miércoles, 19 de agosto de 2015

Barriletes, una apasionante historia con viento

Superada con éxito su prueba de cielo -capacidad registrada en fotografías-, los barriletes creados por Diana Ross reposan en la Escuela Municipal de Arte La Llave. Integran la muestra "Son del Viento", que permanecerá a consideración del público hasta el lunes 31 en horario de 8 a 20.


Foto: Chino Leiva
Como si de un tránsito por la evolución de artefactos ideados por el hombre para arribar a las alturas se tratara, es posible asistir a una recreación de antiguos manutaratahi (barrilete tradicional maorí), vistosos diseños plasmados en tela y estructuras geométricas.

La explicación brindada a visitantes del grupo Encuentro posibilita acceder a detalles. Ante la "estructura de cortadera revestida con hojas, decorada con plumas recolectadas en el mallín de Bahía Serena y dos sombreritos chinos de alguna playa", Ross señala que "los maoríes creían que los barriletes eran regalos de sus antepasados. Los caracoles representan los ojos", símbolo de presencia, y suman sonido.

"Draco" (dragón) reproduce un diseño de Giambattista Della Porta (siglo XVI), "forma considerada una de las más antiguas de occidente. Lleva varios meses hacerlo, hay que tener paciencia, seguro que voy a hacer más grandes", anticipa la expositora ante su ocasional auditorio.

El recorrido puede continuar con la apreciación de una estilizada sirena. Un cartel informa que fue realizada con la guía de planos de Charlie Charlton. A su lado, una de las dos poesías de Sylvia Maclagan incluida en la muestra. Refiere a una "fantasía del viento Nahuel" con versos que aluden a su llamado, "lo oigo, alerta a sugestivas pausas. Sus ocasionales tonos sosegados…", introduce.

El espacio es compartido por "Tótem de flores" -círculos con reproducciones de don Diego de noche, amancay, orquídea y topa topa-; mariposas nocturnas, del aire y de los vientos; pájaros tribales cuyos diseños hallaron inspiración en tatuajes y que "cuando vuelan mueven las alas y atraen pájaros que vienen a mirarlos", refiere Ross ante los niños y jóvenes que en ese punto del recorrido aportan comentarios.

La explicación ante "Bienvenido colibrí" describe que las formas adquieren definición tras su insinuación entre manchas de pintura sobre la tela. En creaciones como "Estandarte" las impresiones fueron realizadas con platos a modo de sellos.

Al arribar a "Luna lunera" y referencias a sus fases el observador va aproximándose a diseños de mayor complejidad. Un facet octogonal (cuyo plano debió ser especialmente diseñado) y dodecaedros (realizados con aportes de Roberto Trinchero, en tela de tyvek con aplique de ripstop y varillas de fibra de vidrio) aparentan retar leyes físicas al imaginarlos suspendidos en el aire.

Coloridos, pendiendo en altura, los cuerpos geométricos exhiben volumen merced a un esqueleto conformado por "treinta varillas unidas. Nadie había hecho un dodecaedro que volara", señaló Ross.
Con capacidad de desplazarse con más o menos viento, según el diseño, mariposas y pájaros deben sortear una prueba siendo prototipos. "Si sale bien, los hago más grandes y con mayores detalles".

El interés por crear y elevar barriletes data de 1999, "no fue planeado, una amiga me prestó un barrilete y haber logrado remontarlo incentivó una búsqueda. Así me contacté con aficionados locales y miembros de BaToCo (Barriletes a Toda Costa)".

Radicada en esta ciudad desde 1981 como estudiante de la carrera de Biología, Ross toma clases de pintura con Viviana Dziewa. Dicta talleres de arte aplicada y artesanía y participó de tres exposiciones colectivas. Resultado de uno de los encuentros en Dina Huapi, exhibe la fotografía de "Arco", una formación de más de sesenta barriletes volando juntos.

Estima que "hay un resurgir del interés por la actividad entre niños y adultos". Incluso periódicamente son organizados festivales en distintos puntos del país.

Los interesados en acceder a los talleres o adquirir estuches didácticos pueden solicitar mayor información comunicándose a través de tallersondelviento@gmail.com.

 
Por Teresita Méndez
Diario Río Negro 

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