domingo, 9 de junio de 2013

LA PÉRDIDA DEL PATRIMONIO CULTURAL - Federico Silin*


 
 
"La madre de todas las artes es la arquitectura. 
Sin una arquitectura propia nuestra civilización no tendría alma" 
  Frank Lloyd Wright

La arquitectura es tal vez la mayor expresión artística del hombre. Pioneros e inmigrantes que arribaron a estas latitudes crearon espacios que hoy se reflejan en el espíritu de la sociedad de un determinado período de nuestra historia local, manifestándose a través de los estilos, los materiales elegidos para su construcción como así también en el emplazamiento para llevarlos a cabo. Asimismo la función o uso para el cual fueron diseñados, definen algunas edificaciones y sitios como “Patrimonio Arquitectónico y Urbano”.

Antiguamente San Carlos de Bariloche era una colonia Agrícola-ganadera y forestal nutrida por una importante comunidad de pobladores originarios de Europa y Chile conviviendo bajo el mismo techo; su organización social, política y económica dependía en buena medida de nuestro país vecino. En este marco  la arquitectura local se caracterizó por ser cooperativa y homogénea; la suma de formas, texturas y estilos ideales desarrollados, generaron una verdadera polifonía en las manos de los maestros constructores Chilotes (oriundos de la Isla de Chiloé), quienes sin planos, ejecutaban sus obras con los materiales disponibles, en base a su memoria oral, con pautas foráneas y con muchas generaciones detrás.

Posteriormente a partir de la década del 30 surge de la mano de la Dirección de Parques Nacionales, una arquitectura de estilo Europeo orientada a un selecto publico adinerado del país y en una escala que expresa la grandeza nacional, tema principal del programa de desarrollo que el Estado argentino le confiere al Arq. Alejandro Bustillo secundado por el Arq. Ernesto De Estrada y el Arq. Miguel A Cesari, impulsando a través de la institución, el desarrollo de una nueva actividad: la industria turística pensada a gran escala en la “Región de los Lagos”. En adelante la historia es conocida por todos.

Sin embargo, desde que el hombre convive con la naturaleza y sus expresiones, la urbanización, en tanto proceso sostenido de crecimiento, se convirtió en uno de sus mayores retos y desafíos. El equilibrio arquitectónico en conjunción con lo paisajístico e histórico se transformó paulatinamente en uno de los temas de mayor importancia práctica y teórica. Este tema que devino en problema, abordado por arquitectos, ingenieros y urbanistas, sigue siendo una pregunta retórica central para pensar nuestras ciudades modernas.

En este sentido, entre otras cuestiones,  cabe preguntarnos: ¿Cuál es el criterio que permite la modificación de lo urbano? ¿Por qué ciertas modificaciones son aconsejables y otras no lo son?
Una respuesta se encuentra en las disposiciones de preservación del Patrimonio Histórico, las cuales fueron elaboradas en algunos lugares del mundo a partir de una propuesta que intenta armonizar lo estético, lo paisajístico y la identidad de un lugar, para otorgarle de esta manera una unidad que repercuta en la calidad de vida de sus ciudadanos. Lamentablemente, estas disposiciones, fruto de un importante trabajo previo realizado por expertos en el área, no siempre se han cumplido, y tampoco hoy se cumplen.

La identidad y la memoria colectiva que aún perdura en las viejas edificaciones de Bariloche se vienen perdiendo a un paso veloz, producto de la desidia de los propietarios, los incendios, la falta de pertenencia y apropiación de estos espacios, como así también, a partir del desarrollo inmobiliario que ha incentivado su inminente demolición.

En los últimos años la desaparición de inmuebles como la Vivienda Juracich en Belgrano esq. 20 de Febrero, la Vivienda de la Familia  Bachmann de Quaglia y Elflein, la Hostería Ciervo Rojo (Ex Pensión de la Familia Speranza) en la esquina opuesta, la Vivienda Cáceres-García (a las que en breve se sumaran algunas ubicadas en el Barrio Belgrano), han dado lugar a la aparición de varias construcciones de torres que pretenden sustituir por completo las características arquitectónicas que la ciudad supo consagrar a lo largo de décadas de permanencia.

Casa Pefaure (Mitre y Palacios) 1940
Lo curioso y lamentable de esta realidad, es que gran parte de este patrimonio, víctima de las reiterados negociados y presiones inmobiliarias por hacerse de los valiosos metros cuadrados, estaba protegido legalmente, a través de la ordenanza 215-C-89, la cual le confería a la “extinta” Comisión Municipal de Preservación del Patrimonio Histórico Urbanístico y Arquitectónico la misión de asesorar a quienes “realicen o propongan modificaciones sobre estos importantes inmuebles”, en “intervenir en los casos en que los mismos se encuentren en peligro” como así también de  “gestionar medidas de protección” y proponer, entre otras cosas, “las normativas de preservación correspondientes”. Hoy la Comisión es parte de la historia de la ciudad; y con ella también desaparecieron las sucesivas disposiciones y ordenanzas que le fueran conferidas desde el ejecutivo municipal para salvaguardar los preciados bienes de interés cultural que debían ser custodiados.  

Sin embargo, a pesar de todo ello, el resultado tangible en nuestra ciudad es el de un centro urbano fragmentado y confuso que, con gran cantidad de sitios desvirtuados no aportan a la construcción de un entorno urbano armónico y estéticamente saludable, ni al mejoramiento de la calidad de vida de sus habitantes y mucho menos a enaltecer la imagen de una ciudad como Bariloche que se precia de ser uno de los principales centros turísticos de Sudamérica.

La falta de apoyo del Estado Nacional, Provincial y Municipal hacia los propietarios de los inmuebles patrimoniales, en general, se erige como la principal motivación para no cuidar esta herencia. Si bien es cierto que esta es una situación que por décadas ha sido así, algunas iniciativas particulares han ido generando conciencia sobre la puesta en valor de una parte de este significativo y valioso acervo construido por los primeros pobladores. Ejemplo de esto fue el rescate llevado adelante en el año 2007 de  la “Vivienda Speranza”, una de las construcciones fundacionales del Nahuel Huapi.
Seria bueno preguntarnos, si la destrucción del pasado arquitectónico, no mantiene alguna relación con la falta de memoria de esta ciudad. Parecería que solemos mirar hacia el pasado con añoranza y nos asombrarnos ante lo que otros documentaron en antiguas fotografías, sin embargo, somos incapaces de percibir el gran cambio que sucede ante nuestros ojos. 

Vivienda Speranza (Moreno y Palacios)  **
 En el tiempo, Bariloche ha importado, asimilado y aceptado conceptos basados en modelos dudosamente acordes a su entorno geográfico como excusa para ser visto con buenos ojos por los fines comerciales de algunos, al tiempo que ha profundizado en la misma medida su propia idiosincrasia, diversificando su raíz cultural y construyendo de esta manera una nueva identidad que no tiene por qué excluir el pasado arquitectónico de la ciudad: ¿O acaso nos hemos olvidado de qué manera se ha preservado el casco histórico de Paris, solo por mencionar un ejemplo?

En un mundo que tiende a estandarizar y globalizar las culturas que la conforman, la arquitectura como un componente esencial de trasmisión y cambio, muta hacia la síntesis de sus contenidos, creando estilos y hábitos de consumo inmobiliario que se sustentan además, en una segregación social cada vez más amplia y que en Bariloche encuentra particularmente, y como contrapartida, la casi nula intervención del Estado y la provincia en una planificación ordenada y sustentable. Una pregunta pertinente podría ser: ¿Quien se hace cargo de esto? 

Considero, a partir de lo expuesto, que sería valioso considerar el compromiso con el Patrimonio que nos queda como punto de partida para una problemática urbana mucho más amplia; compromiso que no sólo redunde en la crítica y la inoperancia, si no que permita abrir una vía que promueva el aprendizaje responsable y el razonamiento vinculado al proceso: Identidad-Cultura-Naturaleza.
El Patrimonio Construido es testimonio de nuestro pasado,  pero también es parte de nuestro presente. Depende de nosotros que  siga teniendo un lugar en el futuro.
Mitre entre Rolando y Villegas (1941)


*Titular Proyecto Archivo Visual Patagónico / archivovisualpatagonico@yahoo.com

Publicado en Bariloche 2000, 19 de Mayo de 2013.-



** La vivienda Speranza fue construida en 1915 en el naciente San Carlos de Bariloche, y fue testigo del crecimiento de la ciudad hasta la actualidad. Forma parte del patrimonio histórico y cultural de los barilochenses, y para preservarla, sus propietarios la desarmaron y reconstruyeron en el Barrio Las Margaritas. 
El crecimiento explosivo de la ciudad pronto la vio rodeada de comercios pertenecientes a cadenas internacionales y grandes hoteles para albergar a los numerosos turistas que llegan, cada año, a uno de los destinos más importantes del continente. Sin embargo, pese a las modernas construcciones, Speranza nunca pasó desapercibida. La calidad de sus terminaciones, el contraste arquitectónico y sus importantes dimensiones obligaban al transeúnte a dedicar al menos una curiosa mirada. 
En el Bariloche de los pioneros, uno de los tantos inmigrantes del inicio del siglo XX, el italiano Gaetano Speranza, la construyó en la esquina de Moreno y Palacios, y allí funcionó por años una carpintería especializada en muebles y aberturas.  Durante décadas su estructura y sus maderas sufrieron las inclemencias de los fríos inviernos barilochenses, potenciados por la falta de mantenimiento. Aún así, estoica, parecía desafiar el clima, el crecimiento abrumador y la presión inmobiliaria. 
Sin embargo, un proyecto de gran envergadura abarcaba el predio donde se emplazaba Speranza, y sus propietarios vieron la necesidad de quitarla del sitio. 
Las alternativas eran tres: la más sencilla, sin dudas, era desmantelarla. La segunda, era donarla al Estado para que la desarme y reconstruya en otro lugar cuando el presupuesto y los tiempos así lo permitieran. Y la última, asumir la responsabilidad y los costos del traslado a través de una iniciativa privada. 
Ninguna de las dos primeras alternativas convencieron a los propietarios. Más allá del factor económico, otra variable entró en juego: los sentimientos. Consecuentemente, resolvieron desarmar cuidadosamente la casa, tabla por tabla. Luego, someter a la madera a un proceso de recuperación y, finalmente, reconstruirla en un predio ubicado en el Barrio Las Margaritas, en la calle Primera Junta, entre Austria y Francia, para preservarla para las actuales y las generaciones venideras. 
La gran mayoría de las piezas pudo ser reutilizada, pero debieron reemplazar las añejas tejuelas y algunas tablas de los balcones, que estaban en pésimo estado de conservación. Con gran esfuerzo, madera tras madera, recuerdo tras recuerdo, la familia Guallini Pastore dio vida nuevamente a una etapa de la historia local, que pierde páginas día a día. 

Fuente: El Portal de Bariloche