miércoles, 10 de abril de 2013

MARTÍN SHEFFIELD, el cowboy del plesiosauro por Héctor Pérez Morando*



              
"Fui yo la que vio el plesiosauro. Mi papá vio el rastro. Vivíamos en Epuyén y había un laguito chico y con mi hermano fuimos a buscar huevos de pato. Entraron al lago mis hermanos Andes y Tede y no había huevos. Cuando salieron vieron rastros como de las ruedas de un carro. Empezaron a mirar y era una línea que entraba y salía, pasaba por las plantas bajitas y las quebraba, como que quien lo originara fuera pesado. Los chicos se asustaron y corrieron a decirle a papá. Él vino y dijo: 'Los chicos no tienen que venir acá porque es muy peligroso'. Pero no sabía qué podía ser. Las marcas que vimos eran de las patas porque parece que tiene las patas cortitas y el cuerpo largo. Donde pasaba con la panza o el cuerpo aplastaba las plantas. Una mañana me mandaron a mí y a mi hermanito más chico (Conde) a buscar un caballo... el perro miraba y se asustaba. Yo miré y vi un rastro que estaba debajo de nosotros y que se había metido al charco ése y salió por otro lado. Vi una cosa medio colorada, medio amarilla, casi color suela. Tenía una piel con pelitos o con plumas. Más bien parecía con pelitos. No le vimos la cola ni la cabeza. Estaba tirado ahí, durmiendo al solcito. Una vez lo sentimos bramar. Bramaba como un ternero". (Testimonio de Juana Sheffield)

Así se iniciaba aquella fantástica leyenda que recorrió el mundo y de la que Martín Sheffield se apropió con carta desde Esquel el 19 de enero de 1922, dirigida al director del Zoológico porteño, a quien había conocido en el sur, el italiano Clemente Onelli: "Hace varias noches que voy registrando un rastro en el pasto cerca de la laguna donde tengo establecido mi puesto de cazador: el rastro es semejante a una huella de una chata pesada, la yerba queda aplastada y no se levanta más. He podido percibir en medio de la laguna una fiera con cabeza parecida a un cisne de formas descomunales. Y el movimiento del agua me hace suponer un cuerpo parecido a un cocodrilo" (sic). 

Sheffield le proponía a Onelli organizar "una expedición en toda regla" para sacarlo vivo o, en caso contrario, embalsamarlo. La misiva del cowboy fue el disparador nacional e internacional y el tema tocó las fibras de Onelli, pues había andado por la Patagonia de la mano de Francisco P. Moreno y las ciencias naturales y afines le habían dejado su impronta.

Onelli organizó la expedición superándose la falta de fondos con diversas y llamativas donaciones, entre ellas del diario "La Nación", Editorial Atlántida, "una dama de la alta sociedad con $ 1.500" y hasta una colecta de $ 0,50 "por barba" de empleados de Correos y barrenderos porteños.

La prensa escrita, muy presente: "La Nación", "La Prensa", "La Fronda", "Caras y Caretas", "La Razón, "Última Hora", "La Montaña", "Crítica", "Diario del Plata", "La Patria degli Italiani" y hasta "The New York Times" comentaron el fabuloso "hallazgo patagónico", unos favorables a la expedición y otros no. El plesiosauro (género de reptil saurio fósil en el terreno secundario) de la laguna Epuyén chubutense se convirtió en la mejor presentación publicitaria para conocer esa parte de la Patagonia aunque no figurara en los mapas. Hasta Roosevelt y el Museo de Historia Natural de Nueva York se interesaron en el "bicho".

Martín Sheffield, nacido en Estados Unidos por 1867 ó 1868 llegó a la zona de San Carlos de Bariloche procedente de Mendoza y su vida ha sido comentada en varios escritos. En uno de ellos se expresa "que no ha existido en toda la Patagonia en su época novelesca sujeto más popular, por refranero, bromista y pícaro, que el yanqui-gaucho Martín Sheffield". 

Fue famosa su puntería con revólver  y se cuenta que "solía sacarle el cigarrillo de la boca a algún fumador y tacos de zapatos a bailarinas". Eran diversión preferida, lo mismo que clavar un cuchillo alrededor de una figura humana, lo que no le quitaba ser buscador de oro en ríos y arroyos de la comarca y cazar animales silvestres como medio de vida, amén de haber sido arreador y realizar tareas rurales en estancias de la zona, pero sin abandonar -principalmente- las copas en los ramos generales, boliches o casas de amigos que visitaba en sus travesías a caballo, donde siempre era bien recibido, "entreteniendo con sabrosa charla paisana, sobre su juventud vagabunda, azarosa, bravía. Fue un tirador formidable. No hubo otro en la Patagonia con pulso más firme, como que solía hacer blanco hasta sobre los ricos salmones del río Chubut".

Se unió con María Pichún y llegaron los hijos: Eduardo, Dodo, Andes, Conde, Tede, Martín, María, Juana, Elena, Estela, Susana "y otras que no me acuerdo", dice un autor. 

Según el acta de defunción del Registro Civil de El Bolsón, Nº 33 del 28 de noviembre de 1932, "Tede Sheffield, de veinte y dos años, soltero, argentino, domiciliado en el paraje Los Repollos de esta jurisdicción, declaró: que ayer (27) falleció su padre Martín Sheffield de muerte natural, archivado bajo el número de esta acta, de sesenta y cinco años, norteamericano, de profesión minero, domiciliado en Los Repollos... y casado con doña María Paula Pichún... No ha testado" (sic). Firmaron como testigos Nicolás Torres y Manuel García Ruiz y Enrique Fernández, encargado del Registro Civil. Mostraba una estrella de sheriff que se encuentra en el museo de San Carlos de Bariloche y montura, en el de Leleque (Chubut). Ya no quedan hijos, solamente nietos.

Volvemos. Los expedicionarios que reunió Clemente Onelli -no participó por problemas de salud- fueron encabezados por el ingeniero Emilio Frey -buen conocedor de la región-, Alberto Merkle, taxidermista; Santiago Andueza, "notable tirador al blanco"; José M. Cinaghi, administrador del zoológico; periodista estrella de "La Nación" que, "además, representaba a la agencia Associated Press" y el Dr. Vaccaro, periodista independiente. Tenían instrucciones precisas sobre cómo actuar en caso de encontrar el animal. Frey viajó por el FCS hasta Plottier, siguiendo en auto con Amaranto Suárez a Bariloche, donde se reunieron para continuar en dos autos hasta la mina de carbón de Epuyén. 

"Consiguieron seis caballos y un carro con los que se acercaron al lago y al puesto del cazador. En el rancho sólo encontraron a la señora de Sheffield y a algunos de sus hijos, doce en total. Don Martín estaba ausente. La familia vivía habitualmente en el paraje Los Repollos, próximo a El Bolsón", instalaron campamento y "José, uno de los hijos, los condujo al lugar donde estaban los rastros, ya muy borrados y que podían haber tenido un ancho de 30 centímetros". 

Recorrieron la ribera de la laguna y las zonas inmediatas. Vigilancia rigurosa, día y noche. "Hicieron explotar en la laguna una media docena de cartuchos de dinamita". A los pobladores del lugar se les ofreció "importante recompensa si aportaban datos sobre la bestia". Martín Sheffield no apareció y en abril de 1922 comenzó a nevar, lo que obligó a abandonar la búsqueda y regresar a Bariloche.

¿Verdad? ¿Fantasía o cuento? ¿Gran fabulación? ¿Con qué propósito? ¿Creyó el serio ingeniero Frey? Los años fueron convirtiendo en leyenda aquel supuesto hallazgo vivo de un "bicho" que había desaparecido de la tierra hacía cientos de años y del que fue principal protagonista el cowboy Martín Sheffield: singular espacio en la historia patagónica.


Bibliografía y fuentes principales: Porcel de Peralta, M., Biografía del NH", 1959. Vallmitjana, R., Bariloche", 1995. Gualco, J. N.: "Epopeya de los italianos", 1997. Díaz González, A. y Matamala, J. D., El Bolsón, 1990. Matamala, J. D.: "El embrujo", 2000. Diario "Esquel", número especial, 1950. Revista "Argentina Austral", varios. Parsons, T. W.: "M. Sheffield" (revista "Cambio"), 1987. Frey de Neumeyer, N.: "El plesiosauro" (revista "Patagónica"), 1988. Juárez, F. N.: "Tres actas y Sheffield", "Río Negro", 2002/2003. Sheffield, Alfredo Martín (nieto): testimonio oral, 2008. Copia del acta de fallecimiento del Registro Civil de El Bolsón, 1988. Archivo del diario "Río Negro". Biblioteca Patagónica (VECh) y otros.

 * HÉCTOR PÉREZ MORANDO (Periodista. Investigador de historia patagónica).

Historias bajo cero, Diario Río Negro, 26/ 7 /2008

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