz y se detienen a los dirigentes obreros. Se declara la huelga general en Santa Cruz.

10 de noviembre. Vuelve Varela a Río Gallegos imponiendo "la pena de fusilamiento" contra los peones y obreros en huelga. El gobierno trasandino colabora con las fuerzas argentinas. El ejército perseguirá a los huelguistas, los irá atrapando y fusilando sumariamente. Total, unos 1500 obreros y líderes sindicales fusilados.

El 27 de enero de 1923, el anarquista alemán Kurt Gustav Wilckens, mata, de un balazo, a Varela en el barrio de Palermo de la ciudad de Buenos Aires.

Testimonios y Filmografía
"La Patagonia Rebelde" (1974), película de Héctor Olivera, narra estos sucesos. Está basada en el libro de Osvaldo Bayer “Los vengadores de la Patagonia Trágica” , documentado a su vez por el libro “La Patagonia Trágica” (1928) de José María Borrero. La película fue censurada, hasta que el 13 de Junio de 1974 fue aprobada por Perón, para ser censurada nuevamente por el gobierno de Isabel Perón. Recién pudo ser exhibida en 1984.

jueves, 27 de octubre de 2011

Alerta Roja en Aysen por el volcán Hudson *



Desde Defensa Civil Bariloche se informó que, según el Organismo Nacional de Emergencia del Ministerio del Interior de Chile (ONEMI) se declaró el Alerta Roja Preventiva para las comunas de Aysén, Río Ibáñez y Chile Chico, en la Región de Aysén, debido a la actividad del volcán Hudson, obligando a la evacuación de 97 personas que habitan en 40 kilómetros a la redonda de la caldera volcánica.

Los Ministros del Interior y Seguridad Pública de Chile, Rodrigo Hinzpeter y Minería, Hernán de Solminihac, junto al Director Nacional de ONEMI, Vicente Núñez se reunieron en la Oficina Nacional de Emergencia para entregar los últimos antecedentes en relación al incremento de la actividad del Volcán Hudson, en la Región de Aysén.

Defensa Civil Bariloche informó que entró en contacto con el Volcanólogo del INIBIOMA - CONICET Dr. Gustavo Villarrosa, el cual coincidió en que este volcán no representa un riesgo directo para San Carlos de Bariloche. Los registros históricos de sus erupciones indican que la dispersión de cenizas sobre el territorio argentino fue en dirección este y sudoeste.

Si bien se seguirá de cerca el fenómeno, "nuestra atención seguirá centrada en el proceso eruptivo del Cordón Caulle".

* Información de Diario Digital Bariloche 2000, 26 de Octubre de 2011

jueves, 20 de octubre de 2011

Actividad del Puyehue *


Foto Alejandra Bartoliche

Desde el Sernageomin, en Chile, Waldo Vivallo, confirmó que la actividad del volcán continúa decreciendo. Sostuvo que el incremento del número de sismos de 5 a 13 es relativo y recordó que al principio del proceso el número ascendía a 200 sismos por hora. Enfatizó que "la situación no ha cambiado, se mantiene totalmente en el curso que se ha venido desarrollando, con una tendencia a la baja de la erupción".

Ante algunas versiones que hablaban de un incremento en la actividad volcánica, desde el Sernageomin, en Chile, Waldo Vivallo afirmó, en diálogo con Radio Seis, que la situación es la misma de las últimas semanas y "tal vez de los últimos dos meses". Aseguró que "no hay incremento de la actividad" sino que la erupción continúa en descenso y va disminuyendo en intensidad. No obstante sostuvo que "todavía hay ceniza y mucho vapor de agua".

En cuanto al incremento en el número de sismos "es bien relativo, estamos hablando de 5 sismos por hora, cuando comenzó teníamos 200 sismos por hora, ahora ha llegado hasta 13".

Explicó que cuando se lee el registro de sismo, estas erupciones en su etapa más intensa tienen un ruido de fondo muy importante y en la medida que disminuye se puede contar más fácilmente el número de sismos y "por eso en parte se explica el incremento que ha habido, que no es significativo,la situación no ha cambiado, se mantiene totalmente en el curso que se ha venido desarrollando, una tendencia a la baja de la erupción".

Pidió paciencia a la comunidad porque "estos procesos naturales son largos". Recordó que en el sur, con el Chaitén, "demoramos casi dos años en que se normalizara la situación, hoy todavía tenemos actividad pero es una actividad muy menor". Estimó que "pueden pasar todavía unos cuantos meses con este tipo de actividad".

Consultado por el vapor de agua explicó que por un lado el magma libera al final el agua y por otro se cuenta el aporte el agua subterránea que existe en la zona que con el calor que genera el centro volcánico se transforma en vapor y es expulsada con los productos de la erupción, es lo que se llama un sistema hidrotermal, agua caliente que circula en la parte más superficial de la corteza.

Insistió en que la tendencia es a declinar "hasta aquí todo indica eso". Agregó que "la magnitud de los sismos también ha disminuido, el ruido de fondo, el tremor, también ha bajado, todos los parámetros que se pueden medir han ido disminuyendo, la cantidad de las cenizas es mucho menor, la altura de la columna que teníamos de 12 kilómetros no sobrepasa los 4. La pluma podía tener más de 2 mil kilómetros de largo y hoy no supera los 50. Todo indica que este proceso va disminuyendo, va perdiendo energía".

Finalmente sostuvo que la ceniza que es muy fina tiende a permanecer en suspensión más tiempo y otro fenómeno se da cuando hay viento intenso, porque hay mucha ceniza acumulada en el terreno y el viento la levanta.

Defensa civil recuerda la importancia de la utilización de protección respiratoria ante la presencia visible de cenizas en el aire de nuestra ciudad. Se destaca que la protección respiratoria ayuda a prevenir las molestias que se manifiestan producto de la exposición a las cenizas, tales como sequedad de nariz y paladar, irritación y picazón de la vía aérea superior. Asimismo su uso se recomienda a las personas con antecedentes de enfermedades respiratorias, tales como bronquitis o asma, entre otras. Se recomienda el uso de mascarillas "N95", "N99", o "N100" (disponibles en farmacias y en casas de indumentaria de seguridad), con o sin válvula exclutoria, las cuales según los profesionales de la salud son las más eficientes para atrapar las partículas de tamaño muy pequeño. Las personas con problemas de visión, con conjuntivitis o aquellos que usan lentes de contacto podrían requerir un mayor uso de hidratantes oculares. Los días de mucho viento se recomienda el uso de antiparras cerradas con elástico.

* Fuente: Diario Digital Bariloche 2000, 19 / 10 / 11

lunes, 17 de octubre de 2011

El ratón Pérez - Emilio Di Tata Roitberg *



El tío Alfredo había salido tiempo atrás del manicomio de Neuquén,
y ese domingo venía de visita a nuestra casa por primera vez. Era mucho mayor que mamá, nosotros no lo conocíamos.
Había quedado en venir al mediodía, después que volviéramos de misa.
Mi viejo no quería saber nada. Parece que una vez lo había visto al tío Alfredo descontrolarse durante un asado; estaban todos charlando lo más bien hasta que alguien dijo algo que al tío Alfredo no le gustó. Ahí nomás se puso a discutir a los gritos, tiró cosas al suelo y repartió varios tortazos antes de que lo pudieran reducir.
- ¿Me vas a decir que ahora está curado? Si todos saben que de esos lugares salen peor de lo que estaban.
Dijo que lo mejor era ir a un restorán. Así, si le agarraba la pataleta y quería romper todo…
- No – dijo mamá-. Es mi hermano y quiero recibirlo en mi casa,
no entre un montón de extraños.
No había de qué preocuparse, esta vez no iba a haber ningún problema.
- Le están dando una medicación nueva. Martita dice que le está haciendo muy bien.
Papá terminó por aceptar,con una condición: que en la mesa no hubiera ningún cuchillo.
- ¿ Y con qué vamos a comer entonces?
- No sé. Prepará algo que no se coma con cuchillo. Ni tenedor.
- ¿Diez años que no veo a mi hermano y querés que lo reciba con sopa?
- Yo no pienso sentarme al lado de ese tipo habiendo un arma cerca. Es lo único que digo.
- Es lo más estúpido que escuché en mi vida. Vos no lo conocés a Alfredo, no sabés cómo era cuando yo era chica. Me llevaba a pasear. Me contaba cuentitos. Es muy culto, además habla idiomas y todo. En casa tenía una biblioteca alta hasta el techo.
- Para lo que le sirvió
- Y siempre fue muy bueno, además. Lo único que hay que hacer es no llevarle la contra. Es lo que a él no le gusta. Hay que decirle todo que sí, como a los locos.
- ¡Como a los locos! Pero si el tipo está loco.
- Bueno, basta, me tenés podrida. Como si yo hablara tanto de tu familia.
- ¿Qué tenés que decir? Por lo menos no hubo nunca ninguno internado en un psiquiátrico.
El día estaba espléndido. La primavera empezaba al fin, y el jardín se despertaba de su letargo invernal. Por la ventana del comedor se veía el lago planchadito, allá abajo, y los cerros del Cuyín Manzano con nieve todavía.
Mamá preparó la mesa para seis. Aparte del tío Alfredo teníamos dos invitados más.
- Van a venir Claudio y don Calfueque – le dijo la noche anterior mi papá.
Claudio era un compañero suyo del trabajo, pero a don Calfueque apenas si lo conocíamos.
- ¿Invitaste al sepulturero?
- De joven era peón en una estancia, allá por Maquinchao. Sabe usar muy bien el lazo. Si la cosa llega a complicarse con el loco, entre Claudio y yo lo atajamos y don Calfueque lo ata como un matambre.
- ¿Te pensás que mi hermano es una vaca?
- Quedate tranquila. Si se porta bien no le va a pasar nada.
Pero sólo don Calfueque vino. Claudio llamó a último momento diciendo que no se sentía bien, que tenía angina o algo así.
- Ese cagón… - dijo mi viejo -. Ya va a venir a pedirme algo.
Dejaron el rollo de soga escondido atrás de una puerta. Mamá preparó una picadita, y antes de que mi viejo protestara le dijo:
- ¿Qué, tenés miedo que te ataque con un escarbadientes?
- Yo no le tengo miedo. Es por la nena.
- ¿Te pensás que le va a hacer algo a la Romi? Vos estás mal de la cabeza. Peor que él.
Todavía estaban discutiendo cuando sonó el timbre. Era el tío Alfredo, puntual como un inglés. Causó buena impresión. Era muy alto, con el pelo todo blanco; parecía más un abuelo que un tío nuestro. Tenía puesto un traje oscuro y la camisa abotonada hasta el cuello.
Mamá lo abrazó. Le dijo:
- Alfredo, tanto tiempo…
Estaba emocionada. El tío Alfredo se mostró muy natural, como si viniera de visita todos los domingos. A Romi le trajo de regalo un libro de cuentos con dibujos
- Es igualita a vos cuando eras chica.
Cada uno fue ubicándose en la mesa. Papá en la cabecera. Mamá y Romi de un lado, del otro el tío Alfredo y don Calfueque, que se había venido con el sombrero de gaucho y el traje gris que usaba todos los días para ir al cementerio.
El tío Alfredo no probó la picada, y mientras esperaba el almuerzo prendió un cigarrillo negro que apestó todo el ambiente. Mi viejo se revolvió en la silla y tosió un par de veces pero él no se dio por enterado.
- ¿Tuviste un buen viaje de Neuquén, Alfredo? – le preguntó mamá - . ¿Estaba bien la ruta?
El tío Alfredo dio una pitada y se quedó pensativo, como si no se hubiera fijado en ese detalle. Dijo que sí, había viajado sin problemas.
- Menos mal – dijo mamá -. La semana pasada volcó un micro en la bajada de Collón Curá. Parece que pisó un manchón de hielo en una curva…
Era la única que hablaba, a lo mejor para que nadie se sintiera incómodo. El tío Alfredo se mostraba interesado, aunque de a ratos parecía como si pensara en otra cosa. Papá no le sacaba la vista de encima, y cada tanto miraba de reojo a don Calfueque para indicarle que no se descuidara.
Llegó la sopa. Mamá la fue sirviendo. Cuando los platos estuvieron llenos el tío Alfredo se colocó la servilleta al cuello, sostuvo la cuchara levantando el meñique y la empezó a tomar. Hacía un ruido espantoso; cada sorbo retumbaba como un martillo neumático. Mi viejo la miró a mamá como diciendo “¿Ves? Ya empezó a hacer de las suyas.” Mamá estaba mortificada, después de toda la propaganda de hombre culto que le había hecho. Romi lo miraba divertida; el único a quien parecía no importarle era a don Calfueque. Chiquito y encorvado, el sepulturero no parecía muy en condiciones de contener a nadie, menos a un hombre del tamaño de tío Alfredo, si es que llegaba a ponerse violento.
El concierto de cuchara llegó a su fin. El tío Alfredo se sacó la servilleta, se
limpió educadamente las comisuras de la boca y se dispuso a charlar. Habló con Romi, más que nada. Le preguntó qué hacía, si le gustaba el jardín de infantes y cosas así. Romi estaba un poco tímida, primero, después se largó. Le habló de sus amiguitos, le cantó una canción,fue a su pieza y trajo un cuaderno con garabatos. El tío Alfredo la escuchó con una paciencia que la mayoría de la gente no suele tener con los chicos. A don Calfueuqe también le preguntó qué hacía, y encontró muy interesante que trabajara en el cementerio.
- ¿Qué hace? ¿Es sereno?
- Soy encargado – dijo el viejo, señalándose con el pulgar -. Controlo a la gente que entra, arreglo las tumbas. A veces hago pozos…
- Mire usted, qué interesante.
- Sí - dijo Don Calfueque, aunque comentó que el cementerio ya no es lo que era unos años atrás. Estaba muy descuidado. Los pocos empleados que había no daban abasto, y los del Plan Trabajar que puso el gobierno eran todos una manga de atorrantes.
- ¿Más sopa Alfredo?
- No, te agradezco.
- ¿Alguna fruta de postre? Hay manzanas, peras...
- Una manzanita podría ser.
- ¿Usted, Don Calfueque?
- No, señora. Muchas gracias.
El tío Alfredo eligió una manzana roja y miró por encima de la mesa, como si hubiera perdido algo.
- ¿Un cuchillo, no tenés? – le preguntó a mamá.
- Sí – dijo ella, y sin mirarlo a mi viejo fue y le trajo un tramontina.
- Servite.
- Gracias. ¿Así que está muy lleno el cementerio, me decía?
- Está que no da más – dijo el viejo Calfueque, contento de volver al tema que mejor dominaba – . Ayer nomás tuvimos que desenterrar a dos que se les había vencido el plazo. Hay que hacer lugar todo el tiempo para los muertos nuevos que van llegando.
- ¿Qué te parece la manzana, Alfredo? – preguntó mamá, tratando de dar por terminado el asunto de las sepulturas – recién llegadas del Valle, me contó el verdulero.
- Está buena – dijo el tío Alfredo, que terminó de pelarla y la fue cortando en pedazos antes de llevársela a la boca.- ¿Y cuánto tiempo los dejan antes de sacarlos de la fosa?
- Diez años. Después, si los parientes no renuevan, se saca y se tira todo a la fosa común.
- Romi, ¿por qué no te vas a jugar un ratito a tu pieza?
Pero Romi también parecía interesada en lo que contaba el viejo Calfueque y no se movió ni un milímetro. Mamá lo miró a mi viejo, como pidiéndole que interviniera, pero él hizo un gesto que quería decir “Ah, no sé. Arreglátelas vos.”
- ¿Y el cajón cómo está, después de tanto tiempo?
- No queda nada. Unas maderas sueltas nomás, algunos huesitos…
- Don Calfueque…
- Un pedazo de cránio, sabe haber, un par de dientes. Ni eso, a veces.
- A mí se me salió un diente – dijo Romi, feliz de poder intervenir en la conversación. Y para que vieran que era cierto sonrió, mostrando un huequito en la dentadura.
- Mirá vos – dijo el tío Alfredo -. ¿Te dolió mucho?
- No, pero el Ratón Pérez no me va a traer nada.
- ¿Por qué no?
- ¡Porque se me perdió! Me lo tragué cuando estaba durmiendo.
- Ay ay ay…
- Y si no lo dejo debajo de la almuada el ratón no sabe que se me salió.
- Lo sabe, sí – dijo el tío Alfredo -, tiene todo registrado en su computadora. Taca taca taca… - hizo como si escribiera en un teclado-. No se le escapa un solo diente. Seguro que uno de estos días te encontrás con algo debajo de la almohada.
- ¿Sí?
- Sí, sí. No gran cosa, eh. Los ratones no son animales que manejen demasiado efectivo; pero alguna monedita, de repente…

Don Calfueque se fue un rato después. Se despidió con mucho afecto del tío Alfredo, y lo invitó a visitarlo al cementerio cuando quisiera.
- Cualquier cosa que precise, ya sabe.
Mamá levantó la mesa. Papá se sentó a leer el diario en el sillón, como hacía siempre los domingos a esa hora. Romi tomó de la mano al tío Alfredo y se lo llevó al jardín. Se sentaron en el pasto, abajo del ciprés. Por la ventana del comedor mis viejos vieron como el tío Alfredo le explicaba algo moviendo los brazos y ella lo escuchaba sin perderse una palabra.
- Parece que ya está mejor, ¿no? – dijo mi papá -. Esas pastillas le deben estar haciendo bien.
Mamá salió un rato después. Escuchó al tío Alfredo que decía:
- Al hijo mayor le dejó la mitad de su reino; al segundo la otra mitad, y al tercero…
- ¿Qué es un reino?
- ¿Un reino? El castillo, los campos, todo lo que tenía.
- Ah.
- Pero al tercer hijo le dejó solamente… una moneda.
- ¿Una moneda de cincuenta?
- Mmm, no estoy seguro. Sí, una moneda de cincuenta, pero nada más. El muchacho se enojó tanto que subió a la torre del castillo y tiró la moneda bien lejos.
- ¿Por qué la tiró?
- Porque estaba enojado, pensó que era muy poco. Pero cuando metió la mano en el bolsillo se dio cuenta de que la moneda estaba otra vez ahí. Era la famosa Moneda Volvedora. La podía gastar todas las veces que quisiera que siempre volvía a aparecer.
Mamá se acercó y le apoyó una mano en el hombro. El tío Alfredo se interrumpió para mirarla. Ella le dijo:
- Estamos muy felices de que hayas vuelto, Alfredo.
El tío Alfredo puso su mano sobre la de ella y le dijo:
- Yo también.


* Emilio Di Tata Roitberg nació en la ciudad de Buenos Aires. Vivió en Madrid y Jerusalem, y reside en San Carlos de Bariloche desde 1986. Alternó su actividad literaria con diversos oficios (panadero, albañil, empleado de comercio, camionero). Editó, entre otras, las novelas “El oso” y “El oso en Villa La Angostura” y el libro de cuentos “Mosquita muerta”. Recibió el Premio de Narrativa “Buenos Aires No Duerme” (1998), el 1º Premio en el Concurso de Cuentos “Donde tu historia hace historia” de la Subsecretaría de Cultura de San Carlos de Bariloche (2006) y el Premio del Fondo Editorial Rionegrino (2007). Fue director y co-fundador de la revista literaria Castillo de Palabras (1999-2003). En la actualidad colabora con el magazine cultural Tríptika.

sábado, 8 de octubre de 2011

La Patagonia Trágica - José María Borrero *



…Y para concluir voy a relatarle a usted algo increíble, fantástico, un hecho concreto que la más exaltada imaginación no podría producir por mucho que se la torturara.
Uno de los cazadores, que cobraban la libra esterlina consabida por cada cabeza de indio que presentaban, uno de los secuaces y cómplices del famoso "Chancho Colorado", tuvo la visión remota de una mayor ganancia que la "libra esterlina". Valiéndose de las mañas más inverosímiles, consiguió astutamente apoderarse de una familia completa de onas vivos, compuesta de once personas, entre hombres, mujeres y niños.

Puesto de acuerdo con el patrón de un buque ballenero francés, obligó a los pobres e infelices onas a embarcarse en la "ballenera", que de inmediato levó anclas y puso rumbo a Francia, en cuyas costas desembarcó su rara y exótica carga, no sin que en la travesía hubieran arrojado a las profundidades del mar los cadáveres de dos de los desdichados "fueguinos", que murieron...

Una vez en Francia, y conducidas a París, donde se celebraba la Exposición Universal del año 1889, las víctimas fueron introducidas en una jaula de hierro rodeada de una gran carpa, sobre la que flameaban banderas y gallardetes conjuntamente con letreros alusivos, que excitaban la curiosidad del público y atraían innumerables espectadores, que pagaban cinco a diez francos por contemplar aquel grupo de "caníbales" (así se les anunciaba).Y he aquí cómo y de qué manera "nueve ciudadanos argentinos" - pues nunca los "fueguinos" han dejado de serlo- fueron públicamente exhibidos como "antropófagos", comedores de carne humana, en la Ciudad Luz, en el cerebro del mundo, en la entraña de la civilización y del progreso. Y más todavía robusteció la creencia arraigada de que se trataba de verdaderos "antropófagos" el hecho de verles devorar ansiosamente pedazos de carne cruda, que a la vista del público y con ademanes teatrales se les arrojaba después de haberles sometido a largo ayuno y sabias y metódicas dietas; como antes le dije, la ilusión era completa, el negocio fabuloso, y al parecer, sin riesgo de ningún género.

Pero, amigo mío, son inescrutables los designios de la Providencia, y muy ocultos, aunque seguros, los caminos seguidos por Dios; poco tiempo duró la impunidad del criminal sujeto y vea en qué forma curiosa fue descubierto.

El reverendo padre José María Beauvoir, abnegado misionero salesiano, hoy un venerable anciano octogenario, que acompañó al general Roca el año 1879 en la conquista del Desierto, pasó largos años en Tierra del Fuego desarrollando su acción evangelizadora entre los indios onas y alacalufes. Hombre inteligente y progresista como era, y, sobre todo, amante del estudio, no tardó en penetrar el folklore ona, llegando a dominar en tal forma el idioma de los indígenas, que escribió un diccionario 'ona-castellano ", que podrá usted encontrar en cualquier librería.

Pues bien, el año 1889 tocóle providencialmente al padre Beauvoir disfrutar de las vacaciones, que de tiempo en tiempo concede la orden salesiana a sus componentes y aprovechó tales vacaciones para regresar a Europa y visitar a su familia. Cumplidos los primordiales deberes afectivos y amante del estudio, como antes dije que era, pronto sintió la comezón de visitar la Exposición Universal de París y contemplar y admirar los progresos de la inteligencia humana en las ciencias, en las letras, en las artes, en las industrias, que allí se manifestaban en estupendo alarde.

Después de largas y continuadas correrías por el recinto de la Exposición, tropezó en su camino con una gran carpa, en cuyo frente había enormes letreros, en los que se leía: "Indios caníbales, antropófagos". Despertada su curiosidad, y más todavía por sus largos años de permanencia entre diversas tribus de indios, pagó la correspondiente cuota, penetró a la carpa, y... ¡cuál no sería su sorpresa al ver de primera intención quillangos (capas de hechas de piel de "chulengo", es decir cría de guanaco ) que constituían la única vestidura y abrigo de los supuestos "antropófagos"!

Trémulo de horror y pleno de indignación, acercóse sigilosamente el buen padre Beauvoir hasta los barrotes de la jaula y aprovechando la ausencia momentánea del celoso guardián que los custodiaba, quien, por otra parte, no podía en modo alguno sospechar lo que iba a ocurrir, entabló con los "enjaulados" el siguiente diálogo:

-¿Qué hacen aquí? ¿Cómo llegaron?
-Nos cazaron y nos trajeron.
-¿Quién?
-Unos cazadores de allí.
-¿Quieren volver?
-Sí, sí. (Con lágrimas de ternura y alegría).
-Disimulen entonces, estén tranquilos; yo los libertaré; yo los llevaré.
-Gracias.
-Adiós.
-Adiós.

Y con el alma palpitante de gozo por la buena obra que iba a realizar, compensando así los esfuerzos desarrollados para estudiar y comprender el idioma ona; allá fue el valiente y bravo misionero en busca de ayuda eficaz, de auxilio pronto, de socorro inmediato para salvar, para liberar, para rescatar a sus pobres indígenas vilipendiados. Y a fe que pronto encontró el auxilio buscado, y bien eficaz por cierto.

* Extraído de "La Patagonia trágica", de José María Borrero

"En 1928 apareció en Buenos Aires un libro que alcanzó gran notoriedad y ribetes de escándalo. Se llamaba "La Patagonia Trágica". Su autor era José María Borrero. El libro estaba escrito en un estilo agresivo y en cada página habla una denuncia. No tenía rigurosidad histórica pero podía servir de testimonio o de material polémico para un estudio serio de la realidad patagónica. En torno a La Patagonia Trágica se formó todo un halo de misterio: al poco tiempo desapareció de las librerías. Empezó a difundirse entonces la leyenda de que el libro había sido prohibido, o que los Braun Menéndez o los Menéndez Behety habían comprado toda la edición. Los pocos libros en circulación se pasaban de mano en mano, casi en secreto, por lo explosivo del tema. En su última página, el libro anunciaba la segunda parte, titulada: "Orgía de Sangre". Esta segunda parte jamás apareció. Trataba, según el anuncio, de las "horrorosas matanzas de 1921". Se formó una nueva leyenda sobre esta segunda parte. Se dijo que a Borrero le habían robado los originales, que se los habían quemado, que lo habían matado al propio Borrero, etc..., etcétera. " Osvaldo Bayer

lunes, 3 de octubre de 2011

Las Piedras, el Agua - Ramón Minieri *



Las pircas (fragmento)

José Altamirano es pirquero
como quien dice
afinador de piedras


él va templando hiladas
sobre la boca del tiempo

José Altamirano
es novenero

lleva a los caseríos
en un breviario antiguo
partituras de rezos
para todos los tránsitos

José Altamirano
es alumno de las estrellas

del cielo aprende
las historias primeras

el cielo
es un gran libro

el cielo
es todo
un diapasón

es todo
reloj y brújula
me dice –

él es
de los que se encuentran
no de los que se pierden
a la noche
en el campo


A José Altamirano
le enseñaron los viejos

no todo callar es silencio
no todo hablar es palabra

sus escoplos
escuchan y descubren

y sus martillos
tañen

pero la obra maestra
se compone
sólo
de piedras intactas


* Ramón Minieri es poeta y ensayista; vive en Río Colorado (provincia de Río Negro, Patagonia, Argentina). Ha publicado algunos libros de poesía: Fábulas de Mutación (1988), Libro del Otro Reino (1982), Libro de los Últimos Días (1991). País de la Sal (2010). Las Piedras, el Agua y Libro de Ciudades (2011). También ha editado ensayos sobre temas históricos: Angela Carranza, sin culpa y sin cargo (Todo es Historia, 2003); Ese Ajeno Sur (historia del dominio inglés en la Patagonia) Viedma, Fondo Editorial Rionegrino, 2006.