miércoles, 2 de julio de 2014

PERALTA - RAMISMO



HABITANTES DEL PLANETA
 YO  FEDERICO MANUEL PERALTA RAMOS, 
ME DIRIJO A USTEDES PARA COMUNICARLES 
LOS MANDAMIENTOS DE UNA NUEVA RELIGIÓN 
QUE HE INVENTADO:
 
1.      ser gánico (*) 
2.      hay que irse a los bofes
3.      a  dios hay que dejarlo tranquilo
4.      perder tiempo
5.      no perder tiempo
6.      regalar dinero
7.      no distraerse
8.      ampliar la esencia hasta llegar al halo
9.      vivir poéticamente
10.   hacer programas aburridísimos
11.   tratar de divertirse todo el tiempo
12.   creer en el gran despelote universal, 
tomar como punto de referencia eso
13.   no endiosar nada
14.   superar lo controlable
15.   superar el plano físico
16.   jugar con todo
17.   darse cuenta
18.   creer en un mundo invisible 
más allá del plano físico, 
más allá de los lejos y de los cerca
19.   hay que andar liviano en este mundo, 
o no
20.   provocar movimiento
21.   despreciar todo
22.   no mandar
23.   flotar

SI NO TIENEN GANAS NO CUMPLAN CON NINGUNO

CLAVAR ESTO CON UNA CHINCHE EN LA PARED

(*) ser gánico significa hacer siempre lo que uno tiene ganas


Federico Manuel Peralta Ramos (1939 - 1992) fue un artista argentino, representante de la vanguardia de los años sesenta. Uno de los personajes más originales y excéntricos de Buenos Aires, él mismo era su obra de arte. Según la crítica de arte María Gainza, fue: "Una suerte de Marcel Duchamp porteño que hizo del gesto artístico su marca registrada". Cursó estudios de arquitectura en la Universidad de Buenos Aires, sin llegar a recibirse. Pronto dejó en claro que no había que esperar de él grandes pinturas de caballete y transformó su vida en una serie de acciones estéticas. Se definía así: “Pinté sin saber pintar, escribí sin saber escribir, canté sin saber cantar. La torpeza repetida se transforma en mi estilo”.

En 1965 participó del Premio Nacional del Instituto con “Nosotros afuera”, una instalación cuya mayor atracción era un gigantesco huevo realizado en yeso, madera y metal. La obra se terminó minutos antes de la inauguración porque, según los diarios de la época, “en menos de treinta minutos frente al alelado jurado, el huevo comenzó a temblar y a estremecerse... luego comenzaron a estallar placas amarillento-verdosas... Peralta Ramos no dejó de estar al lado de su creación ni un minuto, atento y desorientado, frente a cada nuevo cambio de forma”. 

Para su exposición de 1964, en la Galería Witcomb, al comprobar que las obras no pasaban por la puerta, pidió un serrucho y las cortó en dos.  

En 1967, sin un centavo, tuvo el irrefrenable impulso de alzar la mano y comprar en un remate de la Sociedad Rural Argentina un toro reservado gran campeón para exponerlo como objeto de arte. El impulso le costó una internación en un neuropsiquiátrico para evitar un juicio por comprar sin dinero. En el neuropsiquiátrico organizó "El festival del mate cocido" con todos los pacientes.

En 1968  utilizó todo el dinero que le otorgó la beca Guggenheim para dar una cena en el Alvear para sus amigos. “Leonardo pintó La última cena, yo la di”, anunció. Los norteamericanos, indignados, reclamaron la devolución del premio. Federico les escribió:

“Una organización de un país que ha llegado a la Luna, que tenga la limitación de no comprender y valorizar la invención y la gran creación que ha sido la forma en que yo gasté el dinero de la beca, me sumerge en un mundo de desconcierto y asombro. Devolver los tres mil dólares que Uds. me piden sería no creer en mi actitud, por lo tanto he decidido no devolverlos. Esperando que estas líneas sean interpretadas con temperamento artístico, saludo a Uds. muy atentamente, Federico Manuel Peralta Ramos”.
Dice el artista plástico Pedro Roth que fue esa carta, que hoy cuelga enmarcada en las oficinas de la Fundación, la que determinó de una vez y para siempre que la Guggenheim cambiara su actitud con respecto a la beca y nunca más pidiera rendición de cuentas por el uso del dinero.

En 1970 grabó un disco editado por el sello Columbia del que se hicieron 1333 copias vendiéndose en farmacias y disquerías, los temas eran "Soy un pedazo de atmósfera" y "Tengo un algo adentro que se llama coso".

En 1972 presentó en el CAYC -el palacio del conceptualismo local– la muestra “El objeto es el sujeto”. En el piso, un rollo de 10 metros, “El papelón”, como luego lo llamaría familiarmente Federico, anunciaba en tinta china “yo voy a venir de visita”. “Así, sin elementos intermediarios, me expuse a mí como objeto artístico.”

Dos años después le vendió a la vedette Egle Martin una réplica exacta de un buzón, acción que según sus palabras “respondía al inconsciente colectivo del país”.

Actuó en cine y televisión, desde 1973 aparecía semanalmente en el programa de Tato Bores y sostenía "Soy un pedazo de atmósfera", "El que se va de Buenos Aires se atrasa porque es la ciudad del futuro" y "Yo soy una estrella porque salgo de noche". Cerraba el programa comiendo en cámara un plato de tallarines.

En 1992 actuando en el Café Mozart de Buenos Aires, junto a Laura Rivero y Alberto Favero, lo sorprendió un infarto fulminante.