miércoles, 26 de febrero de 2014

Kamarikün antü

Por espacio de 15 minutos, los toques de kultrün se impusieron al vértigo citadino y los cantos en mapuzungun emocionaron a parte del numeroso público. Se bailó el choike purrun sobre el cemento del espacio más característico de Bariloche.
Al responder la convocatoria sonora, dos purrufe (bailarines) que llevan máscaras irrumpen en el espacio de la intervención. Con sus movimientos, circunscriben el espacio y semejan el choike purrun que no dentro de mucho, comenzará a bailarse en campos rionegrinos, neuquinos y chubutenses.
Son ancestrales los sonidos que por espacio de 15 minutos se imponen sobre los bocinazos céntricos, las motores y el trajín cotidiano. Música y cantos que tienen su origenes en los pliegues del tiempo... Pero que están vivos aquí y ahora, en el Bariloche del siglo XXI, en sus alrededores y más allá.


FUERA DEL TIEMPO


Es cuando marchamos hacia el “lelfün” y levantamos ramadas alrededor del “rewe”.

Nos reencontramos con los viejos “lonko”, las “pillankuze” reciben con toques de “kultrün” a “la gente que viene de todas partes”, suenan las “trutruka” y bufan los caballos.

Es la “we küyen” y nosotros vamos al kamaruko. Es el momento de dar y recibir, es cuando renovamos el compromiso con los demás “newen”.

Sucede que las horas se detienen y salimos del tiempo “winka”. No es que pedimos lluvia, como quisieron simplificarnos.

Nos comunicamos con el “newen” del “ko” si hiciera falta, pero también saludamos la tibieza de “Antü”, al guardián de la montaña y a nuestros mayores.

Primero miramos al “Puel”, de allí viene la vida... Gritamos, nos emocionamos y nos erguimos, porque febrero tampoco es febrero, “¡kamarikum antü!”

“Febrero tampoco, kamarikun antü” fue la segunda intervención “artística y política” que puso en escena en el espacio público un “colectivo intercultural” de reciente conformación, grupo que se compone por una decena de mujeres y hombres de esta ciudad, tanto mapuches como no mapuches. La primera de ellas se llamó “Enero no es enero” y se concretó un mes atrás, como manera de confrontar con la manera occidental de concebir el tiempo y pensar la historia. 

En la víspera se repitió aquel primer cuadro, en cuyos textos se explica que en estos espacios territoriales, el ciclo de la naturaleza no está en su comienzo sino por la mitad, ya que todo maduró y comienza a secarse. A orillas del Nahuel Huapi y en rigor, en todo el hemisferio sur, la renovación del ciclo natural se produce con el solsticio de invierno, no en coincidencia con el verano.

La intervención de ayer se conformó con cuatro momentos, porque cuatro son los puntos cardinales y cuatro son los “intermediarios” que los mapuches tienen de interlocutores en sus ceremonias: la anciana, el hombre grande, la joven y el hombre joven.

Las intérpretes (Anahí Rayen Mariluan, Vanesa Gallardo Llancaqueo, Mara Martínez Villa y Nancy Videla) concibieron vestuarios que proyectan estéticas mapuches pero de ninguna manera pueden confundirse con las vestimentas tradicionales. No era esa la intención... Con sus respectivos kultrunes cantaron el tayül del “buen andar del guanaco”, rescate que hace décadas pudo registrar Aymé Painé.

En primer término de cara al este, después al norte y así sucesivamente, hasta completar la conversación con “las cuatro partes de la tierra”. Metodología similar se sigue en los kamaruko, aunque a la puesta del colectivo hay que pensarla como una creación artística a partir de fundamentos de la cultura mapuche, nunca como una representación de la ceremonia en sí misma.

Diario El Cordillerano , 27/01/14.-



 


martes, 18 de febrero de 2014

HABÍA UNA VEZ UN CIRCO

Signada por el golpe militar de 1976, la historia de la primera novela de Mempo Giardinelli estuvo marcada tanto por el azar como por el destino. Tras recibir mención en un concurso de La Opinión en 1973, al demorarse su publicación, la llegada de la dictadura la confinó a un depósito donde finalmente los ejemplares fueron destruidos. Así, con Giardinelli ya en el exilio, apareció en España La revolución en bicicleta, que de segunda pasó a ser la primera novela del autor. Pero no termina ahí la singular historia de ¿Por qué prohibieron el circo?, que hasta ahora no había conocido edición nacional. Con su publicación en Edhasa se cierra y a la vez se abre el derrotero de esta historia sobre el poder y la memoria en un pequeño pueblo llamado Colonia Perdida, que Mempo Giardinelli, repasando sus orígenes, reconstruye en esta entrevista.

(Había una vez un circo por Fernando Bogado, Página 12, 10/2714)

Para leer la entrevista completa cliqueá:

Extracto:

REALIDAD MATA LITERATURA

En la novela hay un fuerte protagonismo de diversos miembros de la comunidad qom chaqueña. ¿Cómo ves la trascendencia que sus reclamos han tenido en la actualidad?

–Lo que puedo decir es que yo he convivido con los pueblos originarios desde que era chiquito y recorría el Chaco acompañando a mi viejo, que era viajante de comercio. Conozco y no me gusta la mirada piadosa burguesa y urbana, y menos aún el oportunista “descubrimiento” político y periodístico que está de moda.

Y en líneas más generales, ¿sentías que había ahí también un ajuste de cuentas con lo que estaba sucediendo en el país en ese momento?

–No hay ajuste de nada, ¿quién era y quién soy yo para hacer eso? Todo eso que sucedió en el país en los últimos 40 o 50 años son datos que uno puede interpretar en un texto periodístico, en un ensayo. Pero en literatura no, para mí eso está prohibido: cualquier ajuste de cuentas de la realidad político-social aplicada a la literatura, la liquida. Realidad mata Literatura. En términos morales, digo, aunque también estéticos. Y es que yo me crié en un ambiente en el que la literatura era algo muy serio, era algo superior. Se “llegaba” a la literatura a través de la lectura, de la conversación sobre lo leído, de la discusión y el ensayo y el debate de nunca acabar. Quizás éramos medio solemnes, lo admito, pero también por eso tan exigentes. Osvaldo lo era, y cómo. Un lector implacable, que no daba tregua ni regalaba nada. Ricardo también, y mirá que lo han jodido.

Y ni te cuento lo exigentes que son Angélica Gorodischer y Ana María Shua, que para mí están entre las más grandes narradoras argentinas de la actualidad, con Luisa Valenzuela, Liliana Heker y Tununa Mercado, y todas ellas apenas un poco por encima de una media, la de las mujeres, que en la Argentina es fabulosa. 

Por supuesto, es inevitable que haya un reflejo de la Argentina, sea del tiempo que fuere, en la literatura. Como España está en Leopoldo Alas “Clarín” y está en Laura Freixas o Javier Marías. Como Chile está en Antonio Skármeta y México en Juan Villoro. O sea, sublimado como obra de arte, no como testimonio. Uno lee los cuentos de Abelardo Castillo y lo entiende perfectamente. 

Y así pasa también con los narradores que en Buenos Aires casi no se conocen pero que están haciendo una obra original, diferente, consistente. Empezando por Orlando van Bredam en Formosa, Luisa Peluffo en Bariloche y Carlos Roberto Morán en Santa Fe, y siguiendo con Mariano Quirós y Mike Molfino en el Chaco, Graciela Bialet en Córdoba y decenas de narradores de calidad.

A mí no acaba de sorprenderme todo lo que leo y gozo: Selva Almada, Gustavo Nielsen, Claudia Piñeiro, joder, es innumerable nuestra literatura. Y tenemos grandes ensayistas jóvenes, como Irene Chikiar. Y seguro me estoy olvidando de otros nombres. Pero la pregunta es: ¿de dónde nos viene todo eso, de dónde venimos? Obvio que de Rojas y Arrieta, de David Viñas y del enorme Noé Jitrik.

¿Por qué prohibieron el circo?

¿Por qué prohibieron el circo? fue quemada antes de que saliera a la calle, obligándote a un exilio de muchos años. ¿Cómo fue ese momento tanto a nivel personal como profesional?

–Fue un garrón, obviamente, pero sobreviví. En cambio, muchos de mis compañeros, amigos, hermanos fueron chupados y sus vidas destrozadas. Por eso siempre sentí que mi caso era menor y sólo uno más. No se jode con eso; no se puede hacer bandera. Y además nunca pensé que esta novela fuera reflejo de nada. Todo lo que yo quería era una sociedad mejor y en paz. Trabajé toda mi vida para eso, pero también para que no determinara mi literatura. Siempre procuré sacar al país de mis textos. No siempre lo conseguí, es claro, pero la batalla la di y la doy siempre. Tuvo razón Piglia cuando dijo que nosotros escribimos “contra” la política.

Con respecto a un posible vínculo biográfico, creo que en toda creación literaria, artística, hay algo o mucho de sublimación, y además de hecho uno está poniendo el cuerpo. Pero yo escribo sin pensar en mi biografía, ni creo que tenga la menor importancia. Todo lo que quiero es que los lectores lean las ficciones que propongo y se las crean. No me gustan los lectores que se pasan de listos. No quiero lectores que anden leyendo mi vida, o lo que suponen que es mi vida. En literatura, las únicas vidas que interesan son las de los personajes.

martes, 11 de febrero de 2014

EL SEÑUELO por Laura Calvo*




Una y otra vez nacido
el sol da vestidos de los que ni se tejen ni se hilan
pétalos que besarías se inclinan sobre el suelo:

no hay ojos aquí
no hay bocas entre la emoción y la réplica

Para atraer a los polenizadores
flores tardías se agrupan en una sola flor:

tacos de reina
espuelas de caballero
la flechilla del coirón se entierra
mientras gira como un tirabuzón

El amor
ladrón de néctar cavando túneles
para hacer el camino más corto



(Un cielo sobre la cabeza basta, Fondo Editorial Rionegrino, Viedma, 2010)

*Laura Calvo (1949) nació en Laprida, provincia de Buenos Aires. En 1980 se radica en San Carlos de Bariloche, donde vive actualmente, iniciándose como coordinadora de Talleres de Escritura www.cibertaller.com.ar Participa como Jurado en diversos Concursos, Encuentros de Escritores y en el Salón Patagónico del Poema Ilustrado. Premiada varias veces por su obra poética y narrativa, realiza numerosos recitales y espectáculos musicales en Bariloche, Buenos Aires, Chile y España.

domingo, 2 de febrero de 2014

MACEDONIO Y BORGES


Querido Jorge Luis:

Iré esta tarde y me quedaré a cenar si hay inconveniente y estamos con ganas de trabajar. (Advertirás que las ganas de cenar las tengo aún con inconveniente y sólo falta asegurarme las otras.)
Tienes que disculparme no haber ido anoche. Soy tan distraído que iba para allá y en el camino me acuerdo de que me había quedado en casa. Estas distracciones frecuentes son una vergüenza y me olvido de avergonzarme también.

Estoy preocupado con la carta que ayer concluí y estampillé para vos; como te encontré antes de echarla al buzón tuve el aturdimiento de romperle el sobre y ponértela en el bolsillo: otra carta que por falta de dirección se habrá extraviado. Muchas de mis cartas no llegan, porque omito el sobre o las señas o el texto. Esto me trae tan fastidiado que rogaría que se viniera a leer mi correspondencia en casa.

Su objeto es explicarte que si anoche vos y Pérez Ruiz en busca de Galíndez no dieron con la calle Coronda, debe ser, creo, porque la han puesto presa para concluir con los asaltos que en ella se distribuían de continuo. A un español le robaron hasta la zeta, que tanto la necesitan para pronunciar la ese y aún para toser. Además, los asaltantes que prefieren esa calle por comodidad, quejáronse de que se la mantenía tan oscura que escaseaba la luz para su trabajo y se veían forzados a asaltar de día, cuando debían descansar y dormir.

De modo que la calle Coronda antes era ésa y frecuentaba ese paraje, pero ahora es otra; creo que atiende al público de 10 a 4, seis horas. Lo más del tiempo lo pasa cruzada de veredas en alguna de sus casas: quizá anoche estaba metida en lo de Galíndez: ese día le tocó a él vivir en la calle.

Es por turnos y éste es el de que yo me calle.

M.

Macedonio Fernández
Papeles de Recienvenido (1929)

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