lunes, 12 de mayo de 2014

LAS DIÁFANAS PALABRAS por Angélica Gorodischer*



 Flor de discusión, casi pelea, tuve el otro día con una muy prestigiosa profesora de Lenguaje, de Castellano, de idioma nacional o como se llame ahora esa materia, Me parece que, a pesar de las sonrisas finales, no quedamos en muy buenos términos: más bien diría que quedamos en una fría cortesía. Y todo por un detalle lingüístico-comercial, casi una pavada en su aspecto superficial pero casi filosófico en su aspecto profundo. Yo dije que la palabra “obviamente” me resulta muy desagradable y que desgraciadamente la oigo en radio y TV unas cinco mil veces por hora. ¡Qué palabra tan fea, por favor! Y ella agregó, virtuosa:
—Sí, por supuesto, y es una palabra extranjera.
—¿Y qué? –dije, de no muy buen modo.
Y se armó. Esta señora sostiene que “hay que mantener la pureza del lenguaje”.
Esos mandatos me ponen los pelos de punta: ¿qué pureza, señora, qué pureza, ¡si el castellano es un idioma extranjero!
Creo que palideció y sintió palpitaciones. No alcanzó a decir “¡Cóooomo!” y yo seguí (exagerando):
—Y, claro: es griego, latino, árabe, francés, inglés, iddische etc. La profe, a medio paso de un  soponcio. Así que aproveché y seguí:
—Si yo digo: “Dejé la cartera en el living”, estoy usando una palabra inglesa. Si digo: “Alcánzame la almohada”, es una palabra árabe. Si digo: “Qué saudades de esos veranos en la playa”, es una palabra portuguesa. Si digo…
Entonces, ella dijo que eso es precisamente lo que no hay que hacer y que hay palabras que sí y palabras que no. Y yo sentí que me subía desde los talones esa huella de la bestia que, según sesudos estudiosos, todos los sapiens llevamos dentro, y lamenté la civilización que me asiste. En vez de sacar las garras, sonreí, espero que beatíficamente, y emprendí un elogio del mestizaje. Y terminé con lo siguiente:
—En una vidriera vi el anuncio: Gran Parrilla El Asador Criollo. Y abajo en letras apenas un poquito más chicas: Delivery.
La profe suspiró con soplidos resonantes, pero no le di tiempo para más:
—Precioso –dije– y muy práctico. Mucho más que Reparto a Domicilio. Y hay que tener en cuenta que así, en el mestizaje, es como se enriquecen los idiomas. Con el habla de los extranjeros, con el lenguaje de los marginales, los delincuentes, los jovencitos que se sienten rebeldes, los vagos, los poetas también, los… uff qué sé yo, eché mano de todo lo que podía escandalizar a la buena señora.
Y terminé:
—No hay nada puro, ni en la naturaleza ni en la cultura. Todo es mestizo, mezclado, sonoro, colorido, saludable. ¿Sabés quién buscaba la pureza? Un tipejo repugnante, un asesino loco, ése, ese mismo, el de los bigotitos ridículos y las ansias de poder, ese mismo.

*Diario Perfil  09/05/2014

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