viernes, 15 de febrero de 2013

BLOQUE ERRÁTICO



 
La primera vez que vi, hace años, la enorme piedra semienterrada en la vereda de la catedral de Bariloche y oí comentar que era un “bloque errático”, no pude evitar asociar que esa especie de iceberg era algo así como una piedra vagabunda a la que le dio por errar distraídamente (asociación más poética que científica...).

Porque aunque los «erráticos» toman su nombre de la palabra latina errare, un bloque errático es un fragmento de roca, relativamente grande, diferente por su tamaño y tipo de la roca nativa de la zona en la que se apoya.

Fueron transportados por el hielo de los glaciares, a menudo a distancias de cientos de kilómetros, quedando depositados cuando se fundió el hielo. Los bloques erráticos pueden variar en tamaño desde guijarros hasta piedras de gran tamaño, como los bloques de Okotoks o la Big Rock (16.500 toneladas), en Alberta. Se han encontrado bloques erráticos por todas partes donde hubo glaciares, en Alemania, en Londres, en Lyon, en Estados Unidos o en Canadá.

Los geólogos identifican los bloques erráticos estudiando su composición y la de las rocas que los rodean y son importantes porque al ser transportados por los glaciares, indican la probable trayectoria del movimiento del glaciar prehistórico. Su origen puede remontarse a la roca madre, lo que permite la confirmación de la ruta del flujo de hielo.

También permiten calcular la extensión de las inundaciones glaciales resultantes del colapso de los diques de hielo.

Los bloques erráticos caídos en icebergs fundidos en el océano, pueden ser utilizados para rastrear los movimientos de los glaciares en las regiones de la Antártida y el Ártico y calibrar los modelos climáticos globales.

De todas maneras, como la ciencia está sujeta a rectificarse y la poesía no, yo sigo considerando al bloque errático de la catedral, una piedra distraída…