martes, 7 de enero de 2014

En Rulfo nadie escribe, alguien habla nomás...


 “…como todos sabemos, en Rulfo nadie escribe, alguien habla nomás…”
Juan Forn  - El zorro y los murmullos *

En general no leo los suplementos literarios, pero una amiga que vive en España me escribió hace un tiempo:  

“ayer leí brevemente un artículo de un tal Juan Forn en Página 12  y me acordé de vos y de "Todo Eso Oyes...

Lo gracioso  es que mi amiga no sabe que fue Juan Forn  quien me ayudó a definir el título de “Todo Eso Oyes”- mi primera novela - que a modo de homenaje a Juan Rulfo, lleva un epígrafe de su extraordinario “Pedro Páramo”.

Juan Forn era editor de Emecé en aquel entonces y durante el tiempo que demandaron las pruebas de la novela mantuvimos una correspondencia postal acerca de Rulfo, el género epistolar y la literatura que nos gustaba (año 1989, no existía el correo electrónico).

Como soy supersticiosa y también descreo de las casualidades, hoy, a 28 años de la muerte de Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno (26/5/17 - 7/1/86),  quiero rendirle homenaje compartiendo las palabras que dijo Juan Forn en la presentación de mi novela; porque hablan de Rulfo y de cómo surgen los títulos de los libros:

“Esta noche presentamos el libro ganador de la 29° edición del Premio Emecé. El libro es Todo eso oyes , de Luisa Peluffo. Es una novela, más bien breve, intensa, plena de humor y de una especie de dramatismo esencial, casi regido por potencias arcanas, de la tierra, de la tierra del Sur, que todos sabemos es particularmente áspera y por eso mismo particularmente elocuente.

Como yo soy bastante supersticioso y descreo de las casualidades, como sospecho que el azar es otra lógica (cuya clave se nos escapa, simplemente), cuando venía para acá entré en una agencia de quiniela y me fijé a qué corresponde el número 29. Oh, sorpresa: el 29 es el espejo. Si hace falta alguna demostración de la inexistencia de la casualidad, hela aquí.

Todo eso oyes es una novela epistolar, pero de una rara forma de contacto epistolar, casi diría que es una potenciación de dicho género. Toda carta que uno escribe está dirigida, en realidad a uno mismo. Cuando escribimos cartas no pensamos en el futuro, y el destinatario aparente de toda carta está en el futuro, al final de una larga cadena formada por la escritura de la carta, el trayecto hasta el buzón, el viaje a través del correo y la lectura que hará el destinatario de esa carta. En realidad, es a nosotros a quien nos escribimos en ese momento, a esa parte de nosotros que siempre piensa en nosotros desde afuera. No por nada el cine nos ha acostumbrado a que los redactores de cartas y de diarios íntimos siempre elijan el tocador para sentarse a escribir: porque en el tocador hay un espejo.

En otras palabras, el género epistolar es especular. Si a eso le sumamos el detalle, en Todo eso oyes, de la inexistencia progresiva de sus protagonistas (Peñafiel primero y  Ciriaco Larra después) la ecuación termina de cerrarse. El 29 que encabezaba estigmáticamente esta versión del Premio Emecé preanunciaba a su ganador.

Dos palabras más, referidas a la escritura de Luisa Peluffo, o a lo que yo llamaría su modo de acertar. Cuando ganó el Premio la novela se llamaba De Árbol Tonto y Manos Vacías. Los jurados le sugirieron que quizás existiese un título más alegórico y justo para la novela, y Luisa se inquietó. Me mandó una carta desde Bariloche, sin nuevo título pero con un epígrafe que quería incluir en la novela. El epígrafe era de Rulfo y terminaba así: “Oyes crujidos. Risas. Unas risas ya muy viejas, como cansadas de reír. Y voces ya desgastadas por el uso. Todo eso oyes”.

De esa manera opera la epifanía en esta novela de Luisa Peluffo. Al modo zen, o al modo más aproximado al zen que le es permitido a los occidentales. Siguiendo la iluminadora sugerencia de ese enorme poeta que fue H.A.Murena, cuando dijo: "Sólo atento no hay que estar: preparado.”

Links a:

* El Zorro y los murmullos   

*Las voces no-oficiales en Todo eso oyes de Luisa Peluffo